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Jackie Robinson, el hombre que transformó el béisbol y deslumbró a La Habana

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La abolición de la esclavitud fue establecida formalmente en Estados Unidos el 1ro. de enero de 1863 mediante la Proclamación de Emancipación firmada por el presidente Abraham Lincoln. Un siglo después la comunidad negra en ese país aún luchaba por sus derechos básicos.

Las Grandes Ligas del Béisbol de dicha nación efectuaron su primera temporada en 1876, cuando fue creada la Liga Nacional a la que posteriormente se le uniría la Liga Americana en 1901, dando paso a la discusión del título en una Serie Mundial. Casi hasta mediados del siglo XX el racismo imperante tenía vedada la participación de los negros en este evento.

Jackie Robinson rompió la barrera de la discriminación racial del béisbol de Grandes Ligas y también se convirtió en un símbolo de la comunidad negra. Este estelar pelotero no solo brilló en los diamantes estadounidenses, también lo hizo en los de Cuba.

El nacimiento de una estrella

Jack Roosevelt Robinson nació en una familia pobre en el estado de Georgia el 31 de enero de 1919. Era nieto de negros esclavos e hijo menor de una madre soltera con cinco hijos que fueron abandonados por su padre; luego de ese suceso, la familia se mudó hacia la otra costa del país, en Pasadena, California.

Cuando comenzó los estudios secundarios, sus hermanos lo incentivaron a la práctica del deporte y a inscribirse en los equipos de la escuela. La práctica deportiva era habitual en el seno familiar, incluso su hermano Matthew Robinson, en las olimpiadas de Berlín 1936 y para molestia del canciller alemán Adolf Hitler, entró segundo a la meta en los 200 metros, detrás de otro atleta negro, Jesse Owens.

En la escuela se destacó en la práctica de fútbol americano, baloncesto, atletismo y béisbol. Paradójicamente, consideraba que en esta última disciplina era donde menos habilidades poseía. En 1940 continuó sus estudios en la Universidad de California, donde se destacó en los cuatro deportes.

La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial lo llevó a ingresar en el ejército y a poner pausa temporal a su carrera deportiva. Se destacó por su disciplina y alcanzó el grado de segundo teniente. A pesar de transitar con honores solicitó el licenciamiento.

A principios de 1945 se unió a las Ligas Negras de Béisbol jugando para los Kansas City Monarchs. Ahí es donde llama la atención de Branch Rickey, gerente general de los Dodgers, quien lo contrata oficialmente el 23 de octubre de 1945. Fue asignado en su primera temporada para el Royals de Montreal de la Liga Internacional (AAA).

Momento en el que Jackie Robinson firma su contrato con los Dodgers, el 23 de octubre de 1945.

La temporada fue más que notable, terminó promediando 349 con 40 robos, 92 boletos y 113 anotadas. Los Royals ganaron la liga obteniendo la victoria en cien de 154 juegos y la final la obtuvieron en cinco partidos ante los Chiefs de Syracuse. Jackie Robinson había demostrado que en lo deportivo estaba listo para dar el salto a las Grandes Ligas.

El 15 de abril de 1947 salía a la grama del Ebbets Field de Nueva York con el número 42 el primer atleta negro de las Grandes Ligas. Esa noche fallaría en sus tres comparecencias al home, pero poco a poco demostraría su calidad sobre el terreno de juego. Tuvo que superar en diferentes estadios los insultos racistas y las burlas del público, así como la negativa de compañeros y rivales de compartir terreno. De más está decir que recibió innumerables pelotazos intencionales por parte de los lanzadores. A pesar de ello terminó la temporada como novato del año.

Su calidad deportiva y humana se encargaría de demostrar que Branch Rickey no se había equivocado. Los Dodgers ganaron seis ligas en las diez que jugó con Robinson y obtuvieron el título de la Serie Mundial de 1955. Después de retirado sería el primer analista negro de las Grandes Ligas y en 1962, el primer jugador de dicho color exaltado al Salón de la Fama.

En 1997, en el 50 aniversario de su debut, se anunció el retiro de su emblemático número de todas las camisetas de las Grandes Ligas y en 2004 se estableció como el día de Jackie Robinson, en el cual todos los peloteros portan en su honor el 42.

Jackie Robinson en La Habana

Después de la gran temporada con los Royals de Montreal, Robinson dio el salto al equipo principal con el cual debutaría en la siguiente temporada. Pero antes de que escandalizara a la Gran Carpa, los Royals y los Dodgers iniciaron sus entrenamientos de pretemporada en La Habana en febrero de 1947, donde efectuaron varios partidos contra los equipos profesionales cubanos.

