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The Nation: Trump imitó a Hitler en las Naciones Unidas.

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El presidente Donald Trump habla durante la 81ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU el 22 de septiembre. Foto: Michael M. Santiago / Getty Images

¿Qué tiene que ver la imitación que hizo Trump de Hitler en las Naciones Unidas el martes con la prohibición impuesta por Trump a ciertos medios de comunicación en la Casa Blanca? ¿Y qué tienen que ver ambos hechos con sus crecientes esfuerzos por detener a miles de menores no acompañados con solicitudes de asilo pendientes y prepararlos para la deportación?

La respuesta: Todas estas humillaciones son síntomas de un sistema político estadounidense que ha sido capturado por fanáticos, cuyas prioridades ahora son prácticamente un reflejo de las de los líderes fascistas contra cuya nefasta visión cientos de miles de estadounidenses perdieron la vida luchando durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta semana, en la ONU, durante la asamblea general anual de líderes mundiales, Trump arremetió contra organizaciones supranacionales como la Corte Penal Internacional; amenazó con "aniquilar" y condenar a un infierno a Irán y a los millones de personas que allí viven; se jactó de haberse apoderado de los campos petrolíferos venezolanos; defendió con vehemencia la idea de que "al vencedor le pertenecen las riquezas"; insinuó que extendería su misericordia a Cuba; y prometió, a pesar del creciente malestar público, impulsar la revolución de la IA para consolidar el dominio estadounidense para siempre. No pasó desapercibida la ironía de que el presidente estadounidense hubiera elegido las Naciones Unidas —cuyo mandato fundacional, tras la guerra mundial, era crear cooperación internacional para ayudar a desactivar conflictos— para desatar sus sentimientos nacionalistas más odiosos.

Esto era, sencillamente, Hitler adaptado a la era digital. Les reto a encontrar una sola frase en ese monstruoso discurso ante la ONU de la que el Führer alemán hubiera querido distanciarse.

Los fascistas hablan mucho de dureza, pero otro denominador común es su increíble susceptibilidad. Si no soportas las críticas y tienes un poder inmenso, ¿por qué no atacar a los medios de comunicación y a los periodistas que intentan exigirte responsabilidades?

En los primeros años del régimen nazi, la prensa de oposición fue sistemáticamente destruida , y una ley contra la libertad de prensa decretaba que los editores debían «regular su trabajo de acuerdo con el nacionalsocialismo como filosofía de vida». Cientos de publicaciones quebraron, y Max Amann —el burócrata a cargo de los esfuerzos de Hitler por controlar a los medios— dejó claro a las empresas colaboracionistas que su presupuesto publicitario solo debía destinarse a comprar espacio en periódicos y revistas aprobados por el partido. Legal y financieramente, la prensa libre fue aniquilada.

La semana pasada, en un arrebato nocturno en redes sociales, Trump decidió prohibir la entrada a la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW y Politico debido a sus retratos, a veces poco halagadores, del aspirante a rey de Estados Unidos. Para justificar esta medida indignante, Trump declaró que la libertad de prensa es algo que valora profundamente, pero que su decisión buscaba combatir las noticias falsas, un problema que se ha extendido como un cáncer en nuestros amados Estados Unidos. Es corrupto, intencional, generalizado, totalmente coordinado y fuera de control. Representa una amenaza para nuestra seguridad nacional y debe detenerse ¡YA! También informó a la prensa : «Algo anda mal en un país que permite que se escriban historias deliberadamente negativas».

Tras años de formación, ahora domino el lenguaje orwelliano lo suficiente como para traducir esto. Significa: «La prensa libre pasiva es buena; la prensa libre crítica es mala. La Primera Enmienda es simplemente un desperdicio de papel». De nuevo, ni Hitler ni Stalin lo habrían podido expresar mejor, aunque sospecho que habría sonado algo más poético en alemán o ruso.

Como era de esperar, el Departamento de Justicia de Todd Blanche, un verdadero traidor, acudió a los tribunales para defender lo indefendible , argumentando que el presidente tenía absoluta libertad para impedir el acceso de cualquier medio de comunicación a la Casa Blanca y para tomar la decisión, por motivos de seguridad nacional, de que los medios críticos representaban, de hecho, un peligro para el bienestar del Estado. Sospecho que esto resultará demasiado ambicioso incluso para la Corte Suprema de Roberts.

Ya que estamos hablando de defender lo indefendible, durante los últimos dos meses la administración ha estado construyendo una infraestructura masiva, centrada principalmente en Texas, para detener y acelerar las deportaciones de miles de menores no acompañados que cruzaron la frontera sur en los últimos años y que tienen casos de asilo pendientes en los tribunales estadounidenses.

A instancias de Stephen Miller , cientos de niños han sido rescatados de comunidades de todo el país en las últimas semanas y reubicados en centros de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR, por sus siglas en inglés) en Texas, según Shaina Aber, directora ejecutiva del Centro Acacia para la Justicia . Además, la administración ha solicitado propuestas para la construcción de un centro con capacidad para 3000 camas en Texas, que podría recibir a 500 niños nuevos cada 30 días.

Consideremos esto como lo opuesto a los esfuerzos del Kindertransport , que rescataron a niños judíos de territorios fascistas en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial y les brindaron refugio seguro en Gran Bretaña. En 2026, Estados Unidos, por el contrario, se dedica a reunir a niños vulnerables, internarlos y luego deportarlos de vuelta a un peligro claro e inminente; y docenas de empresas, con avidez, elaboran propuestas comerciales para participar en las ganancias de este vil comercio.

Que el destino de miles de niños pequeños sea decidido por un hombre con la repugnante disposición de Stephen Miller debería helarnos la sangre. Recordemos que Miller fue clave en la decisión, el año pasado, de crear la secreta Oficina de Remigración dentro del Departamento de Estado, cuyo objetivo es coordinar los esfuerzos de las distintas agencias gubernamentales para "remigrar" a todo el mundo, desde refugiados y solicitantes de asilo hasta niños víctimas de trata y abuso. Se trata de un proyecto abiertamente supremacista blanco que incluso toma su nombre de la retórica de los movimientos fascistas europeos sobre la "remigración" de inmigrantes no blancos y no cristianos.

Hace más de un siglo, la familia de Miller huyó de los pogromos en el imperio ruso y encontró la manera de empezar de cero en Estados Unidos. Hoy, Miller está a cargo de desmantelar la acogida que Estados Unidos brinda a los inmigrantes y busca formas cada vez más crueles de "remigrar" incluso a niños desesperados y no acompañados a situaciones que probablemente resulten letales para muchos de ellos.

No sé si Trump o Miller han leído alguna vez Mein Kampf , pero sí sé que su abominable filosofía es sorprendentemente similar a la que Hitler expuso hace casi un siglo. Y sé que un número alarmantemente grande de personas e instituciones colabora con este proyecto, que está arrasando con la historia estadounidense. Es una mancha moral con la que el país tendrá que lidiar durante generaciones. En 2024 tuvimos una opción; como país, elegimos a los fascistas. Se nos presenta otra oportunidad para elegir. No la desaprovechemos.

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Sasha Abramsky

autor de varios libros, entre ellos *The American Way of Poverty *, *The House of Twenty Thousand Books* , *Little Wonder: The Fabulous Story of Lottie Dod, the World's First Female Sports Superstar * y *Chaos Comes Calling: The Battle Against the Far-Right Takeover of Small-Town America* . Su libro más reciente es * American Carnage: How Trump, Musk, and DOGE Butchered the US Government *.

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