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Perlas de Enero en Revolución (I)

En este artículo: Cuba, Fidel Castro Ruz, Revolución
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Fidel y Camilo

Por Eugenio Suárez Pérez y Acela Caner Román

Con este título iremos publicando algunos de los momentos acontecidos en cada mes de 1959. Así, presentaremos las Perlas de Febrero en Revolución, de marzo hasta concluir en diciembre.

¡Al fin hemos llegado a Santiago!

En las primeras horas de la madrugada del Primero de Enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista Zaldívar abandona el país, no sin antes tratar de escamotear el triunfo de la Revolución.

Durante el día, las fuerzas rebeldes se adueñan de la ciudad de Santiago de Cuba. Muy tarde en la noche, miles de personas se congregan en el parque Céspedes, frente al Ayuntamiento de la heroica ciudad, para escuchar, en el primer acto político, al líder máximo de la Revolución triunfante.

Las palabras iniciales de Fidel son: “Compatriotas de toda Cuba: ¡Al fin hemos llegado a Santiago! Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado”.

Luego esclarece lo sucedido en las últimas horas, en particular el intento de golpe militar que se produjo en La Habana. También hace saber que tan pronto concluya el acto marchará hacia la capital con las tropas veteranas de la Sierra Maestra, los tanques y la artillería, para que se cumpla la voluntad del pueblo.

Fidel en este primer discurso expone el papel que le correspondería al pueblo en la defensa de la Revolución:

Los fusiles se guardarán donde estén al alcance de los hombres, que ­tendrán el deber de defender nuestra soberanía y nuestros derechos, pero ­cuando nuestro pueblo se vea amenazado no pelearán solo los 30 000 o 40 000 miembros de las fuerzas armadas, sino pelearán los 300 000 o 400 000 o 500 000 cubanos, hombres y mujeres, que aquí pueden coger las armas. Habrá armas necesarias para que aquí se arme todo el que quiera combatir, cuando llegue la hora de defender nuestras libertades, porque se ha demostrado que no solo pelean los hombres, sino pelean las mujeres también en Cuba, y la mejor prueba es el pelotón Mariana Grajales.

El líder de la Revolución concluye su discurso en la madrugada del 2 de enero. A continuación, el doctor Manuel Urrutia presta juramento como presidente provisional de la República de Cuba y se dirige al pueblo. El acto termina con el desfile de una columna de tanques e infantería frente al Ayuntamiento de Santiago.

Los Estados Unidos esperan con cautela la formación del nuevo gobierno

El número con que el periódico Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio, inicia el año 1959, da a conocer una de las ­primeras declaraciones de los Estados Unidos respecto al gobierno que se formará en Cuba:

El gobierno de los Estados Unidos se mantiene a la expectativa con respecto a la seguridad de los ciudadanos norteamericanos en Cuba, y espera con cautela la formación de un nuevo gobierno. Tanto la Casa Blanca como el Departamento de Estado manifestaron que no es de temerse que los ciudadanos norteamericanos sean objeto de ataques, pese a los desórdenes que ocurrieron ayer en Cuba tras la huida del ex dictador Fulgencio Batista. En ambas fuentes se declinó comentar sobre los posibles pasos hacia el reconocimiento de un gobierno, que está ahora en proceso de formación, bajo el dirigente rebelde Fidel Castro.

Entretanto la embajada cubana en Washington fue tomada de manera apacible por partidarios de Fidel Castro. El embajador Nicolás Arroyo renunció formalmente y nombró como encargado de negocios a un diplomático de carrera, Emilio Pando.[2]

Parte la Caravana de la Libertad

Poco después de concluido el acto en Santiago de Cuba, Fidel parte rumbo a Bayamo. Comienza el recorrido de la Caravana de la Libertad. A su paso se rinden soldados y cuarteles. El pueblo, con una alegría sin precedentes, saluda al victorioso Ejército Rebelde y a su Comandante en Jefe.

La salida de Santiago de Cuba es por el camino viejo de El Cobre, después toman otra vez la Carretera Central. La caravana, una cola interminable de vehículos llega a Palma Soriano. Al paso por Jiguaní, la población corre hacia la vía. En Santa Rita hay un cordón humano a ambos lados. Fidel, desde el carro, habla con la gente en cada parada. Se detienen en Cautillo antes de entrar a Bayamo y allí se efectúa una reunión con los oficiales del ejército batistiano. En las conversaciones, inclinan las banderas y rinden las armas. Sin combatir, sin sangre, se gana una victoria más. A las once de la noche entra la caravana, con Fidel al frente, a Bayamo.

Mientras en Santiago de Cuba, en las primeras horas del 2 de enero, el presidente Manuel Urrutia ha hecho pública una decisión de suma importancia para el país.

