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“Nuestro Gólgota es el bloqueo”, afirma Silvio Rodríguez a diario puertorriqueño

En este artículo: Cuba, Cultura, Política, Silvio Rodríguez
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Por Mario Alegre Barrios

Presentación del disco "Segunda Cita" de Silvio Rodríguez, Casa de las Américas, 26 de marzo de 2010. Foto: Kaloian Quizás una de las figuras más emblemáticas de la Cuba revolucionaria, apenas a la zaga de Fidel Castro e infinitamente adelante de Raúl, el cantautor Silvio Rodríguez fue entrevistado esta semana por El Nuevo Día mediante un sólo intercambio de correos electrónicos, sin la oportunidad mutua de argumentar o repreguntar para aclarar o profundizar.
Éste es ese intento de “conversación”…

Estimado Silvio, a pesar de lo poco que lo conozco -por su música y sus ideales- es obvio que sé de usted infinitamente más que lo que usted sabe de mí, algo que -salvo mi nombre- es absolutamente nada. Espero que al final esto poco importe.

Usted vive de su música, de su arte; yo de escribir, de hacer preguntas, y ahora las circunstancias -su inminente concierto en Puerto Rico- propician este encuentro que, espero -y a pesar de las limitaciones que entraña toda conversación en ausencia y diferida- sea, al menos, motivo de reflexiones mutuas.

Ambos sabemos lo obvio: que el tema de Cuba polariza, que es un asunto sembrado de espinas, en especial cuando -desde esos extremos- se intenta un encuentro a medio camino. Y con esta certeza es que comienzo…

¿Puede haber ese encuentro a medio camino entre los que siguen creyendo que la Revolución es lo mejor que le pudo haber pasado a Cuba y aquellos que sienten que esa revolución les robó su vida y su libertad? ¿O piensa usted que es una utopía?

En 2003, la prensa de Miami decía: “Primero Irak y después Cuba”. En nuestra isla la respuesta no se hacía esperar: “Si llegan, quedan”. Ahora pareciera que no es como cuando Bush, pero lo cierto es que se sigue satanizando a Cuba, se la persigue con una lupa enorme que amplifica defectos y desaparece virtudes, fabricando la imagen de un infierno.

Contradictoriamente, organismos internacionales muy respetables, no políticos, reconocen los logros sociales de Cuba, y pudiera afirmarse que el turismo que visita a nuestro país es uno de los más seguros del planeta. Yo creo que si se superan el acoso y la lógica de guerra fría que se nos aplican, la prensa de ambas partes estaría en condiciones de preparar a las personas para otro tipo de encuentro, y ese contacto necesario dejaría de parecer utópico y empezaría a verse como posible.

¿Qué percepción tiene usted del momento que vive su país actualmente cuando, desde el exterior, -desde el “imperio¨, dirán algunos- se percibe una aguda erosión del régimen cubano, algo que de alguna manera usted pareció suscribir cuando no hace mucho dijo que Cuba debía moverse, de la “revolución” a la “evolución”?

A mi modo de ver, en Cuba hay leyes y medidas que fueron adecuadas en su momento y que a la luz de hoy han envejecido. Incluso hay errores de fondo, históricos, que no se han rectificado. Son cosas que los gobernantes cubanos han reconocido. También son cosas que algunos venimos señalando desde hace años.

Últimamente se ha armado un gran revuelo con esto porque nuestro actual Presidente, al tomar el poder hace tres años, dijo que había que hacer cambios. Pero ha resultado que los cambios son más complicados de hacer que lo que se pensaba cuando se anunciaron. La situación económica que tenemos, las grandes pérdidas que sufrió la nación por los tres huracanes de 2008, ha influido mucho en esto. Estamos en un momento en que en muchos sentidos tenemos que reinventarnos. Esa es la evolución de la que hablo en “Sea señora”.

¿En qué momento se comenzó a hacer evidente para usted la necesidad de cambiar ese discurso “revolucionario” -el andamiaje del credo castrista desde 1959- y plantear la necesidad de vivir hacia un nuevo proyecto? ¿cuáles fueron esas señales?

