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Fidel Castro: “Nuestro pueblo es definitivamente dueño de sus propios destinos” (+ Audio)

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Fidel junto al doctor Osvaldo Dorticós, ministro Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, firma la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. Foto: Fidel Soldado de las Ideas.

Hace 65 años, 12 de julio de 1959, Fidel Castro pronuncia un discurso en el Primer Foro Nacional de la Reforma Agraria realizado en el Capitolio Nacional.

Por ser el 1959 un año decisivo para la Revolución cubana, dónde la Reforma Agraria fue parte esencial de aquellos comienzos; Cubadebate y el Sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten con sus lectores fragmentos de aquella alocución:

Hablar de la Reforma Agraria casi quiere decir hablar de nuestra Revolución

Compañeros organizadores del Primer Foro Nacional de la Reforma Agraria;

Distinguidas delegaciones de países hermanos y cubanas que nos visitan;

Señoras y señores:

El Comité Organizador de este foro ha tenido la gentileza de encomendarme la clausura de este magnífico evento.

No me han permitido las ocupaciones bastante arduas de las últimas semanas el privilegio de estar presente en cada una de las reuniones.  Sé, sin embargo, que compañeros muy competentes y bien documentados que me han precedido en los días anteriores, han hecho el mayor esfuerzo por orientar a nuestros visitantes y al pueblo sobre los objetivos y los pormenores de la reforma agraria.  Esos trabajos he podido simplemente hojearlos, y, aunque no todos, sin embargo, sé del esfuerzo que han realizado y, sobre todo, comprendo el éxito que han tenido después de escuchar a cada uno de los oradores en esta noche.

La reforma agraria es un tema muy familiar para nosotros; de la reforma agraria venimos hablando hace ya algunos meses.  Para el pueblo de Cuba nuestros argumentos son bastante familiares, y hablar de la reforma agraria casi quiere decir hablar de nuestra Revolución.   Y esta noche me interesa, sobre todo, hablarles a las delegaciones de países hermanos que nos visitan.

En Cuba todos sabemos lo que se está haciendo y cómo se está haciendo.  En Cuba no hay ciudadano, por apartado que parezca de las actividades públicas, que no esté perfectamente informado de los problemas de nuestro país.  Por eso tenemos en estos instantes un respaldo casi absoluto del pueblo de Cuba.

Cuba conoce sus penas, sus dolores, sus causas y sus remedios; Cuba conoce su historia; Cuba conoce su pasado remoto y reciente, conoce su presente y sabe lo que busca y lo que quiere.  No es desgraciadamente esa la situación con respecto a nuestros pueblos hermanos de América, y cada uno de los delegados aquí presentes, por su propia experiencia personal, podría atestiguar la triste realidad de lo que se está haciendo en el extranjero con nuestra Revolución.

Hay delegados aquí presentes que, según cuentan ellos mismos, llegaron a La Habana pensando que poco más o menos se estaba combatiendo en las calles de la capital; hay delegados que llegaron aquí casi bajando la cabeza por temor a las balas.  Y cuando digo temor no me refiero a miedo, sino que quiero decir esa impresión de que se iban a aproximar a un país convulsionado, dividido y a punto de dirimir sus cuestiones en medio de una guerra civil, de que se iban a encontrar aquí cosas horribles.  Quién sabe las impresiones que muchos de ellos trajeron consigo, no porque fuesen indiferentes a nuestros problemas —si fuesen indiferentes no habrían venido a Cuba—, no porque fuesen opuestos a nuestra Revolución, tal vez sí, muy por el contrario, preocupados grandemente del triunfo de nuestra Revolución y con la idea de que la misma, por sus errores o por su falta de fuerza, pudiese fracasar.

Para los que reciben información de nuestro país “made in” determinados cables internacionales (RISAS), la idea que han de tener de nuestra patria es de que aquí horribles cosas están pasando, que poco menos que un pueblo bárbaro es el que habita en esta isla, que gobernantes brutales están rigiendo sus destinos.

Cualquiera diría —como afirmábamos anoche ante el conjunto de instituciones cívicas— que una feroz censura está implantada por el gobierno de Cuba, que docenas de cadáveres aparecen todas las mañanas en nuestras calles, que 53 campesinos eran asesinados en una sola tarde, que las estaciones de policía eran centros de terror y de tortura, que hombres desalmados e incivilizados eran aquí dueños de vidas y haciendas, y que posiblemente los seres más perturbadores del mundo se habían instaurado en el poder revolucionario de Cuba, puesto que de todas las cosas que están pasando en este continente, los cubanos, el Gobierno Revolucionario cubano tenía la culpa.  Como si en definitiva esta renovación no fuese consecuencia de otras culpas, y como si las cosas que están ocurriendo hoy en nuestra América no fuesen consecuencia de culpas de todos conocidas (APLAUSOS).

Pues bien, cuando posiblemente en América no se conocía una palabra de censura feroz, de docenas de jóvenes asesinados en las calles de nuestras ciudades, de hombres mutilados y golpeados hasta arrancarles la vida, de 53 campesinos asesinados en una sola tarde         —para no citar más que una de las tantas masacres—, eso estaba ocurriendo en Cuba.  De Santo Domingo, de Nicaragua y de Estados Unidos venían barcos cargados de armas y de bombas y, sin embargo, no había “agitación” en el Caribe (APLAUSOS), no había convocatoria de cancilleres, no había solicitudes de órganos de consulta.  Y como prueba de que lo que estoy diciendo es absolutamente cierto, véase con qué armas están armados los rebeldes, que fueron hechas en Santo Domingo y en Estados Unidos.  No las fabricamos nosotros, ¡se las arrebatamos a los criminales que gobernaban este país!  (APLAUSOS.)

Y por ahí hay tanques que vinieron de Nicaragua, y armas en número tal que son las únicas que tenemos nosotros, y con ellas nos basta para defender hoy nuestra Revolución (APLAUSOS).

Eso es lo único que hemos hecho nosotros:  liberar a nuestra patria.  Esa es la única falta cometida por los cubanos:  liberar a su tierra de aquellos torturadores y criminales y luchar denodadamente para convertir esta isla en la tierra de un pueblo feliz.

