Dónde la Revolución alumbró su líder y gestó sus sueños de una nueva Universidad

Fidel con otros líderes estudiantiles en el Salón de los Mártires de la FEU tras el robo de la Campana de la Demajagua, que había traído de Manzanillo para un acto antigubernamental, el 6 de noviembre de 1947. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
"Aquí me hice revolucionario", nos diría con orgullo Fidel a los dirigentes estudiantiles, aquel 4 de septiembre de 1995, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, cuando se cumplían 50 años de que entrara a la Escuela de Derecho en el alto centro de estudios..
Hacía mucho tiempo no venía a los predios de su Alma Mater, aunque nunca dejó de intercambiar en numerosos escenarios con los estudiantes y autoridades universitarias. El medio siglo de su llegada a la Universidad fue buen motivo para el regreso a las aulas y el anfiteatro restaurados en los predios donde estudió, y para desgranar recuerdos de aquellos años difíciles y trepidantes que marcaron sus destinos en la vida.
Fue un privilegio ingresar en esta Universidad también, sin duda, porque aquí aprendí mucho, y porque aquí aprendí quizás las mejores cosas de mi vida; porque aquí descubrí las mejores ideas de nuestra época y de nuestros tiempos, porque aquí me hice revolucionario, porque aquí me hice martiano y porque aquí me hice socialista, (…) fui primero socialista utópico, aunque también gracias a mis contactos con la literatura política, aquí en la Universidad y en la Escuela de Derecho, me convertí al marxismo-leninismo.
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Para Fidel Castro, la Universidad debía ser templo del conocimiento, pero también de la decencia, la ética, la formación ciudadana. Por ello luchó denodadamente, como dirigente estudiantil de la Escuela de Derecho y su carrera de Antropología, por eliminar la corrupción, las botellas, el gansterismo y otras lacras que dominaban la institución. Comprendió muy temprano que había que cambiar al país para cambiar aquella Universidad:
(…) si bien académicamente no aprendimos todo lo que podíamos haber aprendido, sin embargo, fue para nosotros una gran escuela en el orden de la psicología humana, de la experiencia social, de la preparación para la lucha que más tarde habríamos de llevar adelante.
Tan así es, que muchas veces me he dicho a mí mismo: ¿Qué habría sido de esta obra, en la cual nos corresponde una parte importante de responsabilidad, sin la experiencia que hubimos de adquirir en la universidad? Muchas veces me he preguntado cuántos errores habríamos de cometer hoy sin la experiencia, sin el conocimiento de los problemas humanos que adquirimos en esta universidad. Y tengo la seguridad de que sin este ensayo habría sido muy posible nuestro fracaso, porque, al fin y al cabo, somos todos hombres jóvenes, que nunca habíamos estado en el gobierno, que nunca habíamos tenido estas tremendas responsabilidades. Y si bien es verdad que los hombres se crecen en determinadas circunstancias difíciles, aun así, nadie sabe si habríamos podido llegar, con todos los obstáculos que tenemos delante, si habríamos podido proseguir con éxito esta obra, sin aquel formidable aprendizaje que fue para nosotros la universidad. Nos enseñó de la vida, que vale tanto como saber de letras o saber de ciencias, porque hay hombres muy cultos, pero que viven en una torre de marfil; hay hombres muy cultos, que todo lo ignoran de la realidad humana.
Y es más: entiendo que la universidad nos humanizó, entiendo que aquí invertimos gran parte de esa energía primitiva, de esas pasiones un tanto primitivas también con que venimos al mundo”.
Fidel Castro durante el encuentro con los estudiantes en la Universidad de La Habana, 11 de mayo de 1959. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
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A esa Universidad volvió Fidel muchas veces, para rendir homenaje a Martí en la “Marcha de las antorchas” el 27 de enero de 1953, para entrenar a los que irían a combatir el 26 de julio de 1953, para clamar por la solidaridad con Puerto Rico o con el pueblo dominicano oprimido por la tiranía de Trujillo, entre otros momentos.
Después del triunfo revolucionario ese siguió siendo escenario frecuente para el líder del proceso triunfante. Ricardo Alarcón, Juan Nuiry, José Rebellón y otros dirigentes estudiantiles de los primeros años de la FEU en Revolución nos contaban que a su Universidad volvía Fidel a conversar con los estudiantes -en la calle entre el Rectorado y la Plaza Cadenas (hoy Plaza Agramonte)-, en visitas totalmente informales, sin ningún anuncio previo, donde escuchaba inquietudes, opiniones, a la vez que expresaba ideas, consultaba leyes revolucionarias, adelantaba planes que la Revolución ejecutaría. Los estudiantes convirtieron en ritual merodear la Plaza en espera de esa posible presencia.