Declinó a favor del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz la jefatura de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire, mando que, por la Constitución de 1940, correspondía al primer magistrado de la nación. En esta nueva condición Fidel impartió numerosas órdenes a ­todas las fuerzas militares incorporadas a la Revolución.[3]

Antes de que finalice el día 2 de enero, los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara ocupan las principales fortalezas militares de la capital de Cuba, en cumplimiento de las órdenes dictadas por Fidel el día anterior.

Al día siguiente, el 3 de enero, el Comandante en Jefe Fidel Castro emite la primera orden militar después de constituido el gobierno revolucionario, en la cual nombra al comandante Camilo Cienfuegos jefe de todas las fuerzas de Tierra, Mar y Aire que radican en la provincia La Habana.

Constitución del Gobierno Provisional revolucionario

Ese mismo día, en la ciudad de Santiago de Cuba se constituye el Gobierno Provisional revolucionario. Resultaba indispensable que los ministros tomaran posesión de sus cargos y el gobierno revolucionario tuviera una sede. No era apropiado que el presidente Urrutia continuara ejerciendo sus funciones en una casa particular, y se proponen distintas variantes: el Ayuntamiento, el Palacio Provincial y la Universidad de Oriente. Se optó por esta última, y en su biblioteca comenzó el gobierno a ejercer sus funciones.

Se tomó el acuerdo de que el primer acto oficial que se celebrara fuera para honrar la memoria del Apóstol José Martí en el mausoleo que guarda sus restos, en el cementerio de Santa Ifigenia. Por la situación que prevalecía en la ciudad, la ofrenda floral no se pudo llevar a efecto hasta el atardecer. También en horas de la tarde en el salón de la biblioteca de la Universidad de Oriente, engalanado con las banderas de las repúblicas americanas –incluida la de Puerto Rico– se hizo el acto de juramento de los que integrarían el primer consejo de ministros de la Revolución.

Las palabras de bienvenida a la alta casa de estudios fueron pronunciadas por el vicerrector, doctor Alberto Duboy Guernica. En nombre del jefe de la Revolución y de los ministros que jurarían sus cargos, habló Armando Hart, como miembro de la dirección nacional del M-26-7.

Facilitar la publicación de todos los órganos de la prensa escrita

La Caravana de la Libertad avanza con lentitud; se detiene en pueblos y poblados. En horas de la tarde del sábado 3 de enero, en el Instituto Politécnico de Holguín, Fidel ofrece una larga entrevista de prensa en la que prima el llamado a la unidad. Desde esta ciudad, el Comandante en Jefe pide a los órganos de la prensa escrita que reanuden sus publicaciones.

Pasaron por Victoria de las Tunas y llegamos a los límites con la provincia Camagüey al amanecer del día 4. En la mañana, con una columna de tanques de guerra, bajo una lluvia de flores y vivas de la multitud, entraron a la ciudad agramontina.

En horas de la noche, por primera vez, miles de camagüeyanos pudieron ver ante sí a Fidel, cuando desde la Plaza de la Caridad se dirigió al pueblo en su histórico primer discurso en esta ciudad.

Durante la estancia de Fidel Castro en Camagüey, el 4 de enero, varios periodistas lo entrevistan, y envía también un mensaje al periódico Revolución, cuyo facsímile aparece en la primera página de la edición del siguiente día; en él ordena el cese de la huelga general.

El Gobierno Provisional se traslada para La Habana

El 4 de enero, el presidente del Gobierno Provisional recibe una nota en la que Fidel Castro le propone que se traslade para La Habana. Antes de partir de Santiago de Cuba, el consejo de ministros emite la primera nota oficial del gobierno revolucionario, donde expresa que por primera vez en nuestra historia patria, Santiago de Cuba ha sido sede de la constitución del gobierno de la república, según el deseo y la promesa del doctor Fidel Castro y del propio señor presidente; al mismo tiempo significa que este gobierno nunca podrá olvidar el apoyo y el calor con que el pueblo santiaguero le ha acogido durante el tiempo que Santiago de Cuba ha sido la sede oficial del mismo. También, para aumentar aún más la importancia histórica de esta ciudad, el gobierno de la república acordó:

1. Aprobar la Ley Fundamental del Estado cubano basada sustancialmente en la Constitución de 1940, con las modificaciones que las actuales circunstancias y las exigencias de la Revolución demanden.

2. Declarar disuelto el Congreso y extinguidos los mandatos de gobernadores, alcaldes y concejales.

3. Nombrar una comisión que se encargue del estudio de todas las disposiciones legales dictadas por la tiranía que deban ser derogadas.

