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Haití, el Reino de otro mundo

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Martha Guadalupe Romero

“Pero que es la historia de America toda, sino una crónica de lo real-maravilloso?” (Alejo Carpentier)

Haití comparte el mismo territorio que República Dominicana, de hecho, la isla entera fue bautizada como La Española a la llegada de los colonizadores. Las disputas territoriales entre las metrópolis por las colonias, fue la razón por la que Haití quedó en manos francesas, mediante el tratado de Basilea de 1795, poniendo fin a la guerra entre Francia y España que estableció que la primera devolvía los territorios ocupados a España y a su vez, España cedía a Francia la parte española de la isla de Santo Domingo.

En 1804, más de 400 mil esclavos negros -literalmente cazados en África-, lograron su independencia de los colonos blancos que los subyugaron durante décadas. Haití fue el primer país independiente de nuestra región. De manos de los revolucionarios haitianos, el Libertador Simón Bolívar, recibió armas y dinero, a cambio de abolir la esclavitud en los territorios liberados, bajo la visión de que la independencia de toda América, aseguraría la propia. La historia de Haití está repleta de disputas de poder, de intervenciones extranjeras. Así continuó la desventura del país de Mackandal, el mítico líder rebelde, capturado y quemado públicamente pero convertido en mariposa en el imaginario de los esclavos.

El terremoto ocurrido hace unos días, es una tragedia de proporciones inimaginables y constituye hoy por hoy el mayor desafío, para toda nuestra región, en esta nueva década. No es que en Centroamérica no hayamos sufrido terremotos, inundaciones, sequías, huracanes y otras catástrofes, es que el desastre que ya sufría Haití antes del terremoto, supera con creces lo imaginable.

En este país alrededor de un 60% de los hogares rurales sufren inseguridad alimentaria crónica y un 20% son extremadamente vulnerables. Se calcula que un 32% de los hogares en las zonas urbanas sufren inseguridad alimentaria de manera cotidiana. Según el PNUD, el 54% de la población vive con menos de un dólar al día. La tasa de analfabetismo es aproximadamente de un 40% y menos de la mitad de la población tiene acceso a los servicios de salud, agua potable y saneamiento.

En 2006, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) informo los resultados de primer censo realizado en Haití después de dos décadas: la mitad de la población haitiana es menor de 20 años, menos de la mitad de los niños en edad escolar asisten a clases y el desempleo se encuentra en un 33%. El censo, el primero en 24 años, también reveló que Haití tiene la mayor tasa de mortalidad materna y la mayor prevalencia de VIH-SIDA en el Hemisferio Occidental. El Índice de Desarrollo Humano de Haití es el numero 150 de 177 países que evalúa anualmente el PNUD (entre mas alto el numero, menor el desarrollo humano) Aproximadamente el 50% de la población haitiana depende de remesas familiares.

El año pasado, -a propósito de que el ex presidente estadounidense Bill Clinton-, fue nombrado enviado especial de la ONU en Haití, el Comandante Fidel Castro en una de sus magistrales reflexiones, afirmaba que nada se puede improvisar en Haití. Durante una reciente visita a España, el presidente dominicano, Leonel Fernández expresó que la integración de Haití a Iberoamérica es un acto de reparación.

Haití, es una responsabilidad compartida, especialmente de los países desarrollados. No se trata de ayuda de emergencia para palear la tragedia del terremoto, no se trata de cincuenta o cien mil muertos; el país entero está sumido en la tragedia. Haití requiere una responsabilidad moral mundial con soporte económico suficiente y sin manipulaciones políticas de ningún tipo. El terremoto podría tomarse como una oportunidad para de una vez por todas revertir la situación de miseria en la que agoniza Haití y que representa sin duda alguna, una vergüenza mundial.

Definitivamente no se puede improvisar. No más conferencias mundiales, no más diagnósticos, no más racismo, no más discriminación, no más rapiña sobre Haití. Respuesta amplia, comprometida, sustentable, solidaria, sin nuevas ataduras coloniales.

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