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El español nuestro: Lengua materna, propiedad de todos, identidad y pertenencia

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A veces, contra excesos sin timón, el idioma nos pide sentido común, como el de Sancho. “Mire vuestra merced, que aquéllos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas”.

Los ojos recorren los pasajes del Cantar de Mio Cid, que copió de los juglares el monje Per Abat allá por 1200 en un pergamino hoy desaparecido, pero copiado en el XIV en el Códice de Vivar, a su vez transcrito en el XVI, un ejemplar único de larga y accidentada historia, expuesto en 2019 por la Biblioteca Nacional de España y muy pronto regresado a la seguridad de una cámara acorazada…

Intento leer, desde los primeros versos (que no eran los primeros, pues en el largo camino se perdió la primera página):

De los sos oios tan fuerte mientre lorando
Tornaua la cabeça e estaua los catando:
Vio puertas abiertas e vços sin cannados,
Alcandaras uazias sin pielles e sin mantos,
E sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiro Myo Çid ca mucho auie grandes cuydados.

Y sigue el inicio de la canción de gesta, llena de personajes reales, considerada la primera obra narrativa extensa de la literatura española en romance, uno de sus textos fundacionales y cumbre de la épica medieval. La extensa “Historia del famoso Cavallero Rodrigo de Bibar llamado por otro nombre Cid Campeador”, al servicio de los reyes de Castilla, que arranca con su caída en desgracia y destierro:

(…)
Vna ninna de nuef annos a oio se paraua:
Ya Campeador en buen ora çinxiestes espada.
E1 rey lo ha uedado, anoch del entro su carta,
Con grant recabdo e fuerte mientre sellada.
Non uos osariemos abrir nin coger por nada;
Si non perderiemos los aueres e las casas,
E demas los oios de las caras.
Çid, en el nuestro mal uos non ganades nada,
Mas el Criador uos uala con todas sus uertudes sanctas.

Y es cuando decido buscar versiones en castellano moderno:

(…)
La niña de nueve años muy cerca del Cid se para:
“Campeador que en bendita hora ceñiste la espada,
el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
con severas prevenciones y fuertemente sellada.
No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
porque si no perderíamos los haberes y las casas,
perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas”.

O:

Una niña de nueve años a ojo se paraba:
“¡Ya, Campeador, en buena hora ceñisteis espada!
El rey lo ha vedado, anoche de él entró su carta
Con gran recaudo y fuertemente sellada.
No os osaríamos abrir ni acoger por nada;
Si no, perderíamos los haberes y las casas,
Y, además, los ojos de las caras.
Cid, en el nuestro mal vos no ganáis nada;
Mas el Criador os valga con todas sus virtudes santas”.

Luego de unos minutos apreciando la magnitud de las diferencias, el vasto tiempo del idioma que se refleja entre la versión de antaño y estas, vuelvo al inicio del cantar en el español más cercano… Y reanudo la lectura. Comienzo a entender otra vez, con mis ojos de los siglos XX y XXI, la historia de Díaz de Vivar (1045-1099) escrita en el XIII.

Sucede igual con otros textos mayores, como los tomos de la General Estoria, salida entre 1270 y 1284 del taller de traductores y expertos de Alfonso X, el Sabio, que convirtió el castellano en lengua oficial del reino de Castilla y León y, congruentemente, ordenó en romance, no en latín, la traducción de textos anteriores que nutrieron la obra enciclopédica y la escritura de esta, la segunda historia universal escrita en romance y la de mayor cantidad de fuentes utilizadas hasta entonces.

Nos queda muy lejos el castellano medieval. Pero la historia se remonta mucho más atrás. Y no solo a la llegada de los romanos y el latín a Hispania alrededor del 200 a.C., porque en el futuro español quedarían huellas de las lenguas prerromanas que hablaban los pueblos asentados desde antes en la Península.

Con el latín –procedencia de alrededor del 70% de los términos del español– llegaron también helenismos. Y del latín vulgar –el coloquial, no el de grandes obras y tribunas–, que iría desplazando a las lenguas prerromanas y evolucionando de forma diferente en regiones distintas, surgirían las lenguas romances, entre ellas el romançe o romanz de Castiella o castellano.

En el siglo V d.C. arribaron los bárbaros, visigodos en primer lugar, con sus germanismos. Se acentuaron las tendencias que transformaban el latín vulgar en romance. En el VIII, la tierra de ciudades hispanogodas pasó a ser Al-Andaluz, cada vez menos hasta el señalado año de 1492. Los árabes permanecieron durante ocho siglos y dejaron cultura, conocimiento y muchísimas palabras.

