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Céspedes, homenajes en San Lorenzo

Por: Jorge Luis Aneiros Alonso
Publicado en: Espacios de ciudad
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INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE NACIONAL DE LA UNHIC EN EL 150 ANIVERSARIO DE LA CAIDA EN COMBATE DE CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES.

SAN LORENZO, 27 DE FEBRERO DE 2024.

Compatriotas:

Aquí en San Lorenzo, intrincado paraje de la Sierra Maestra, hoy en el santiaguero municipio del Tercer Frente, hace 150 años, enfrentando prácticamente solo a un destacamento español, que las evidencias apuntan estaba destinado a su captura, cayó en combate Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo;  el iniciador de la gesta independentista en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, el primero en dar la libertad a sus esclavos, el primero en encabezar una administración genuinamente cubana, el primer presidente de la República Cubana en Armas, el hombre que hizo que lo recordáramos siempre como el Padre de la Patria, por su acción inmortal de iniciar nuestra Revolución y no aceptar el chantaje español de cambiar sus principios por la vida de uno de sus hijos. “… Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que luchan por nuestras libertades patrias.”, le contestó al capitán general español.

Carlos Manuel de Céspedes, nacido el 18 de abril de 1819 en Bayamo, en el seno de una rica familia, desarrolló en esa villa sus primeros estudios, para luego cursar los de Derecho Civil en el Colegio de San Carlos en la capital de la Isla. Completó su formación académica en España, donde obtuvo el título de abogado en 1842. En ese año viajó por varias naciones europeas y conoció sus sistemas de gobiernos e instituciones. Permeado de una sólida formación cultural, que incluía el dominio de varios idiomas y dotado de una elevada capacidad de análisis, concibió criterios referidos a la libertad y a la igualdad que definirán su actividad al regresar a Cuba.

En Bayamo se dedicó a trabajar intensamente como abogado y, a la vez, desarrollar sus ideas libertarias. Fue encarcelado y desterrado dentro de la Isla en cinco ocasiones por su actitud contra los desmanes españoles. El 24 de febrero de 1851 fundó la Sociedad Cultural “La Filarmónica” de Bayamo, tradujo La Eneida, escribió poemas y artículos. Se radicó definitivamente en Manzanillo en 1852, desde donde se afilió a la Sociedad Económica de Amigos del País y trabajó como contador secretario de la Junta de Fomento. Colaboró en periódicos de varias localidades. Céspedes como hombre de la cultura, nos legó una importante obra intelectual previa al 10 de octubre, que aún requiere se profundizada y divulgada por nuestros historiadores.

Este hombre de mármol, como lo llamara José Martí, simboliza el espíritu de combate, decisión y dignidad de los cubanos. Asistido de una gran visión política y revolucionaria, organizó a los patriotas de Bayamo y Manzanillo para luchar por la libertad. No resulta casual que fuera el más decidido de todos en el empeño redentor. En San Miguel del Rompe, el 4 agosto de 1868 dijo; “Señores: La hora es solemne y decisiva. El poder de España está caduco y carcomido. Si aún nos parece fuerte y grande, es porque hace más de tres siglos que lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!”.

En virtud de ello dio el grito de independencia el 10 de octubre de 1868 en su ingenio La Demajagua, liberó a sus esclavos y los llamó hermanos y ciudadanos con derechos idénticos a los demás. Ese día, con una clara visión de futuro, expresó que la Revolución iniciada no solo tendría como desenlace la libertad de Cuba, sino también, la emancipación de América de la tutela extranjera.

Sus palabras: “Aún quedamos doce hombres: ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”, ante el primer revés en Yara, demuestran la fortaleza moral de la revolución, que se cristalizó en la victoriosa toma de la ciudad de Bayamo días más tarde. En heroicas jornadas fue enarbolada la bandera de Céspedes, se cantó el Himno de Bayamo, se editó El Cubano Libre y se adoptaron medidas de alcance popular y democrático.  Bajo la divisa de “Independencia o muerte” el 12 de enero de 1869, los bayameses abandonan la ciudad ante la imposibilidad de resistir la contraofensiva enemiga que la encontró reducida a cenizas por la decisión patriótica de los revolucionarios.

Durante su gobierno desplegó una intensa actividad diplomática y mantuvo correspondencia con personalidades de diversos países del mundo, interesado en el reconocimiento de la independencia y la beligerancia de los cubanos. El Gobierno de Estados Unidos no mostró simpatía hacia la causa cubana. En julio de 1870, Céspedes advirtió que el Gobierno de los Estados Unidos aspiraba a “apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación”.