La caravana continúa su rumbo, Ciego de Ávila, Jatibonico, y tarde en la noche del lunes 5 de enero arriba a la ciudad de Sancti Spíritus. Llega al parque Serafín Sánchez y a pesar de la lluvia y el frío, otra vez se hace patente la admiración, el cariño y la alegría del pueblo. Pasada la medianoche, desde los balcones de la sociedad El Progreso, Fidel le habla a los espirituanos.

Nombrados nuevos ministros

Mientras, en La Habana, la misma noche del 5 se efectúa la segunda sesión extraordinaria del consejo de ministros, en la que se toman varios acuerdos, entre ellos la extinción de los Tribunales de Urgencia de la república, la disolución de la SalaSegunda de lo Criminal del Tribunal Supremo, la derogación en todas sus partes de la Ley N.0 12 de 1957 y el nombramiento de nuevos ministros: José Miró Cardona, primer ministro; doctor Luis Orlando Rodríguez Rodríguez, ministro de Gobernación, encargado de la Defensa Nacional; ingeniero Manuel Ray Rivero, ministro de Obras Públicas; doctor Humberto Sorí Marín, ministro de Agricultura; doctor Raúl Cepero Bonilla, ministro de Comercio, encargado del Ministerio de Hacienda; doctor Manuel Fernández García, ministro del Trabajo; doctor Armando Hart Dávalos, ministro de Educación.

La Caravana de la Libertad pasa por Guayos, Cabaiguán, Placetas, Falcón y arriba a Santa Clara al amanecer del 6 de enero. Al mediodía, en el parque Leoncio Vidal, Fidel le habla al pueblo de Santa Clara. Una delegación de cienfuegueros le solicita que viaje a la Perla del Sur antes de seguir para La Habana. Y en horas de la tarde entraron a Cienfuegos. Como en todas partes, la gente salía a las aceras y abandonaba el trabajo. Fidel estuvo en Cayo Loco, donde el ambiente era de tensión. Las fuerzas de marinos que habían servido a Batista estaban intactas. Fidel se encaramó ­sobre algo y su figura se elevó sobre el resto, ofreciendo un ­blanco magnífico. Se hizo el silencio. Habló:

–Crearemos una marina que será el orgullo de América, dijo Fidel.

–¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!… –gritaban los marinos.

Frente al parque José Martí, en la madrugada del 7 de enero, el pueblo cienfueguero se concentró para escuchar al líder de la Revolución, quien, entre otras cuestiones, expresa: “A Cienfuegos había que venir aunque solo fuera para saludar a este pueblo e inclinarse reverente en tributo a los héroes del 5 de septiembre”.[4]

Sin perder la esencia, tenemos que formarnos en el arte militar

En Manacas, adonde la caravana llega la mañana del 7 de enero, Fidel les habla a los obreros de la cervecería de este lugar. La ­siguiente parada es en Colón. Aquí, por órdenes del comandante Ernesto Che Guevara, ha quedado el capitán Julio Chaviano Fundora en espera de Fidel. Aquel recuerda:

Allí manifiesta iniciar una nueva etapa, somos guerrilleros; tenemos, sin perder la esencia, que formarnos como oficiales para las nuevas condiciones de lucha. Vendrán momentos difíciles, seremos agredidos, a mí no me cabe dudas y tenemos que estar preparados para, si llega el momento, combatir de nuevo y vencer; pero es necesario pasar escuelas y formarnos en el arte militar y dominar los principios y leyes de una guerra convencional. Nuestro Ejército Rebelde, surgido del pueblo, tiene que prepararse ahora muy bien para defender la Revolución de ese mismo pueblo del que forma parte y es su vanguardia. Este lugar tiene buenas condiciones para crear aquí la primera escuela de oficiales del Ejército Rebelde y tú podrás ser su director le dice a Julio Chaviano. A expensas de otra decisión al respecto, ve trabajando en esto que ya nos veremos.

Me dio la mano y se retiró[5].

El primer busto a Fidel Castro

Entretanto, en La Habana, el pueblo se prepara para recibir a los héroes. La emoción toma diversos cauces, algunos curiosos.

En la esquina donde convergen las avenidas 41 y 31, casi llegando a la Ciudad Militar [Columbia], se alza sobre mármoles cubanos un busto de Fidel Castro. Pero este monumento al héroe indiscutible de la Revolución tiene, además de ser el primero, otras características curiosas. Fue realizado en una sola noche por el escultor de origen italiano profesor Enzo Gallo Chiapardi, la de la víspera de la llegada del Comandante en Jefe a La Habana. Además, un grupo de trabajadores cubanos prestó su concurso desinteresado, laborando durante largas horas para lograr que fuera posible rendir este homenaje de agradecimiento a quien, como dice la inscripción en el mármol: “ha sabido romper las cadenas de la dictadura con la llama de la libertad”.[6]

Al conocer la noticia, Fidel ordena que retiren de inmediato el monumento dedicado a su persona.