Por la Ruta de la Seda (red de rutas de intercambio comercial, cultural, tecnológico y otras influencias, caravanas y migraciones), pasando por el mundo árabe, llegaron desde China el papel y técnicas de impresión que facilitaron la reproducción, la fijación y transmisión de lo escrito. Más tarde, a mediados del XV, la invención de la imprenta permitiría mayor capacidad de reproducción, difusión y homogeneidad (se evitaban las diferencias y variantes de copias a copias, frecuentes en la reproducción manuscrita).

Los enlaces y alianzas matrimoniales entre casas reales entre los siglos XI y XIII propiciaron inmigración de franceses y galicismos (que seguirían ingresando a la lengua en épocas posteriores)… En la era de los Reyes Católicos (1474-1517), el castellano dominaba ya entre las lenguas peninsulares, y en 1492 se publicaban la primera gramática del castellano y el Diccionario latino español, ambos de Nebrija.

La Gramática castellana, primera de las lenguas románicas, definía reglas del español y pretendía preservar la estructura de la lengua cuando estaba casi completada la unidad lingüística de la Península en favor del habla de Castilla, que servía de expresión al desarrollo cultural de España. A finales del XV, y desde los inicios del XVI, corriendo el Siglo de Oro, el “nuevo mundo” que era América para Europa llevó a España toda una nueva literatura y “nuevas” palabras de las lenguas aborígenes.

El español del Siglo de Oro nos parece más cercano, como nos es más clara la escritura de Cervantes o Lope de Vega, en ocasiones más inclinada a lo coloquial. Pero aún entonces continuaba siendo una lengua en evolución, fonética, gramatical y lexicalmente. En verdad, lo es aún hoy.

Se sucedieron gramáticas y tratados de la lengua, escuelas y movimientos literarios, obras cumbres y novelistas y poetas innovadores. Se siguieron incorporando galicismos, italianismos, anglicismosLa evolución de la lengua fue siempre a la par, o detrás, de guerras y conquistas, ocupaciones y migraciones con los consiguientes traspasos e intercambios culturales e idiomáticos; modas, tendencias, movimientos artísticos, políticos y literarios; desarrollos científicos y tecnológicos; escenarios transnacionales y transculturales...

Respondió y responde a la necesidad de armonizar la lengua y fijar variantes, normas o vocablos regionales y nacionales; nombrar fenómenos, objetos, tecnologías y conceptos nuevos, porque no se detienen la historia de la sociedad ni la creación del ser humano.

En 1713 fue creada en Madrid la Real Academia de la Lengua (RAE). Desde 1715, su lema fue “Limpia, fija y da esplendor”. En 1726 publicaba el primero de seis tomos del Diccionario de autoridades (1726-1739). En 1780 se publicaba una nueva versión, el Diccionario de la lengua española, que ha llegado a 23 ediciones, la más reciente en 2014. Desde entonces, se han publicado varias actualizaciones de la versión en línea, la última la 23.5, el pasado año.

Desde el siglo XIX y durante el XX fueron creadas academias de la lengua en países latinoamericanos y caribeños. En 1951 fue fundada la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). Así, se puso en marcha una política lingüística que reúne a las 23 academias de España, América, Filipinas y Guinea Ecuatorial con el fin de fijar la norma común en cuanto a léxico, gramática y ortografía.

Una joya bibliográfica única, el Códice de Vivar (siglo XIV), expuesto brevemente en 2019 en la Biblioteca Nacional de España. Foto: EFE.

A la distancia de ocho siglos, aunque nos resulta lejano el castellano medieval, identificamos en la General Estoria o el Mio Cid palabras que están en nuestra memoria visual e, incluso, en el uso cotidiano. Muchas permanecen en el Diccionario de la Lengua Española (que no es una roca inamovible: entre 1914 y 2014 más de 2 700 términos fueron retirados del DLE, principalmente por caducidad o desuso prolongado y modificaciones ortográficas, y regularmente se agregan nuevos, al igual que nuevas acepciones).

Algunas de esas palabras empleadas hace ocho siglos no las empleamos en el presente, otras ni siquiera las conocemos, pero siguen ahí, usadas por muchos o algunos, necesarias para entender el cuerpo completo del español de hoy y antaño, testimonio de la unidad histórica y geográfica de la lengua.