La profesora Ana Cairo recordaba que" los estudiantes y profesores salían de clases corriendo, para aprender como se hacía la política real. Allí entrenaba sus habilidades para construir políticas. También se actualizaba y se divertía. Él era un miembro más de la comunidad universitaria, llevaba temas sobre los cuales quería escuchar criterios. También, los estudiantes aprovechaban y colocaban los suyos en los intercambios"

Durante el acto en homenaje a los 8 Estudiantes de Medicina asesinados por el colonialismo español en 1871, en la Escalinata de la Universidad de La Habana en 1960. Foto: Liborio Noval.
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"Tanto como había miles y miles de caballerías sin cultivar, hay cientos de miles de inteligencias sin cultivar" decía Fidel en la escalinata de la UH el 13 de marzo de 1960, cuando convocaba a la Reforma Universitaria que habría de hacer la Revolución.
Expresaba así su concepción de que las universidades tenían que abrir sus puertas al pueblo, (vestirse de blanco, negro y mulato, de obrero y campesino diría el Che) y debían ser también centros de investigación, de creación de nuevos conocimientos, de búsqueda de soluciones a los problemas del país.
Así lo definiría una y otra vez:
...en la universidad hay que aprender muchas cosas que no son del libro, que son de las realidades de la vida; en la universidad hay que investigar la realidad de la vida, y la realidad de la vida concreta de cada país, porque hay conocimientos que pueden llamarse universales y hay conocimientos que no pueden ser universales; hay conocimientos que deben consistir en la aplicación de aquellos que son universales a determinadas realidades concretas. Y en muchas cosas, en algunas cosas se puede ver claramente eso.
La técnica de producción agropecuaria de un país frío no puede ser la técnica mejor de producción agropecuaria en un país de nuestro clima, si bien en esa materia hay ciertos principios universales. Las enfermedades aquí empiezan por ser diferentes, los parásitos diferentes, en casos de veterinaria; en la alimentación, también las especies de animales, las posibilidades de nuestro clima, que nos permiten otras alternativas muy superiores a las que tienen en esos países, indican de una manera clarísima que aplicar aquella técnica a nuestro país sería un error.
[...]
...muchas veces se acercan los jóvenes y nos preguntan. Y yo quiero decirles que la tarea no es una tarea de nosotros, no es una tarea solo de los dirigentes de la Revolución; es una tarea de todos. Y que la solución de los problemas nadie solo la puede encontrar, ningún hombre solo, ningún grupo de hombres; solo el pueblo, solo las masas, solo con el esfuerzo de todos podrán superarse. Y en ese esfuerzo, ustedes, los jóvenes que hoy están en las universidades, tendrán un papel fundamental. Tienen que estar conscientes de que ustedes tendrán sobre sus hombros una parte muy importante en el esfuerzo de resolver todos esos problemas y todas las cosas por las que se preocupan.

Fidel Castro Ruz en la inauguración de la Ciudad Universitaria “José Antonio Echeverría”. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
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A principios de los años noventa, cuando la Unión Soviética se despedazaba por los errores de sus dirigentes y el socialismo pasaba a la historia en Europa, Fidel retomó aquellos diálogos permanentes con los universitarios y se convirtió en visitante asiduo de la casa donde nos alojábamos los miembros de los secretariados nacionales de la FEEM y la FEU que no éramos capitalinos.
Fue como revivir aquellas visitas motivadoras, casi conspirativas y de intercambio de opiniones de principios de la Revolución. Entonces alertaba al estudiantado universitario sobre los peligros que corría el proceso revolucionario ante las acciones del enemigo interno y el poderoso enemigo imperial. Ahora nos alertaba del impacto de aquella catástrofe política en la URSS y los países socialistas de Europa del Este en el mundo y especialmente en nuestro país.
Además de hablarnos de política, de historia, de agricultura, de la vida, Fidel nos dibujó el futuro del turismo en el país y nos compartió en primicia la presentación que haría sobre el tema después en la Asamblea Nacional; nos sondeó nuestras opiniones sobre el desafío electoral de 1993 (primera vez que los diputados serían elegidos directamente) y elaboró allí en parte la estrategia ganadora y unitaria del "Voto por Todos", nos animó a hacer aquella biblioteca que a la vuelta de los años sería como una guía para la Biblioteca Familiar que se distribuyó en los años fecundos de la Batalla de Ideas.
