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Homenajean a Elson Concepción por su medio siglo en el periodismo

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LibroPor Zenaida Ferrer

Muchas emociones se vivieron en la tarde de este miércoles en la Casa de la Prensa Cubana, cuando directivos de la Unión de Periodistas de Cuba y la familia de Elson Concepción Pérez, le homenajearon en presencia de antiguos y nuevos colegas por sus 50 años en la profesión.

Medio siglo de avatares y de defender la verdad de la Revolución con el periodismo como arma de combate, es una larga vida de ética, profesionalidad  y responsabilidad en varios medios de prensa cubana, empezando por Juventud Rebelde, el órgano de la juventud cubana al que empezó tributando sus pininos de corresponsal en el Oriente cubano en el lejano 1964.

Justo en medio del zafarrancho combativo de los primeros años de la Revolución –que no ha cesado-, llegó a la profesión este colega, nacido en un pueblecito holguinero, cuyo nombre, Barajagua, podría ser comparado con el famoso Macondo de Gabriel García Márquez.

Por su dedicación cuando apenas maduraba en la profesión a la dirección de la Upec, de la mano de Ernesto Vera, Presidente de Honor de la organización, por entonces en funciones, quien se encontraba presente entre otros muchos colegas y amigos, el presidente actual de la Upec, Antonio Moltó Martorell, le entregó una estatuilla del Comandante Ernesto Ché Guevara, para reconocer su impronta en Juventud Rebelde, la Upec, la OIP, el periódico Granma y la Mesa Redonda, y por su aporte constante a jurados de premiso y concursos en lo que impone respeto y profesionalidad.

La nota más emotiva la protagonizaron sus nietas, Victoria y Alejandra, niñas que improvisaron palabras de felicitación y agasajo “al mejor abuelo del mundo”, en tanto le entregaban un diploma confeccionado especialmente para él y le colocaban en el cuello sendas medallas obtenidas por ellas en la escuela donde estudian en Tijuana, México.

Dejemos que sea Elson quien relate las peripecias y aprendizaje de sus 50 años de bregar en la profesión periodística, “el mejor oficio del mundo”, concepto que quienes estuvieron presentes en esta sencilla y emocionante tarde, han ido construyendo con su trabajo en los medios de prensa del país.

2014: 50 AÑOS DE PROFESIÓN

Me inicié en el periodismo en 1964 en el periódico Ahora de Holguín a donde me había llevado mi hermano Eloy —ese imprescindible hermano, amigo, compañero— a quien debo haberme metido en esto del periodismo y también lo poco o mucho que haya podido hacer como revolucionario, como persona.

En 1965 los periodistas entonces de JR, Jesús Hernández y Susana Lee— me “captan” en Holguín y me “designan” corresponsal profesional de Juventud Rebelde para toda la entonces provincia de Oriente—, tarea que compartí con la de periodista del Sierra Maestra, en Santiago de Cuba donde comencé a radicar.

De mis años como periodista en Oriente, quiero recordar, de manera especial un hecho que marcó mi vida.

Era el año 1969. Una noche cuando dormía en el Puesto de Mando Provincial en el Yarey, Jiguaní, donde radicaba la dirección política y económica de Oriente, me buscaron en el albergue e hicieron bajar de mi litera, porque tenía una llamada urgente de La Habana. Era Ángel Guerra, el director de JR quien solo me dijo: Oye, vístete y ve ahora mismo para Baracoa que allí hay noticia importante.

Yo, incrédulo, regreso a mi litera, pues pensaba que era una broma más de las tantas que se hacían entre compañeros. Pero, una vez en la litera, me quise convencer de mis apreciaciones y fui hasta el Punto de Dirección donde el capitán Badía, jefe de despacho del Comandante Guillermo García, entonces delegado del Buró Político para esa provincia, me dijo: Si, Elson, prepárate que te vas ahora con otros compañeros hacia Baracoa. Si puedes ponte ropa de miliciano y ve a ver si te prestan algún arma corta para que la lleves.

Ni una palabra más. Todo era muy tenso y tajante.

Cumplí lo orientado, pedí a un colega —Fuyeda— un revólver 38 que llevaba consigo y al poco rato estaba montado en un jeep con varios militares que portaban armas largas. El aeropuerto de Santiago fue la primera parada. Allí nos esperaban otros compañeros y Heriberto Cardoso, entonces director del Sierra Maestra, me explicó de lo que se trataba.

El compañero Caiñas Sierra, el camarógrafo Bebo Muñiz y otro compañero, partíamos hacia Baracoa. Llegamos ya de noche a La Máquina, donde minutos después Fidel hablaría para despedir el duelo de tres combatientes muertos por los mercenarios que un día antes habían desembarcado por Punta Silencio, en esa zona de Baracoa.

