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Transferencias, detrás de la fachada

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Aunque vuelven las formas de gestión no estatales a ser señaladas por el insuficiente uso de las pasarelas de pago, hay quienes logran cumplir con responsabilidad. Foto: Yudaisis Moreno

Una mañana, de esas a inicios de mes, al tener el salario en la tarjeta magnética, salimos en “busca de suerte” a varios puntos de venta, en Artemisa.

-Me pone diez libras de arroz, a pagar en línea, por favor.

-Si no es efectivo, solo vendemos dos de cada producto.

La voz de la joven quedó como un eco, pero aproveché la opción y llevé al menos dos libras de sal, dos de azúcar, dos de frijoles y dos de arroz.

– Me puede sumar dos jabones?

– ¡No! Solo granos por transferencia, que son de primera necesidad.

Vaya concepciones, pensé para mis adentros, sin que mediara comentario alguno. Ella era solo la cara de un negocio, pero detrás, alguien establece términos y condiciones.

Continuamos en el intento de escanear la tarjeta roja en otros emprendimientos, incluso estatales, estos últimos sin mucha elección.

-Ya hoy recibimos muchas transferencias.

-Solo mil pesos.

-Es que aún no tenemos código QR.

-No hay conexión, y no podemos detener la cola.

-La dueña no está.

-Tengo el móvil sin carga.

En medio de las múltiples adversidades, a las que se suman fallos eléctricos y de conexión, y comprendiendo un poco tantas limitantes para gastar el dinero digital, fuimos al Banco Popular de Ahorro, no sin antes apreciar una cola “asimilable”, ya pasado el mediodía.

-No hay conexión, y casi estamos al cerrar.

– ¿Y por caja extra?, insistí pretendiendo tener efectivo.

-Tampoco, dependemos de La Habana y no hay conexión.

-Pero…

Me quedé con el diálogo de mi lado. La funcionaria decidió no dar más explicaciones. Debió ser un día de apagones, sin poder trabajar dentro de aquellas paredes, mayoritariamente de cristal.

Queriendo entender por qué somos tan complicados, tan violadores de la Resolución 93/2023, que establece como obligatorio poseer las facilidades de pago por las pasarelas o terminales de puntos de venta, al comercializar y prestar servicios al consumidor, nos acercamos a otras opiniones tras un sondeo digital.

Por un lado, hubo quienes coincidieron en la insostenible situación de no poder pagar por transferencias, sintiendo que pelean con manos atadas contra una realidad conocida; mientras, otros fueron empáticos y compartieron sus experiencias, como para asegurar que todo no está perdido.

Las dulcerías Los Marchantes y Betti Jenny (sin límite alguno), San Miguel (hasta 5 mil pesos, pero no siempre); además de Mercaismariña, la Esquina de Norma, Las Vegas, las panaderías del Bulevar y Solución Los Dari, más los comercios frente al hospital de Artemisa y las tiendas de ropa al lado de la Complaciente, figuraron como ejemplos positivos.

Buenas prácticas también nos llegaron desde San Cristóbal en Doña Manuela y Almacenes Montalvo, a criterio de Elda de Los Ángeles Jiménez Terán, una holguinera devenida sancristobalense hace más de 30 años…

Otro lado de la moneda

“Somos también parte del pueblo trabajador, aunque no estatales. Nadie piensa en nosotros”, nos dice un emprendedor no estatal que prefirió no publicar su nombre.

“Llevamos en nuestros hombros no pocos riesgos para sostener ofertas en una maltrecha economía”, señala.

De eso comparte sus certezas Ernesto Javier Reyes Sixto, un trabajador por cuenta propia (TCP) en una zona de silencio, en Fierro, San Cristóbal.

“A veces ofrezco una solución a conocidos de la comunidad para usar las pasarelas de pagos. Les facilito el número de cuenta o el código QR y pagan cuando encuentran conexión.