Hoy, también, usamos con frecuencia no pocas palabras que no están en el DLE y son claramente innecesarias, pues ya existen las adecuadas y certeras (y no tiene nada que ver con el hecho de que es imposible que estén en un diccionario todos los vocablos en uso, todos los derivados posibles a partir de una voz o aquellos que corresponden a jergas especializadas o léxicos dialectales). No hablamos de vocablos necesarios, válidos aunque no estén “oficializados” en la norma, sino de aquellos que expresan desconocimiento e, incluso, desdén por la lengua.

Del habla coloquial y cotidiana a los medios de comunicación, la prensa en lugar destacado. Con demasiada frecuencia empleamos palabras con acepciones totalmente alejadas de las exactas o correctas.

A veces –peor–, hay quienes “crean” sin tomar en cuenta que, para ir más allá de las reglas, hay que conocerlas primero. Se nos llena la lectura de líneas retrilladas, inflamadas de adjetivos y frases inconexas e innecesariamente enrevesadas, pretendidamente lindas –como si fueran fuegos artificiales, no palabras (aunque, de hecho, también en los primeros se necesita un orden)–, una especie de barroco extemporáneo y mal entendido, que si nos sorprendiera en ello Cervantes...

“(…) porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: ‘La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura’. Y también cuando leía: ‘Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza…’.

“Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello”. (Don Quijote de la Mancha)

Cada vez más, todo “constituye”, “resulta”, “representa”, no “es”. Vamos perdiendo de vista la práctica y bella sobriedad del verbo “ser”. Todo “inicia” (y de paso atropellamos el intransitivo pronominal: se reanuda, se inicia…), como si no existieran “comenzar”, “abrir”, “inaugurar(se)”, “empezar”, “arrancar”, “surgir”… Todo lo “realizamos” o “se realiza”, se nos han alejado de la retina el suficiente y práctico “hacer” y también “celebrar”, “viajar” o “visitar” a secas (en lugar de “realizar” un viaje o una visita), “ejecutar”, “llevar a cabo”, “efectuar”, “desarrollar”, “fabricar”, “elaborar”, “componer”, “construir”, “producirse”, “crear”…

Algunos les llaman “verbos asesinos”. Son, también, verbos muy “cansados”.

Abusamos de “impacto” (consecuencia, efecto, resultado, repercusión, secuela, alteración); “de cara a” está de moda (locución preposicional válida, pero con una gama diversa de valores –finalidad, intencional, relacional, de posición o dirección– que nos hace olvidar el sencillo “para” o “con vistas a”, “ante”, “con la intención puesta en” o “la intención de”, “pensando en”, “en relación con”, “hacia”, “mirando a”, “con el objetivo de”, “con el fin de”...).

En la prensa (también en la vida diaria, en reuniones, informes, intercambios, conversaciones) es común el uso de una batería de verbos que pretenden sustituir a “decir” pero que no implican lo mismo, cambian sentidos e, incluso, intencionalidad del hablante (porque no es lo mismo “decir” o “afirmar” que “asegurar”, “recalcar”, “advertir”, “enfatizar”… Hay acepciones distintas y matices. Se “abunda” o se “ejemplifica” diciendo, pero “abundar” o “ejemplificar” no son exactamente “decir”).

Así no estamos “optimizando” la lengua, haciéndola más “práctica”. Le restamos diversidad y flexibilidad, alternativas, riqueza, aire y, sobre todo, exactitud… Hay que dejar que el idioma respire. Entenderlo. Usarlo a conciencia, con sentido común y con el sentido que ofrecen las palabras.

Una cosa es el sujeto nulo o tácito, con su correspondiente seña en la desinencia verbal (agradecemos la ayuda de…), y otra la tendencia desperzonalizante que, de paso, se salta la lógica relación sujeto-predicado y la conciencia sobre el lamentable, y cada vez más frecuente, uso incorrecto del infinitivo (infinitivo introductorio), sobre todo con verbos declarativos. Ya no decimos “agradecemos…” o “queremos agradecer”, “es necesario/ válido/ justo/… agradecer”. Ahora comenzamos el discurso simplemente diciendo “agradecer”: “Agradecer la ayuda de…”/ “Destacar que ha sido duro el trabajo”/ “Señalar que, más allá de las dificultades, logramos...” / “Decirles que”... ¿Es que no existen el sujeto (yo/ nosotros) o su traslación en la forma verbal?