Consecuente con sus avanzadas posiciones revolucionarias, el hombre de La Demajagua no descansó un solo día, ni aceptó oferta alguna del enemigo; en todo momento mantuvo en alto la dignidad que correspondía al puesto que le había sido confiado por su pueblo. En la manigua padeció enfermedades, pero nadie pudo impedirle estar en los escenarios de combate. Representa en ese momento histórico, el más alto exponente de eticidad y civilidad de la nación; mantuvo siempre un irrestricto respeto a las leyes revolucionarias e hizo prevalecer la confianza ilimitada en el espíritu combativo del pueblo.

El 10 de agosto 1871, escribió ¨…la Revolución Cubana ya vigorosa es inmortal; … el pueblo de Cuba, lleno de fe en su destino de libertad, y animado de inquebrantable perseverancia en la senda del heroísmo y de los sacrificios, se hará digno de figurar, dueño de su suerte, entre los pueblos libres de América.”

Los años de la Guerra Grande estuvieron cargados de momentos difíciles, intrigas políticas e incomprensiones que provocaron su deposición como presidente el 27 de octubre de 1873.  El 22 de abril, en carta a quien le había puesto al tanto de las intenciones de la Cámara de Representantes contra el Ejecutivo, le agradeció su franqueza y le confesó que conocía bien de esos manejos para deponerlo, pero aclaró que no le quitaban el sueño, y expresó: “Nada me remuerde, porque si puedo equivocarme es de buena fe y deseo que me lo hagan ver; pero a nadie le hago injusticia a sabiendas.”

El 9 de agosto escribió a su esposa Ana de Quesada desde la zona de Cambute, que no dejaba por un solo instante de trabajar para la causa de la libertad y enfatizó: “No puedo asegurar que lo haga con acierto, pero es con buena fe. … no hago intencionalmente agravios a nadie. Procuro proceder imparcialmente en mis resoluciones, y que haya orden y justicia. Jamás transigiré con los españoles sino sobre la base de nuestra independencia…¨

El 23 de enero de 1874 llegó Céspedes a los parajes de la prefectura mambisa de San Lorenzo a cargo del capitán José Lacret Morlot, donde fijó su residencia. Venía con una pequeña escolta, que finalmente fue reducida por el nuevo gobierno y el mando militar insurrecto en Oriente, a su hijo, -el Coronel Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes- y un cocinero. Desde su llegada se ocupó de enseñar a leer y escribir a los vecinos de la ranchería.

El 27 de febrero, el 4º batallón español de Cazadores de San Quintín al mando del Coronel José López López, se desplazó desde Santiago de Cuba hacia esta zona y una de sus compañías atacó por sorpresa este sitio. Avisado Céspedes del inminente peligro, corrió hacia el monte desde el bohío de Francisca Rodríguez en el que se encontraba, disparando dos balas de su revólver contra el enemigo. Los españoles lo abatieron y su cuerpo inanimado cayó por un barranco, adonde bajaron sus adversarios y lo golpearon con saña.

Esta fecha es memorable en nuestra historia, porque ella representa el ascenso a la inmortalidad de un hombre clave del independentismo cubano. La obra precursora de Carlos Manuel de Céspedes fue continuada por generaciones posteriores de compatriotas lidereados por José Martí y Fidel Castro.

Desde el 24 de febrero desarrollamos un intenso programa en recordación del prócer, de quien, en el próximo abril, conmemoraremos los 205 años de su nacimiento. Los cubanos, conscientes de la significación y trascendencia histórica del héroe caído en este lugar, hacemos realidad una frase de  Céspedes,  que ha sido refrendada ampliamente por nuestro pueblo en la defensa del carácter socialista, martiano y fidelista de la Revolución iniciada por él hace más de 150 años: “La unión y el patriotismo son nuestros baluartes, y bajo su amparo seremos invencibles”.

Céspedes, hoy te recordamos en el lugar de tu caída en combate, territorio donde seguidores de tu obra, encabezados por el comandante Juan Almeida Bosque fundaron el 6 de marzo de 1958 el Tercer Frente Guerrillero Mario Muñoz Monroy, para luchar con las armas en la mano -como tú lo hiciste 90 años antes- para derrotar una dictadura y alcanzar y defender la definitiva independencia de la patria. La obra de la Revolución en este municipio y en toda Cuba también te honra y te enaltece.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución Cubana, que fue martiano y cespedista, recordando tu hazaña inmortal dijo en el centenario de tu grito de libertad o muerte: ¨No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo…que comenzaba a nacer en la historia¨.

Continuadores de Fidel y sus compañeros; los cubanos de hoy seguimos defendiendo la independencia y las conquistas revolucionarias, con confianza y optimismo por nuestro futuro, a pesar de las adversidades actuales, que sabremos vencer con la misma entereza, firmeza y valor con que Carlos Manuel de Céspedes, defendiendo a la patria dio su vida por Cuba hace 150 años.

¡Gloria eterna a Carlos Manuel de Céspedes!

¡Vivan los héroes y mártires de la Patria!

¡Viva Cuba Libre!

Hasta la Victoria, Siempre

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