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Ventura Pons: un forastero apasionado de su cine

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pons1“Soy un niño que cuando pequeño quería hacer una película de mayor y ya llevo 21”, confiesa Ventura Pons, director y guionista de Forasteros, su largometraje número 21 que acaba de presentar en Japón hace solo unos días y ahora trae a La Habana para su exhibición en el 31 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

“Hace doce años que no venía a Cuba. Estaban pasando mis películas aquí y yo no estaba, a pesar de que cada año me invitan no puedo venir tan a menudo”, lamenta el célebre realizador catalán que ha recibido homenajes en Asia, Europa y América, y que antes de dedicarse al cine incursionó durante una década en la dirección teatral. Esa experiencia lo marcó para siempre. “Me ha servido mucho en dos direcciones: una, en conocer el mundo de los actores y cómo se trabaja con ellos, a pesar de que las técnicas de interpretación de cine y teatro son muy distintas. El teatro que al menos a mí me interesa es un teatro de contenido, de propuestas temáticas impactantes. Y esto sirve de mucho luego para hacer determinado tipo de cine, como el que hago, que es de contenido, de personajes, de historias potentes. O sea, que me ha servido en dos frentes: en el de trabajar con los actores y en el de comprender la ética del teatro. Prácticamente todo el cine contemporáneo, sus fuerzas de renovación temática vienen de gente del teatro, gente con esa ética que las lleva a hacer cine con más contenido”.

En la edición anterior de este Festival, en las salas cubanas se proyectó su filme Barcelona (un mapa), que también acaba de estrenar en Tokio, donde además sostuvo un coloquio con el público. Fue presidente de honor del Festival de Cine Europeo de Osaka y allí mostró Forasteros, “una historia densa que me atrae mucho, que habla de la familia, de la desintegración de esta, de la repetición de la vida, de los forasteros en dos épocas distintas, pero también habla de lo muy forasteros que somos nosotros respecto a nosotros mismos”.

Reconoce que desde el punto de vista temático esta vez se permitió hacer una película muy cinematográfica, pues una parte transcurre en el año 1968 y la otra, 40 años después, pero con la misma familia, disgregada ya y con nuevos forasteros. El argumento le permitía jugar con la ciudad, el tiempo, la gente. “La relación con el tiempo, para adelante y para atrás, que es un juego muy cinematográfico, me parecía que era muy atractivo de hacer. Además, estas historias complejas tienen muchas cajitas por abrir de donde salen cosas que enriquecen un todo”.

Para Pons, lo más importante a la hora de hacer cine es la historia que contará la cinta. En ciertas épocas disfrutó ahondar en el minimalismo, sin embargo, precisa que solo lo emplea cuando la historia lo precisa, pues siempre se pone al servicio de lo que debe ser contado. “Una vez escogida la historia intento buscar el concepto narrativo de ella, porque la historia siempre te dice algo. En principio me dice: ruédame, ruédame, ruédame. Sí, pero ¿cómo? Y la propia historia es la que me dice: así”.

Según varios críticos de cine, la cinematografía de este experimentado director gira en torno a relatos de vida chocantes, como el de Morir (o no) y Amigo, amado, este último sobre un profesor homosexual que solicita la eutanasia y le preocupa lo que puede legar a los demás cuando haya desaparecido, está enamorado de un joven que quisiera fuera su heredero. “En la mayoría de mis películas hablo de lo mismo, lo que cambia es la historia pero en todas hablo de la necesidad del otro, esa necesidad que todos tenemos de tener a alguien con quien compartir, darnos caricias, besos, abrazos, la necesidad de afecto humano por un lado y por otro, la necesidad de la amistad, hablo de ella como el sustituto de la familia tradicional, y hablo muchísimo de la muerte. Me han pasado muchas cosas en la vida y no me atemoriza hablar de la muerte, si todos vamos a morir por qué no vamos a hablar de ello”.

Los tres temas que menciona aparecen dentro del texto que escogió para hacer Forasteros, basado en una obra de teatro homónima de Sergi Belbel, un autor con el cual ya había hecho las películas Caricias y Morir (o no), dos largometrajes que han cosechado aplausos en todos los continentes. Pons disfruta, atesora el reconocimiento de los públicos a cada una de sus obras. “Recientemente Forasteros fue muy bien recibida en Japón, la sala estaba super llena. Yo llevaba 15 años sin ir a ese país, en 1994 había estado allí presentando El por qué de las cosas. Desde entonces se comercializaron siete películas mías en Japón y no había ido a defender ninguna por falta de tiempo, entonces fue muy bonito ver que la gente tenía interés y que había visto mis filmes. Eso es magnífico, porque el cine uno lo hace en su casa: tienes una idea, haces un guión, buscas actores, localizaciones, técnicos, ruedas, montas, terminas. Una vez que finalizas, tienes que ver qué le parece a la gente, y no únicamente tu gente inmediata, los vecinos. Mira, los japoneses que son una cultura tan distinta a la nuestra, porque aquí cubanos y españoles somos muy cercanos, y ver que en Asia entienden mis películas es fantástico. Un orgullo que me entiendan en todo el mundo”.

En ese sentido se siente satisfecho y se considera una persona afortunada. El Premio Nacional de Cine de Cataluña, el Premio Ondas, el de la Ciudad de Huesca y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, forman parte del listado de reconocimientos que ostenta. “Actualmente además de trabajar, paseo por el mundo, recibo reconocimientos. La vida me ha regalado… bueno, no, me las he tenido que trabajar mucho, porque nadie te regala nada, pero la vida ha sido buena conmigo, y eso hay que agradecerlo porque el mundo es duro, no con todos es así”.

Su obra se programa continuamente en los mejores Festivales Internacionales de Cine y es uno de los directores más conocidos de Cataluña. A pesar de su consolidado prestigio contiene la emoción cuando le preguntan sobre su próxima cinta, la número 22. “Ya está, la escribí este verano. No voy a decir de ella porque soy un poco supersticioso y porque no me gusta hablar, me gusta hacerla. Creo que va a ser muy distinta. Tengo ganas de cambiar. De vez en cuando yo necesito el cambio porque creo que mi cine a pesar de tratar casi siempre los mismos temas son muy distintas las películas unas de las otras, y son distintas porque a mi no me gusta encasillarme, porque si me encasillo tengo la sensación de que ya lo he hecho, de que es aburrido, y si uno tiene la sensación de aburrirse cómo puede entretener, emocionar, divertir, llegar al público. Lo más importante en la vida de un cineasta es la película que está haciendo en el momento, si no construye con esa pasión yo no entiendo las películas”.

(Por Martha Sánchez del sitio oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano)

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