“¡Palestina Libre!” se apodera de Sochi

Diseño: Stephanie Rivero / Cubadebate
La noticia de este primero de marzo, al menos en tierras rusas, podría ser sin dudas que comenzó oficialmente un festival de juventudes, cita en Sochi, con alrededor de 20 mil personas de casi todos los países del mundo.
Los párrafos subsecuentes ahondarían en lo maravilloso de la gala inaugural. De la pantalla gigante que se abre en dos para que salga una esfera enorme que simula la tierra. De los bailarines y cantantes a decenas de metros por encima del suelo. Del científico de punta que habla de su descubrimiento revolucionario justo al lado de un rapero que traduce al “común” el logro cabezudo. De los barcos de papel que no son de papel y vuelan y ruedan con personas encima. De las coreografías maravillosas. Del ballet contemporáneo que huele a estar inventándose y tragándose al mundo. Del mar de las banderas que hiperventilan en astas y brazos. De indios y cubanos dados de la mano al ritmo de una canción que no entienden, pero que parece hablar de amor, por el tono que lleva y porque esa palabra, “AMOR”, aparece bien grande y en ruso en la dichosa pantalla gigante que ya está cerrada.
Pero el mundo anda demasiado revuelto como para que esta sea la historia.
Digamos que la historia comienza cuando acaba el show. Por los pasillos de la gran instalación se escuchan gritos. Primero descoordinados. Luego se van encontrando, van halando otras voces, van ganando en fuerzas y, cuando se acaban los pasillos y aparecen los balcones, ya se escucha más que el eco, ya se entiende claro lo que la gente grita.
—¡Viva Palestina! ¡Viva! —dicen unos—. ¡Palestina Libre! ¡Palestina Libre!—se responden.
El vestíbulo del stadium está repleto y los hermanos árabes, hoy más hermanos que nunca, se apoderan del ánima de quienes parten. Mientras arriba en los balcones gritan los hombres, una muchacha con cabello cubierto y arropada por la bandera argelina toma el mando aquí abajo y grita con furia, como si le estuviesen arrancando el hijo, destruyendo la casa, pisoteando el velo. No hay manera de pasar indiferente ante los gritos de esta mujer que no vino hasta Sochi solo a ver el color del arte y el avance de la tecnología.
El mundo está demasiado revuelto, está doliendo demasiado el mundo, me está rabiando demasiado a mí, para solo venir y estar, para solo venir, para más nada, se dice.
Si hay más de 20 mil personas ¡que me escuchen! Si hay más de 20 mil personas, que tengan la dignidad de acompañarme. Si hay más de 20 mil personas… que tengan la decencia de seguirme, piensa mientras se le pierden los ojos de tanto grito.
Una chica con tono argentino se suma. La delegación iraquí tiene desde hace tres días, cuando entraban por el aeropuerto, la bandera palestina en manos. Los de Cuba nos mezclamos con la fiebre.
Entonces, sin advertir nadie de qué puerta, aparece un hermano palestino y todos lo abrazan. Aún no se acaba el abrazo y así, en la informalidad de los alaridos que siguen y de la gente encendida, se conspira para mañana y para después, para que un mitin casual crezca y no sea solo un mitin.
Los hermanos árabes no quieren solo mítines. Los hermanos árabes quieren la tierra y el agua que son suyas y saben que conseguirlo les va a costar las cuerdas vocales y les va a costar la sangre. Nada nuevo. Más sangre. Menos voz.
¿Por qué más sangre?, se preguntarán algunos. ¿Por qué más sangre?, si venimos para hablar de amor. Pero sucede que aquellos a quienes el amor se les niega de facto, el amor y la vida, no tienen más derecho que elegir de qué forma se le secarán sus venas: si escondidos en su choza que explota, si exiliados en el desprecio histórico o si por causa de esa bala que le atraviesa el cuello, justo después de que lanzara una piedra o de que ajusticiase con su pulso y fusil a tres asesinos.
Quien no lo entienda, que no estorbe. “¡Los que no entienden también estorban!”, se lee en los ojos de esta mujer que no calla. Le repica en la cabeza la idea.
Nunca el inglés ha sido tan claro y universal como esta noche hirviente de nueve grados.
Conspirando se van por las plazas y calles de Sochi los hermanos, árabes o no, para ver lo que se hará mañana.
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Muy emocionante su crónica, los jóvenes cubanos demostrando su solidaridad. !!!Viva Palestina libre!!!
Muy interesante y conmovedor su artículo.
¡ Viva Palestina libre!