Fidel disfrutaba aquellos diálogos y los provocaba con sus constantes preguntas. Como en el 59, veía en los universitarios un pensamiento desinhibido y comprometido sólo con la Revolución. Así nos diría.
Allí se organizaron las entregas de bicicletas a los universitarios en los duros momentos del Periodo Especial, se alentaron las movilizaciones estudiantiles al campo y las brigadas FEU-FAR para producir alimentos, se entregaron edificaciones que ocupaban los soviéticos para abrir nuevas becas universitarias, se hizo la beca del ISDI con mejores condiciones y muchas otras ideas nacidas de aquellos encuentros. Fueron jornadas inolvidables.

Fidel Castro interviene en la clausura del V Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria. Palacio de las Convenciones. La Habana, 25 de marzo de 1995. Foto: Estudios Revolución/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas
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Siempre fue un convencido de que la Universidad nueva tenía que formar profesionales imbuidos en el espíritu de trabajo, en el servicio al pueblo, en la entrega a la nación. Como José Martí, Fidel entendió que el mejor profesional y ciudadano se forja en el aula y el taller; la combinación estudio-trabajo fue un concepto que el líder de la Revolución Cubana llevó a la educación cubana desde la primaria hasta la Universidad. Siempre defendió que el protagonismo de los estudiantes no se daba sólo en las aulas y la ciencia, se concretaba en la participación en las grandes tareas productivas y sociales del país.
En el acto de graduación de la Universidad de La Habana, el 8 de diciembre de 1972, definía la necesidad de extender a toda la educación superior la experiencia nacida ese año en la más emblemática institución universitaria del país:
"... se decidió dar un paso decisivo al nivel universitario en la combinación del estudio y del trabajo, que adquirió de ese modo el carácter que tiene hoy.
Es posible que los mismos actores de estos acontecimientos no se hayan podido todavía percatar de la enorme trascendencia que este paso —que se comenzó por la universidad de occidente— tendrá en el futuro en la vida de nuestro país, y la repercusión que empieza a tener ya fuera de nuestro país y la repercusión que va a tener en los cambios futuros de las universidades en los demás países.
Nosotros creemos que el paso que se dio —que comenzó por esta universidad— es un acontecimiento histórico y una verdadera revolución en la educación universitaria. Y no era un paso fácil, puesto que la necesidad de coordinar, de organizar la participación directa y cotidiana de los estudiantes universitarios en el trabajo, sin duda que requería mucho esfuerzo. Empezando porque, dada la distribución de nuestros centros de producción, de nuestras fábricas en general, los estudiantes iban a participar en esas actividades distribuidos prácticamente por toda la ciudad. Así, los estudiantes de medicina tenían que asistir a un gran número de hospitales diferentes, y los de tecnología tenían que ir a un gran número de talleres diferentes. Del mismo modo los de las demás facultades universitarias. Y había que coordinar bien los horarios, los programas, las clases a impartir toda la semana, las materias, con esta actividad desplegada por toda la ciudad. Sin duda, repito, que eso requería un esfuerzo muy grande.
Y debe señalarse que ustedes, los profesores y los estudiantes, cumplieron esa tarea, cumplieron ese esfuerzo.
[...]la formación, la adaptación, la familiarización de los futuros técnicos con las realidades de nuestro país será incomparablemente mayor. Pero, además nuestros centros de trabajo, con ese aporte de energía joven, con ese aporte de fuerzas intelectuales... Porque no debemos olvidarnos que en la universidad se acumula un gran número de los mejores talentos del país, y en la universidad se acumulan decenas de miles de los jóvenes que tienen más alto nivel en el país, y que en nuestro país la falta de conocimientos, la ignorancia, la falta de preparación es algo que nos encontramos a todas horas, en todas partes. De ninguna forma lucía lógico que se dejara de utilizar, que el país dejara, de percibir los beneficios de una participación de esa masa de profesores y estudiantes en sus problemas. En un país pobre, en un país de economía subdesarrollada, en un país que no cuenta con recursos naturales fáciles, en un país de mucha ignorancia y de mucha incultura acumuladas, realmente la ausencia de las universidades y de los estudiantes de los problemas reales y diarios de la vida no solamente conspira contra la formación de esos jóvenes, no solamente tiende a crear trabajadores intelectuales —es decir, hombres deformados (deformados por los hábitos de trabajar solo con la inteligencia y de desarrollarse solo de una manera teórica, de una manera abstracta)—, no solo conspiraría contra la formación de los futuros técnicos, sino que constituía un verdadero crimen para el país.
