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Golpe en Honduras es una prueba para América Latina

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Ricardo Molina Peñaloza

golpe-19-reutersLa democracia hondureña ha sido violada. Nefastos gorilas militares apátridas hondureños, cobarde herramienta de la oligarquía de ese país, en un acto violatorio de todos los principios de derechos humanos, dieron un golpe de Estado, secuestraron al Presidente Constitucional Manuel Zelaya, a la cancillera Patricia Rodas, y quién sabe a cuántos más. También secuestraron y golpearon a embajadores de Cuba, Nicaragua y Venezuela, silenciaron medios de comunicación estatales, los medios de comunicación privados suspendieron sus programaciones habituales y transmitieron ‘comiquitas’. Y, por si fuera poco, los golpistas suspendieron el servicio eléctrico, telefónico y de telecomunicaciones en todo el país.

El cobarde Roberto Micheletti, presidente del Poder Legislativo, se ha prestado a cohonestar la barbarie anunciando la supuesta renuncia de Zelaya y asumiendo la presidencia de facto. Marcia Villeda, vicepresidenta del Congreso hondureño dice que no hubo golpe de Estado y que responsabiliza a Zelaya de lo que le ha pasado. Con voz temblorosa, Ramón Custodio, comisionado de Derechos Humanos hondureño, justifica las acciones por considerar que Zelaya supuestamente actuó en contra del Estado y niega que hubiera ocurrido un golpe de Estado. A esta hora los gorilas están asesinando gente del pueblo hondureño, a la vista del mundo.

Este golpe de Estado orquestado por partidos de la derecha, por empresarios hondureños y por dueños de medios de comunicación privados, criminales organizados en grupos económicos de poder, atenta con pretensión impune contra los intentos pacíficos de sustituir la democracia representativa por la democracia participativa.

Estos criminales jamás aceptarán que el pueblo participe directamente en la planificación, ejecución y control de políticas públicas, así como en su desarrollo. Por más que nuestros pueblos están empeñados en cambiar la orientación política de nuestros países de manera pacífica, la derecha hondureña, así como la venezolana, la ecuatoriana, la nicaragüense, la boliviana y la de todos los países latinoamericanos, se empeñan en intentar imponer por la fuerza su parecer, sin tomar en cuenta la opinión popular. Su arrogancia y desprecio por los pobres les impide ver que llegó la hora de los pueblos.

En esta oportunidad, otra vez, la derecha se llevará una lección. El pueblo hondureño y la comunidad latinoamericana han reaccionado en contra de ese zarpazo a la democracia y la libertad de los pueblos.

Unasur, ALBA, OEA, ONU, Unión Europea, y las demás organizaciones internacionales, así como todos los gobiernos del mundo, se han pronunciado en contra de la brutalidad demostrada por la derecha hondureña.

Sin embargo, no faltan los periodistas y comentaristas que manifiestan abiertamente por medios de comunicación opositores que lo sucedido es culpa del presidente Zelaya y hasta del presidente Chávez. La derecha venezolana se debió contentar al conocer la noticia del golpe en Honduras, trasladando el hecho a la pronta caída del presidente Chávez, en su enfermizo empeño por destruir el proceso de cambios que lidera indefectiblemente nuestro Jefe de Estado. Pudimos ver como CNN y Globovisión señalaron, por no tener más remedio, una “situación irregular” en Honduras, además del “destino incierto” del Presidente Zelaya, sin reconocer que fue un golpe de Estado y un secuestro. Faltó poco para que salieran en apoyo al impostor Micheletti y para que convocaran a la “sociedad civil” a apoyarlo. Toda la factura de este golpe se parece impresionantemente a lo sucedido en Venezuela en abril de 2002.

Afortunadamente, en esta oportunidad América Latina cuenta con Telesur, única ventana que ha permitido al mundo enterarse de la verdad.

Esta vergonzosa situación debe llamar a reflexión a todos aquellos defensores de los Derechos Humanos y del proceso revolucionario venezolano, por el permanente riesgo a que están sometidos los procesos democráticos progresistas latinoamericanos, para que estemos siempre alerta ante la antihistórica derecha, que ha demostrado no perder oportunidad para agredir y violar los derechos de los pueblos.

El pueblo hondureño se ha activado para reaccionar contra los gorilas derechistas que pretenden imponerse a la voluntad popular para implantar una sombra en el proceso emancipador que los pueblos latinoamericanos.

Manifestémonos por la democracia participativa, por la justicia social, por la equidad y por la autodeterminación de los pueblos, y en contra de la brutalidad, de la violencia, de la mentira, y de los intentos por imponer o mantener un esquema de dominación y de sometimiento obsoleto que está sucumbiendo ante los pueblos que se levantan cada vez más victoriosos.

La restitución del hilo constitucional en Honduras es la mejor garantía de que en Latinoamérica el progreso hacia la superación de la pobreza y la desigualdad, así como la participación de los pueblos en la conducción de su futuro se continúen adelantando de manera pacífica y democrática.

El llamado es a la reflexión, pues aún estamos a tiempo de demostrar que los cambios son posibles en paz.

(Tomado de ABN)

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