Homenaje a José Antonio Echeverría y sus compañeros

La caravana continúa su paso. Ya en la noche, después de visitar al Regimiento N.0 4, que fue guarida del ejército de la tiranía, arriba a la ciudad de Matanzas. Fidel llega al Palacio Municipal, frente al parque La Libertad y aunque es tarde en la noche, la multitud congregada es enorme. Fidel habla desde un balcón.

En la madrugada vuelve a salir la caravana. Esta vez hacia Cárdenas, a media mañana llega a la casa natal de José Antonio Echeverría. Fidel abraza a la madre, que llora; saluda a familiares y al pueblo congregado frente a la casa. Luego continúa hasta el cementerio donde reposan los restos del líder estudiantil, y deposita flores en su tumba. Con sentidas palabras le rinde honores y recuerda a los que cayeron y fueron asesinados el 13 de marzo de 1957 en el ataque al Palacio Presidencial y en la toma de la emisora Radio Reloj. Después, es el retorno a la ciudad de Matanzas para continuar hacia La Habana.

¡Ahí está el Granma!

El 8 de enero de 1959, al paso de la Caravana de la Libertad, el pueblo habanero se desborda lleno de júbilo. En El Cotorro, Fidel Castro y su hijo Fidelito se abrazan emocionados. Más adelante, en la Virgen del Camino, Camilo Cienfuegos se suma a la comitiva. Pasa frente al Castillo de Atarés, los elevados del ferrocarril y la planta eléctrica de Tallapiedra. Avanzan por la avenida del Puerto. Alguien grita: “¡Ahí está el Granma!”. Fidel baja del tanque, entra en el yate y ­detrás de él la comitiva. Es visible la emoción en los rostros.

La caravana se desvía por la Avenida de Las Misiones y llega al Palacio Presidencial. Desde la terraza norte, junto a Manuel Urrutia Lleó, Fidel Castro saluda y se dirige al pueblo.

Una paloma en el hombro izquierdo de Fidel

La caravana vuelve a tomar por Malecón y sube por la calle 23. Frente al edificio de Radiocentro, Fidel saluda a un grupo de artistas y conversa brevemente con ellos. En medio de la alegría del pueblo, que lo acompaña con música, continúa viaje rumbo a Marianao hasta llegar al Campamento Militar Columbia. Allí pronuncia su histórico discurso del 8 de enero de 1859. El discurso del “¿Voy bien Camilo?” y el de las palomas que se posan en su hombro izquierdo. Y el de aquellas palabras para quienes creíamos que ya todo había acabado: “Creo que este es un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.[7]

Estados Unidos no tiene derecho a tener una misión militar en Cuba

El 9 de enero reaparece el programa Ante la Prensa, de CMQ-TV, vetado durante mucho tiempo por la censura de la tiranía batistiana. Fidel Castro es el primer entrevistado por los panelistas. A una de las preguntas de un periodista sobre la declaración del gobierno de los EE. UU de que está dispuesto a retirar su misión militar en Cuba, Fidel responde:

Está dispuesto a retirarla si el gobierno lo pide, eso no hay que declararlo: tiene que retirarla. El gobierno de los Estados Unidos no tiene derecho a tener una misión aquí permanente, eso en primer lugar. O sea, que eso es una prerrogativa no del Departamento de Estado, sino del gobierno revolucionario y del gobierno de Cuba.

Ahora bien, yo creo que lo menos que debe hacer es retirarla –esto es una parte en que yo puedo dar la opinión, porque se refiere a la parte de los institutos armados– y lo digo sinceramente: esa misión ha estado entrenando a los soldados que han estado combatiendo contra nosotros durante dos años. ¿Cree usted que nosotros podemos ir a recibir instrucciones de esa misión militar?

Además, ¿para qué ha servido la misión militar? ¿Para que los soldados pierdan la guerra? De manera que ­fueron muy malos instructores. ¡Y para que nos enseñen eso a nosotros, lo mejor es que no nos enseñen nada! Y que sigamos nosotros entrenando el ejército en el futuro. Porque las guerras se ­ganan no con armas, sino con moral y con razón, defendiendo una ­causa justa.[8]

Hay cada crimen que no es posible admitir la idea de que se quede impune

El 13 de enero Fidel participa en una sesión-almuerzo del club Leones de La Habana, dedicada a rendir homenaje al Ejército Rebelde. En su conversación se refiere a varios temas y muchas fueron las preguntas que le hicieron.