En cuanto al a veces difícil campo de intransitivos, transitivos y las formas pronominales, se nos han sembrado estructuras poco amigables, en ocasiones de dudosa lógica, en ciertos casos empeoradas por la inclusión errónea del complemento indirecto con “a”: “Se concluyó la reparación por los obreros” / “El premio se otorgó por el jurado” / “Los edificios se construyeron por la brigada” / “Se dijo por el doctor que los contagios aumentaron” / “Los trabajos de reparación de la turbina se realizaron por especialistas” / “Se deben implicar a todos los actores desde la base”… ¿No existen la forma directa o la pasiva? Por ejemplo, simple, sobrio y correcto: Los edificios fueron construidos por la brigada / La brigada construyó los edificios / Se debe implicar a todos los actores desde la base.

El uso incorrecto de preposiciones (por adición u omisión), prefijos, signos y mayúsculas, las incongruencias en género y número, las abundantes faltas ortográficas y otros problemas indican que hay mucho que necesitamos hacer hoy por nuestro español. El que hablamos en Cuba, en nuestra oficina, nuestra casa, nuestra familia; el que hablamos y el que hablan nuestros hijos.

De los filmes mal traducidos y subtitulados con errores ortográficos a las publicaciones en que se maltrata el español. De la familia, a la escuela y los medios de comunicación. De la abundancia de avengers y otros metahumanos al casi olvido de héroes que nos encaminaban a la literatura clásica y, de ahí, a las raíces de nuestra cultura y nuestro idioma. Es innegable que la brecha está en cada ámbito. De las apps que nos completan las palabras en el móvil a las que traducen (y he visto en reputados medios de prensa internacionales serios problemas de traducción, como que en un contexto electoral el término landslide se traduzca como “deslave” y no como “triunfo aplastante”). ¿Influyen las nuevas tecnologías y la ola de estímulos visuales? ¿Los juegos digitales? ¿El sino de nativos digitales, la rapidez y el vértigo de la vida en el siglo XXI?

Hay quienes piensan que la supremacía del ámbito digital implica inevitablemente el retroceso en la lectura y otras habilidades humanas, pérdidas que serían “sustituidas” por las ventajas que traen las nuevas tecnologías; que la de los nativos digitales está condenada a no ser una generación con lecturas. O peor, a ser disminuida en razonamiento y, como mencionamos arriba, “calzada” por la tecnología.

Pero, salvando las diferencias entre soportes, también los digitales –solos o combinados con libros en papel– pueden estimular el acto de leer. Y surge entonces la ya vieja pregunta: ¿son las tecnologías, o somos los humanos?

Si antes los adultos íbamos al librero y tomábamos el ejemplar, o a la librería acompañando a los pequeños y llevándolos de la mano, ahora podemos guiarlos, asesorarlos, supervisarlos en el consumo del contenido en una tableta o PC. No es que las nuevas tecnologías nos hayan despojado de nuestra capacidad de enseñar, inculcar valores, dar el ejemplo para educar, conversar e intercambiar con nuestros hijos, proponer y propiciar, estimular sin imponer. En una tableta o PC caben muchos libros y hay espacio para una enciclopedia infantil y para un diccionario. Y hay espacio aún para libros de papel y tabletas a la par. No son excluyentes. En pantalla o papel, igual el Quijote arremeterá contra los molinos.

El idioma y sus estructuras, la ortografía, el léxico, se pueden fijar con la lectura muy temprano, desde la infancia, mucho antes, incluso, de que los niños conozcan las reglas de la lengua. Cuando sucede así, nunca se olvidan. Se ganan capacidades y herramientas vitales para el aprendizaje posterior y el desarrollo de capacidades cognitivas, de atención y concentración, comunicación, imaginación y procesamiento de información.

En cuanto a los adultos, si antes dudábamos al escribir o desconocíamos un vocablo y no teníamos a nuestro alcance un diccionario, debíamos buscar el consejo de alguien más letrado o ir a la biblioteca… Hoy podemos tener uno o más diccionarios en el móvil, la tableta o la PC, y también acceder a ellos en internet. Se ha hecho más fácil.

Personalmente, me quedo con el libro impreso, el sonido y el olor del papel, hojear páginas y anotar en los márgenes. El librero y la sucesión de lomos de libros con títulos, colores y autores a la vista. Pero no deberíamos hacer de la cuestión un conflicto entre leer en pantalla o en papel. La cuestión es, simplemente, leer o no leer, hacer o no el esfuerzo, buscar o no el tiempo, organizar o no rutinas para estimular la lectura en los pequeños.