Al otro día de hablar Fidel, se capturó a un mercenario. El general Tomasevich, quien dirigía las acciones nos dijo al pequeño grupo de periodistas que una vez capturado cada infiltrado, nosotros lo entrevistaríamos y luego él haría los interrogatorios, para saber si mentían, si se contradecían o si trataban de despistar.

Todavía hoy recuerdo que aquél mercenario, que gritaba que era cocinero y que revisaran su arma —un AR-15— para que vieran que él no había disparado un tiro, nos confesó que esa noche él permaneció escondido en un hueco que llenó de hojas secas de café y puso su arma debajo, a unos 10 o 15 metros de donde habló Fidel.

Las operaciones duraron once días. Participamos en rastreos, en búsqueda y captura de mercenarios, oímos disparos muy cerca de nosotros, vimos compañeros heridos, y pudimos entrevistar a cada uno de aquellos mercenarios, hasta el último en ser capturado, al que se le conocía como Bigote y era uno de los jefes de aquella banda.

Fueron 11 días con la misma ropa, sin bañarnos ni afeitarnos y durmiendo —cuando podíamos hacerlo— bajo una lona y sobre el colchón de las hojas secas de los cafetales.

En tales tareas —como periodista de JR y del Sierra Maestra— estuve hasta finales de 1969 cuando me trasladan hacia La Habana para dirigir la naciente Escuela Nacional de Corresponsales de Juventud Rebelde.

De esa forma, el “inmigrante” empieza a laborar en la capital y matricula en la Universidad de La Habana en el curso para trabajadores la Licenciatura en Periodismo, de la que me gradué cinco años después.

En la Escuela de Corresponsales, recuerdo una tarde que llegan Jaime Crombet, entonces primer secretario de la UJC Nacional y Ángel Guerra, director de Juventud Rebelde. Jaime me pone el brazo en el hombro y me dice: Te necesito en prestación de servicios para que dirijas el Buró de Prensa de la UJC Nacional. Es solo por un tiempo, hasta que organices eso, me consoló.

En esa función, que compartía con mis estudios universitarios, estuve casi tres años hasta que regresé al periódico, como periodista.

En JR fui presidente de la UPEC y en 1974, los compañeros Orlando Fundora, entonces jefe del DOR del Comité Central; Ernesto Vera, presidente de la UPEC y Jorge López, director del periódico, me llamaron a la oficina de este último donde Fundora me dijo que había hablado con Jorge para “pedirme” por un tiempo para que fuera parte de la candidatura del Congreso de la UPEC y —de ser electo—pasaría al trabajo profesional de la UPEC.

En la UPEC estuve de 1974 a 1984. Fui secretario de Educación y Cultura, atendí relaciones exteriores, asistí al Congreso fundacional de la FELAP en 1976 en México, en el que me eligieron miembro de su Consejo Directivo por tres congresos consecutivos. También en esos años fui vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Comunicadores para el Desarrollo (ALACODE) donde de igual forma representaba a Cuba.

Durante esa década en la UPEC se crearon los cursos de géneros periodísticos y otras temáticas políticas y profesionales, muchos de ellos reconocidos como Post grados. Cada año se hacía un Seminario Latinoamericano de Periodistas. Se creó la Bienal de Humorismo, los festivales del Humor y se desarrollaron los concursos y salones profesionales, entre otros.

Recuerdo que, a finales de 1983, Vera me llamó porque él y Tony Pérez, entonces jefe de la Esfera Ideológica del Partido, querían hablar conmigo.

Acudí a la casa de Vera, donde estaba con un pie enfermo metido en una palangana de agua y allí mismo me “informaron” que yo debía ir para Praga, Checoslovaquia, y hacerme cargo de la representación cubana y de América Latina en la Organización Internacional de Periodistas (OIP). Tienes la tarea de levantar el trabajo de atención de la OIP a América Latina, me orientó Tony Pérez.

Unos días después, el 8 de enero de 1984 (día de mi cumpleaños) salí junto a otros colegas latinoamericanos hacia Berlín donde se celebró el Comité Ejecutivo de la OIP en el que fui presentado como el nuevo Secretario para la región.

De Berlín para Praga, por una carretera llena de nieve y con menos 8 grados en los termómetros.

Mi primera tarea en la OIP fue al mes y medio de haberme incorporado, ir a Bulgaria a despedir el duelo del secretario búlgaro en la OIP, a quien no conocía porque él llevaba algún tiempo en el hospital. Pero en el cementerio de Sofía me enteré de cuantos méritos tenía aquel hombre que, entre otras cosas, era coronel de la Inteligencia búlgara.