Lo único que hicimos fue liberarnos de los criminales que nos gobernaban, y lo único que queremos es desarrollar la riqueza de nuestra tierra con el esfuerzo de sus hijos y vivir de los frutos de ella y de los frutos de nuestro esfuerzo sin quitarle nada a otro pueblo (APLAUSOS).  ¡Queremos vivir de la explotación de nuestra riqueza y no de la explotación de las riquezas de otros pueblos!  (APLAUSOS.)  ¡Queremos vivir de nuestro trabajo y no de la explotación del trabajo de otros pueblos!  (APLAUSOS.)

Esas son las faltas cometidas por Cuba:  librarse de los criminales armados por intereses poderosos que nos gobernaban y querer vivir de la riqueza y del trabajo de nuestra patria.  Esas son las faltas por las cuales se quiere sumir a un pueblo en la infamia y en la ignominia, esas son las faltas por las que se quiere tejer esa leyenda terrible contra la Revolución Cubana.

De ahí el valor de este acto, de ahí el mérito de haber reunido a un número representativo de sectores periodísticos, campesinos y obreros de otros pueblos de la América Latina, porque lo único que nosotros tenemos para exhibir frente a la calumnia, frente a toda la intriga internacional, frente a todas las maniobras y frente a todas las mentiras interesadas, es nuestra verdad (APLAUSOS).

¡Ah!, si cada uno de los ciudadanos de los pueblos hermanos de América pudiera visitarnos, pudiera estar aquí 15 días, recorrer la isla y ver con sus propios ojos lo que aquí está ocurriendo, sin aparato de propaganda, sin escenarios montados, sin hablar con nadie para que nos defienda o nos deje de atacar, sin preparar a un solo ciudadano, ¡qué fácil sería destruir el velo de mentiras y de calumnias malvadas que tejen poderosos intereses internacionales contra nuestra Revolución!  Porque quien contemple lo que está ocurriendo en Cuba, quien vea lo que se está haciendo en Cuba, quien hable con los cubanos, aunque no sepa lo que era Cuba hace siete meses, aunque no haya vivido aquí bajo el terror, aunque ignore que nuestro pueblo era un pueblo sistemáticamente opuesto a todo lo que tuviera carácter oficial; aunque todo eso lo ignorara, es imposible que quien haga contacto con nuestro pueblo no disipe para siempre las dudas que esos intereses han querido sembrar en todo el continente por varias razones.  Una, por ejemplo, es que los pueblos se desalienten en su lucha por las mismas cosas que estamos luchando nosotros ahora, para que el ejemplo no cunda y para que si algún día fuese necesario exterminarnos, que la opinión de todo el continente dijera:  “¡Bien hecho; había que acabar con esas alimañas!”

¿Qué otro objetivo pueden perseguir las campañas que se hacen contra nosotros?  ¿Acaso satisfacer un anhelo del pueblo cubano?  ¿Acaso librar al pueblo de Cuba de algún mal?  ¿Acaso librar a los cubanos del terror, de la opresión, de la injusticia?  ¿Acaso representar siquiera el deseo de una parte del país?

 ¿Qué es lo que se busca aquí si todo el pueblo está con la Revolución?  (APLAUSOS.)  ¿Qué es lo que se busca aquí si todos los sectores del país están con las medidas del Gobierno Revolucionario?  ¿Qué es lo que se pretende aquí sino difamar del prestigio de una nación entera?  ¿Qué es lo que se pretende sino impedir el deseo y la aspiración de una nación entera?  ¿Qué es lo que se pretende aquí sino menoscabar la soberanía de nuestro país, impedir nuestro derecho a la libre determinación que tienen o deben tener todos los pueblos del mundo?  (APLAUSOS.)

¿Dónde está la ignominia de la Revolución Cubana?  ¿Dónde está el crimen de la Revolución Cubana?  ¿Dónde están los excesos de la Revolución Cubana?  ¿Dónde están las faltas de la Revolución Cubana?, que lo que quiere es sencillamente realizar en nuestra patria el ideal por el cual hace más de un siglo que se ha estado sacrificando este pueblo nuestro; si lo que quiere es lo más justo y lo más humano a que pueda aspirar ninguna Revolución, y lo hace no por medio del terror o de la fuerza, lo hace por medio de la persuasión y de la razón, lo hace con el respaldo absolutamente mayoritario de todo el pueblo, como no lo ha tenido quizás ningún movimiento revolucionario en el mundo (APLAUSOS).

¿Dónde está la falta de una revolución que está haciendo la justicia en un país?, y todos los sectores —y quizás esto sea lo más admirable que hayan presenciado las delegaciones que nos visitan—, todos los sectores respaldan una ley tan radical y tan revolucionaria como es la Ley de Reforma Agraria (APLAUSOS), porque lo que hemos hecho es crear conciencia en nuestro pueblo.

Antes que las medidas revolucionarias llegó la conciencia de la necesidad de esas medidas.  No era posible que un cambio tan brusco del pasado al presente se hubiese logrado en los primeros instantes sin divergencia alguna de criterio; pero hay un hecho cierto, y eso lo puede comprobar cualquiera, y es que se ha estado haciendo cada día más conciencia revolucionaria y patriótica en nuestro pueblo (APLAUSOS).  Y aquí hemos tenido las pruebas, hemos tenido las pruebas de que esa conciencia existe de una manera impresionante en el corazón y en la mente de los cubanos, porque bastaron las interferencias, las maniobras y las amenazas a nuestra soberanía, para que se olvidaran todos los intereses y todos los sectores del país unánimemente respaldasen esta Revolución (APLAUSOS).

Pero no es que fuese necesaria la amenaza.  La amenaza solo ha servido quizás para darle más entusiasmo a esa adhesión, porque mucho antes de las amenazas la justicia de la Ley de Reforma Agraria se había abierto paso en la inmensa mayoría de todos los sectores que han hablado aquí esta noche.  Porque las dudas, el confusionismo, sembrados interesadamente, principalmente, desde el extranjero, desde hace muchos días se venían disipando, porque —como ha expresado aquí el delegado de los colonos y han expresado las representaciones de otros sectores— se ha hecho cada vez más evidente que la Ley de Reforma Agraria entraña un inmenso beneficio para el país, lo que quiere decir un beneficio para todos los cubanos (APLAUSOS).