Hace unos días, un estudiante de Periodismo me comentaba sobre aplicaciones en línea que permiten editar video y destacaba sus virtudes y facilidades.

Yo, quizá más conservador, que hice el recorrido desde las pesadas máquinas Robotron, pasando por las 286, 486 y Pentium hasta el diverso paisaje actual, le aconsejé aprender las herramientas claves, los programas de edición de fotos, video y audio profesionales antes de aprovechar esas facilidades que simplifican; aprender idiomas y traducir por sí mismo antes de usar apps de traducción… Dominar primero las bases de la tecnología, los procesos de creación y prestaciones de software más complejo que, una vez dominado, permite comprender cualquier plataforma.

Igual debería suceder con el idioma. La corrección, el buen uso y la comprensión de la lengua –al igual que la comprensión del mundo en que vivimos y los retos que nos plantea el presente, de modo general– se fijan mejor desde la infancia. El idioma es la base de toda la estructura. Puede ser difícil al principio, pero ese conocimiento abrirá las puertas hacia más conocimiento.

El tema del Día Internacional de la Lengua Materna 2022 es “El uso de la tecnología para el aprendizaje multilingüe: desafíos y oportunidades”. Foto: Unesco.

La lengua materna –la “primera que una persona aprende a hablar”; de maternus: mater (madre) y nus (procedencia, pertenencia)– es nuestro instrumento natural de pensamiento y comunicación, de expresión de nuestra identidad y nuestra cultura. De ella provienen nuestras primeras palabras, con ella comenzamos nuestro aprendizaje del mundo. Crecemos con ella. Nunca nos abandona.

Conociéndola mejor es más probable que dominemos mejor una lengua extranjera, que podamos adentrarnos en cualquier rama del conocimiento, asimilar más cabalmente los flujos crecientes de información que recibimos y transmitir nuestras ideas, participar en la vida social.

El español conecta hoy un amplio espacio geográfico con casi 600 millones de hablantes, por encima de normas y variantes nacionales y regionales. Expresa un vasto universo cultural y lingüístico que va más allá de la geografía y abarca siglos de historia. Es de todos y no deja de cambiar; común y a la vez diverso, plural. Su futuro está en el equilibrio entre esa pluralidad y su unidad lingüística. “Limpia, fija y da esplendor”, dice el lema de la RAE desde 1715. Renovar, modernizar, pero sin empobrecer formas ni perder identidad y esencia.

2020: actualización 23.4 de la versión digital del DLE (2 557 novedades, tanto enmiendas como adiciones, incluidos los términos coronavirus, covid, desconfinar, desescalada, distópico, antirretroviral, melatonina, vigorexia, emoji, avatar, trol y trolear. Por ejemplo, se sumó una acepción a “hilo”: cadena de mensajes sobre un asunto en foros de internet o redes sociales).

2021: actualización 23.5 (introduce 3 836 modificaciones, tanto adiciones de artículos y acepciones como enmiendas. Aparecen términos como bitcóin, bot, ciberacoso, ciberdelincuencia, criptomoneda, geolocalizar, webinario, quinoa, buseca, chuteador, repentismo, salvada y sambar, cubrebocas, nasobuco, hisopado, poliamor, transgénero, cisgénero, pansexualidad y las formas complejas burbuja social y nueva normalidad.

Ganan nuevas acepciones “audio”, como mensaje sonoro enviado digitalmente; “compartir”, como poner a disposición de otro un archivo, enlace u otro contenido digital; “cortar” y “pegar” en sus significados en el área informática, además de añadirse la forma coloquial “cortapega”.

Se han publicado 22 comentarios



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  • El Jabalí dijo:

    En mi opinión el lenguaje "inclusivo" afea bastante nuestro idioma.

    • Joel dijo:

      Ya el idioma es inclusivo.

    • Uno ahi... dijo:

      El lenguaje inclusivo no existe, sencillamente un par de gentes quieren cambiar el lenguaje a su gusto, irrespetando las reglas establecidas por la autoridad competente. Quieren lenguaje inclusivo? perfecto, comencemos por publicar libros en braile para que los ciegos puedan leer, impartan cursos de lenguaje de señas para comunicarnos mejor con los sordomudos, eso es ser inclusivo. No voy a llamarte ELLE porque esa palabra no existe y yo hablo correctamente. No dire perros y perras. Si no te gusta como hablo, respeta mi derecho a no hablar contigo.