En la OIP estuve hasta finales de 1989 en que culminé mi misión y me condecoraron con la Medalla de Honor Julius Fucik, máximo galardón de esa organización. En la actividad de despedida en Praga estuvo presente el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque que se encontraba por esos días en aquella ciudad.

Estando en Praga, el compañero Jorge Enrique Mendoza, entonces director de Granma, me llamó dos veces para decirme que había hablado con Vera y con el Partido para que a mi regreso fuera a trabajar para Granma.

De todas formas, cuando regresé a Cuba, el Partido tenía otra idea y me propusieron ir para la TV del Partido o para el NTV.  Cuando debía dar mi respuesta y fui citado para eso por Carlos Aldana, quien dirigía la esfera ideológica, le pregunté que si al Partido se le podía decir que no, porque a mí la TV no me gustaba y mucho menos para dirigir en ella. Aldana tomó el teléfono, llamó a Enrique Román, ya en esa fecha director de Granma, y le dijo: Te mando a Elson para allá, va a trabajar con ustedes.

Una hora después estaba en la dirección de Granma. Me ubicaron en la redacción internacional y allí llevo 25 años.

En Granma fui durante 11 años, siete meses y dos días, secretario general del Comité del Partido. Fui electo delegado directo al V Congreso del Partido y formé parte de la Comisión de Actas del mismo.

Recuerdo que cuando comencé en Granma, unos dos meses después, el compañero Manuel Piñeiro, Jefe del Departamento América del Comité Central me citó y propuso que yo, como todavía estaba fresca mi estancia en la OIP y se conocía mi labor en América Latina, usara mis contactos en Chile para ver si me podían acreditar como periodista de la OIP a los actos de cambio de gobierno de Pinochet a Patricio Elwin, además de poder cumplir otra misión que él me asignaría.

Así se hizo, viajé a Perú y desde allí empecé a contactar a periodistas chilenos y Fernando Reyes Mata, periodista, sociólogo e investigador de la CEPAL, movió sus influencias y logró que me dieran la visa.

Cuando llegué al Aeropuerto de Santiago de Chile, la guardia nacional de Pinochet miró mi pasaporte cubano y rojo como si fuera el diablo mirando la cruz. En aquello de si me dejaban entrar o no, llegaron varios colegas chilenos y paraguayos, también acreditados para el traspaso presidencial y los guardias me dejaron pasar.

Al otro día tuve que ir al Palacio de la Moneda —donde estaba Pinochet y su comitiva— para acreditarme. Todo el tiempo me siguió alguien, desde que salí del hotel hasta La Moneda, y también todo el tiempo tuve sobre mí los ojos solidarios de varios colegas latinoamericanos.

Tras cubrir el traspaso de gobierno, me quedaba la otra tarea —que una vez cumplida me percaté de cuán difícil era—. Por orientación de Piñeiro debía entrevistarme con el jefe del Movimiento revolución ario clandestino que luchaba en Chile, con el objetivo de obtener de él una actualización de la situación interna y las perspectivas.  Todo aquello lo grabé y traje para Cuba, pero lograrlo requirió de muchas vicisitudes.

Quien me contactó en Santiago de Chile me orientó, sin que anotara nada, que saliera del hotel a una hora determinada y sólo. Fuera hasta el Metro y tomara el de la línea hacia el oeste, me bajara en la tercera parada y caminara despacio dos cuadras. En esa esquina me detuviera en una cafetería y me tomara un café mientras observaba si alguien me seguía. Luego caminara dos cuadras hacia la derecha hasta que un automóvil me interceptara. Me subiera a él y me acostara en el piso de la parte atrás. Sentí que aquel auto cambió de rumbo varias veces. Se detuvo, volvió hacia el lugar de origen, hasta que luego de minutos que parecían horas, sentía que entrabamos a un garaje, en un sótano. Allí me bajaron e invitaron a subir por una escalera hasta el segundo piso. De allí, por otra escalera, bajar a otro sótano donde me recibió “el Jefe”.El Jefe me abrazó y pidió disculpas por la forma usada para llevarme a su encuentro. Me preguntó por la “gente allá, cómo está” y se prestó a contestar mi cuestionario.

La salida de allí, igual, en el piso del auto, las vueltas para uno y otro lugar y la explicación: te vamos a dejar en otro lado. Te apeas y caminas hacia atrás, luego a la derecha, dos cuadras a la izquierda y tomas el Metro en sentido contrario. Te bajas en la penúltima parada antes del hotel, vuelves a tomar café y cuando te percates de que no te siguen, subes al hotel y no te muevas de él. Guarda bien la cinta con la grabación. Luego te contactaremos para los nuevos pasos…

Tal experiencia periodística es imborrable en mi memoria y me siento orgulloso de haberla cumplido.