Y ese es el mérito principal de la obra revolucionaria:  haber logrado poner los intereses de Cuba por encima de los intereses particulares, hacer que nuestros compatriotas se preocupen primero por Cuba que por sus intereses particulares.

El hecho de que en este foro se haya podido contar con la adhesión de los representantes de aquellos sectores donde algunos de sus miembros fueron perjudicados por la Ley de Reforma Agraria, demuestra la actitud mental en que está toda nuestra ciudadanía, de modo tal que lejos de dejar resquemores y odios, actitudes hostiles a nuestra Revolución, están respaldando la Ley de Reforma Agraria, y esa es quizás una de las circunstancias que caracteriza a nuestra Revolución.

Estamos haciendo una revolución profunda.  Esta Revolución tiene por objetivo llevar a los sectores más humildes y necesitados del país los beneficios de las medidas revolucionarias, y aun cuando esas medidas perjudiquen algunos intereses nacionales toda la nación marcha detrás de las medidas revolucionarias (APLAUSOS), y marcha más unida tras las medidas del Gobierno Revolucionario mientras más evidente se hace la actitud de los intereses extranjeros lesionados por nuestra Revolución (APLAUSOS); porque, en definitiva, ¿qué problemas tenemos en Cuba y qué problemas tiene nuestra Revolución que no sean problemas con intereses extranjeros?  ¿Y qué tienen que ver los intereses extranjeros con nuestra Revolución?  (APLAUSOS.)

Todo el mundo ha llegado aquí a una conclusión:  que las medidas revolucionarias son justas, que tienden a satisfacer una aspiración hondamente sentida, y desde largo tiempo atrás, por todo el pueblo, y que además son necesarias, y que además son inevitables.  Y son inevitables no porque nosotros queramos caprichosamente que sean inevitables; son inevitables porque lo demanda el interés de la nación, y de ello están conscientes todos los cubanos.

En un pueblo inteligente como este, con una Revolución que está procediendo enteramente de acuerdo con las aspiraciones y la idiosincrasia del país, era lógico que se diera el fenómeno que se está dando en Cuba de un respaldo masivo tan extraordinario, que los que tienen conocimiento de estos problemas de opinión pública consideran que no se ha dado nunca un caso igual en el mundo contemporáneo (APLAUSOS).

 (...) Hoy la generación actual reconoce un ciento por ciento a la generación que luchó por nuestra independencia (APLAUSOS).  Y nadie debe olvidarse de que en aquellos tiempos había una parte, y a veces una parte considerable, que era monárquica, o era españolista, o españolizante, o que tenía grandes intereses y era contraria a aquella revolución; y hoy los hijos, o los nietos o los bisnietos de aquellos que combatieron contra Maceo, o contra Máximo Gómez, o criticaban al Apóstol de nuestra independencia, hoy los hijos de todos aquellos que se oponían posiblemente a la liberación de la esclavitud, hoy están aquí luchando por la reforma agraria y hoy reconocen el servicio que le prestaron aquellos a la patria (APLAUSOS).

Esta Revolución busca sencillamente la justicia

(...) Esta Revolución es única en sus métodos, es única en sus procedimientos; esta Revolución busca, como todas las revoluciones que ha habido en el mundo, la justicia; esta Revolución busca lo que han buscado todos los pueblos cuando se han visto oprimidos o cuando se han visto explotados; esta Revolución busca sencillamente la justicia, y la busca por sus caminos y sus métodos propios.  Esta Revolución es inconfundible como lo han sido todas las revoluciones (APLAUSOS) y, sin embargo, se ha puesto de moda, han puesto de moda el chantaje de hacer imputaciones a nuestra Revolución, de decir que es esto o es lo otro; es decir, calificarla de la manera que más les interese para ver si mueven al extranjero a agredir a nuestra patria.  Así han puesto de moda que cuando a algún equivocado, o a algún descarado o a algún farsante, o a algún desvergonzado no se le deja hacer lo que le da la gana, o no se le deja robar, o no se le deja practicar el nepotismo, o no se le deja campear por su respeto, acude al chantaje de la deserción.  Y como el que deserta de esta Revolución es un héroe en Estados Unidos —no para el pueblo de Estados Unidos, por supuesto, que no tiene la culpa de los errores inconmensurables que están cometiendo algunos políticos norteamericanos (APLAUSOS)—, han puesto de moda convertir en un héroe de televisión de costa a costa, aunque no sepa articular cuatro palabras, en recibir con todos los honores, y, cosa insólita, violar las leyes del propio país, recibir misteriosamente a desertores —en plural, porque son dos o tres—, violando las reglas de las propias leyes de inmigración del país.  Los reciben en silencio, mantienen la noticia en secreto, los trasladan en secreto ante un comité de seguridad interna, como si nosotros estuviésemos amenazando la seguridad interna de Estados Unidos, y se los llevan allá en secreto y misteriosamente, y allí los confiesan y allí les piden cuentas de las cosas de nuestro país.  ¡Como si a alguien le importaran fuera de aquí los asuntos de nuestro país!  (APLAUSOS.)

Y resulta ser que el Presidente de ese comité es nada menos que un senador que hace algún tiempo se presentó en el congreso —¡congreso, sí, de Santo Domingo!—, el Congreso de Santo Domingo, y allí se presentó a hacer el panegírico del dictador Rafael Leónidas Trujillo.  ¡Qué casualidad!  ¡Cuántas casualidades!

¿Y qué se pretende con eso sino señalar el camino de la traición, estimular la traición, premiar la traición —si es posible— con lo único que puede premiarse la traición, que es con el oro miserable o con la palmada con que los amos les demuestran el afecto a los traidores y a los espías a los que desprecian?, porque siempre ha sido una verdad en el mundo aquello que está inscripto en Roma:  “Roma paga a los traidores, pero los desprecia” (APLAUSOS).

Estimulan la deserción y la traición, para ver si se pone de moda aquí, para ver cómo logran poner de moda aquí que cada vez que a un descarado, a un cínico, a un farsante, o a un desvergonzado que aparezca, no se le deje hacer lo que nosotros por ningún concepto permitiremos que se haga —es decir, todos los vicios del pasado—; para que cada vez que alguien aquí se sienta herido por intereses personales o de cualquier índole, se vaya de Celestina y de traidor a hablarle al oído del amo extranjero que lo homenajea y le paga con el oro miserable.

