USATODAY: Inteligencia distorsionada o no, la guerra fue un error
Editorial publicado el 16 de noviembre, 2005
USATODAY
Traducción para Cubadebate: Isabel Perea
Con la perdida de apoyo hacia la guerra de Irak y la popularidad del presidente desmoronándose con ella, la maquinaria de la Casa Blanca está cambiando la velocidad de manera abrupta. Se ha puesto a la ofensiva.
En vez de su típico discurso de ánimo elevado, su nueva línea es "si nosotros estábamos equivocados, pues el resto también," mientras siente la agresividad por todas partes. Agresividad por parte de un publico cuyo apoyo se desvanece igual que cuando Viet Nam; agresividad por parte de los Demócratas que culpan a la administración de distorsionar la inteligencia pre-guerra; incluso agresividad por parte de los Republicanos del Senado que le solicitó a la Casa Blanca este martes una explicación sobre la política hacia Irak y que entregara informes periódicos (pero quienes no aprobaron la propuesta demócrata para un itinerario de retirada).
En dos discursos - uno el Día del Veterano, otro frente a las tropas en Alaska el lunes - Bush se dirigió directamente a las acusaciones de que él había tergiversado la información de inteligencia. Atacó la credibilidad de los Demócratas que votaron a favor de autorizar la invasión y ahora critican esa decisión. Más aun, tomó nota de que dos comisiones bi-partitas no habían encontrado pruebas de que la Administración había ejercido presión sobre los servicios de inteligencia.
Todas esas aseveraciones tienen al menos algo de validez, incluso aun cuando sean convenientemente incompletas. Pero la discusión sobre la inteligencia es en su mayoría una distracción política. Hay conclusiones más importantes y más concretas a las que se puede arribar sobre la decisión de ir a la guerra:
Ya sea si Bush manipuló la inteligencia o no, llevó al país a la guerra por razones desde entonces comprobadas de ser inciertas. Su justificación para la guerra fue que Saddam Hussein estaba desarrollando armas de destrucción masiva, que la administración advirtió, que el podría poner en manos de terroristas, presentando una amenaza inminente a la seguridad nacional de EEUU. Pero no aparecieron las armas, ni las conexiones con Osama bin Laden, al-Qaeda o los terroristas del 9/11. La administración no solo fue a la guerra. Se apresuró a ella. Los inspectores de las Naciones Unidas dijeron que no tenían pruebas y pidieron más tiempo. Los aliados que habían participado en la primera guerra contra Irak dijeron lo mismo. Seis meses hubiera demorado permitir que la diplomacia y las inspecciones jugaran su papel. Pero Bush no podía esperar. La razón del apurillo no es un misterio. Varias figuras claves de la administración se apresuraron a dar excusas para una intervención en Irak. El 11 de septiembre se las dio, y ellos capitalizaron sobre ella. El día después de los ataques el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld le preguntó al gabinete sobre guerra de Bush si los ataques podrían servir como excusa para perseguir a Saddam. El vicepresidente Cheney tocó los tambores al ritmo de vincular sin exactitud Saddam con los terroristas del 9/11. Los pensadores neo-conservadores en la administración, como el vicesecretario de defensa Paul Wolfowitz, estaban ansiosos por implementar su estrategia de guerra preventiva y de probar su teoría de que llevar la democracia a Irak era la clave de la estabilidad en el Medio Oriente. Bush incluso le añadió una nota personal, llamando a Saddam "el tipo que trató de matar a mi papá".
¿Distorsionaron la inteligencia? Quisas nunca lo sabremos. De seguro no lo sabemos ahora. Por ejemplo, no se ha examinado con investigación como afirmaciones públicas hechas por Cheney y otros cuadraban con la inteligencia a mano. Más aun, los informes de inteligencia se prestan para narrativas diferentes dependiendo de quien los construye. ¿Como se separa la distorsión activa de la tendencia humana de favorecer la información en función de nuestra opinión personal? ¿O de decirles a nuestros jefes lo que ellos quieren oír?
Independientemente, las consecuencias son las mismas. Las encuestas muestran que la mayoría de los norteamericanos consideran que la guerra fue un error. Más de 2000 tropas de EEUU han muerto, más de $200 mil millones se han gastado, y no se divisa un fin. La guerra ha aumentado los sentimientos anti -norteamericanos en la región y en todo el mundo. Una insurgencia esta rabiando, compuesta por grupos: los anteriores líderes Sunitas, que ahora se sienten victimas y los terroristas extranjeros vinculados a al - Qaeda quienes han convertido a Irak en un campo de batalla y campo de entrenamiento. Irónicamente, la amenaza terrorista que no estaba antes de la guerra es la razón principal para llevar la misión a un fin vencedor.
Si se espera algún éxito ahora de Irak - y eso permanece como una posibilidad - depende de quedarse hasta que haya un gobierno estable electo y fuerzas iraquíes que se puedan manejar por si solas. Esto es lo que Bush quiere, pero el compromiso requiere de tiempo y vidas que exigen apoyo público. La única oportunidad para que Bush gane ese apoyo es que admita lo obvio más allá de las paredes de la Casa Blanca: que la guerra fue un error. Solo entonces se puede redefinir la credibilidad de la misión y ganar apoyo amplio.
Analogías históricas pueden ser mala idea, pero hay algo que aprender de al menos una: la respuesta del Presidente Kennedy al desastre de Bahía de Cochinos en 1961 - el plan fallido de los exiliados cubanos de invadir su patria y comenzar un alzamiento. Kennedy asumió total responsabilidad por el fracaso total.
¿El resultado? El apoyo popular de Kennedy creció, ayudando a mejorar su enredo con Cuba dentro de la Guerra Fría más amplia. La imagen de Bush de la guerra como parte de la lucha más amplia de la lucha contra el terrorismo, es igual de importante que la Guerra Fría, y es aun otra razón para seguir el ejemplo de Kennedy. Y para demostrar, de nuevo, que es un rasgo característico de los EEUU, el de perdonar - y de aumentar el apoyo cuando uno acepta sus errores de manera honesta.
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