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El eterno guardián del jardín derecho

Por: Jorge Ernesto Angulo Leiva
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El puertorriqueño Roberto Clemente, de los Piratas de Pittsburgh, posa para una foto en Tampa, Florida, el 3 de marzo de 1963 . Foto:Preston Stroup /Associated Press).

El estelar beisbolista puertorriqueño Roberto Clemente impuso su clase en un juego de azares y probabilidades, pero nada pudieron su bate y su guante contra los designios del destino y lo mejor de la vida, tomado de la mano con la muerte, lo esperó un mismo año.

Con 38 primaveras sobre sus hombros, el 30 de septiembre de 1972 el ídolo de los Piratas de Pittsburgh logró el hit 3 000 de su carrera en Grandes Ligas frente al lanzador Jon Matlack, de los Mets de Nueva York, e inscribió su nombre como el primer latino y el onceno jugador con esa cifra en las Mayores.

Nadie lo imaginaba, pero esa conexión resultaría su último imparable en campaña regular porque el 31 de diciembre sus sueños se hundieron en el fondo del Océano Atlántico debido a un accidente en un avión Douglas DC-7, junto a tres tripulantes y otro pasajero.

A pesar de su gloria, el embajador del deporte de las bolas y los strikes planeaba despedir el día final del calendario en un vuelo hacia Nicaragua con ayuda humanitaria para socorrer a ese pueblo, ya muy sufrido por la dictadura del clan familiar de los Somoza y en ese momento también golpeado por un terremoto devastador.

Ante la preocupación de su esposa por las condiciones técnicas de la aeronave y el peso de la carga, Clemente señaló la importancia del viaje para acompañar la llegada de los insumos médicos, la comida y la ropa hasta las personas necesitadas y así evitar desviaciones.

La historia le otorgaría la razón porque Anastasio Somoza Debayle monopolizó los envíos solidarios desde el extranjero en beneficio propio. Aunque las donaciones conducidas en el fatídico trayecto no merecerían ese destino, mucho más injusto resultó el adiós del mítico guardián de la pradera derecha y dueño del dorsal 21.

La muerte contribuyó a fijar para siempre la grandeza del boricua, aunque a esas alturas su existencia ya alcanzaba dimensiones extraordinarias.

En los estadios “Jugó un tipo de béisbol que ninguno de nosotros había visto antes”, confesó el escritor Roger Angell en la biografía de la leyenda caribeña exhibida en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Mientras, el gerente de los Piratas, Joe Brown, lamentó “que no hay suficientes imágenes de televisión de él. Hizo tantas grandes jugadas de las que la gente solo puede hablar. Nunca podrías capturar la magnificencia del hombre”.

Clemente, plantó cátedra en el béisbol latino. Foto: ESPN. com.

El “Cometa de Carolina” cosechó una línea ofensiva de .317/.359/.475 en 18 temporadas, demostró excelente tacto con solo 1 230 ponches y su velocidad convirtió 166 batazos en triples. A la defensa acaparó 12 Guantes de Oro, además de liderar cinco veces la Liga Nacional en asistencias desde los jardines y ostentar el segundo puesto en ese departamento desde 1904 con 255.

Entre sus principales hazañas, venció en las Series Mundiales de 1960 y 1971 y rayó el casillero de los incogibles en cada partido. Alcanzó el galardón del Más Valioso y pegó el jonrón decisivo en el séptimo encuentro de la segunda contienda por el título.

Protagonizó el único cuadrangular con las bases llenas dentro del terreno para definir un desafío. Elegido a 15 Juegos de Estrellas, resolvió el de 1961 con un imparable. Un lustro más tarde lo votaron el Más Valioso de su circuito e incluso robó un vuelacercas para preservar un cero hits-cero carreras de un lanzador de su equipo.

Se abrió paso entre los prejuicios raciales contra los latinos de piel oscura y compartió los puntos de vista emancipadores del Reverendo Martin Luther King, su compañero de los diamantes Jackie Robinson y el primer gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín.

Clemente, cuando niño, trabajó cargando caña de azúcar en camiones. Fue uno de los Hijos del cañaveral, como el título de una canción del rapero puertorriqueño Residente.

Sobre esa pieza, el autor confesó la intención de exponer elementos de unidad entre los habitantes de la Isla del encanto y uno de los mejores fragmentos del tema musical asegura: “ʻNo hay identidadʼ, dicen algunos/ pero aquí todos llevamos en la espalda el número 21”.

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Se han publicado 4 comentarios



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  • frank dijo:

    Un crack extraordinario. Cómo jugador y persona. De excelente brazo. A la hora de tirar. No hago comparaciones si puerto. Rico tuvo ese jardinero derecho. Cuba tuvo al idolo de vuelta abajo. Luis Giraldo Casanovas. Ambos de un talento excepcional

    • Luis Guillermo dijo:

      Si UD va a comentar de fortaleza en el brazo... sólo Armando Capiró.
      Esa fue la pugna que hubo. Clemente vs Capiró

  • Mamolo dijo:

    Que mania tenemos los cubanos de hacer comparaciones digo esto porque creo que el objetivo de este artículo periodístico es recordar a este grande del beisbol que fue Roberto Clemente primer latino exaltado al salón de la fama de Cooperstown en 1973 después de su muerte en un trajico accidente. aéreo.

  • Verdadero dijo:

    El gran Roberto Clemente. Fue la primera gran Estrella Latina que pisó los diamantes de la gran carpa y allanó el camino para que las futuras generaciones de Latinos brillaran con luz propia. Estelar como pelotero y Excepcional como ser humano que preferia sacrificarse por el projimo sin importar las consecuencias. Nicaragua debe estarle eternamente agradecida ante tamaño acto de desinterés y altruismo.

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Jorge Ernesto Angulo Leiva

periodista del diario Granma.

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