Paso a paso

Profesoras y profesores de la Universidad de La Habana recibieron este martes la Orden Frank País y la Medalla José Tey, reconocimientos a quienes han dedicado su vida a la enseñanza. Foto: Cortesía del autor
Acabo de estar en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Estaba llena de gente, gente vieja, con todo lo crudo, dulce y magnífico que impone esa palabra. Gente con canas, gente sin tantas, alguna que otra en silla de ruedas, a veces con bastones, a veces paso a paso, dignos pasos, hacia adelante, con la misma dignidad de esos pasos dibujada en el rostro.
La gente vieja sabe mucho porque mucho ha vivido y estas, particularmente, han tenido que pensar sobremanera la vida en su propio devenir.
José Tey era alumno de la Normal de Maestros de Santiago de Cuba, era solo alumno, y una de las medallas tiene inscrito su nombre. Esta gente es mucho mayor de lo que llegó a ser José Tey a la hora de su muerte en aquel levantamiento del 30 del mes 11. Frank País era maestro, también muy joven, un poco más. Otra de las preseas tiene su rostro.
Y la gente vieja continúa avanzando, paso a paso, en busca de medallas que tienen rostro y nombre de gente que murió temprano.
Las fotos, el saludo cálido, el más distante, el respetuoso, el alegre, el de la euforia, el que lleva en sí la mezcla de todo o de muchas cosas y que en ocasiones puede alcanzar la categoría de indescifrable. Saludos y medallas y pasos cortos, dignos pasos cortos.
Ayer alguien decía que lo que más le admiraba de esta universidad eran dos profesores, ella y él, muy mayores, que venían todavía a dar su clase, paso a paso. “La gente quiere morirse dando clases y esas personas llevan y merecen mucho respeto”, insistía.
Podrá pensarse que también necesitan el dinero y claro que sí, cómo no necesitarlo en estos días que parecen sacarles más los dientes al mundo que besarlo. Pero relacionar únicamente a las monedas la presencia en un aula resulta, en principio, irrespetuoso y, en cualquier sentido, inexacto. Estos viejos ya han visto demasiado, han tocado el cielo y la tierra demasiadas veces, fuera y dentro del salón, como para reducirlos a eso.
Hoy otra persona habla de los rankings en los que la academia internacional mide las universidades y comenta que unos resultan menos inservibles que otros y que algún día tendrá que inventarse ese que mida el servicio, el sacrificio total, de las universidades para el pueblo que las cubre. En ese momento, remata, habrá que ver dónde tendrán que colocarnos a nosotros.
Ahora pasa un viejo, paso a paso, por delante de mí. No reconozco su cara, pero de repente dice algo, dice un “gracias”, y ese “gracias”, ese tono del “gracias”, sus modulaciones, una palabra, me lleva de un tiro años atrás, me cuela en un aula, me espanta contra una silla y veo a aquel viejo, por entonces no tanto, en la pizarra, inventando cómo meternos algo importante en la cabeza, con aquella voz que es la misma que ahora me pasa por enfrente.
Entonces lo persigo con la vista hasta su asiento y lo atisbo hasta que lo permite la vergüenza.
Y uno se pregunta por qué, por qué estar toda una vida en esto. Más de 25 años, más de 30, como anuncian las medallas de hoy. A veces 50 y más… Por qué no duelen las manos, si los nombres y sus cuerpos llevan más de media hora caminando al frente y los aplausos siguen.
Y uno cavila, en respuesta, en el poder magnético de una voz que enuncia una palabra, en ese poder magnético, sí, que destroza el tiempo y hace sentir algo quizás indescifrable, como algunos rostros de aquí. Entonces, con rubor, uno sospecha que eso y la magia necesariamente tendrán algo que ver o que se trata de una metáfora de muchas cosas que, paso a paso, se han hecho bien en la vida, cosas que, por supuesto, no caben en una medalla y ante las cuales no queda más que bajar la cabeza, como la baja la gente humilde que está en presencia de algo grande.