No es un problema de discurso, es un problema de no olvidarnos de apuntar alto, para que las ideas de una vida mejor, colectiva y privada, no se nos diluya en la mediocridad del día a día. Es la necesidad de que los ideales humanamente hermosos no dejen de revitalizarse para que los que van apareciendo puedan identificarse en ellos, e incluso para que los ideales, sin abandonar sus fundamentos, puedan identificarse con lo nuevo.

¿Cuáles percibe como las mejores virtudes del régimen que por 51 años ha marcado el derrotero de su país?

La calidad humana que se ha logrado en Cuba. No sólo por la elevada instrucción sino por ser mujeres y hombres capaces de lanzarse a curar y a enseñar a los lugares más distantes y en las condiciones más difíciles. Incluso en guerra, como sucede en varios países asiáticos, donde hay miles de cubanos prestando servicios. Cuando ocurrió el terremoto en Haití, la brigada médica cubana llevaba años ayudando a ese pueblo. Todo el mundo que llegó allí lo supo, pero muy pocos lo dijeron.

¿Cuáles considera que han sido los peores errores de los hermanos Castro?

Entre lo que nunca debió pasar está la UMAP, que duró seis meses y todavía es un fantasma que le arrojan a la cara al gobierno. Yo creo que la llamada “ofensiva revolucionaria”, de 1968, fue un error que aún estamos pagando. Fue iluso pensar que el estado podía hacerse cargo de todo el país, y que toda forma de iniciativa privada era antisocialista.

Usted le canta, entre otras cosas, a la libertad… y le pregunto con genuina curiosidad, ¿cómo armoniza ese ideal con el hecho indiscutible de que el Gobierno de Cuba suprimió -desde hace poco más de medio siglo- varias de las libertades más elementales del ser humano, entre ellas, por ejemplo, la de viajar sin restricciones y salir del país cuando se desee?

Quizá si fuera puertorriqueño hubiera tenido más razones, pero no creo haber sido un cantor muy especializado en la libertad. Aún así en varias ocasiones he dicho públicamente, en Cuba, que la llamada carta blanca es obsoleta y que habría que eliminarla. Lo cierto es que hay libertades que me parecen fábula, utopía mucho más etérea que los sueños de redención social. Está bien que existan y que los cuatro gatos que creen en ellas las magnifiquen si lo desean. Le recomiendo leer Las catacumbas de Misraim, cuento de Michael Ende que muestra lo que pudiera resultar ser la mítica “libertad” que algunos buscan.

A contrapunto de todas las bondades que se puedan mencionar del régimen, ¿cree usted que es moralmente válido que en nombre de la Revolución se hayan fragmentado irrevocablemente millones de familias cubanas precisamente por la supresión de esa libertad de tránsito?

Aunque la administración norteamericana anterior hizo lo indecible por separar a las familias cubanas, esto no resultó porque decenas de miles de emigrados viajan anualmente a Cuba. La Revolución no se hizo para separar a la gente, todo lo contrario: se hizo para que la separación entre ricos y pobres se atenuara. Jesús de Nazaret también consideró moralmente válido apostar por los humildes. Y tuvo que afrontar que la codicia se armara y lo llevara al suplicio.

Nuestro Gólgota es el bloqueo y el poder mediático de los poderosos, que comete la inmoralidad de justificarlo.

¿Cómo percibe el respaldo que tiene Cuba en el mundo actual en contraste con el que tenía -digamos- hace 20 ó 30 años?

Gracias a los avances tecnológicos como internet, percibo que hay un volumen mayor de información contra Cuba, que a favor. Por suerte Noam Chomsky, investigador más que respetable, nos ha revelado que el 90% de los medios analógicos y virtuales están en manos de la derecha universal. Ante tal evidencia no me extraña tener semejante “percepción”.

¿Cree que es saludable la codependencia tan manifiesta que existe entre Cuba y el Gobierno de Hugo Chávez?

