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6D: Elecciones parlamentarias en Venezuela (Parte I)

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La mayoría de los factores y variables que pueden incidir en el evento electoral del próximo 6D en Venezuela, muestran un comportamiento que debe favorecer el triunfo del chavismo. Foto: HispanTV

La mayoría de los factores y variables que pueden incidir en el evento electoral del próximo 6D en Venezuela, muestran un comportamiento que debe favorecer el triunfo del chavismo. Foto: HispanTV

El 6 de diciembre (6D) tendrá lugar en Venezuela una elección parlamentaria que será fundamental en aras de consolidar la estabilidad y gobernabilidad de ese país.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro llega a ese evento en un momento de complejidad, principalmente en materia económica, y no solo por las afectaciones globales de la COVID-19, sino también por el impacto de acciones de aislamiento diplomático, y la guerra y bloqueo económico con los que EE.UU. y sus aliados pretenden rendir a la nación bolivariana.

Vale recordar la postura de la OEA, las presiones directas de la Casa Blanca sobre países del área, las denuncias del ejecutivo chavista sobre expropiaciones de fondos y bienes (el oro en bancos de Reino Unido y Alemania, CITGO), las varias amenazas y acciones de carácter militar incluido el Girón venezolano de este año, o de interceptar buques petroleros en plena mar, y la persecución de capitales venezolanos o insistencia en impedir financiamientos y préstamos. Todo ello -por supuesto- sin ningún apego a las más básicas leyes de la diplomacia internacional.

No es menos cierto que internamente, en los problemas económicos influyen deficiencias organizativas en procesos relacionados con la gestión de esa área, expresiones de corrupción en varios eslabones de la cadena económica, y el tráfico de bienes y productos estimulados por una disparidad cambiaria que incide en la inflación y se promueve desde las fronteras vecinas. No es cuestión de desconocer estos problemas -que en su mayoría tienen expresiones mucho más graves en otros gobiernos de la región-, pero menos puede minimizarse la intención con que son incitados desde el exterior, y exaltados con gravedad por la mass media occidental, así como el andamiaje de ONG, gobiernos y líderes probetas que se alientan de intereses y de fondos firmados en Washington.

Sin embargo, este ambiente socio-económico de marcada hostilidad contra Venezuela, no es exclusivo de estas elecciones. Si bien se manifiesta ahora con mayor beligerancia, ha sido en cada convocatoria electoral un guion recurrente de la oposición venezolana y de EE.UU., al cual no obstante, el gobierno y el pueblo han logrado superar con valentía, resiliencia, y al mismo tiempo ha demostrado que la unidad cívico-militar no es una mera bandera de campaña. El chavismo ha aprendido de sus adversarios y de sus propias derrotas.

Recordemos que estos comicios parlamentarios vendrán a renovar la Asamblea Nacional (AN) electa en 2015, controlada por una mayoría opositora que pronto desvirtuó sus funciones legislativas para intentar asumir un poder ejecutivo totalmente ajeno a sus responsabilidades. Sumado a ello, destacan irregularidades en la elección de los diputados del estado Amazonas, determinantes para que el Tribunal Supremo de Justicia declarara a la AN en desacato, y asumiera, a través de su Sala Constitucional, el rigor de la actividad legislativa, la cual cedió en 2017 a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), instaurada como suprapoder nacional.

Por cierto, la AN nunca corrigió su posición ni retomó la constitucionalidad, en buena parte por la prepotencia y las diferencias internas de la bancada opositora, y por la imposición de intereses foráneos. La agenda parlamentaria del periodo que cesará en enero de 2021 -cuando asuman los diputados electos este 6D-, ha sido en consecuencia, inválida dado su estado de desacato.

En tanto, desde la ANC el chavismo mantuvo su tradicional actividad legislativa, alineada al ideario bolivariano y a la defensa de las clases sociales más vulnerables. Logró, en términos de legislación, hacer mucho más que lo conseguido por la AN opositora. Este es, precisamente, uno de los criterios que argumentan las posibilidades del chavismo para imponerse el 6D, pues a pesar de la complejidad de la situación económica descrita, el gobierno ha sido consecuente con las políticas, programas y misiones sociales creadas por el Comandante Chávez, y ampliadas por Maduro.

Por cinco años, la derecha venezolana fue incapaz de constituirse en una alternativa creíble para el chavismo desde el espacio legislativo, y desperdició el capital electoral recibido de sus bases y por algunos sectores de la población que pasaron factura al ejecutivo, dada la crisis económica que vivía ese país. Peor aún, diputados opositores se afanaron en estrategias fabuladas que moldearon la esperanza de sus seguidores para salir de Maduro. Con la inviabilidad objetiva de tales proyectos (que contemplaban promesas de intervención militar de EE.UU. o incitar golpes de Estado, entre otros), la ilusión empezó a mutar en frustración, desencanto y desentendimiento. A su vez, muchos de esos diputados se ocuparon más de victimizarse y acumular presuntos méritos para un autoexilio en Colombia o Miami, que de las responsabilidades para las que fueron electos. Estos elementos justifican que no pocos votos que la oposición incorporó en el 2015, retornaron al chavismo en los posteriores eventos electorales.