Aunque ya estaba firmado con los Dodgers, Jackie jugó por los Royals. Efectuó 12 partidos de entrenamientos en el recién inaugurado Gran Stadium de La Habana, siete contra los Havana Cubans y cinco contra los Dodgers, bajo la mirada atenta de Leo Durocher, director del equipo principal, quien declaró que observaría el desempeño de Jackie. Evidentemente, convenció al manager, pues en Panamá, próxima escala de ambas escuadras, se incorporó definitivamente al equipo principal.

Jackie Robinson durante uno de los juegos de pretemporada contra el Havana Cubans.

Pero la presencia del pelotero negro en Cuba no sería del todo feliz; en nuestro país sufrió del racismo incrustado en la sociedad de la época, y sería una premonición de lo que sobrevendría semanas después.

Debido al color de su piel, se le prohibió hospedarse en el lujoso Hotel Nacional con el resto del equipo de los Dodgers, así como en el acomodado Havana Military Academy, junto a sus compañeros del Royal. No le quedó más remedio que acompañar al resto de los negros que conformaban la delegación en el hotel Boston en la Habana Vieja, menos lujoso y más hacinado.

Según el periodista venezolano Juan Vené, cuando un fanático blanco lo invitó a disfrutar del balneario de Varadero se le prohibió su entrada por ser una playa “exclusivamente para blancos”.

Años después declararía:

Sufrí muchas vejaciones durante mi carrera en todo Estados Unidos, pero los primeros golpes de este tipo fueron en La Habana. Creo que, paradójicamente, debo agradecerlo, porque eso me entrenó para lo que venía. Es decir, los entrenamientos de 1947 en Cuba me prepararon no solo para jugar en Grandes Ligas, sino también para tolerar, soportar, sufrir sin decir nada, todo cuanto surgía en mi contra por no ser blanco.

Por su parte, los aficionados habaneros disfrutaban de su presencia y permanentemente le solicitaban autógrafos. Su visita fue un acontecimiento nacional. La prensa cubana, en cambio, no apreció su verdadera calidad sobre los diamantes de juego. Tal vez influenciada por el revuelo que causó en la capital, su debut con los Dodgers en la temporada de 1947 fue visto más como un espectáculo y una estrategia de marketing, que como una posibilidad real de brillar en el terreno. Cinco días después de su estreno, la revista Bohemia reflejaba en sus páginas:

El ingreso del astro de la raza de color Jackie Robinson no debe variar el cuadro de posibilidades deportivas de los Dodgers, aunque sí resultará un poderoso imán de taquilla. En todas las ciudades de la Liga Nacional que el Brooklyn visite con el ídolo de bronce en el line-up, habrá movilización extraordinaria de clientes en los barrios negros… Como figura excéntrica, como actor del diamante, como hombre de escenario, Leo Durocher, más que un buen manager, era un aliciente para la gradería. Al perderlo el Brooklyn, la omisión solo puede ser suplida por el acontecimiento de un atleta negro en las Ligas Mayores. (…) Ni Bob Feller en los Indios, ni Ted Williams en los Red Sox, ni Joe Di’Maggio en los Yankees, ni Hank Greenberg en los Piratas, podrán meter más público en un stadium que Jackie Robinson con la franela de los revoltosos de Flatbush.

En poco tiempo se encargaría de demostrar cuán equivocados estaban quienes por racismo o falta de visión no apreciaron su verdadero valor como atleta.

Años después la Revolución cubana y su principal líder no le serían ajenos: “Yo lo conocía por referencia de Edmundo Amorós y otros jugadores cubanos”, declararía a la prensa norteamericana después de su encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 23 de abril de 1959 en Nueva York, además de afirmar que asistió al almuerzo para saludar a Castro.

Fidel Castro y Jackie Robinson se encuentran en Nueva York en abril de 1959.

Jackie Robinson cambió la historia del béisbol para siempre, más allá de sus números deportivos, enfrentó con valentía y estoicismo la incomprensión del sistema deportivo imperante en su país, transformó la vida de millones de personas y fue una fuente de inspiración para el posterior movimiento en defensa de los Derechos Civiles.

Hoy, gracias a Robinson no nos imaginamos el béisbol sin los nombres de Roberto Clemente, Orestes Miñoso, Barry Bonds y Mariano Rivera, entre muchos más.

Se han publicado 3 comentarios



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  • el peseta dijo:

    Barry Bonds por mucho el pelotero mas temido y letal de la historia del beisbol

  • Aureliano Segundo Buendía dijo:

    Grande entre los mas grandes el 42 y el primero de otros tantos que agrandaron con su talento y entrega la historia del beisbol

  • Pelotero dijo:

    Bueno, el ejemplo de Barry Bonds no es el mejor por el dopaje, pero hay muchos que han sido súper estrellas en la historia tan rica de las Grandes Ligas.

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Abel Aguilera Vega

Abel Aguilera Vega

Historiador e investigador del Centro Fidel Castro Ruz. Conduce espacios radiales relacionados con la historia en Radio Metropolitana y Radio Habana Cuba.

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