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Un nuevo personaje para asustar a los niños: El Donald Trump

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Por Héctor Tobar/ The New York Times

Una piñata de Donald J. Trump en Reynosa, México. Foto: Daniel Becerril/ Reuters

Una piñata de Donald J. Trump en Reynosa, México. Foto: Daniel Becerril/ Reuters

Son muchos los monstruos y fantasmas que acosan los sueños de los niños latinos. Está “La Llorona”, quien se rumora lamenta la muerte de sus hijos. Más recientemente, apareció el Chupacabras, que chupa la sangre de animales, y quizá de algún niño o niña si no se porta bien.

Ahora, podemos agregar un nuevo “coco” a las historias de horror latinas.

Su nombre es El Donald.

Desde que empezó su campaña para ser candidato republicano a la presidencia con una diatriba despiadada contra los inmigrantes mexicanos, Donald J. Trump se ha convertido en una figura de terror y maldad tipo comic entre la comunidad latina. Es un villano con un copete flácido, que lanza amenazas e insultos que han llegado hasta el seno de las familias latinas y hasta a los oídos de los niños que lo escuchan mientras cenan frente al televisor.

En Lynwood, un suburbio de clase trabajadora y en su mayoría latino de Los Ángeles, no es difícil encontrar a niños que saben quién es El Señor Trump.

Hugo, un niño de 7 años, es hijo de inmigrantes mexicanos. Es demasiado joven para entender lo que Trump quiso decir cuando llamó “violadores” a los migrantes de México, pero Hugo redujo el mensaje “del Donald” a cuatro palabras: “Los mexicanos son feos”.

El pequeño Hugo dijo que se entristeció al oír que alguien decía que sus padres eran feos. Y si pudiera hablar con Trump, le diría: “Bad luck for you” (mala suerte para usted).

Cuando Trump sube a un escenario y declara que los inmigrantes mexicanos son asesinos, sus dardos retóricos golpean en la psique colectiva de los latinos. Nos ofende, nos lastima y nos enoja.

“Temo que alguien vaya a lastimarlo”, me dijo mi hija de diez años recientemente. Y ahora es posible hacerlo, aunque simbólicamente: las piñatas de Trump se están vendiendo como pan caliente en toda la frontera con Tijuana.

En familias como las de Hugo, la campaña de Trump le habla al mayor temor de un niño: la posibilidad de que lo separen de sus padres. Hugo nació en Estados Unidos, pero sus padres vinieron desde México hace 10 años.

“Le decimos que no tenemos los mismos papeles que él”, me dijo el padre de Hugo. “Tenemos que explicarle que hay gente como Donald Trump y Arpaio”, refiriéndose al alguacil Joe Arpaio del Condado de Maricopa, Arizona, “que están en contra de que los tengamos”.

Arpaio, quien acompañó a Trump en un evento en Arizona este julio, es famoso por su persecución agresiva de inmigrantes indocumentados. Me gusta imaginarlo como nuestro Cucuy (un “coco” secuestrador también conocido como El Cuco). Bill O’Reilly, presentador de Fox News, es el Cadejo (un ser furioso con colmillos afilados), y la comentarista conservadora Ann Coulter es una Llorona que grita “¡Adiós, América!”, el título de su reciente ataque contra México, en el que se refiere al país como un “infierno del tercer mundo”.

Pero en estos días, es El Donald quien tiene más presencia en televisión. Su xenofobia ha ayudado a impulsar su campaña presidencial hasta el primer lugar del fracturado campo republicano. Al igual que algunos políticos en la República de Weimar, Trump ha encontrado a un grupo muy indefenso a quien acosar y que además ya es denigrado por una minoría rentable del electorado.

Incluso los jóvenes oyen los insultos del Donald.

“Dijo que los mexicanos son malos, que quieren vender drogas”, me dijo Alexandra Rubalcava, una niña de 9 años. “Quiere echar a los mexicanos de Estados Unidos y sólo dejar a los estadounidenses. Creo que es muy grosero. Todos deberían ser justos y tratar bien a todos”.

El padre de Alexandra la llevó a ella y a sus dos hermanas a una excursión en Plaza México, un centro comercial en Lynwood que celebra la identidad mexicana con réplicas de esculturas olmecas, una estatua de Pancho Villa y una fachada de una iglesia colonial. Le pregunté a Alexandra qué la enorgullecía de los mexicanos.