  • Rosa dijo:

    Creo que es casi imprescindible que se aborde el tema del mal uso del idioma en espacios como este. Necesario es tener a mano este tipo de artículos que nos dé herramientas para discutir con los que no tienen la menor intención de colaborar en este sentido. Celebro su publicación, pero extraño que no se mencione la no tan reciente aparición del llamado "lenguaje inclusivo" que distorsiona fuertemente nuestro castellano y genera la falsa impresión de que con su uso se está incluyendo a todos y evitando discriminaciones. Como si nuestro idioma no tuviera eso ya contemplado en su estructura y en el significado de las palabras. Saludos Cubadebate.

  • Ronal Carrero Texidor dijo:

    Gracias colega, por favor salvemos y cuidemos nuestro Idioma, el español nuestro.

  • Teresa Fernández dijo:

    Esa tontería de ¨niños y niñas", no sé hasta cuándo, ya ni los periodistas, que se supone que dominen su idioma, lo respetan. Debían, alguna que otra vez, visitar el sitio de la RAE (Real Academia Española) y enterarse de cómo son las cosas. Darío Villanueva, quién fuera Director de la RAE ha expresado, en respuesta a una insólita solicitud: "El problema está en confundir la gramática con el machismo. Las lenguas se rigen por un principio de economía; el uso sistemático de los dobletes como miembro y miembra, acaba destruyendo esa esencia económica. Las falsas soluciones, me parecen absurdos, ridículos y totalmente inoperativos." Deben alfabetizarse los periodistas, conductores de programas, locutores, etc... Cada día se oyen más disparates!!!

  • Adjunto dijo:

    Como todas las modas y modismos, generalmente nada aportan y mas bien conllevan a convertir lo serio en consignas vacías - niños, niñas y adolescentes, nuestro (nuestrismo innecesario), falta de concordancia entre genero y numero, etc. El uso de frases con significado diferente a la idea que se desea expresar, verbos inventados (aperturar, por ejemplo, que enseguida genero un singular numero de seguidores (llegamos a un clímax en que nada se inauguraba, se abría, se iniciaba, etc. Todo se Aperturaba!!!). Los periodistas y demás trabajadores de la comunicación, deben ser celosos guardianes de la lengua. No sus verdugos. Y lo tontería en el uso del idioma, como la falta de escuadra en la construcción, siempre esta presente para dificultarnos el trabajo.

  • Abraham dijo:

    El idioma no excluye, todo lo contrario, me agrada el artículo. Que bueno que Deny se ocupa, aprovecho para colocar lo siguiente:

    SOBRE IGNORANTES E IGNORANTAS: Carta de una Profesora con acertadísima y lapidaria frase final
    Carta de una Profesora con acertadísima y lapidaria frase final. Este texto fue escrito por una profesora de un instituto público, por eso su opinión es importante y hay que escuchar
    Yo no soy víctima de la Ley Nacional de Educación.
    Tengo 60 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
    En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
    la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña".
    Luego, cuando eras un poco mayor, llegaba "Semillitas", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto.
    Eso sí, en el Semillitas, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos.
    En Primaria estudiábamos Lengua , Matemáticas , Ciencias, no teníamos Educación Física.
    En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
    En Bachillerato, estudié Historia de España, Latín, Literatura y Filosofía.
    Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...
    Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
    Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
    Y.. vamos con la Gramática.
    En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
    El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente".
    ¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene identidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "ente".
    Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
    De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice"estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no "dirigenta"; "residente", no "residenta”.
    Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
    Les propongo que pasen el mensaje a vuestros amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).
    Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
    SI ESTE ASUNTO "NO TE DA IGUAL",
    PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA HACIENDO BIEN HASTA EN LOS MINISTERIOS.
    Porque no es lo mismo tener "UN CARGO PÚBLICO" que ser "UNA CARGA PÚBLICA".

    • ng dijo:

      lo mejor que he leido en tiempos, te lo dice un especialisto

    • Manuel dijo:

      Lapidaria esta carta!!!!

    • Uno ahi... dijo:

      Genial!!

    • Roly dijo:

      ¡Participio activo del verbo ser! ¿Grabaste?

    • Andrés Cárdenas O´Farrill (comento desde hace años como "Andrés" a secas, pero trato de diferenciar mi opinión, por respeto a mis muchos tocayos) dijo:

      Excelente llamado de atención Abraham. Soy de los que piensa que hay que librar las luchas por la emancipación y la igualdad con racionalidad. Ciertamente la ideología suele crear estragos en estos asuntos, y los ejemplos que empleas para ilustrarlo son muy a lugar.

