Intervención del Canciller cubano en la Cumbre de Guadalajara en debate sobre multilateralismo
Sr. Presidente:
Excelencias:
Si bien es cierto que la Unión Europea es un ejemplo de multilateralismo hacia su interior, como se ha dicho aquí, debemos reconocer que hoy no hay respeto al multilateralismo en las relaciones internacionales. Y debemos reconocerlo con franqueza. Existe un mundo unipolar, que presencia la actuación unilateral y la imposición de los intereses de una única superpotencia. El mundo bipolar tenía problemas, Cuba lo sabe bien, pero este mundo unipolar es peor. Algunos aquí son aliados de esa superpotencia y no tienen de que preocuparse. Otros, estamos amenazados por ella a no existir. No podemos, entonces, tener similares visiones, pero deberíamos coincidir en principios básicos.
Usted nos ha preguntado, Sr. Presidente, cómo ponernos al día en el orden heredado. Cuba cree firmemente que, por un lado, hay que preservar los elementos de ese orden surgido hace 60 años que tienen total validez; hay que preservar el respeto a los principios del Derecho Internacional consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Son válidos ahora y lo serán para el futuro:
En primer lugar, el principio de no intervención. Es nuestro único escudo. La UE podría no temer una intervención, pero nuestros países sí. Los estados pequeños y débiles no intervendrán nunca en los más poderosos, pero sí pueden ser víctimas de esas intervenciones.
En segundo lugar, el respeto a la igualdad soberana de los Estados. ¿Somos hoy iguales ante las instituciones financieras internacionales? No lo creo. ¿El FMI castigaría con un programa de ajuste un déficit presupuestario superior a 500 mil millones de dólares como el que hoy tiene esa única superpotencia? ¿Pueden nuestros países de América Latina y el Caribe actuar con similares privilegios?
Sin embargo, llegar a acordar en nuestra Declaración Final que las relaciones entre la UE y América Latina y el Caribe se basan en el respeto a esos principios consagrados en la Carta nos costó una semana de debate intenso y desgastante, y sólo anoche pudo ser alcanzado un acuerdo. En privado, la Unión Europea nos dijo que tenía problemas con aceptar el principio de no intervención. Sin embargo, el principal resultado de esta Cumbre es que han sido reconocidos, gracias a estos esfuerzos, esos principios.
Hay, por otro lado, que avanzar en la reforma y democratización del sistema de relaciones políticas internacionales y de sus instituciones. Democracia, transparencia y respeto a la igualdad son las palabras de orden hoy para las relaciones internacionales.
Sin embargo, nuestra Declaración no dirá nada sobre la reforma del Consejo de Seguridad y la restitución del papel y las atribuciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
No se pudo alcanzar ayer un acuerdo. El párrafo 21, que planteaba: "Reafirmamos que el Consejo de Seguridad se debería reformar para que opere de una manera más democrática, eficaz y transparente", no fue aceptado por la Unión Europea. El párrafo 22, que planteaba: "Expresamos, además, nuestro compromiso con la revitalización y el fortalecimiento de la Asamblea General y sus órganos subsidiarios, de modo que su labor refleje las prioridades actuales de la comunidad internacional y cumpla de manera eficaz y en toda su amplitud con las funciones encomendadas por la Carta", tampoco fue aceptado.
Además, en nuestra Declaración Final no habrá una palabra contra el unilateralismo, precisamente en una Cumbre dedicada a la defensa del multilateralismo. El párrafo propuesto ayer por América Latina y el Caribe, que rechazaba también la aplicación de la Ley Helms-Burton, paradigma de actuación contra el multilateralismo, y las nuevas medidas del Gobierno de los Estados Unidos contra mi país y la comunidad internacional, no pudo ser acordado. Por tanto, paradójicamente, no se rechazará el unilateralismo en esta Declaración Final.
Por otro lado, debo decir con todo respeto, porque las cosas hay que decirlas como son, que no existe hoy una Asociación Estratégica Birregional entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe.
Primero, América Latina y el Caribe, y lo digo con dolor, no es hoy una región desde el punto de vista político y económico. Llegamos a esta Cumbre desunidos y dispersos, y no podemos, por tanto, defender con efectividad nuestros intereses.
Segundo, porque percibimos que América Latina y el Caribe no es hoy una prioridad para la Unión Europea. Se proclamó esa aspiración a una asociación entre ambas regiones en 1999, pero cinco años después, eso no ha ocurrido. América Latina es apenas el 6% del comercio exterior de la UE. Es un comercio residual. Y la UE es solo el 11% del comercio exterior de América Latina y el Caribe. Diez años atrás, era del 20% su peso, pero la UE ha sido desplazada de América Latina. ¿Pero debe ser el comercio el principal indicador de la supuesta Asociación Estratégica? No. Debería ser la política, la defensa conjunta de valores y principios del Derecho Internacional.
¿Son acaso una utopía estas palabras? No lo creo. Son metas por las que vale la pena luchar. ¿Acaso no parecía una utopía la UE hace 60 años, después de una guerra terrible en la que murieron 50 millones de seres humanos? ¿Debemos aceptar pragmáticamente que el mundo es así y hay que adaptarse a él? ¡No! No lo creo. Creemos que vale la pena luchar por un mundo regido por el derecho y la justicia, en el que todos tengamos los mismos derechos y oportunidades.
Gracias.
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