Esa es una cosa tan evidente y tan clara para todo el pueblo, que lo único que puede producirse es que por cada puñal que le claven a la Revolución más fuerte será la Revolución, y por cada puñal que le claven al pueblo los traidores, los traidores que puedan cosechar, más firmemente estará el pueblo junto al Gobierno Revolucionario (APLAUSOS).

Equivocados están, equivocados están si menoscaban a nuestro pueblo, equivocados están si menosprecian a nuestro pueblo, equivocados están si creen que al pueblo de Cuba en estos instantes lo pueden desalentar por ningún medio o lo pueden confundir por ningún medio, porque el pueblo de Cuba está preparado, como no lo ha estado nunca, para soportar a pie firme todos los obstáculos que le pongan delante, todos los puñales que quieran clavarle y todas las mellas que quieran hacerle.  Porque no en balde lleva el pueblo un siglo luchando por su destino y sufriendo caídas y recaídas, sufriendo fracasos por culpa principalmente de intereses extraños, para que puedan arrebatarle hoy la meta codiciada que está viendo más cerca que nunca, para que puedan arrebatarle el ideal que ya tiene virtualmente en sus manos.

Mucha sangre costó, mucho sacrificio, mucho dolor y mucho luto, arrebatar las armas que servían para oprimirlo, derrotar las fuerzas poderosas en que se ha basado siempre a última hora la traición de los intereses nacionales, para tener hoy a un pueblo entero unido, unas fuerzas revolucionarias enteramente suyas, donde cada hombre que viste el uniforme y tiene un arma está irremisiblemente e incondicionalmente al servicio del país (APLAUSOS).

(...) ¿Qué sentido tiene estar alentando traidores y traiciones?  ¿Qué sentido tiene estar maniobrando?  Si cuando un pueblo por pequeño que sea defiende una idea con esa firmeza y con esa unanimidad de pensamiento, es sencillamente un pueblo indoblegable.

¿Qué sentido tiene, pues, sembrar de obstáculos el camino de un pueblo tan luchador y sufrido como este para no lograr el propósito de impedir que ese pueblo alcance su propósito?  ¿Qué sentido tiene estorbar una Revolución que es invencible por la fuerza propia que tiene, por la justicia de la causa que representa, por la inconmovible firmeza de sus hombres, por la clara inteligencia de todos los ciudadanos?  ¿Qué sentido tiene sembrarle el camino de obstáculos si no van a conseguir doblegarlo?  ¿Qué sentido tiene hacerle daño a nuestro pueblo si no van a conseguir doblegarlo?  ¿Qué sentido tiene inmiscuirse en los asuntos de nuestro pueblo si no van a conseguir doblegarlo?

Luego, ¿cuál es la única conclusión que se puede sacar de estas verdades, sino que aquí se acabó para siempre el señorío extraño (APLAUSOS), y que nuestro pueblo es definitivamente dueño de sus propios destinos y que nuestro pueblo no quiere otra cosa que vivir de su esfuerzo y de su riqueza y no del esfuerzo y de la riqueza de otros pueblos?

Y esta verdad es la que Cuba necesita que conozcan nuestros hermanos del continente, esta verdad es la que Cuba necesita que ustedes les trasmitan a todos sus compatriotas, y que les digan que Cuba es un país de puertas abiertas, que Cuba le abre sus brazos y le abre sus puertas a todo el que quiera venir a visitarla, porque está tan convencida y tan segura de la moral que posee y de la verdad que entraña esta lucha como para tener la seguridad de que cuanto hombre justo venga a visitarnos no podrá dejar de tener simpatía por el esfuerzo que nuestro pueblo está realizando.  ¡Esa verdad por encima de cualquier otra!

¡Sin Revolución no hay reforma agraria! 

Este es el foro de la reforma agraria.  Me habría gustado extenderme ampliamente en la reforma agraria.  Es quizás el tema más predilecto de nuestros hombres públicos en este instante; sin embargo, hay otra verdad:  ¡Sin Revolución no hay reforma agraria!  (APLAUSOS.)  Por eso lo que atañe a la seguridad de nuestra Revolución está por encima de las medidas legislativas, de todos los cálculos estadísticos y de todos los  razonamientos que se hagan en favor de la reforma agraria.

La reforma agraria juntamente con otras muchas medidas que la Revolución Cubana ha tomado, eran necesidades reconocidas desde hace mucho tiempo.  Los beneficios de la reforma agraria eran beneficios conocidos al menos por todos los que tenían una cultura política en nuestro país y en cualquier país de América.  No era cuestión de teorías, era una cuestión de realidades.  En la teoría todos estaban de acuerdo; la dificultad consistía en convertir la teoría en realidad.

La reforma agraria, como medida básica para nuestros pueblos, si queríamos dejar de ser pueblos subdesarrollados, es una medida cuya necesidad reconocen todos los hombres que sean capaces de ver las cosas claras.  y en Cuba, si no todo el pueblo como hoy, porque hoy todo el pueblo ha aprendido sobre estos temas económicos, que se ignoraban no por lo incomprensible, sino por el interés en mantener al pueblo en la ignorancia, la reforma agraria no solo como medida de elemental  justicia, no solo como medida de profundo contenido humano, porque iba a llevar el bienestar hacia aquel sector del país más sufrido, más olvidado y más abandonado, sino como medida económicamente elemental si los pueblos quieren librarse del subdesarrollo y alcanzar niveles de vida superiores y justos, era algo que todo el mundo reconocía, como hoy ustedes reconocen necesario en los demás pueblos de América Latina.  Aquí el problema consistía en que la reforma agraria no se hacía ni podía hacerse sin una revolución.

La reforma agraria, como propósito o como necesidad teórica, fue consagrada incluso en nuestra Constitución de 1940, donde textualmente se decía que se proscribía el latifundio y que a los efectos de su desaparición la ley señalaría el máximo de extensión de tierra para cada tipo de cultivo.  ¡Y hacía diecinueve años que la reforma agraria, como necesidad, estaba establecida en nuestra Constitución!