Ya en aquellos días las primeras mentiras en contra de la Revolución cubana empiezan a propalarse. La prensa extranjera se hace eco de acusaciones al gobierno revolucionario de someter a Cuba a un baño de sangre. Los promotores de esta campaña toman como pretexto los juicios que se están efectuando a los criminales de guerra, asesinos de miles de cubanos durante la tiranía.

Para contrarrestar estas mentiras y esclarecer posibles dudas, Fidel habla con amplitud de este tema:

Uno de los problemas más espinosos que confrontamos es el de los criminales de guerra. Hay cada crimen que no es posible admitir la idea de que se quede impune. Hay casos de oficiales del ejército que han asesinado en una sola tarde 53 campesinos, como el señor Sosa Blanco. El capitán Grao asesinó 30 campesinos en Ojo de Agua, en una sola tarde. No se debe prolongar la situación de muchos presos que no tienen crímenes pendientes, pero que están presos como medida de precaución mientras se investiga. La Revolución cubana ya está recibiendo críticas, lo están haciendo desde los Estados Unidos. ¿Por qué, me pregunto? ¿Por qué se tiene que atacar a la Revolución sembrando la duda? […]

Lo que pasa ahora es que no pueden decir que somos comunistas porque tendrían que decir que es comunista todo el pueblo de Cuba. Eso sería absurdo. Entonces ahora le andan dando vueltas al problema de los criminales de guerra. Debieron haberse preocupado un poco más por los ­hombres asesinados por Pilar García, por Ventura y por ­todos los asesinos de Batista. […] los criminales que no han recibido ni un golpe, ni una vejación, y han sido conducidos tranquila y serenamente a las cárceles sin que nadie los haya maltratado, a pesar de que son hombres que asesinaron a cientos de nuestros compatriotas. Ahí están sin someterlos a ningún género de maltrato para arrancarles una confesión, siendo juzgados por los tribunales revolucionarios, con acusador y con defensor y con testigos. Pero se le quiere dar la vuelta al problema de que se están castigando sin someterlos a juicio. Sin juicios mató Batista, sin juicios asesinó Batista o torturó detenidos y violó todos los derechos humanos. Nosotros no hemos violado absolutamente ninguno, porque hemos luchado por esos derechos.

Creo que este pueblo tiene los mismos derechos que otros pueblos a gobernarse, a trazarse su propio destino, libérrimamente y de hacer las cosas mejor y más democráticamente de lo que lo hacen otros que hablaban de democracia y le mandaban tanques Sherman a Batista. La verdad hay que decirla para adentro y para afuera; a los latinoamericanos y a los norteamericanos, porque allí encontraremos aliados en la opinión pública de ese país que es de sentimientos liberales y democráticos. Porque nuestra Revolución es genuinamente cubana y genuinamente democrática.[9]

Por último, Fidel reitera una idea repetida varias veces desde el mismo 1.0 de enero: la necesidad de instruir a los oficiales, clases y soldados del Ejército Rebelde, con la creación de escuelas de capacitación.

Nuestra arma: la opinión pública de Cuba y la del mundo

El 15 de enero Fidel Castro y el presidente Urrutia asisten como invitados a un almuerzo en el Club Rotario de La Habana. Durante su discurso, el líder Fidel Castro aclara: “Yo no soy comunista. Quien no sea un vendido o un sometido es tachado de comunista. Yo solo hago lo que hubieran hecho Martí o Maceo. Yo ni me vendo a los americanos ni recibo órdenes de los americanos”.

Más adelante, también aclara dónde está la fuerza de la Revolución:

Somos fuertes, realmente fuertes, ­porque contamos con la opinión pública del país, que es un arma más poderosa que ninguna otra, porque nosotros hemos triunfado en esta guerra con la opinión pública del país. Y ahora, que hemos triunfado, no vamos a hacernos fuertes en las armas, vamos a hacernos fuertes en la opinión pública, que es nuestra arma: la opinión pública de Cuba y la del mundo.[10]

Organizaremos la más gigantesca concentración

En horas tempranas de la noche del 16 de enero se efectúa una concentración frente a la terraza norte del Palacio Presidencial, convocada por el ejecutivo del Frente Obrero Nacional Unido. Los trabajadores expresan su adhesión a la política del gobierno revolucionario de encausar y castigar a los responsables de los crímenes de la tiranía batistiana y rechazan la injerencia del Congreso de los Estados Unidos en los asuntos cubanos. El Comandante Fidel Castro habla a los presentes y aclara que a este acto para respaldar la justicia revolucionaria solo se ha convocado a una parte del pueblo, por lo que este, es una simple reunión para preparar el que se va a celebrar de manera que pueda ­venir todo el pueblo.