La vieja concepción del estudio se acoplaba perfectamente bien con la vieja sociedad —la sociedad de clases, la sociedad capitalista—, llena de contradicciones de todo tipo, pero, entre otras, la contradicción entre los intereses de una minoría de trabajadores intelectuales y los intereses de toda la sociedad.

En la clausura del III Congreso de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), el 10 de enero de 1987. Foto: Estudios Revolución / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
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Diez años después de aquel histórico discurso por sus 50 años de entrada a la Universidad, Fidel volvería a rememorar el hecho con la FEU, esta vez, el 17 de noviembre de 2005. La vida nos dio el privilegio de asistir a ambos momentos estremecedores. El Aula Magna estaba colmada y en la Plaza Agramonte cientos de estudiantes seguían el acontecimiento en pantallas gigantes que se montaron.
Aquella noche, el Comandante venía con la carga de realizaciones que estaba dejando la Batalla de Ideas y la carga de preocupaciones del avezado líder que veía los peligros que acechaban a la Revolución y el Socialismo.
Nos habló del terrorismo imperial en Iraq y de los desafíos globales, pero también de la Universidad y su papel, de las misiones de la FEU y los trabajadores sociales de la Revolución Energética que comenzaba; apuntò al delito, la corrupción, la degradación de valores, la necesidad de que los medios denunciaran a delincuentes y corruptos.
Aquel 17 de noviembre, Fidel dijo que soñaba la Cuba futura, no como «una sociedad de consumo», sino como «una sociedad de conocimientos, de cultura, del más extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse». Una sociedad con una excepcional «plenitud de libertad». Y nos habló de que el Socialismo seguía siendo un camino por hacer, pero que nuestros errores podían conducir a equivocar el camino.
"[...] uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo.
Hoy tenemos ideas, a mi juicio, bastante claras, de cómo se debe construir el socialismo, pero necesitamos muchas ideas bien claras y muchas preguntas dirigidas a ustedes, que son los responsables, acerca de cómo se puede preservar o se preservará en el futuro el socialismo.
¿Qué sociedad sería esta, o qué digna de alegría cuando nos reunimos en un lugar como este, un día como este, si no supiéramos un mínimo de lo que debe saberse, para que en esta isla heroica, este pueblo heroico, este pueblo que ha escrito páginas no escritas por ningún otro en la historia de la humanidad preserve la Revolución? No piensen ustedes que quien les habla es un vanidoso, un charlatán, alguien que le gusta el bluff.
Han pasado 46 años y la historia de este país se conoce, los habitantes de este país la conocen; la de aquel imperio vecino también, su tamaño, su poder, su fuerza, su riqueza, su tecnología, su dominio sobre el Banco Mundial, su dominio sobre el Fondo Monetario, su dominio sobre las finanzas mundiales, ese país que nos ha impuesto el más férreo e increíble bloqueo, del cual se habló allá en las Naciones Unidas y Cuba recibió el apoyo de 182 países que pasaron y votaron libremente por encima de los riesgos de votar abiertamente contra ese imperio. Eso lo logra la isla, y no cuando tenía el apoyo del campo socialista de Europa, cuando ese campo socialista desapareció, y cuando la URSS también se derrumbó. No solo hicimos esta Revolución con nuestro propio riesgo durante un montón de años, en determinado momento, habíamos llegado a la convicción de que jamás si éramos atacados directamente por Estados Unidos lucharían por nosotros, ni podíamos pedirlo.
Con el desarrollo de las tecnologías modernas era ingenuo pensar o pedir o esperar que aquella potencia luchara contra la otra, si intervenía en la islita que estaba aquí a 90 millas, y llegamos a la convicción total de que ese apoyo jamás ocurriría. Algo más: se lo preguntamos un día directamente varios años antes de su desaparición: “Dígannoslo francamente.” “No.” Respondieron lo que sabíamos que iban a responder y entonces, más que nunca, aceleramos el desarrollo de nuestra concepción y perfeccionamos las ideas tácticas y estratégicas con las cuales triunfó esta Revolución y venció, con una fuerza que inicia su lucha con siete hombres armados, contra un enemigo que disponía de 80 000 hombres, entre marinos, soldados, policías, etcétera, tanques, aviones, cuanta arma moderna para aquella época podía poseerse, era infinita la diferencia entre nuestras armas y las armas que tenía aquella fuerza armada, entrenada por Estados Unidos, apoyada por Estados Unidos y suministrada por Estados Unidos. Más que nunca, después de la respuesta, nos arraigamos en nuestras concepciones, las profundizamos y nos fortalecimos al nivel tal que nos permite afirmar hoy que este país militarmente es invulnerable y no en virtud de armas de destrucción masiva.