Aquí mismo, aquí en este salón donde están sentados ustedes, y con un pueblo como ese en las galerías, debió aprobarse la reforma agraria cualquier día en los 19 años que llevaba señalada o más bien ordenada en la Constitución de nuestro país.  Aquí en este salón debió de aprobarse la ley agraria que hoy estamos analizando y discutiendo aquí.  Coincidentemente, si no se aprobó, por lo menos se analiza en este salón, si cabe, como una reivindicación del sentido, de la idea de lo que debe ser un parlamento (APLAUSOS).

Pero transcurrieron 19 años y algunos cientos de representantes y de senadores se pasaron 19 años cobrando 3 000 ó 4 000 pesos todos los meses, y en 19 años no se acordaron de aprobar la Ley de Reforma Agraria, en 19 años no se acordaron, ¡o se acordaron demasiado bien de no aprobar la Ley de Reforma Agraria!  (APLAUSOS.)

La Constitución ordenaba que la ley emanada de los cuerpos legislativos establecería un límite máximo de la extensión de tierra para cada cultivo.  Es decir que no es una invención nuestra, es una invención de la Constitución de 1940 lo de establecer un límite máximo.  Eso lo decía la Constitución, pero no decía el límite, y el problema estaba en el límite, porque si se hubiese establecido un límite de 500 caballerías, todavía quedaba mucha tierra para repartir; si se hubiese establecido un límite de 1 000 caballerías, todavía quedaba mucha tierra para repartir; si se hubiese establecido un límite de 5 000 caballerías, todavía habrían quedado unas cuantas decenas de miles de caballerías para repartir, y si se hubiese establecido un límite de 10 000 caballerías, todavía quedaba tierra para repartir.

Luego, no se puso ni de 500, ni de 1 000, ni de 5 000, ni de 10 000, porque aquí ese Parlamento no estaba dispuesto a pelearse con una sola de cualesquiera de esas compañías que pudiera tener, por ejemplo, más de 5 000 caballerías de tierra (APLAUSOS).

El problema estaba en el límite, y no había quien se atreviera a señalar un límite.  Desde luego que si hubiésemos hecho la Ley de Reforma Agraria cumpliendo lo ordenado por la Constitución de la República, pero estableciendo un límite de 20 000 caballerías, con seguridad que habríamos tenido algunas críticas, pero no grandes problemas con los intereses extranjeros afectados por la Ley de Reforma Agraria; la crítica porque hubiese puesto un límite a la posibilidad de adquirir 20 000 caballerías más, pero no habríamos tenido grandes problemas porque ninguna compañía habría perdido una sola caballería de tierra.

Así que no hemos hecho, en cuanto al punto esencial de discusión, el problema del límite, más que establecer límites, porque hemos puesto límites de acuerdo con determinadas circunstancias de intensidad de la producción, los límites que entendíamos que eran correctos si queríamos hacer una reforma agraria capaz de satisfacer los propósitos que se ha planteado nuestra Revolución.

No hicimos sino cumplir un precepto de la Constitución de la República y establecer límites justos, porque son los que permiten desarrollar el plan de la Revolución Cubana, y ese límite es tal que, si bien es cierto que afecta determinados intereses poderosos, numéricamente solo afecta a menos del 1% de los propietarios de fincas rústicas.

De ahí que sea cierto rigurosamente que los beneficios de la ley agraria llegan a la inmensa mayoría de los propietarios de fincas rústicas; no ya a los precaristas, no ya a los pequeños arrendatarios, a los 88 000 aproximadamente, posiblemente más, posiblemente a 89 000 de los 90 000 ganaderos.  Porque la reforma agraria no va solo a constituir una medida de beneficio al precarista o al arrendatario o al que no tiene tierra; la reforma agraria, como parte de un plan, todo un plan económico-social, aporta beneficios a todos los sectores de la producción.  Aporta beneficios al ganadero desde el momento que viabiliza la concesión de créditos a la mitad del interés o a la tercera parte del interés que le concedían antes, desde el momento en que garantiza los precios y pone fin a la angustia anual y a la especulación mediante la cual los grandes ganaderos extorsionaban al pequeño ganadero; les aporta un beneficio desde el momento que se adoptan medidas para propiciar y abrir mercados exteriores de carne, y los beneficia, en fin, en cuanto garantiza el aumento del consumo nacional, de manera que por mucho que se desarrolle la producción siempre tendrán venta segura a precio seguro todos los productores.

Y cito el caso de los ganaderos por citar un ejemplo que es extensivo a todos los demás sectores de la producción.

Y no hay que decir los beneficios que la reforma agraria aporta a la industria, porque sin capacidad de consumo, sin pueblo que compre, no puede haber industria, sobre todo las industrias que nosotros podemos desarrollar primero que nada, las industrias que tienen asegurado un mercado de consumo nacional, ya que nosotros no estamos en condiciones técnicas ni económicas de ir a competir en el extranjero por medio de industrias altamente especializadas.

(...) La estrategia política que se siguió con la Ley de Reforma Agraria fue, primero, persuadir a todo el pueblo, crear en la ciudad una conciencia de la necesidad de la reforma agraria.  Y una de las causas del triunfo de la reforma agraria se debe al hecho de que primero se persuadió a todo el pueblo, y cuando todo el pueblo unánimemente estaba de acuerdo con la ley agraria, se dictó la ley agraria (APLAUSOS).

Esto vale la pena destacarlo, porque uno de los problemas que pudieran confrontar otros pueblos hermanos de América Latina con respecto a la reforma agraria es la falta de conciencia en las ciudades, en la industria, en los sectores industriales, en el pueblo, sobre todo en los sectores obreros de las ciudades, la falta de conciencia de la necesidad y de la conveniencia de la reforma agraria, que no es asunto que interese solo a los campesinos, sino que interesa tanto a los obreros industriales, a la industria y a los ciudadanos de la ciudad como a los campesinos.