La cuestión es que el pueblo de Cuba quiere hacer justicia y los enemigos de la Revolución cubana no quieren que haya justicia y Fidel dice:

[…] aquí se plantea un problema más importante que todo eso; aquí se está discutiendo la soberanía del país, el derecho del pueblo de Cuba a regir sus propios destinos. Por tanto, para demostrar al mundo entero la voluntad del pueblo de Cuba, su propósito de seguir adelante, su deseo inquebrantable de defender la Revolución contra cualquier enemigo, organizaremos la más gigantesca concentración multitudinaria que se haya jamás presenciado en nuestra patria […] el próximo miércoles a las 2 de la tarde […] en demanda de que los Estados Unidos devuelvan a los criminales de guerra y los millones de pesos que se llevaron.[11]

La Operación Verdad

El 21 de enero, en ómnibus, ferrocarril, otros medios de transporte y a pie arriban a la capital hombres y mujeres de las provincias Matanzas, La Habana y Pinar del Río para participar en el acto que había convocado Fidel, y demostrar su apoyo a la Revolución y su repudio a la calumniosa campaña de las agencias de prensa norteamericanas contra la aplicación de la justicia revolucionaria a los criminales de guerra.

En el acto están presentes 380 periodistas que han venido de toda América, del Norte, del Sur y del Centro, para informar al mundo de lo que ocurre en Cuba, en lo que hubo de llamarse Operación Verdad.

Ante el pueblo, el cuerpo diplomático y esos centenares de periodistas extranjeros, Fidel denuncia aquella campaña contra Cuba que califica como “la más infame, más criminal y más injusta que se ha lanzado contra ningún pueblo” y resalta el trato justo que tuvo ­siempre el Ejército Rebelde con el enemigo y cómo millares de prisioneros fueron devueltos en los campos de batalla y cientos de heridos enemigos atendidos por los pocos médicos rebeldes.

El jurado de un millón de cubanos ha votado

En medio de su intervención aquel 21 de enero se dirige a los representantes diplomáticos y les pide que se imaginen están ante un inmenso jurado de un millón de hombre y mujeres, y dirigiéndose al pueblo le dice:

Yo le voy hacer una pregunta a ese jurado; yo le voy hacer una pregunta al pueblo. Los que estén de acuerdo con la justicia que se está aplicando, los que estén de acuerdo con que los esbirros sean fusilados, que levanten la mano (la multitud levanta la mano unánimemente).

Señores representantes del cuerpo diplomático, señores periodistas de todo el continente, el jurado de un millón de cubanos de todas las ideas y de todas las clases sociales, ha votado.[12]

Que designe al compañero Raúl Castro como segundo jefe del Movimiento 26 de Julio

Más adelante, Fidel, conociendo que el pueblo está preocupado por su seguridad y tienen el temor de que sea víctima de una agresión, aclara que su invariable determinación es continuar como hasta hoy, no obstante para estar prevenidos contra todo hace una propuesta:

[…] le voy a proponer a la Dirección del Movimiento 26 de Julio que designe al compañero Raúl Castro como segundo jefe del Movimiento 26 de Julio. Lo hago no porque sea mi hermano, que todo el mundo sabe cuánto odiamos el nepotismo, sino porque honradamente lo considero con cualidades suficientes para sustituirme en el caso que yo mañana muriera en esta lucha, porque además, es un compañero de firmes convicciones revolucionarias, que ha demostrado su capacidad en esta lucha, que fue de los que dirigió el ataque al Moncada, de los que estuvo dos años en la cárcel, de los que organizó el Segundo Frente Frank País, y de los que ha dado relevantes pruebas de capacidad como organizador y militar. Ojalá que en este caso no se hubiese tratado de un hermano mío. Ojalá hubiere sido otro; para que no quedara la menor sospecha de que se trata de favorecer a un familiar […]

Y al plantear aquí que considero que el compañero Raúl Castro podía sustituirme en este caso, no es que yo decida unilateralmente, sino yo quiero consultar con el pueblo si está de acuerdo (aclamaciones y gritos de “sí”)[13].

La conferencia de prensa más grande del mundo

La tarde del jueves 22, en el salón Copa Room del hotel Havana Riviera, Fidel Castro se apresta a responder las preguntas de trescientos ochenta periodistas de la prensa nacional y extranjera. Es la conferencia de prensa más grande del mundo. Y se hizo a través de los periodistas cubanos, a quienes se les dijo inviten a sus compañeros de todo el continente, y eso fue lo que hicieron. Así se convocó esta reunión y en menos de 72 horas vinieron los periodistas. Muchos gobiernos prestaron sus aviones. Las palabras iniciales de Fidel fueron: “Yo me someto al examen y al interrogatorio de la opinión pública de América a través de ustedes”.