“Como TCP, aspirante a constituir una micro, pequeña o mediana empresa (mipyme), opino que no es atractivo el comercio electrónico. Tenemos un dinero, sin poder extraerlo del banco. O te dan solo un poco y operamos con cantidades grandes. No hay respaldo físico en el banco.

Por otro lado, el artemiseño, que pidió estar en el anonimato, coincide, y explica que las mayoristas proveedoras, no aceptan paga por transferencia, incluso, en caso de pagar en moneda nacional operan con billetes de alta denominación, al menos en La Habana, en esos grandes contenedores con mercancías directas de la importadora.

“En Artemisa, a quienes compro mayorista, debo dar billetes, salvo a los comercializadores de cerveza Parranda y malta Guajira, que a veces es parte y parte».

Entonces, él mismo abre otra una brecha conocida: bancos privados e ilegales. “Debes acceder a ellos si quieres convertir en pesos de papel lo vendido por transferencias, para evitarte una multa de inspectores o una denuncia, pero terminas haciendo cosas indebidas”, concluye.

Reyes Sixto refiere que, “al transferir a mayoristas, pagan el 30 o 40 % por encima del precio. Por un saco de harina que cuesta 100 pesos, hipotéticamente, pagas 130. Pero no puedo pedir ese % por encima del precio en mi quiosco.

“Otra condicionante es el valor del dólar. Las mayoristas lo compran como está en el mercado cambiario informal, estatalmente no se satisface la demandada que necesitamos. Otro respaldo que se nos diluye”, argumenta.

Punto aparte para el aceite

Como en estos días uno de los productos que genera polémica es el aceite vegetal, quisimos poner el dedo en la llaga. ¿Culpa del comerciante minorista?

“Quien lo vende en 5 mil pesos, lo compró en 4 mil 500 en La Habana, y el que lo vende en 4 000, lo cogió en 3 600. Esos son precios mayoristas”, dice Reyes Sixto.

“Como en Cuba no se produce y conocemos de contenedores retenidos en países del Caribe o en el puerto de Mariel, surge un mecanismo de especulación cíclica, a partir de que casi todo el aceite es importado y el bloqueo y sus efectos complican el proceso.

“¿Pero en La Habana sí hay aceite? Claro, ahora a 4 500 pesos en esas medianas empresas y cuando lo compras a ese precio, ¿cuál es el margen de ganancia? Más la inversión en transporte y personal en esa operación de traslado.

“Ojo con otra cosa importante: no te lo facturan ni en 4 500 ni en 3 500, en caso de que seas mayorista también, el proveedor te lo factura en 2 100 o 2 200, aunque ese no sea el precio real. Pagas y recibes la factura y muchas veces cargas en Mariel, y nadie te cree por tener factura en mano, que pagaste a sobreprecio, única manera de obtener la mercancía”, ejemplifica y desata la cruda verdad.

“En el mercado minorista a ese aceite tan caro, le ganas 200 pesos a lo sumo, aunque haya quien apriete y le saque hasta 500”, concluye, no sin antes recibir el asombro de la entrevistadora por ese margen comercial.

Importante hablar, cuenta el actor económico de Artemisa, que para sacar ingresos netos le sumamos a esos gastos, el lugar que arriendas de no ser propio, el gasto de electricidad, agua, el pago a los trabajadores de la forma de gestión, y los impuestos nada modestos a la Oficina Nacional de Atención Tributaria, la merma de algunos productos, y sin hablar del combustible, para trasladar mercancías, que te hace otro hueco tremendo».

Vamos a los más grandes

Y qué mejor que conducir estas líneas hasta las mipymes cercanas, declaradas como mayoristas en su emprendimiento.

Viviana Somoano Núñez, directora de Desarrollo Territorial, nos informa que contamos en plataforma con 50 mipymes, al cierre de junio, con ese concepto aprobado.

Están ubicadas en nueve de los 11 municipios de la provincia. San Antonio y Bauta son los de mayor cantidad, según información oficial, por encima de diez actores no estatales de esta clasificación; mientras, Alquízar y Candelaria, no cuentan con mayoristas.