Otra misión cumplida en Granma y que representa un verdadero honor para mí, es la de formar parte del equipo de periodistas que acompañó al Comandante en Jefe y a otros altos dirigentes de la Revolución en más de una decena de viajes al exterior.

Una de estas coberturas tiene un recuerdo especial, la Cumbre Iberoamericana celebrada en Panamá en el año 2000, cuando el terrorista Luis Posada Carriles tenía un plan, en la propia capital istmeña, para matar a Fidel.

A su llegada al aeropuerto de Ciudad Panamá y luego de un torrencial aguacero, Fidel bajó la escalerilla, se apartó del protocolo y nos dijo: Vamos para el hotel que tengo una denuncia importante que hacer.

Así fue como conocimos y reportamos todo lo relacionado con el plan terrorista de Posada Carriles, y la información que Cuba había dado a las autoridades panameñas para su detención. Una de estas acciones sería la bomba que estallaría en el Paraninfo universitario donde habló Fidel y en el que estuvimos junto a cientos de estudiantes, profesores y otros invitados.

Fidel exigió que se cumpliera totalmente el programa que le habían preparado, que no se suspendiera ninguna de las visitas y encuentros, y así fue.

¡Tremendo orgullo haber vivido aquellos momentos en Panamá y cubrir como periodista toda la estancia y el programa del Comandante en Jefe!

Otra importante tarea en la que he participado por algo más de 12 años es la de panelista de la Mesa Redonda, como comentarista de temas internacionales.

(Tomado de Cubaperiodistas)

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  • Patricio Montesinos dijo:

    Felicidades Maestro. Honrarlo a usted, honra al periodismo de la Patria Grande y de Cuba.

  • Lázaro Quintana García dijo:

    Muchas felicidades estimado compañero y amigo. Me da mucha alegría que puedas festejar tantos años de trabajo y de entrega con salud. Nada mejor que el reconocimiento de tus compañeros y familiares.

  • Beatriz Concepcion Rosabal dijo:

    Muchas felicidades! Que orgullo “concepcionistico” tengo!

  • Lolita 2 dijo:

    Felicidades, viéndolo en la mesa redonda jamás pensé que tuviera tan importante hoja de servicios.

  • julio juan leandro dijo:

    ¡¡¡FELICIDADES, ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ!!! RECUERDO AQUELLOS AÑOS DE PRINCIPIOS DE LA DÉACADA DEL 60 DEL PASADO SIGLO. ¡¡¡ CÓMO HA LLOVIDO DESDE ENTONCES!!! ENTRE TÚ Y YO LLEVAMOS UN SIGLO DE LUCHA EN EL PERIODISTA. ME ALEGRO MUCHO DE ESEO HOMENAJE QUE TE OFREECIERON. MUY BUENO EL ARTÍCULO DE LA TAMBIEN NUESTRA COLEGA ZENAIDA FERRER.
    ABRAZOS PARA TI Y TU FAMILIA.
    JULIO JUAN LEANDRO, DESDE CIEGO DE ÁVILA.
    jjl@ain.cu

  • FLORA dijo:

    ELSON AMIGO QUERIDO, TE ENVIAMOS UN FUERTE ABRAZO Y UNA GRAN NUBE DE FELICITACIONES POR TUS 50 ANOS DE MILITANTE PERIODISTA, TE QUEREMOS SIEMPRE
    CUTINO Y FLORA

  • samada dijo:

    Me satisface saber de su vida y su ejemplaridad como ser humano, usted es un digno ejemplo de lo que puede hacer un revolucionario, conozco a su familia desde sus origenes, soy de Mejias, barrio hermano de Barajagua, felicidades

  • Deysi, Garrido, Mirtha y Lucy dijo:

    Muchas felicidades por los 50 años de trayectoria periodística y por lo que has representado para las nuevas generaciones de los medios de comunicación masiva tanto la prensa escrita como la televisiva, extrañamos su habitual comentario en Radio cadena Habana a las 8 am, quisiéramos se revitalizara algo similar en alguna otra emisora, si es la de Barajagua, mucho mejor, para escucharte ………… .

    Saludos

    Amigos del CIS La Pradera

  • Leticia Martínez Hernández dijo:

    Honor a quien honor merece…Elson con los jóvenes ha sido especialmente atento. A él muchas gracias de esta “recién llegada” al Granma, un abrazo

  • Heriberto Rosabal dijo:

    Elson, muchas felicidades. Un abrazo, hermano.

  • Hugo Andrés Govin Díaz dijo:

    Me sumo al homenaje. Amigo a quien conozco desde que éramos muy jóvenes, vecino de mi trabajo y excelente persona. Le debe su formación a la UPEC, pero el periodismo revolucionario en Cuba le debe muchísimo a él.

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