Muchas fueron las preguntas y a cada una de ellas Fidel respondió con argumentos sólidos. Un periodista mexicano pregunta cómo se defenderá Cuba en caso de que la campaña iniciada contra el país desemboque en un bloqueo económico. Es la primera vez que se menciona la palabra bloqueo económico. Fidel responde:

Nosotros no creemos que ese bloqueo vaya a ocurrir, porque sería una política en contradicción total con los intereses de los propios Estados Unidos, que serían los que tendrían que iniciar ese bloqueo…

Además, en cuanto a la forma de hacerle frente a cualquier medida de tipo económico, cualquier bloqueo de tipo económico, creo que no hay más que una forma y es la disposición de sacrificio que tiene nuestro pueblo. Si esa circunstancia se presentara, ya verá ­usted como la afrontamos, porque el pueblo está decidido a afrontarla, y eso es lo importante.[14]

La actividad del deporte es necesaria al país

Entre los días 23 y 26 de enero Fidel viaja a Venezuela cumpliendo el compromiso de que si lo invitaban visitaría ese país. De sus actividades en Caracas se habla en el artículo siguiente del boletín.

A su regreso, una de las actividades más importante fue el encuentro que sostuvo el 29 de enero con atletas, cronistas y dirigentes de los sectores deportivos por invitación del capitán Felipe Guerra Matos, director de la Dirección de Deportes. Este día se conoce como el del inicio del desarrollo del deporte revolucionario. En su intervención quedó claro que Fidel es un convencido que la actividad del deporte es necesaria al país. Señaló que el resultado en eventos internacionales era vergonzoso. Refiriéndose a la labor que debe realizar la Dirección de Deportes señaló que era preciso que en lugar de un centenar de atletas hubiera decenas de miles de atletas, y las academias que se debían crear para ello. Fidel Castro expuso que creía razonable que a los atletas se les diera el dinero para pagar el pasaje, ya que los deportitas pobres apenas tenían ni tan siquiera para cubrir ese mínimo de gasto, y señaló que le había sugerido al director de Deportes se creara el comedor para darles a los atletas una alimentación adecuada. Destacó que el mejor estímulo que podía crearse para ellos era asegurarle su retiro y saber premiar a los que llegaban a campeones.

Expresó, además, que una de las cosas fundamentales que requería el deporte para su desarrollo era el contar con los campos deportivos suficientes. Dijo que necesitamos miles de ellos para que la actividad atlética no se quedara reducida a un pequeño número, sino que abarcase por completo a toda la juventud orientándola en el camino del valor físico.

Operación Avance Revolucionario

En las primeras horas de la madrugada del 30 de enero, en una habitación del hotel Habana Hilton, Fidel celebra una reunión con los representantes de los colegios o asociaciones profesionales. Comienza la Operación Avance Revolucionario. El líder de la Revolución demandó de los dirigentes de los colegios de maestros, pedagogos, médicos, abogados y otros, su cooperación para hacer cumplir el compromiso histórico, la medida revolucionaria y patriótica contraída con los campesinos de la ­Sierra Maestra y que se extenderá a todo el territorio nacional: la aplicación de la reforma agraria. Fidel explicó su proyecto de aplicación inmediata con la salida de 300 maestros, 100 médicos, 40 abogados y un número de ingenieros (todos desocupados), para iniciar inmediatamente la labor de alfabetización e instrucción de los campesinos, el reconocimiento, tratamiento y cura de los afectados por el parasitismo y otras enfermedades, reparto inmediato de las tierras del Estado, y estudio sobre el terreno de papeles y documentos, para el reparto de las tierras de propiedad mal habidas por malversadores de la tiranía y de otros, que ocuparon esas tierras indebidamente, bien por robos o desalojos de sus legítimos ocupantes. Además de la construcción de ciudades escolares, hospitales, plantas hidroeléctricas, carreteras, caminos, entre otros beneficios sociales.

Reiteró su idea de convertir al campamento de Columbia en Ciudad Escolar para 5 mil niños. Dijo también que los problemas sociales a resolver era un compromiso revolucionario del Ejército Rebelde y que por tanto las oficinas de información y organización de toda esta empresa estarían en el Ministerio de Defensa, provisionalmente, bajo la dirección de Augusto Martínez Sánchez, comandante del Ejército Rebelde y actual ministro de Defensa.

Los representativos de los colegios profesionales allí presentes, recogiendo el llamamiento patriótico de Fidel, le ofrecieron el más pleno apoyo y decidieron convocar al propio tiempo, a todo el magisterio nacional, pedagogos, médicos, abogados, dentistas, maestros agrícolas y de oficios, para que se sumaran a esta gran cruzada de liberación del campesino cubano que muy bien puede llamarse Operación Avance Revolucionario.