A su juicio, “ninguna cumple estrictamente esa función. Más bien revenden, y eso impide que sea llamativo el precio de salida mayorista de un producto en la provincia, y así crece y crece la cadena aplicada hasta el consumidor,”.

El problema radica, opina la directiva, en que “la mayoría de los productos se compran al por mayor en USD o por tarjeta clásica…, moneda que lidera el mercado cubano que, al homologarla a nuestro peso nacional, demasiado devaluado, ascienden los valores frente al mostrador.

“Ahí apreciamos una debilidad que da cabida al mercado negro, a la especulación, precios excesivos, especulativos, abusivos…, tampoco hay cómo comprar legalmente los dólares para que esas mayoristas operen.

“Las 176 medidas económicas y sociales del gobierno proponen la apertura de bancos privados y mercado cambiario digital, y aunque eso pudiera abrir otra caja de pandora, lo cierto es que la cadena de comercialización sigue dejando deudas de transparencia entre los diferentes actores económicos, por no existir esa banca».

Al escuchar la opinión de algunos mayoristas, quienes detrás de la fachada no desean encarar preguntas y respuestas, notamos que se sostienen en un andamiaje de causas y condiciones, buscando salidas con la máxima de concretar su emprendimiento.

Quizás, “a río revuelto, ganancias de pescadores”. Muchas resoluciones, pero poco aterrizadas; las medidas adoptadas hasta ahora no han sido capaces de estremecer, organizar, encaminar y concretar una política más socialista, en un comercio cada vez más competitivo y encarecido.

El banco en el blanco

Hasta Dariel García Cruz, gerente comercial de Bandec, en la sucursal 1361, en San Cristóbal, llegamos. Más allá de reconocer la falta de efectivo con afectaciones a la economía y la vida social para personas naturales y jurídicas, llama a la responsabilidad y asegura que existen indisciplinas por parte de los nuevos actores.

“Es un deber depositar al banco cuando acumulen más de 100 mil pesos en la cuenta, algo que no debe ser tan difícil al ver la demanda y el precio de los productos.

“El banco tiene un modelo de gestión, para el registro de los indicadores que intervienen en la relación de la institución bancaria con cada entidad, un archivo nombrado Conozca que permite dar seguimiento a las cuentas y la práctica sistemática de estos clientes y siempre está muy por debajo de lo probable el comercio electrónico que notifican”, expresa.

García Cruz explica que las reticencias también tienen tres motivos fundamentales: “no les resulta atractivo el dinero electrónico, porque además pueden usarlo poco con los proveedores, perdían un 1,5 % en cada operación y el plazo para la acreditación en sus cuentas era de 72 horas”.

Rachelys Cruz Rodríguez, jefa de Departamento en esa misma sucursal, explica que además de beneficiarse las personas naturales que usan pago en línea, con 4 % que se le descuenta hasta los 5 250 pesos; el comerciante recibe el beneficio del 2 %, por operación hasta 105 pesos.

En consonancia con ello, Ian Pedro Carbonell Karel, director de Políticas Macroeconómicas del Banco Central de Cuba, aludió recientemente en televisión a que “ya no se cobra ninguna comisión al depositar el dinero en el banco, solo al extraerlo y es una cifra ínfima del 0,2 %, lo cual debe incentivar el comercio electrónico.

“Si tienes un actor mayorista que realiza un gran volumen de importaciones, y este con muchos clientes, que a su vez son otros actores y eso va desplegando una cadena, y garantizas incidir positivamente en ellos, entonces logras que acepte transferencias a esos otros negocios y esos otros acepten las transferencias hasta que llegue al consumidor final”, reflexiona el directivo.

Depender menos del efectivo es una práctica en el mundo entero, y aunque sigamos atados a los billetes, por cientos de razones, muchas objetivas, las resoluciones amparan ese cambio, salvo que se incumplen, y no somos los de más abajo quienes debemos seguir con el problema a cuestas, angustiándonos cada vez más para poder subsistir.