No quiere decir esto que los remedios que nosotros encontremos en Cuba o las fórmulas que nosotros encontremos en Cuba para hacer nuestra reforma agraria sea la fórmula aplicable a otros países, porque, existiendo condiciones distintas, no puede ser necesariamente igual la fórmula ideal de desarrollar una reforma agraria en otros países.  Pero sí es una verdad que puede aplicarse por igual a todas las naciones de América Latina, que si quieren asegurar el triunfo de cualquier reforma agraria —no voy a aconsejar precisamente la fórmula de que sin revolución no hay reforma agraria, para que no nos echen la culpa de las revoluciones que puedan suscitarse en otros países (APLAUSOS)—, sí voy a decir que sin conciencia clara en las ciudades, que es donde el sector del pueblo está políticamente más adelantado, si no hay en la ciudad conciencia de la necesidad de la reforma agraria...  Porque a nosotros nos ha valido extraordinariamente, tanto en el orden político como en el orden económico.

Es preciso resaltar que la reforma agraria se ha estado haciendo durante estos meses con la contribución espontánea del pueblo, principalmente de la ciudad.  Y no es que hayamos tenido que pedirle al pueblo después que tuvo conciencia de la necesidad de la reforma agraria; es que paran a los revolucionarios en la calle para darles dinero para la reforma agraria.  En las playas, por ejemplo, de visita, en cualquier sitio, los ciudadanos espontáneamente se presentan a traer su contribución.  Ha sido extraordinaria y amplísima la contribución que la ciudad ha hecho.

Si ustedes hubiesen llegado a La Habana hace dos meses, por ejemplo, se habrían encontrado a La Habana llena de tractores.  Quedan algunos todavía, pero la mayor parte ya está produciendo en los campos.  Fue una verdadera fiebre de tractores la que se apoderó de las ciudades, y una contribución tan generosa que en algunos sectores obreros pasaba de 100 000 pesos; es decir que cualquier sector obrero daba más para la reforma agraria de lo que aquí nunca se había recaudado en todo el país espontáneamente para cualquier otro propósito (APLAUSOS).

Y naturalmente que ello produjo el efecto de crear un sólido respaldo a la medida y una fuerza tal que ha contribuido extraordinariamente a su éxito, porque ese respaldo mayoritario y decidido del 90% del pueblo a la medida, ha sido factor esencial para asegurar el éxito de la reforma agraria.

Se dice que en otros países ha fracasado, se dice.  Podrán haber tenido mayor o menor éxito los empeños; nunca puede decirse que hayan fracasado.  Sin embargo, nosotros tenemos la seguridad de que esta reforma agraria no solo va, sino que triunfará también plenamente (APLAUSOS).  Esta seguridad parte, incluso, de la experiencia lograda, parte del hecho de que todos los sectores del país están contribuyendo a su triunfo.

(...) Pero hay algo más:  ¿Con qué se ha estado haciendo la reforma agraria y con qué se va a hacer?  En primer lugar, con la contribución espontánea del pueblo, que es con lo que se inició, porque en las tierras recuperadas a los malversadores se empezó a hacer la reforma agraria antes de que se hiciera la Ley de Reforma Agraria.

(...) Simples razonamientos demuestran por qué Cuba está entusiasmada con lo que se está haciendo.  No se trata en sí de la reforma agraria; la reforma agraria es una de las tantas medidas, quizás sí la más emocionante por la satisfacción que le brinda a una parte del pueblo, que era la más sufrida, y por lo prometedora que resulta para el futuro del país.  Es que se le ha puesto fin desde el día primero de enero a una serie de vicios que no es que venían desde hace 10 años, sino que venían desde que Cristóbal Colón puso pie en nuestra isla.  Porque el juego, vicio ancestral de estos pueblos nuestros; la botella —yo no sé cómo le llamarán ustedes, botellero aquí es el que tenía un sueldo porque tenía un amigo político y no trabajaba—, la corrupción administrativa viene de la época de los reyes católicos de España, de Isabel y Don Fernando, que fueron los que facilitaron las naves para descubrir este continente; la corrupción administrativa, el juego, el contrabando y una serie de vicios tienen cuatro siglos en este continente, y todo eso ha sido erradicado completa y totalmente.

Tal es aquí el espíritu con que la Revolución ha introducido una moralización de las costumbres públicas del país, que aquí no hay quien se atreva ni a pensar en esas cosas.  Y sin coacción, sin uso de la fuerza, se está en los ciudadanos creando una conciencia de pagar los impuestos, de cumplir con sus deberes, de ser honrados, que nunca se había visto en nuestra patria.

Todos esos vicios eran vicios contra los cuales parecía que ya se había perdido la esperanza de poder vencerlos, y todos esos males han desaparecido de nuestro país definitivamente, porque no permitiremos que los vuelva a implantar aquí nadie.  Toda una serie de procedimientos contrarios, de métodos, de sistemas y de vicios contrarios a los intereses del pueblo, han desaparecido.

(...) Así está transformando la Revolución la vida del país, y está garantizando un futuro verdaderamente tranquilo y feliz para nuestro pueblo, como premio merecido a tantas generaciones que se han sacrificado.  Eso es lo que nuestra Revolución está haciendo conscientemente, planeadamente.  No sueños pueriles e imposibles, sino realidades, donde las ideas al convertirse en hechos superan a los cálculos más optimistas; porque al revés de lo que suele ocurrir en el mundo, Cuba está viviendo un momento en que sus realidades superan a sus sueños.  Y esa es sencillamente la falta que los cubanos están cometiendo, que no quieren perdonarles; eso, y estar haciéndolo en un clima de libertades, en un medio donde todo el mundo opina, donde cada cubano no tiene más límite a sus libertades que el sentido de la responsabilidad con su patria, el no hacerles el juego a los enemigos, a los criminales que quieren volver, o a los extranjeros que quieren imponer aquí las mafias que servían a sus intereses.

Estamos haciendo todo esto dentro de un clima de seguridad, de tranquilidad, donde en los rostros de cada ciudadano se refleja la alegría de estar disfrutando una paz, una tranquilidad y una seguridad que no conoció; un pueblo que está viviendo de una esperanza que había perdido casi, y un pueblo que siente confianza en sí mismo, seguridad en sí mismo, fe en su porvenir.