¿No es eso lo que querían Bolívar y muchos otros próceres americanos? ¿No hablaba Martí de una comunidad que llamaba Nuestra América? Cuando guerreábamos para sacudirnos el yugo colonial ¿quiénes no encontraban saludable nuestra unión? Y hoy día ¿a quienes puede parecer enfermizo que nos ayudemos los unos a los otros? Cabría preguntarnos si es saludable la codependencia manifiesta de los países del primer mundo que se confabulan para caerle a bombazos a terceros.

¿Qué piensa de la situación actual de la relación entre Cuba y Estados Unidos?

Está mejor que cuando Bush. Pero pudiera estar mucho mejor si la Casa Blanca rectificara a fondo y retirara las medidas coercitivas contra Cuba. Eso sí que sería sabio y respetable. Yo, como no canto consignas, tampoco las digo en los conciertos, aunque algunos a veces gritan cosas. A más de una audiencia he sorprendido diciéndole cuánto me gustaría gritar: ¡Cuba sí, yanquis también!

¿Cree que existen las condiciones en Estados Unidos para que las relaciones entre este país y Cuba mejoren sustancialmente?

Si existiera una verdadera voluntad, no dudo que podrían crearse esas condiciones.

¿Cuáles de las circunstancias actuales que laceran esa relación cree que podrían ser negociables para el Gobierno cubano? ¿Cuáles no?

No sé lo que pensará el gobierno cubano. Para mí la dignidad de Cuba, su soberanía no es negociable. Mientras sigan condicionando el mejoramiento de relaciones a que adoptemos su sistema político, lo veo muy mal. Es que eso no es una negociación, eso es exigir que nos proclamemos derrotados. ¿Cómo se puede pretender negociar en esos términos?

¿Cuál es su sentir ante el espinoso tema de los presos políticos y las Damas de Blanco?

Ellos violaron leyes cubanas, semejantes a leyes que existen en los Estados Unidos y en muchos otros países. Aún así las condenas me parecieron largas. No es la primera vez que digo que ya los hubiera puesto en libertad. Puede que presionar al gobierno cubano aleje que los liberen. Por otra parte, si yo estuviera preso, agradecería que mi madre, mi hija o mi esposa lucharan por mi libertad. ¿Qué se puede decir ante eso? Otra cosa es recibir dinero de sectores del exilio vinculados a terroristas confesos. Me parece que eso perjudica el buen ver de esas señoras.

¿A qué atribuye que personajes que en un principio eran incondicionales del Gobierno cubano se hayan convertido en opositores y que eso les haya costado -incluso- la vida, como fue el caso más reciente de Orlando Zapata?

Conozco a varias familias de Banes, de donde era Zapata, y jamás he escuchado que él fuera afín al gobierno cubano, como tampoco que fuera opositor. Al parecer, el único testimonio comprobable que dejó Orlando Zapata fue su propia muerte, que según dicen él mismo decidió. Mucho más indignante es el caso de Filiberto Ojeda, patriota puertorriqueño al que el FBI tiroteó y después dejó desangrar, sin asistencia médica.

Su reciente intercambio epistolar con Carlos Alberto Montaner fue seguido con mucha atención en el ámbito internacional y, aun cuando por momentos tuvo un tono hostil, se percibió como un gesto esperanzador e hizo pensar que el diálogo, incluso entre antagonistas tan radicales como ustedes, era posible… ¿usted llegó a percibirlo así? ¿qué fue lo mejor que usted rescató de ese proceso?

Es cierto que parecía interesante pero, por lo visto, fue inútil. Y lo que más claramente lo demuestra es que, al día siguiente de decirle que no tenía tiempo de seguir con aquello, Montaner se puso a decir que el gobierno me había mandado a parar. Puede que precisamente ese sea el gran problema de Carlos Alberto: que constantemente da por cierto todo lo que se le ocurre.

Para finalizar -no sin antes agradecerle que haya llegado hasta aquí y, espero, respondido- una última pregunta al “trovador que sueña”: ¿hay espacio en esos sueños para una Cuba en la que todos -todos- los cubanos puedan vivir en paz y con libertad absoluta?

Ojo con los absolutos, que pocos suelen ser buenos amigos de la paz.

(Publicado en El Nuevo Día)

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