Cada vez que se cierra un punto de venta, por justo que sea, pues incumple lo legislado, pensemos, ¿quiénes se afectan?

No vale la pena seguir emborronado cuartillas con más resoluciones, lo importante es exigir que se cumplan todas y cada una de las ya emitidas, en función de satisfacer al pueblo.

Tal vez, los gobiernos locales puedan proyectar una estrategia de negociación con sus mipymes mayoristas, para amarrar el problema y la solución a lo cortico, más en una provincia que tiene el puerto de Mariel, a escasos kilómetros de los puntos de venta.

¿No se puede organizar un esquema de comercialización directa, transparente, sin tantos intermediarios? ¡Que surjan iniciativas y no se queden detrás de la fallada!

(Con información de El Artemiseño)

Se han publicado 9 comentarios



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  • Ernesto dijo:

    Por mucha vuelta que se le de al grave problema de los pagos por transferencia. lo primero que me viene a la mente es la EVASION FISCAL, por mucho que se justifique por el emprendimiento privado la necesidad del pago en efectivo, del monto total acumulado diariamente alto porciento no se declara y en esta situacion de burla y desacato a lo indicado como derecho del consumidor (pagar en efectivo o por pasarela digital de pago) mucho tiene que ver la debilidad o inoperancia con que lo enfrentat desde el gobierno centralhasta los gobiernos municipales.

    Ya este problema se ha tornado insostenible y la poblacion, esa misma que aprobo en consulta y posterior referendum populares la existencia u gestion del emprendimiento privado (Constitucion de 2019) se encuentra en una indefension supina y repito que los gobiernos no tienen porque esperar a la denuncia publica (que pienso no es mas abundante, por que no palpa en la realidad respuesta gubernamental eficaz ante este flagello).

    Sencillamente hay que aplicar el refran "a graves problemas grandes decisiones".

    Emprendimiento que no acepte pago digital o lo acepte, pero con todas las artimanas que le cuelgan debe ser cerrado, perder definitivamente su licencia comercial, obligarlo a venta forzada sino se decide por los organos de inspeccion la confiscacion de bienes y la presentacion a tribunales de los casos mas connotados de evasion fiscal.

    Ya no queda de otra, la responsabilidad social empresarial y el cumplimiento de la Ley debe ser la guia etica del emprendimiento privado en Cuba.

  • FeloPerez dijo:

    El problema no es aceptar el pago en linea o la transferencia. el problema está en el impuesto de la ONAT del 15%. Si aceptas el pago de esta forma el impuesto se lleva la ganancia y más. o sea. hay que agregar el 15 % del impuesto al precio para que pueda haber un margen de ganancia. todos saben que mientra más alto es el precio, más alto es lo que hay que pagar, la ganancia es menor pero hay ganancia y no hay pérdidas. hay que analizar bien a fondo este tema. Lo otro es que cuando el actor económico tenga en su tarjeta 2 o 3 millones x las ventas no tiene cómo sacarlo de la tarjeta porque el Banco no tiene efectivo. los proveedores no aceptan transferencias y entonces se rompe la cadena. hay que ponerle el cascabel al gato.

  • Enio Espinosa Expósito dijo:

    Es muy cierto lo qué acaba de decir, pero si los gobiernos provinciales y municipales no accionan con sus inspectores, pero también la empresa estatales qué té pagan con tarjeta y cuando té venden algo exigen el efectivo y no asectan la moneda digital

  • George dijo:

    El escrito está muy bueno pero no da respuesta a la situación que tenemos los de a pie porque no nos aceptan pagar por transferencias aquí en guantanamo es muy similar a lo reportado en Artemisa y los establecimientos dan las mismas respuestas (son nacionales). Por favor tengo la certeza que las disposiciones no darán respuesta sin una intervención firme y de mano dura por parte de los decisores.