Si todo eso lo estamos haciendo sin emplear otra cosa que la razón, sin emplear otra cosa que la persuasión, sin contar con otros recursos que el entusiasmo y la dignidad de nuestros ciudadanos; si aquí es este posiblemente uno de los pueblos en que menos se observa la existencia de una fuerza pública, donde no hay un policía que vaya a un restaurante o a una tiendecita a que le den una cajetilla de cigarros porque es policía —costumbre desterrada también aquí—; si no se observa ninguna manifestación de fuerza o de violencia; si el orden y la disciplina que reina en nuestro pueblo es puro espíritu civilizado y de convivencia patriótica, es puro espíritu de colaboración de nuestro pueblo; si eso lo palpa el que viene y nos visita, ¿por qué no ha de tener nuestro pueblo derecho a realizar esta obra?, que no le quita nada a ningún pueblo del mundo, que no aspira a exprimir a otros pueblos del mundo, que no aspira a impedir la felicidad de otros pueblos, que cumple el destino de los seres humanos sobre este planeta, que es vivir de la explotación inteligente de las riquezas del medio donde hemos nacido, destino que han tratado de cumplir los pueblos desde que existen seres pensantes sobre la Tierra.

Si nosotros, por querer hacer esto, a nadie obligamos a sacrificar nada; si, por el contrario, estamos quizás con la experiencia nuestra enseñando esa experiencia a otros pueblos; si estamos sirviendo de ensayo, que algún día podrá también servir de estímulo y de conocimientos sociales, políticos y económicos a otros pueblos hermanos de nuestro continente, ¿a qué ese empeño de cubrirnos de oprobio, de pintarnos como los seres más bárbaros de la Tierra y de tratar de restarnos la simpatía instintiva con que otros pueblos están viendo a nuestra Revolución?  ¿Qué derecho hay a valerse de todos los medios y recursos con que cuentan esos intereses para tratar de aislarnos a nosotros de los demás pueblos hermanos de este continente?

Así, nos interesa que nuestros hermanos de América Latina sepan lo que estamos haciendo, nos interesa contar con su solidaridad y con su ayuda (APLAUSOS); nos interesa que se sepa la verdad de Cuba y que se diga que aquí se vieron cosas increíble, que una reforma agraria que establece un límite de extensión a la tierra, que es una medida revolucionaria verdadera, tiene el respaldo de todos los sectores del país; y que en este foro se levantó la representación de los hacendados, de los colonos, de los ganaderos, de las instituciones cívicas, de los abogados de la capital, de los industriales y, en fin, de todos los sectores, se levantaron aquí y, poniendo los intereses de la patria por encima del interés afectado de algunos miembros de esos organismos, declararon su adhesión espontánea.

(...) El hecho cierto de que aquí se acabaron todas las exacciones, todos los abusos, todos los crímenes, ha hecho que la inmensa mayoría de aquellas personas que, a pesar de haber sido afectadas en sus recursos, tienen sensibilidad humana para reaccionar, inteligencia honesta para reconocer lo que se ha hecho para beneficio del país, generosidad suficientemente para comprender que si somos cubanos, si todos los cubanos somos seres humanos, y si todos tenemos necesidades y si todos tenemos nobles aspiraciones en el mundo, es egoísta el olvidarse de los demás para pensar solo en disfrutar de manera privilegiada de los recursos, que nuestra tierra puede dar de sobra para todos si hacemos las cosas como debemos hacerlas.

Y así, los beneficios que la Revolución ha aportado, aun a aquellas familias lesionadas económicamente, son tan palpables, que no tiene otra explicación sino este hecho cierto y el espíritu sensible y digno del cubano, el amor a su tierra.  La conciencia que se ha creado en los hijos de esta tierra es la explicación del respaldo tan unánime que tiene la Revolución Cubana.

Al decir esto, al demostrar que estamos haciendo una revolución profunda y que la estamos haciendo con el apoyo de todo el pueblo;  al decir que nosotros podemos retar a cualquier régimen que se llame democrático a que pruebe si en algún país hay más democracia y más libertad de la que hay en Cuba (APLAUSOS), no me quedaría sino añadir que otra de las características de esta Revolución es que nosotros podemos someter a la voluntad del pueblo y a la consideración del pueblo las medidas que estamos tomando y la política que está siguiendo el Gobierno Revolucionario, que la inmensa mayoría del pueblo nos daría su respaldo (APLAUSOS); que en cualquier hora, en cualquier circunstancia, en cualquier día, cualquier mes y cualquier año podemos consultar al pueblo para demostrar que somos más demócratas que nadie.

¿Y vamos a desarmar cuando el trabajo que hoy inicialmente tenemos que hacer...?  Porque no vamos a perder el tiempo, como quieren algunos de esos intereses que perdamos el tiempo hoy y que en vez de organizar la producción, organizar las cooperativas y hacer el trabajo que estamos haciendo, que no nos deja tiempo libre ni para respirar, nos pongamos a hacer comités de barrio, y política, y buscar votos y esas cosas.  Parece que quieren eso, como si pudiéramos en estos momentos enfrascarnos en cuestiones y contiendas de partidos políticos, cuando tenemos tantos obstáculos que vencer y tanto trabajo que realizar.

Pero tranquilamente, cuando ya hayamos adelantado esta obra, donde cada día se gana un tanto, y no es que los queramos ganar para ganar pueblos, sino que estamos ganando esos tantos gracias a todo el pueblo que tenemos (APLAUSOS); porque aquí es al revés:  no es que queremos ganar tantos para ganar pueblos ni hacer medidas para ganar pueblos.  Es todo lo contrario:  estamos haciendo las medidas por ser leales a ese pueblo, estamos haciendo esta obra sencillamente para que el pueblo reciba lo que aspira recibir y aspiraba a recibir el día que este país se gobernara y se organizara como debía organizarse.  Es todo lo contrario, lo contrario de lo que han hecho siempre los politiqueros, lo contrario de lo que han hecho siempre los demagogos.  Estamos simplemente trabajando porque es el deber de esta hora, pero con un respaldo de pueblo enorme, con la seguridad de que lo mantendremos, y no solo de que lo mantendremos, sino de que lo haremos más firme (APLAUSOS).

Podremos someter nuestras medidas a la consulta del pueblo, que no hay más que tener un poco de sentido de lo que es la opinión pública para saber que el día que todas esas medidas —no los personajes aquí, porque los personajes no importan, lo que importa son las obras—, el día que estas medidas, todo lo que está haciendo Cuba, lo ponga a la consideración del pueblo, sin género de dudas que la respuesta del pueblo será de entero respaldo a la obra que estamos haciendo.

