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Las epidemias se ciernen sobre Haití

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Daniel Lozano
Enviado especial a Puerto Príncipe del diario Público

Médicos cubanos en el hospital Saint Michel Jacmel, del departamento Sudeste en Haití. Atienden a   los pacientes en un hospital cubano de campaña recien llegado de Cuba. AIN Foto: Juvenal BALAN /Periódico Granma /Enviado Especial

Médicos cubanos en el hospital Saint Michel Jacmel, del departamento Sudeste en Haití. Atienden a los pacientes en un hospital cubano de campaña recien llegado de Cuba. AIN Foto: Juvenal BALAN /Periódico Granma /Enviado Especial

“Sabemos que viene”. La doctora cubana Maribel Brínez repasa sus protocolos epidemiológicos en una pequeña sala del Hospital de La Paz de Puerto Príncipe. Han transcurrido 10 días desde la debacle del 12 de enero. En el hospital latino de la capital se trabaja a destajo, se limpia y se amputa, pero ya no parecen los quirófanos de la guerra. Españoles, cubanos, colombianos, chilenos. Se cura en español.

Las autoridades sanitarias del todavía débil Gobierno de René Préval advierten a través de las radios del peligro que viene. Casi todo Puerto Príncipe duerme en la calle; más de medio millón vive en 447 campos de desplazados, otro medio millón en las inmediaciones de sus antiguas viviendas. Pasan el día, descansan, cocinan, comen, se bañan, lavan sus ropas, hacen sus necesidades fisiológicas “Y eso puede traer consigo el desarrollo de epidemias como el cólera”, advierte Pino González, sanitaria de Médicos del Mundo.

Enfermedades diarreicas

“Y muchas más”, añade Brínez, la epidemióloga del contingente médico Che Guevara. “Leptopirosis, paludismo, tifus, dengue, hepatitis, enfermedades diarreicas. Los hábitos de higiene son muy malos, el agua de pésima calidad, los alimentos también. Una brigada cubana se dirige hacia aquí para fumigar. Los colombianos han instalado una planta de tratamientos de agua para el hospital y para los desplazados que pernoctan cerca”.

Hasta el momento no se ha diagnosticado un solo caso de enfermedad susceptible de causar una epidemia en este centro médico. Tampoco en el Hospital General, el más importante de la capital. “Ya han transcurrido 10 días desde el gran temblor, hoy comienza el riesgo de las epidemias”, afirma su director, Alix Lassegne, en un despacho improvisado. “La ciudad está amenazada”.

Una amenaza que puede verse multiplicada con el comienzo de las lluvias, que difícilmente limpiarán una ciudad que huele a podrido, “y que puede extender las enfermedades a las poblaciones cercanas”, sostiene Lassagne. “Los microbios se van a extender, no van a morir”.

El alcalde de Puerto Príncipe, Jean Yves Jason, se ha puesto manos a la obra para limpiar la ciudad. El problema es que cuenta con muy pocas manos para hacerlo. El Gobierno también ultima su proyecto, en colaboración con la ONU, para sacar de la ciudad a 400.000 personas y darles cobijo en varios megacampos, que contarían con tiendas de campaña, agua potable y servicios básicos.

La gente se vuelca en proteger sus vías respiratorias con mascarillas, pañuelos, cáscaras de naranja o pasta de dientes. El extendido mito de que los cadáveres transmiten los peores males ha calado en una población que este viernes veía cómo 80.000 cuerpos sin vida eran destinados a las distintas fosas comunes. Pero el peligro sigue conviviendo con ellos. Y amenaza con seguir matándoles.

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