  • nory dijo:

    Realmente es difícil q te acepten pagos por transferencia te dicen que no, como si esa forma no estuviera normada en Cuba, ayer en la feria frente al Teayro Amadeo Rodán traté de comprar por esa vía y no me lo aceptaba al final a no tener efectivo nada pude adquirir, también es muy difícil extraer efectivo de los bancos, en el caso elmmas cercano es el Línea y Paseo q solo trabaja por turnos y no atiende a nadie fuera de estos aunque no hayan concurrido.

  • Oscar Ramos Isla dijo:

    A partir de una experiencia cotidiana en Artemisa, la profunda contradicción entre la bancarización y el comercio electrónico promovidos por el Estado cubano —respaldados por la Resolución 93/2023— y las condiciones materiales que impiden su funcionamiento efectivo: apagones, falta de conexión, ausencia o inutilidad de códigos QR, límites arbitrarios, dependencia de decisiones centralizadas y escasez de efectivo en los bancos. Su principal valor reside en que no presenta el problema como una simple resistencia de comerciantes o consumidores a la transformación digital, sino como el resultado de un sistema fragmentado en el que la obligación legal recae sobre actores que carecen de infraestructura, liquidez y seguridad operativa para cumplirla; así, la tarjeta con salario depositado se convierte en dinero formalmente disponible, pero prácticamente inmovilizado. La narración combina testimonios, observación directa y ejemplos de negocios que sí aceptan transferencias, lo que evita una generalización absoluta y demuestra que existen prácticas funcionales, aunque parecen depender más de la voluntad, la capacidad tecnológica o la situación particular de cada establecimiento que de una política coherente. También incorpora la perspectiva de los trabajadores por cuenta propia y las mipymes, quienes aparecen atrapados entre consumidores con fondos digitales y proveedores mayoristas que exigen efectivo o billetes de alta denominación, de modo que la bancarización no elimina la economía informal ni facilita el comercio, sino que añade nuevas barreras y costos. La fachada institucional se evidencia en la distancia entre la norma —que declara obligatorias determinadas facilidades de pago— y la realidad de bancos y comercios que pueden incumplirla alegando causas operativas, sin que el ciudadano tenga una alternativa eficaz ni una autoridad que responda por la interrupción del servicio. En última instancia, el artículo revela que el problema no es únicamente tecnológico, sino económico y político: se pretende digitalizar los pagos sin garantizar electricidad, conectividad, efectivo, abastecimiento, confianza ni coordinación entre bancos, comercios estatales, emprendimientos privados y proveedores, trasladando al consumidor la carga de una modernización incompleta y convirtiendo una supuesta facilidad financiera en una experiencia de frustración, racionamiento y pérdida de autonomía.

  • yudanys dijo:

    buenas tardes, el material esta muy polémico, debieran planificar una mesa redonda con actores económicos privados, representante del BCC y cuantos directivos, economistas sean necesario con propuestas y soluciones con el tema del pago por las pasarelas de QR

  • José Luis dijo:

    Si fuera solamente en Artemisa creo q no habría problema en resolverlo. Pero este tema es generalizado en todo el país. Y lo mas triste del caso es q no le veo uns solución real. Todo lo contrario, cada día empeora. Hay muchos puntos de MiPYMe q no aceptan billetes de 50 o menos.
    Y la solución no está en obligarlos solamente a ellos a aceptar el pago en línea, los que venden a estos también TIENEN q aceptarles a ellos esa forma de pago.
    Porque lo que existe es un circulo vicioso que el estado y el gobierno no han podido parar y hasta q no lo hagan, los cubanos de a pie seguirán sufriendo las consecuencias del no control

  • Antonino Gómez Cantillo dijo:

    La reticencia a aceptar pagos en línea va desde que salió la primera resolución, cuando la disponibilidad de efectivo no era un problema. Si los mayoristas aceptaron transferencias, la cadena podía seguir por ahí para abajo, y el banco solo tendría que suministrarle efectivo a ellos. Pero la causa real de fondo, pienso yo, es el deseo de no transparentar las operaciones para poder evadir el fisco, y esto vale tanto para mayoristas como minoristas.

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