Otro factor que será determinante para el triunfo del Gran Polo Patriótico (GPP, coalición de partidos encabezada por el PSUV) es su capacidad organizativa y movilizativa. Téngase en cuenta que el PSUV, con unos 7.8 millones de militantes, es el mayor partido socialista de Latinoamérica, y aunque no todos voten, el núcleo que sí lo hará, inclinará la balanza en su favor. Ningún otro partido o coalición de partidos que participarán este 6D, cuenta con la estructura funcional del PSUV, cuya célula básica está a niveles de parroquias y barrios. Y como es habitual, el PSUV ha logrado incorporar al GPP a otras fuerzas políticas con las que comparte intereses y que le aportan considerables votos.

Si sumamos a ello que el liderazgo de los partidos opositores de mayor relevancia (Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, COPEI, el Voluntad Popular de Leopoldo López y Juan Guaidó, y el Primero Justicia de Julio Borges, del cual se ha distanciado Henrique Capriles) han llamado una vez más a sus militantes al abstencionismo y a desconocer el proceso, resulta sumamente difícil que los adversarios electorales del chavismo que sí participarán, logren obtener resultados favorables.

Recordemos que solo en dos ocasiones (Referendo Constitucional de 2007 y Parlamentarias de 2015), la derecha ha derrotado al chavismo, pero en ambos casos fue fundamental la unidad de la oposición, y que esta lograra arrastrar a chavistas descontentos o confundidos. Sin embargo, para el 6D no habrá unidad en la oposición, y los descontentos parecen estar más de ese lado que en el chavismo.

Cierto que varios sectores de la oposición participarán, ajustados al juego democrático y constitucional que tanto demanda Venezuela; pero no constituyen un bloque sólido que pueda representar -por ahora- un riesgo para el GPP. Son fuerzas emergentes, pero no han alcanzado en su conjunto ni siquiera un 35% en eventos electorales precedentes.

El “espejo electoral” más cercano al 6D -en condiciones de participación de partidos y fechas- serían las presidenciales y las municipales de 2018. Aquellos procesos y el que tendrá lugar este 6D, tienen variables electorales similares, como la composición de las diferentes coaliciones políticas en juego -salvando alguna que otra readecuación de alianzas de derecha-, el abstencionismo que reclama parte no despreciable de la oposición, y el comportamiento de varios indicadores sociales, económicos y políticos que podrían incidir en la decisión del votante (dichos indicadores, sobre todo los económicos, son tensos y complejos, pero el gobierno ha logrado estabilizarlos y evitar que constituyan un factor de movilización o detonante de protestas).

Por tanto, asumiendo que estas variables electorales muestran hacia el 6D un comportamiento similar al 2018, no debe haber diferencias sustanciales en los resultados porcentuales que obtendrá cada coalición; ello claro, si tampoco ocurren eventos extraordinarios que sí afecten la intención del voto.

Un último elemento a considerar: la nueva normativa incorporada en junio pasado por el Consejo Electoral Nacional (CNE, renovado con vistas a estos comicios),  incorporó más curules elegibles por el voto nominal y por la lista estadual, y estrenó la lista nacional, para ampliarse hasta 277 escaños. Las reglas son parejas para todas las coaliciones concurrentes, pero no es menos cierto que aquellas fuerzas políticas con mayor peso en cada estado y a nivel nacional, sacarán mejores créditos en los 144 escaños que reparten ambas listas. Y ahí nuevamente, el GPP y el PSUV, concretamente, deben hacer valer su mayor militancia.

A modo de resumen, la mayoría de los factores y variables que pueden incidir en el evento electoral del próximo 6D en Venezuela, muestran un comportamiento que debe favorecer el triunfo del chavismo. En esencia, el gobierno ha trabajado por cinco años para recuperar el control de la Asamblea Nacional, mientras aquella oposición que ganó en el 2015, derrochó ese tiempo hablando de “pajaritos preña'os”, como se diría en buen venezolano. Y en lugar de legislar para defender su espacio político, se dedicó a caotizar los equilibrios de poderes de ese país. El 6D sin dudas, el pueblo bolivariano hará sentir su voluntad.

Sobre las implicaciones internas y externas que tendría la eventual victoria del chavismo el 6D, estaremos refiriéndonos en una próxima entrega; y por supuesto, también haremos mención al futuro del autoproclamado presidente de Venezuela Juan Guaidó.

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  • Amaya dijo:

    La mesa está servida, todo parece indicar que será una victoria del Chavismo y las fuerzas revolucionarias, se aprecian a simple vista hondas y profundas contradicciones entre los opositores

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