Les sobran a ellos todos los tanques, y a nosotros no nos sobra ninguno, ¡ninguno! Toda su tecnología se derrumba, es hielo al mediodía en medio de un parque caluroso. Y otra vez, como cuando teníamos siete fusilitos y pocas balas. Hoy tenemos mucho más que siete fusiles, tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos.
Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.

Fidel durante su histórico discurso ante los jóvenes de la Universidad de La Habana, 17 de noviembre de 2005. Foto: Archivo de Cubadebate
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Preocupado siempre por los más humildes y convencido de que el mejor instrumento para el mejoramiento humano es la educación, el deseo permanente de saber, Fidel siempre pensó en como democratizar el acceso a la universidad, en cómo acercar los estudios universitarios a los territorios, en cómo facilitar al pueblo la posibilidad de conocer.
Si Mella creó la Universidad Popular, Fidel fundó en el siglo XXI la Universidad para Todos a través de las ondas masificadoras de la televisión, creó dos canales educativos, y abrió las aulas universitarias a jóvenes que salieron de situaciones de desventaja a través de los Cursos de Superación Integral, el trabajo social, los instructores de arte y otras vías formadoras y abridoras de oportunidades.
Impulsó con denuedo la universalización de la educación superior cubana, con la creación de Sedes Universitarias Municipales, la localización de espacios de formación superior en los más diversos escenarios (municipios, bateyes, hospitales, prisiones, entre otros), y la posibilidad del acceso pleno a los estudios universitarios de todos los jóvenes, con notables implicaciones para los propósitos de justicia y equidad social que caracterizan nuestro proyecto social.
“Hoy puede decirse que, (…) la lucha es de la sociedad para que el máximo de jóvenes llegue a la Universidad; es el esfuerzo de la sociedad por alentar y por impulsar y por exhortar a todo joven a que se supere, a que estudie, y el esfuerzo de la sociedad para darles a los jóvenes todas las facilidades para realizar sus estudios Universitarios”.
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Fidel Castro en la Universidad de La Habana. Foto: Roberto Chile
Cuando repuso fuerzas tras la dura batalla contra la enfermedad que le aquejó en julio de 2006, Fidel escogió la escalinata de la Universidad de La Habana para hacer su primer discurso público, el 3 de septiembre de 2010. El revolucionario regresaba a su lugar de forja para dar nuevas batallas.
Apenas hubo unas horas para organizar la movilización estudiantil tras comunicar su propósito. Pero la FEU y sus estudiantes responderían como siempre al llamado de Fidel.
“Esta escalinata, a la que nunca imaginé volver, guarda imborrables recuerdos de los años en que comencé a tener conciencia de nuestra época y de nuestro deber. Se puede adquirir conocimientos y conciencia a lo largo de toda la vida, pero jamás en ninguna otra época de su existencia una persona volverá a tener la pureza y el desinterés con que, siendo joven, se enfrenta a la vida. A esa edad, descubrí mi verdadero destino”.
Su mensaje principal de aquella jornada fue la lucha por la paz; sin ella, todos los propósitos de educación y mejoramiento humano serían borrados. Nada mejor que la casa del pensamiento, la conciencia y la ciencia para estremecer al mundo con su llamado:
“Compañeros estudiantes universitarios, como en otros tiempos, al parecer lejanos y que a mí me parece fue ayer, les agradezco la presencia y el apoyo moral que ustedes le están ofreciendo a esta lucha por la paz. Los exhorto a no dejar de batallar en esa dirección. En esta, como en muchas luchas del pasado, es posible vencer”.
“¡Que la vida humana se preserve! ¡Que los niños y los jóvenes disfruten de ella en un mundo de justicia! ¡Que los padres y los abuelos compartan con ellos el privilegio de vivir!”
“La distribución justa de las riquezas materiales y espirituales, que el hombre es capaz de crear por el fabuloso desarrollo de sus fuerzas productivas, es ya la única alternativa posible”. (...)
Sin la Universidad no se podría entender la evolución política, el liderazgo y la visión estratégica de Fidel. Sin Fidel Castro no se podrían entender las esencias formadoras de la Universidad cubana, sus puertas abiertas a los jóvenes de todas las procedencias y de todos los países, su visión humanista y de compromiso social. Fidel y la Universidad son una simbiosis que sigue dejando huellas.
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