Por lo tanto, para desarmar todavía más a los farsantes y para destruir todavía más las mentiras y destruir más los argumentos interesados de los que quieren pintarnos como debieron haber pintado a los que antaño cometieron tantos crímenes y tantos horrores con nuestro pueblo para servir intereses extraños; para destruir esas mentiras, para destruir ya la última que podría quedarles —si no le bastara la libertad de opinión, la seguridad y todo género de libertades que hoy disfruta nuestro pueblo—, cuando hayamos encauzado a nuestro país por los senderos por los que hoy tenemos el deber de encauzarlo, cuando tengamos adelantada la obra revolucionaria, someteremos todo esto a la consulta de nuestro pueblo, y lo someteremos cuantas veces sea necesario, porque si de algo tenemos la más completa seguridad es de que la respuesta del pueblo será casi unánime a favor de lo que se está haciendo hoy aquí (APLAUSOS).

Con esto, los delegados que nos visitan podrán llevarse una idea de lo que estamos haciendo.  Esta es una obra de interesantes facetas sociales, políticas y económicas; nuestra obra, el aporte de Cuba a su bienestar, la contribución de Cuba a la experiencia política y social de los demás pueblos, el modesto aporte de Cuba a nuestros hermanos de América Latina.

No es que seamos egoístas y pensemos solo en nosotros; cuando cumplimos nuestro deber aquí, sabemos que estamos cumpliendo nuestro deber con los demás pueblos de América Latina.  Y cuando sabemos que Cuba hoy es objeto de la consideración y de la atención de los pueblos hermanos de América Latina, sentimos el orgullo de saber que, aunque muy modestamente, estamos también sirviendo de ejemplo y de aliento.

Nosotros sí que no aspiramos a dominar a nadie, nosotros sí que no aspiramos a explotar a nadie, nosotros sí que no aspiramos a imponer nuestra ley.

Hay una fuerza muy superior a cualquier otra fuerza en el mundo y es la fuerza de la razón, la fuerza de la idea, la fuerza del ejemplo, el estar actuando de acuerdo con el espíritu de justicia de los hombres.  Que aquí, como en cualquier sitio de América y del mundo, estarán todos los hombres que sientan la justicia; que por un instinto, o por un sentido ético, o por una concepción racional, tengan una noción de los hombres y del papel de los hombres, del papel de ser humano, más digna que la de vivir oprimidos, la de vivir explotados, la de vivir maltratados, la de vivir angustiados, la de vivir arrastrados.

 Todos los que tengan una idea limpia del destino del hombre y un sentido elevado del hombre; los que no vean al hombre como un ser miserable y lo vean digno de que por él se hagan los mayores esfuerzos; los que tengan fe en los pueblos; los que tengan fe en la humanidad; los hombres que crean en que avanza la humanidad por encima de todos los obstáculos, por encima de todas las dificultades; los que crean que existe la solidaridad humana; los que crean que pueda sentirse el ser humano más feliz cuando le hace bien al hombre, al semejante, que cuando lo maltrata o cuando lo esquilma; todos los que aquí, como en cualquier parte de América o del mundo, sean capaces de sentir esas verdades, ¡esos estarán de acuerdo con lo que nuestra Revolución está haciendo!

Y no es cuestión de teorías, no es cuestión de que unos piensen de un color o de otro, de una forma o de otra; lo que hay que pensar es si estamos haciendo lo que debemos hacer, si estamos cumpliendo un ideal de justicia para el hombre, y si lo estamos cumpliendo bien y lo estamos cumpliendo a nuestra manera, porque cada pueblo tiene sus necesidades, cada pueblo tiene su medio, cada pueblo tiene sus peculiaridades y cada pueblo tiene su estilo de llevar adelante un ideal, ¡y eso es lo que importa!

Muchas gracias.

(OVACION)

VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO

En audio, Fidel Castro el 12 de julio de 1959

En Video, Fragmentos de las palabras de Fidel Castro

Se han publicado 4 comentarios



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  • Cocuyo dijo:

    Con toda la razón. Somos los dueños de nuestro propio destino y hay que hacer todo lo que corresponde en estos momentos tan difíciles para salir adelante, gobierno y pueblo que en definitiva somos uno solo.
    En cuanto a la Ley de Reforma Agraria, sería bueno una mesa redonda donde especialistas de la agricultura y otros estudiosos, hagan un análisis de lo que ha significado esta ley para Cuba, de las transformaciones, de la producción agrícola en la actualidad, del uso de la tierra, de los rendimientos, de las tierras ociosas, de la calidad de vida en el campo, etc. etc. Creo que 65 años después el Ministerio de la Agricultura está en deuda con la producción de alimentos para el pueblo. Las estadísticas de lo que se producía en Cuba antes y después, hacer comparaciones, analizar las causas, ver que proyecciones hay para mejorar, etc.

  • Selma González dijo:

    Nada hay que decir de Fidel que no se haya dicho. Creo que es mejor hablar con buenas acciones, con trabajo, haciendo lo que a cada cuál le corresponde. Seguir nuestro camino al desarrollo, con lealtad a la Revolución y al mismo Comanadante en jefe, a lo que nos enseñó con su ejemplo. Le debemos a Fidel, a Raúl y a la generación del centenario generaciones de cubanos cultos, sanos y libres. Nada se consigue sin esfuerzo y cómo él citó "El imperio paga con oro a los traidores con oro, pero los desprecia." Cuidemos a Cuba que es cuidarnos a nosotros mismos. Nada que venga de EEUU será bueno para Cuba. Viva Fidel en nosotros. Gracias a Cubadebate.

  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    La Revolución misma es la condición necesaria y suficiente para la Reforma Agraria y para la serie ininterrumpida de transformaciones contenidos en nuestros ideales de justicia.

  • El chichi dijo:

    ¡Como te extraño COMANDANTE!

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Fidel Castro Ruz

Fidel Castro Ruz

Líder histórico de la Revolución Cubana. Nació en Birán el 13 de agosto de 1926 y murió en La Habana, el 25 de noviembre de 2016. Ha escrito numerosos artículos, reflexiones y libros sobre la situación mundial, la historia de Cuba y su actualidad.

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