Cuba y Venezuela: Cuando el imperialismo deja de disimular

Foto: Archivo.
La historia tiene momentos en que el imperialismo deja de hablar en voz baja y actúa sin pudor. El escenario actual que enfrentan Venezuela y Cuba es uno de esos momentos. No se trata de una coyuntura más, ni de una escalada retórica, es una ofensiva articulada, consciente y peligrosa, que combina presión económica, cerco energético, asfixia financiera y guerra comunicacional.
Quien intente analizar lo que ocurre hoy desde la ingenuidad —o desde la comodidad de los titulares rápidos— se queda corto. Aquí no estamos ante errores aislados ni casualidades geopolíticas. Estamos ante una estrategia deliberada para doblegar proyectos soberanos que no se subordinan a los dictados de Washington.
Cuba lleva más de seis décadas enfrentando un bloqueo que el propio pueblo estadounidense ha comenzado a reconocer como inhumano, ilegal y anacrónico. No obstante, lejos de desmontarse, el cerco se ha recrudecido, sofisticado y extendido. Hoy el bloqueo no solo es comercial y financiero, es también energético, tecnológico y logístico.
En ese tablero entra Venezuela. Una alianza estratégica entre La Habana y Caracas —basada en la cooperación, la solidaridad y la complementariedad— se ha convertido en un objetivo prioritario del imperialismo. Golpear a Venezuela es golpear a Cuba; asfixiar a Cuba es enviar un mensaje a toda América Latina.
No es casual que las sanciones contra la industria petrolera venezolana se intensifiquen justo cuando el Caribe vive una de sus crisis energéticas más complejas. Tampoco es casual que se persiga cada buque, cada transacción y cada acuerdo que permita a ambos países respirar un poco.
El relato que intenta borrar al culpable
Desde los grandes centros de poder mediático se insiste en una narrativa cómoda: las crisis de Cuba y Venezuela son solo responsabilidad de sus gobiernos. Se habla de ineficiencia, corrupción o incapacidad estructural, mientras se omite —de forma sistemática— el impacto real de las sanciones, el bloqueo y la persecución financiera.
Ese relato no es ingenuo, es funcional. Sirve para desresponsabilizar al agresor y criminalizar al agredido. Sirve para presentar el ahogo económico como un fenómeno natural y no como lo que es, una política de castigo colectivo.
Cuba ha sido clara en todos los escenarios internacionales, desde la ONU hasta los foros regionales; el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo del país. Venezuela ha denunciado, con pruebas, cómo se le han robado activos, congelado recursos y saboteado su economía. Negar esto no es opinión, es deshonestidad intelectual.
Lo que realmente molesta a Estados Unidos no es el modelo económico cubano ni el sistema político venezolano en abstracto. Lo que molesta es la soberanía. Molesta que dos países pequeños —uno insular, otro caribeño— se atrevan a decidir su destino sin pedir permiso.
Por eso el imperialismo no negocia en igualdad de condiciones, impone, amenaza y chantajea. Por eso se habla de “acuerdos” solo cuando implican rendición. Por eso se activan sanciones, listas negras y campañas de descrédito cada vez que un país dice “no”.
En ese contexto, la solidaridad entre Cuba y Venezuela no es solo un gesto político, es una necesidad histórica. Es la comprensión de que aislados somos vulnerables, pero juntos somos incómodos para el poder hegemónico.
Una advertencia que va más allá del Caribe
Quien crea que esta ofensiva se limita a Cuba y Venezuela se equivoca. Lo que está en juego es el derecho de los pueblos a elegir su propio camino. Hoy es el petróleo venezolano y el sistema eléctrico cubano; mañana puede ser cualquier nación que decida salirse del libreto impuesto.
La historia de Nuestra América ha sido escrita muy clara, cuando el imperialismo avanza sin resistencia, no se detiene solo. Se le detiene con conciencia, con unidad y con verdad.
Cuba y Venezuela están, una vez más, en la primera línea de esa batalla. No como víctimas pasivas, sino como pueblos que saben —por experiencia— que la dignidad tiene costos, pero la sumisión los tiene mucho mayores.
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Independientemente de todo lo que trata este articulo, este pais y su gobierno debe sentase a analizar lo que realmente preocupa y necesita el pais y el pueblo. Tenemos siempre en la mente poner ese ambiente politico y de cosas del pasado, etc... por delante antes de ver lo que realmente nos esta afectando.. hay que dialogar, si hay que hacer conseciones se hacen y listo, sin complejos, con todo el orgullo del mundo...
Muy buen artículo, dignidad es lo que falta en muchos países de América , por eso el yanki avanza en su embestida criminal ,secuestrando por doquier la libertad . Abajo el imperio yanki.
Una ley de la Dialéctica UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS
La guerra no es siquiera comunicacional, sera belica y si seguimos analisando y teorizando llegara(con acento en la a)
Otras administraciones no tuvieron nunca intenciones de invadir Cuba. Preferían crear sanciones nuevas, Pero no se atrevieron nunca a siquiera organizar una ocupación. Las ocupaciones de paises como Irak y Afganistán fueron desastrosas, con un gasto enorme y resultados negativos. Lo que si ahora quiere Trump es derrocar el gobierno de Cuba, la actual administración del ejecutivo, si el senado no lo frena, está decidida, si bien no mediante una ocupación si no con algún sistema parecido al que ahora ejerce sobre Delcy, que al parecer da algún resultado. El gobierno de Delcy mantiene la soberanía sobre Venezuela excepto en algunos asuntos de sus relaciones con Cuba. Trump deja que Delcy gobierne como le plazca en Venezuela, pero con la condición de no proporcionar ni petróleo ni dinero a Cuba. No se que tipo de condiciones pretenderá pactar con el gobierno cubano, porque Cuba no dispone de recursos naturales a no ser los cayos, que son muy apetecibles para el turismo de lujo.
Es muy difícil que los norteamericanos invadan y ocupen Cuba. Las ocupaciones de países como Afganistan, Irak, Somalia han sido desastrosas. Seguramente su intención es montar algo parecido a lo de Venezuela. Una actuación puntual con un objetivo muy concreto que pretenderá obligar al gobierno cubano a hacer lo que mande Trump. Esta actuación es imprevisible, pero es muy probable que se efectúe. Trump está decidido a someter, sin ocupar Cuba.
El presidente de EU. puede que esté pensando poder hacer con Cuba lo que fue capaz de hacer con Venezuela, pero no es igual, los resultados siempre serán iferentes.Muchos nos olvidamos del costo de hacer una Revolución como la nuestra por que al nacer seis décadas después no valoramos los cambios que se realizaron y la sangre que hace ya varios años dejó de aparecer en las calles,por alcanzar esta libertad, ¡No! realmente no queremosla guerra, la paz es máslo más sensato pero, vivir sin dignidad, pero vajar la frente ante un enemigo, es como volver al tiempo de la esclavitud, cuando los esclavos no tenían derecho ni a llevar el nombre original, es preferible carecer de muchas cosas, que contraer deudas de gratitud con un enemigo tan poderoso y criminal
Con Europa !!!ya dejó de disimular!!!