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Bloqueo de EEUU a Cuba: asedio con nombre de mujer

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(PL) El bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por Estados Unidos a Cuba durante más de cuatro décadas, ha impactado con fuerza a la población de la isla con un particular ensañamiento sobre la mujer.

 

 Madres, esposas, trabajadoras o estudiantes han sido diana principal de este arbitrario cerco, aprobado oficialmente en 1962 por el entonces presidente norteamericano, John F. Kennedy (1961-1963), y reforzado en los últimos tiempos.

 

 De acuerdo con fuentes oficiales, el bloqueo ha ocasionado a la economía cubana pérdidas directas e indirectas superiores a los 72 mil millones de dólares.

 

 Esa cifra no incluye 54 mil millones de dólares imputables a daños directos ocasionados a objetivos económicos y sociales del país por sabotajes y acciones terroristas estimuladas, organizadas y financiadas desde territorio estadounidense.

 

 Tampoco cuantifica los sufrimientos humanos y penas morales ocasionados a los cubanos que, sin distinción y en número superior a los siete millones, del total de 11 millones que conforman la población, nacieron bajo el estigma del bloqueo.

 

 A eso se suma la caída del campo socialista en los países de Europa del Este a inicios de los 90, con lo cual Cuba vio reducida su capacidad exportadora en un 73 por ciento, perdiendo además sus mercados al ser estas naciones sus principales socios comerciales.

 

 A raíz de esa tensa situación y con la premisa de preservar los logros sociales, las autoridades cubanas iniciaron un fuerte proceso de ajuste económico que repercutió en la limitación de recursos de consideración, lo cual incidió en las condiciones de vida de la población cubana, pero de manera muy especial en la mujer.

 

 Las féminas, con una alta responsabilidad en el funcionamiento de los hogares, enfrentan las restricciones derivadas de la crisis económica agravada por el bloqueo, con el que Washington obstaculiza la venta de alimentos y medicamentos e impide el acceso a créditos, por sólo citar algunas.

 

 Las cubanas han tenido que desarrollar estrategias de sobrevivencia para intentar adaptarse a las múltiples transformaciones económicas desarrolladas en esta etapa de crisis, y afrontar la carencia de productos y servicios.

 

 Estados Unidos, siendo el país que produce el 50 por ciento de las drogas farmacéuticas y más del 80 por ciento de los nuevos productos biotecnológicos, niega la venta de medicamentos a Cuba, un vecino que tiene a sólo 90 millas de distancia.

 

 La isla no tiene acceso a medicamentos de tercera generación, ni a equipamiento de alta complejidad tecnológica, lo cual tiene su impacto en la elevación de la calidad en la prestación de los servicios de salud en este país, donde a pesar del bloqueo la esperanza de vida alcanza los 76 años, la más alta en América Latina.

 

 Los avances relevantes proporcionados por la Revolución en beneficio de la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer cubana chocan con los patrones sexistas tradicionales, los que influyen en la conciencia social asignando a esta el rol familiar y doméstico.

 

 Por esa razón, los problemas, carencias y tensiones aparejados al bloqueo en la vida cotidiana las perjudican con mayor fuerza, debido a que están en su mayoría al frente del hogar y son las máximas responsables de la crianza y educación de los hijos.

 

 Independientemente del principio de igualdad, a las mujeres les están dadas funciones inherentes a su sexo como el embarazo, la maternidad y la lactancia, así como aspectos de la atención a su salud sexual y reproductiva, y otras necesidades propias que se han visto seriamente afectadas.

 

 Restricciones derivadas del bloqueo como escasez de medicamentos, alimentos, suministro de energía eléctrica y de transporte, limitaciones en la disponibilidad de ropa y calzado y otros artículos de primera necesidad repercuten con fuerza en el cotidiano femenino.

 

 En lo que se considera una nueva vuelta de tuerca, Estados Unidos puso en vigor el 30 de junio último un paquete de medidas que refuerzan su tradicional política contra el gobierno de La Habana en franca violación a los derechos de los cubanos que viven a ambos lados del Estrecho de La Florida.

 

 Con el propósito de aniquilar el proceso revolucionario vigente aquí desde 1959, las regulaciones prevén, entre otras, el destino de millones de dólares para fomentar acciones anticubanas y  transmisiones subversivas de radio y televisión hacia la isla.

 

 Sin descartar una agresión militar, promueven la contrarrevolución desde terceros países y restringen los viajes de los cubanos residentes en territorio norteamericano, quienes podrán visitar su país de origen una vez cada tres años y por sólo 14 días.

 

 "Como siempre, el impacto fundamental se hará sentir en la vida cotidiana de cada mujer", asegura Sonia Beretervide, funcionaria de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización no gubernamental creada en 1960, que agrupa a la mayoría de las cubanas mayores de 14 años.

 

 Beretervide indicó a Prensa Latina que las recientes regulaciones tienen su mayor connotación en el seno de la familia cubana y se suman a las restricciones que por más de 40 años han atentado contra el normal desarrollo del país.

 

 En cambio, la amplia participación alcanzada por las cubanas en la vida socioeconómica de su país ha dado al traste con las aspiraciones de la hostil política de la Casa Blanca, encaminada a destruir la Revolución y propiciar aquí un cambio de régimen.

 

 Por sólo citar algunos ejemplos, y de acuerdo con cifras oficiales, las féminas cubanas constituyen el 44,9 por ciento de la fuerza laboral activa en el sector estatal civil, indicador que se refiere a empleo pleno y a mujeres en edad laboral que devengan salario igual por trabajo de igual valor.

 

 En 1959 sólo trabajaban en Cuba 194 mil mujeres, unas 70 mil eran trabajadoras domésticas y 100 mil ejercían la prostitución como única forma de supervivencia. El 49 por ciento de los analfabetos eran del sexo femenino.

 

 Lo que se ha logrado en Cuba en materia de empleo y en beneficio de la mujer sólo es posible porque existe una Revolución y porque el Gobierno ha trazado una política de no discriminación, aseguró recientemente Yolanda Ferrer, secretaria general de la FMC.

 

 Ferrer precisó que la organización que dirige vela porque las cubanas ocupen plazas en puestos no tradicionales, con igual remuneración que los hombres, participen en cursos de capacitación y sean promovidas a cargos de dirección.

 

 La promoción femenina en Cuba ha alcanzado los índices más elevados entre los países de la región, el 35,5 por ciento de los dirigentes son mujeres, las que constituyen el 66,2 por ciento de los técnicos y profesionales de nivel medio y superior, y el 35,9 por ciento de los diputados.

 

 La alta participación de la mujer en la vida laboral se soporta en una serie de legislaciones que posibilitan su incorporación y permanencia en la vida económica como la no discriminación para acceder a un empleo, igual salario que el hombre y el derecho a la licencia de maternidad.

 

 Contrario a los pronósticos de sucesivas administraciones norteamericanas, el bloqueo no ha logrado derrocar el sistema político vigente en Cuba y encuentra en las mujeres un muro de contención que hace frente a su embate de más de 40 años.

 

 La autora es periodista de la Redacción Nacional, de PRENSA LATINA.

 

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