Periodistas subvencionados por la tiranía

El periódico Revolución publica el 30 de enero un documento encontrado en el Palacio Presidencial que devela el grado de comprometimiento del periodismo cubano aliado a la tiranía batistiana:

He aquí una de las listas de periódicos “subvencionados”, tal como aparecieron en Palacio. La publicamos sin poner ni quitar una coma. Los comentarios quedan a cargo del lector. Los descargos, a los interesados.

República de Cuba

Poder Ejecutivo

Atención mensual para periódicos y revistas:

Dr. Raúl Alfonso Garcé (El Mundo) $ 16 000.00

Dr. Joaquín Claret (Información) 24 000.00

Dr. Gastón Baquero (La Marina) 16 000.00

Sr. Ramón Vasconcelos (Alerta) 17 000.00

Sr. Alfredo I. Hornedo (El Crisol) 12 000.00

Dr. Raúl Rivero Ruiz (Diario Nacional) 10 000.00

Ing. Cristóbal Díaz González (Excélsior) 10 000.00

Ing. Cristóbal Díaz González (El País) 10 000.00

Sr. José López Vilaboy (Mañana) 10 000.00

Dr. R. Masferrer Rojas (Tiempo de Cuba) 10 000.00

Sr. Ramón Rivero (Avance) 10 000.00

Sr. Alberto Salas Amaro (Ataja) 12 000.00

Sr. Octavio R. Costa (Pueblo) 14 000.00

Sr. E. Abril Dumois (Diario de Cuba) 6 000.00

Sra. C. Park Pessino (Havana Post) 2 000.00

Sra. M. Mondadeira (Revista Continental) 2 000.00

Sr. Manuel Camio (Finanzas) 2 000.00

Libertad, Santiago de Cuba 600.00

Sr. Nick Machado (La Correspondencia) 400.00

Sr. J. González Clemente (La Voz de Occidente) 1 000.00

Sr. Walfrido Rodríguez (El Camagüeyano) 1 000.00

Sr. Joaquín Moreno Méndez (El Pueblo) 1 000.00

Sr. José Rodríguez (El Republicano) 1 000.00

Sr. Guillermo Gómez (El Imparcial) 1 000.00

Total mensuales 193 000.00

$2 316 000 pesos anuales, solamente a las empresas por este concepto.[15]

El sábado 31 partió Fidel con una comitiva rumbo a la provincia oriental para dar inicio a la reforma agraria y empezar a pagar la deuda contraída con los campesinos que fueron artífices principales de la victoria. Acompañaban al líder revolucionario médicos, abogados, maestros, enfermeros, ingenieros, agrimensores, técnicos de todas las especialidades.

Así terminaba el último día de enero de 1959.

[1] Tomado de Eugenio Suárez Pérez y Acela Caner Román: Fidel: EN EL AÑO DE LA LIBERACIÓN, t. 1, enero-marzo.

[2] Periódico Revolución, 2 de enero de 1959, p. 1.

[3] Luis M. Buch: Gobierno Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos, pp. 49-50.

[4] Cienfuegos Libre, Cienfuegos, 7 de enero de 1959, p. 1.

[5] Julio O. Chaviano Fundora: La lucha en Las Villas, pp. 116-117.

[6] Sección En Cuba, Bohemia, No. 6, Año 51, 8 de febrero de 1959, p. 88.

[7] Fidel Castro Ruz: Discurso en el Campamento Militar Columbia, 8 de enero de 1959.

[8] Fidel Castro Ruz: Comparecencia en el programa de TV Ante la Prensa, 9 de enero de 1959.

[9] Revolución, 14 de enero de 1959, p. 2.

[10] Ibídem, p. 3.

[11] Fidel Castro Ruz: Discurso en el Palacio Presidencial, 16 de enero de 1959, p. 2.

[12] Fidel Castro Ruz: Discurso pronunciado en el Palacio Presidencial, 21 de enero de 1959, p. 4.

[13] Ídem.

[14] Fidel Castro Ruz: Conferencia de Prensa, 22 de enero de 1959, p. 5.

[15] Revolución, 30 de enero de 1959, p.1.

(Tomado del blog lahistoriabiencontada.wordpress.com)

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  • Eugenio Suárez dijo:

    Acela Caner y yo le agradecemos a Cubadebate la publicación de este trabajo nuestro. Solo queremos que corrijan la primera línea del segundo párrafo donde aparece publicado:
    “En las primeras horas de la madrugada del 1.0 de enero de 1959…”
    Ahí debe decir:
    “En las primeras horas de la madrugada del 1ero. de enero de 1959…”
    Saludos,
    Eugenio Suárez Pérez

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