      Pero, por otro lado, y este criterio lo extiendo al excelente artículo de Deny, no podemos encontrar un momento en la historia de nuestra lengua, ni de ninguna otra, dónde la ideología no haya jugado un rol primordial, positivo o negativo. En mi opinión lo que Deny llama "identidad y esencia" no puede verse como algo inamovible, sino como categorías dinámicas. Tanto identidad como esencia varían con la renovación y la modernización. Hablar de salvaguardarlas a ultranza es en sí mismo un acto de reafirmación ideológica, lo cual inevitable y necesariamente incompleto. Es en este sentido en el que discrepo con la conclusión de Deny (aunque los ejemplos del uso, abuso y desuso del lenguaje en el periodismo, son excelentes; también lo es su arenga histórica). En mi opinión, lo mismo aplica a tu llamado de atención en cuanto a los géneros. De modo que, puede que en algún momento se decida estandarizar el uso de todos esos neologismos, sin duda incómodos cuando se trata de participios activos, que atribuyes a veleidades ideológicas. Todo dependerá del impacto práctico que estos cambios tengan en la vida diaria y del poder de convocatoria que tengan los grupos sociales que los impulsan.

      Creo que la ideología estará siempre presente en estos debates Abraham; es algo que la academia de la lengua ha reconocido de un modo u otro en diversas ocasiones. Si esto no ha sido evidente en algunos contextos es, en mi criterio, por la falta de debate entre diferentes tendencias y grupos, lo cual tiende a reforzar la idea de que existen principios inamovibles en nuestro uso de la lengua. Pero no es lo que dice la historia. Esto no quiere decir que no haya reglas idiomáticas que tengan un verdadero sentido antropológico y práctico, pero no es así con la mayoría de ellas y por ello debe estar sujeto a debate. Por lo general estas reglas varían con mucha frecuencia a lo largo del tiempo. La decisión sobre lo que se usa o no, sobre lo que es correcto o no, dependerá de un debate racional en el que cada parte tenga la oportunidad de desarrollar sus argumentos de modo pausado y lógico, del mismo modo en que tú lo has hecho aquí de forma tan elocuente.

  • Alejandro dijo:

    Interesante reflexión, pero pienso que el problema es mucho mas serio porque en el artículo 2 de nuestra constitución dice que el idioma de la República de Cuba es el español, en la realidad es el englishñol (mas english mal pronunciado por supuesto) que ñol y lo mas triste es que el idioma es parte de la identidad de una nación y al paso que vamos dentro de unos pocos años necesitaremos traductores para entendernos con el resto de los hispanohablantes, pues ya tenemos en uso un dialecto o jerga que mete miedo ante la pasividad total de las instituciones que debían velar por eso (Academia cubana de la lengua, UPEC, UNEAC. etc) con "profesionales de la palabra" que parece que no recibieron la asignatura en sus carreras y muy extraño que es una regla sin excepciones (la única). Lo que si está generalizado es el esnobismo pues algún "ilustre" sustituye una palabra existente por un disparate y se riega como pólvora encendida haciendo desaparecer en poco tiempo el termino correcto.
    Otro asunto que parte el alma son los susbtítulos (Tenemos que decirlo en inglés Close caption) donde los encargados de esta tarea son "cintas negras" 6to. Dan en antigramática y faltas de ortografía también sin excepciones.
    Pienso que el problema es tan serio y grave que la alta dirección del país debe tomar cartas en el asunto para tratar de rectificar si aun es posible.

  • vero dijo:

    Tantos que hay por ahi defendiendo el llamado "lenguaje inclusivo", mejor aprendan lenguaje de señas o braille, qu eso si sería inclusivo, he dicho.

  • Frank D dijo:

    Excelente artículo que debería ser material de estudio en toda nuestra prensa ya sea escrita e impresa en papel o digitalizada, es muy válido todo lo que se explica y sería muy necesario que se replicase en todos los canales existentes ahora mismo. Espero con ansias ver alguna referencia al este escrito el fin de semana. Aunque ya sé que no necesariamente será leído por los más interesados. Felicidades

  • Cuko dijo:

    Los narradores deportivos de por aquí tienen que tener cuidado con el lenguaje: tenemos a uno que abusa del término "justamente".
    "Justamente la tiene Dembélé, pasa a su lado Jordi Alba y se la pasa justamente...". Otro ha inventado nuevas palabras como recobración para referirse a que un futbolista recuperó el balón perdido y a otro de nuestros comentaristas le gusta mucho la palabra emponderamiento.