Profesoras y profesores de la Universidad de La Habana recibieron este martes la Orden Frank País y la Medalla José Tey, reconocimientos a quienes han dedicado su vida a la enseñanza. Foto: Cortesía del autor

Profesoras y profesores de la Universidad de La Habana recibieron este martes la Orden Frank País y la Medalla José Tey, reconocimientos a quienes han dedicado su vida a la enseñanza. Foto: Cortesía del autor

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Honra.
Y los nombres de los homenajeados, que es en definitiva lo mas importante, saber quiénes son, a qué saberes dedicaron sus vidas.
Preciosa crónica, identificado con ella a los jóvenes hay que darles paso, enseñarlos, pero a los que peinan cañas hay que respetarlos, más que por ser doctores en ciencias....by x sobre todos quiénes han dedicado su vida a enseñar bien, profesión dura, que desgasta cansa, nadie sabe cuánto satisface una clase, cuan feliz se siente el que lo hace, pero también cuánto cansa, cuántas horas dedicadas a prepararla o actualizarla, ESO Lo SABEN los que lo han hecho x amor, pero no siempre el esfuerzo es bien correspondido, pero se cumple con el pueblo y la humanidad, enseñando
Qué hermosa crónica!!! Gracias Mario!!
Felicidades a todos los condecorados
Suscribo lo que dijo Carlos Rodríguez: los agradecidos somos los condecorados.
Agradecidos de la Revolución cubana que nos garantizó el acceso a la educación a todos por igual,. Sin ella muchos no hubiéramos podido ni estudiar en la universidad.
Agradecidos por los profesores que tuvimos, algunos de ellos presentes en el Aula Magna, incluso también condecorados en ese acto.
Agradecidos por nuestros estudiantes, de quienes aprendemos más que lo que enseñamos.
No obstante eso: Gracias Mario Ernesto por tu sensibilidad en esta crónica
Honor a quien honor merece. En estos tiempos tan marcados por cuestiones materiales solo quien es maestro entiende pq seguimos enseñando a pesar de las carencias y las problemas. Es sencillamente un acto de fe en la mejora de la humanidad y sobre todo en la confianza que necesariamente tienen que vencer los valores humanos y la educación por encima de todo. Felicidades a nuestros queridos profes de la UH de una más que cree q de verdad un mundo mejor es posible.
Buen artículo y lo felicito. Los que hemos instruido y educado en la Universidad de La Habana, a veces ni supimos porqué lo hacíamos, incluso contra la voluntad de la familia que nos "quería" sentados en la sala.
Esos "viejos", los de antes, y los que vendrán.... Somos continuadores de una obra iniciada en 1728 y vivimos el orgullo de enseñar en la Institución que más aportó a la Nación cubana.
Fue un acto, tan sencillo, que ganó en grandeza en el corazón de cada uno.
MUY JUSTO EL RECONOCIMIENTO A QUIENES -INCLUSO- SUPERAN LOS 50 AÑOS ENSEÑANDO.
PERO HAY QUE DIVULGAR SUS NOMBRES Y SU HISTORIA PARA QUE ESTE RECONOCIMIENTO SEA CONOCIDO POR LA SOCIEDAD.
Qué crónica. Me quito el sombrero.
Qué orgullo ver desfilar y recibir el merecido homenaje a aquellos que fabricaron este paìs, desde las aulas. Ser profesor de un profesional es tener la arcilla para moldear un ser humano. Tanta responsabilidad sostenida por AÑOS es un elogio en sí mismo. ¿Cómo que agradecieron las medallas? Es Cuba quien está en eterna deuda por su magisterio. Por mi parte, no dejo de dar GRACIAS y sentirme bendecida por haberlos tenido de frente, entre una pizarra y mis deseos de aprender.
Estoy tan orgullosa de mi hermana , que no encuentro palabras para expresarme...Les felicito, por esta vía a todos éstos grandiosos profesores.
Lindo y emotivo acto. Muy necesario en cualquier época el reconocimiento a las personas, que durante décadas se han dedicado a la educación de lis demás. Desde varias trincheras....Universidades, Centros de Capacitación con Categoría A, en fin docentes formados en los 60 y 70, y desde esos momentos con la tiza en la mano, educando a los demás.....Felicidades a los que han logrado conquistar esos hermosos reconocimientos.