“Son muy trabajadores, incluso aunque no les paguen”, me respondió.

Rubalcava, obrero, me pidió que no publicara su nombre por temor a meterse en problemas con su empleador. Su hija no tiene esos temores. Ella me dijo que si pudiera hablar con Trump, le diría: “Está siendo injusto con los mexicanos. ¿Qué tal que usted fuera mexicano y alguien más fuera usted? Y básicamente lo están echando del mundo. ¿Cómo se sentiría?”

En tan sólo nueve años Alexandra podrá votar. Algo me dice que no votaría por los republicanos. No muchos latinos en Lynwood lo harían.

“Es que ni siquiera se ha disculpado, incluso si todas estas compañías han cancelado sus contratos con él”, me dijo Arturo, un padre y chef de 27 años. “¿Cómo puede alguien como él pensar que puede ser presidente?”

Otros consideran que los ataques de Trump revelan una gran inseguridad.

“Nosotros, los latinos, nos estamos volviendo más poderosos y a él no le gusta eso”, dijo Irene Huerta, una estudiante universitaria de 24 años. “Mientras él nos insulta, más latinos están yendo a la escuela y quieren sobresalir. Eso es lo que yo quiero.”

En otras palabras, Trump está buscando pelea con nosotros. Y eso es lo que sucede cuando atacas a todo un pueblo: añades un nuevo capítulo a su historia de cómo vencen los obstáculos. Mi familia y amigos recordarán el verano de 2015 como la temporada en la que El Donald entró a nuestras vidas a través del noticiero de Telemundo o a través de las redes sociales.

“Mi hermano me mostró el video”, me dijo Damaris cerca del carrusel en Plaza México. “Está hablando mal de todos los mexicanos”.

Una niña de 10 años como Damaris puede observar al Donald bajando una escalera eléctrica en Trump Tower. O parado en la frontera de Texas con un sombrero blanco que proclama “Make America Great Again”. Incluso si no entiende lo que está diciendo, sí puede percibir la rabia y la preocupación de sus padres y su hermano mayor.

En ese momento, sin querer, El Donald le ha enseñado a la niña el mismo mensaje valioso que está en el corazón de muchos cuentos de monstruos: Mantente alerta porque hay gente que puede hacerte daño.

Pero niños, no hay nada que temer. Los monstruos son sólo un mito. Y siempre es posible convertirlos en una piñata y golpearlos hasta que su coraza de papel se rompa y caigan dulces.

(Tomado de The New York Times)

Se han publicado 8 comentarios



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  • likos dijo:

    jeje, el problema es q el ya soluciono lo de la separacion de familias, se van todos y ya

  • Jorge Luis 951. dijo:

    He oido varias veces Las palabras de Trump , Su punto esta Claro Para mi , pero so much as veces repute y repute la palabra I. L E. G. A. L. E S . Esta Claro Para mi tambien que bus a Times con Este articulo. $

  • Robert dijo:

    Bueno no emigren y problema resuelto.

    • Baphomet dijo:

      Bien se ve que Ud. no ha vivido en México; ¿verdad?
      La situación económica del mexicano “de a pie” (como se dice en Cuba) no es lo que sale en las novelitas de Univisión, señor mio. La pobreza extrema y la violencia que se vive a diario en el DF ha hecho emigrar a muchos hacia “la tierra de la libertad”… libertad, para matar; ¡claro!
      ¡Que fácil se nada fuera del agua!

  • un tipo ahi dijo:

    Nosotros acá también tenemos varios personajillos para darle terror no solo a los niños sino a todos… por ejemplo algunos bien llenitos que salen por la tele diciendo una cosa y luego se van para los hoteles de Holguín a gastar más de 30 mil en una sola noche por concepto de todo incluído.

  • Reyomar dijo:

    Detestable personaje

  • Ale dijo:

    Este señor deberia retractarse de estos comentarios tan ofensivos contra nosotros los latinos. No debemos pagar todos por las acciones de unos pocos algunos de nosotros somos super trabajadores eso por no decir que la comunidad latina es la que esta manteniendo la economia del vecino del norte.

    • jorge dijo:

      si la comunidad latina como dice tu, mantenela economia del vecino del norte, porque no mantenen mejor las de sus paises ?

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