  • UNA TARDE DE NOVIEMBRE dijo:

    Creo que el lenguaje inclusivo no tiene por que ser dañino.........mientras no altere la ortografía, la conjugación de los verbos o el verdadero significado de las palabras.........creo que decir ¨niños y niñas¨........¨cubanos y cubanas¨.......¨hombres y mujres¨¨........en nada le hacen algún daño al idioma..........todo es cuestión de saber considerar y respetar la dosis adecuada de cada cosa..........En tiempos en que el recuerdo noble de la inclusión de todos los seres vivientes del planeta ya resulta algo realmente inprescindible......... el idioma también ya debe de adaptarse al rigor de la exigencia social y natural de los nuevos tiempos.

  • Tranquilino dijo:

    Deny, excelente artículo. Y muy necesario. Qué importantes es comunicarnos con nuestros semejantes correctamente. Nos dejamos llevar por los correctores de textos y los software de cálculos y un día no sabremos escribir y calcular. Luego no sabremos pensar. Desde hace algunos años hay una palabra que se repite hasta el cansancio por muchos jefes a todos los niveles. TEMA. Ahora vamos a analizar el tema agua. Sobre el tema transporte quiero decir tal o más cual cosa. Las reuniones mal dirigidas por funcionarios con pocas habilidades para comunicarse y explicar los asuntos, en varias ocasiones son las fuentes de palabras mal utilizadas, ya que subordinados asistentes las reproducen en las reuniones que mal dirigen en los niveles inferiores. TEMA, no es la única.

  • Carlos E. Molinet dijo:

    Muy bueno, Deny.

    Como componente importantísimo de lo publicado globalmente en Español, quisiera referirme a los textos en nuestro idioma (perdonen el "nuestrismo") en la Red, de un volumen ya inmenso y que crece exponencialmente.
    Sigo diciendo a quien me quiera oir que, tocante a los textos en Internet, el 80% tiene errores, al menos yo los encuentro. No escapan de esa plaga ni siquiera sitios bien reputados y clasificados de escritura de contenidos. Órganos de prensa famosos... blogs de todo tipo,,, ¡sitios Web académicos!

    Otro tema es el de las traducciones, en las cuales es importante dominar el idioma/destino más que el idioma/origen. Los programas de corrección simultánea en línea -un recurso nuevo- pueden enmendar algo de ortografía pero aún no resuelven todo el barraje de barbarismos, errores de concordancia, pleonasmos, redundancias y un largo etcétera, agravado por la mala pasada del estrés, de las traducciones automáticas, del apuro por fin de plazo, del teclado No-español, de las uñas demasiado largas (problema "inclusivo) o cualquiera de las mil trampas que acechan a un buen texto digital.

    Una anecdota como ejemplo: Hace un tiempo leí en el famoso Revolico una oferta de edición de subtítulos para video, donde el ofertante decía ser Licenciado en Lengua Ingflesa, haber trabajado en Inglaterra y otros países angloparlantes y tener tal y más cuál experiencia, etc. Todo el anuncio era un trágico ejemplo de cómo no se debe escribir en Español.

    Y otra peor: El dueño de uno de los blogs especializados en Comercio Electrónico más visitados del habla hispana, cuando le avisé que tenía este problema, tuvo la increíble salida de, no solo no contestarme directamente, sino, en su siguiente post, traer a cuento el tema de las erratas y escribió que ellas "sazonan" y "humanizan" los textos, que estaban bien y que sin ellas el texto parecería un producto robótico. Sin comentario...

  • yam dijo:

    Muy bueno el comentario de Abraham. Antes de hacer el idioma más inclusivo por lo menos deben dominar el 10% de su vocabulario y el 5% de sus reglas. En la era digital existen más errores que en la era analógica.

  • Casandra dijo:

    Yo me conformo con que se eliminen las obscenidades que se escuchan a gritos en las calles, prestemos oídos y hágase algo al respecto

Se han publicado 22 comentarios



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Deny Extremera San Martín

Deny Extremera San Martín

Periodista de Cubadebate. Ha trabajado en Radio Reloj, Casa de las Américas y otras instituciones y proyectos periodísticos.

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