Cuando el oso ruso se pone furioso

Foto: Dmitri Koj (Drone Photo Awards 2022).
El oso del arte ruso es, básicamente, muy simpático. El del mundialmente famoso cortometraje soviético Erizo en la niebla, literalmente, roba los corazones por su ternura. Lo mismo ocurre con la mascota de los Juegos de 1980 en Moscú: las conmovedoras imágenes del oso olímpico volando hacia el cielo en la ceremonia de clausura del certamen internacional se quedaron para siempre en la historia. A su vez, el coprotagonista de Masha y el Oso se muestra infinitamente bondadoso, afectuoso y paciente con la pequeña.
Pero también el oso ruso puede ser muy furioso. Y es justamente lo que está pasando ahora: en una tendencia sumamente inusual, están saliendo de bosques por toda Rusia y atacando a las personas. Desde abril de este año, se llevaron la vida de 27 humanos. La mayoría de los casos mortales se registraron en Siberia, aunque también se produjeron decesos en el Lejano Oriente y en la parte europea del país. Últimamente, los habitantes de la región de Moscú están reportando una cantidad inusual de huellas de osos.
La última víctima es un hombre de 49 años. El pasado 18 de octubre fue a recoger bayas y, desgraciadamente, acabó despedazado en las afueras de su pueblo, en la región de Arjángelsk –a 1.300 kilómetros al noreste de la capital rusa– un hecho jamás registrado en la región desde 1978. La escopeta que llevaba resultó inútil ante un animal que se convierte en un auténtico monstruo, colosalmente fuerte e imparable, cuando se enfurece. Y lo cierto es que sí tienen motivos para estarlo precisamente ahora, explican los especialistas.
Lo que ocurre es que están muy hambrientos. La combinación de una serie de factores climáticos y meteorológicos los dejó sin los alimentos necesarios para acumular grasa de cara al duro invierno ruso, el cual pasan durmiendo gracias a las reservas de su cuerpo. Precisamente ahora escasea lo que más necesitan: piñones, avellanas, bayas y setas.
La escasez también se debe a un tremendo aumento en la población de osos: casi se triplicó desde los años noventa hasta superar los 307.000 ejemplares en la actualidad. Por lo tanto, se ha endurecido de forma notable la competencia por la comida, algo que empuja a estos enormes animales a buscarla en lugares que, normalmente, procuran evitar: donde viven los humanos. Van atraídos por el olor a alimentos y no suelen tener mucha piedad cuando se tropiezan con el humano, tal y como queda plasmado en los datos oficiales.
Son registros detrás de los cuales se encuentran historias verdaderamente escalofriantes, entre ellas las contadas por quienes sobrevivieron milagrosamente al encuentro con estas criaturas. Si se trata de osos pardos, llegan a superar los 300 kilos y el metro y medio de altura, además de ser muy inteligentes. La aplastante mayoría de los que se salvaron presentan daños y heridas gravísimas.
La situación con los osos se ha vuelto tan seria que algunos colegios han pasado a la educación a distancia. Mientras tanto, en algunas regiones apartadas de Rusia se han limitado los eventos multitudinarios y hasta se han introducido toques de queda.
Entre las claves del problema también se menciona que, ante la disminución de cazadores, los osos están dejando de ver al ser humano como un peligro, a diferencia de aquellos tiempos cuando encontrarse con un hombre significaba, mayoritariamente, el riesgo de recibir una bala. Lo cual no quiere decir, por otra parte, que la solución pase por la caza, insisten los especialistas rusos. Más bien, se debería enfocar en minimizar todo aquello que atrae a estos depredadores. Por ejemplo, no deben tener acceso a la basura, mientras que el ganado debe estar bien protegido en cobertizos resistentes. Tampoco es recomendable alimentar a los osos.
¿Pero qué hacer si te topas con uno? No acercarse, pero tampoco tratar de huir; no mirarlo a los ojos y no hacer movimientos bruscos. Si el oso se fija en ti, habla con voz firme y grave, sin gritar con desesperación. Si el animal se acerca, retrocede despacio, cara a él, sin darle la espalda. Lo más recomendable, sin duda, es evitar estos encuentros: desplázate en grupos y haz mucho ruido al caminar.
Y nunca, jamás provocar al oso. Esto último también lo deberían tener en cuenta los adversarios de Rusia. Pero esa ya es otra historia.

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Por cierto he leído en las últimas semanas por medios de prensa de Rusia el ataque mortífero de osos contra personas que ha provocado varias víctimas
Este artículo me hace revordar la peli de Leonardo Di Caprio y el fenomenal encuentro en la nieve con aquel señor Oso.