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La victoria de Fidel Castro frente a la operación de la CIA para impedir el triunfo de la Revolución

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Agencia Central de Inteligencia (CIA). Foto: Saul Loeb/ AFP.

Los estudios sobre la vida y la obra del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz han ido adquiriendo relevancia con el paso de los años, con un nivel superior a partir de la creación, en noviembre de 2021, del Centro que lleva su nombre y de la Cátedra de Estudios Históricos a él dedicada; así como los espacios para profundizar en su obra en las universidades, así como otros centros de educación superior y organismos. La continuidad de eventos como el recién concluido Primer Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro” es garantía de una sistemática identificación de temas sobre los que se va profundizando, en aras de lograr una mayor cientificidad en el conocimiento y precisión de aspectos que serán vitales en la lucha por los pueblos por un mundo mejor.

Particular importancia conferimos a la profundización del saber acerca de las acciones que contra él realizaron sus adversarios y las medidas de respuesta, en un amplio espectro, tanto en debates teóricos –las batallas de ideas- como en el campo práctico de la política y, dentro de ella, de la actividad subversiva.

Fue tan cabal el protagonismo de Fidel en la gestación y conducción de la Revolución, desde el ataque al Cuartel Moncada hasta su partida física que, metodológicamente, podemos interpretar como acciones en su contra, como persona, prácticamente, todas aquellas que se dirigieron, durante ese lapso de tiempo, contra la Revolución, como parte de las operaciones encubiertas del Gobierno de Estados Unidos encaminadas a impedir su triunfo y, como no pudieron evitarlo, a partir de 1959, destruirla.

Investigaciones posteriores nos posibilitarán ahondar en otros momentos, a partir de la preparación de la gesta del Granma desde México e importantes acciones de aquel período sobre las que nuestra historiografía, hasta ahora, no ha profundizado. En este artículo abordaremos lo referido a lo acaecido en el segundo semestre de 1958, y en uno posterior, que le da continuidad, a lo sucedido en el primer semestre de 1959, que no siempre se aborda desde la óptica que ahora lo hacemos, mostrándolo como un resultado de las acciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Las acciones del segundo semestre de 1958

Con frecuencia, las acciones que concluyeron con la invasión marítima y aérea por Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961 de la Brigada 2506 —y el triunfo revolucionario en Playa Girón sesenta y seis horas más tarde— se califican, erróneamente, como la primera operación subversiva de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) contra Fidel Castro.[1]

Al profundizarse en el tema, puede constatarse que, antes de aquello, hubo numerosas acciones previas por parte de aquel órgano de inteligencia y subversión, en etapas en que el triunfo aún se encontraba lejano.

La primera encaminada a evitar el triunfo, cuando el mismo se encontraba muy cercano, se inició cuando, en agosto de 1958, se hizo evidente la incapacidad militar del batistato de hacerlo por su cuenta, tras el fracaso del denominado Plan FF (Fase Final, o Fin de Fidel), iniciado en mayo de aquel año, y concluido en vergonzosa derrota a inicios de agosto. Aquella imposibilidad marcó el momento en que, el Gobierno de Estados Unidos, se percató de la necesidad de asumir un rol protagónico, a través de acciones encubiertas y diplomáticas de la CIA y el Departamento de Estado, encaminado a impedir el avance victorioso del Ejército Rebelde.

Fue el inicio de importante etapa en la que, por la fortaleza demostrada por la Revolución, aun transitamos.

La bibliografía desclasificada de la CIA y del Departamento de Estado, de documentos anteriores al 1ro de enero de 1959, es prolija en destacar las evaluaciones y criterios negativos acerca de la lucha del MR-26-7 y el Ejército Rebelde contra la dictadura batistiana; la preocupación acerca del papel y lugar de los comunistas en aquella lucha; la animadversión hacia Fidel Castro; así como la necesidad estadounidense de evitar el triunfo revolucionario en Cuba.

Una línea de actuación, que caracteriza plenamente la esencia de la operación subversiva iniciada en aquel mes de agosto, aparece ya esbozada en una evaluación del órgano de Inteligencia e Investigaciones del Departamento de Estado (INR, según sus siglas en inglés), del 1ro. de abril de 1958: a la alternativa de que Batista continuase en el poder, pero que a la postre fuese sustituido por un régimen revolucionario encabezado por Fidel Castro, veían con buenos ojos que fuese una “tercera fuerza” quien asumiera el poder en Cuba, “con el surgimiento de una Junta Cívico-Militar que expulsara a Batista, pero no permitiera a Castro asumir una posición dominante”.

En aquel pensamiento la CIA coincidía, por la misma causa, con los partidos reformistas opuestos a la dictadura: evitar el acceso al poder por fuerzas progresistas y revolucionarias que afectaran el statu quo de explotación existente.[2]

Con el abastecimiento de medios de guerra ofrecidos por Estados Unidos a lo largo de los años 50, y el asesoramiento de la misión militar estadounidense, hasta el verano de 1958, la responsabilidad de derrotar al Ejército Rebelde había correspondido al ejército de la dictadura. El fracaso de éste en las batallas de Santo Domingo (28-30 de junio de 1958), El Jigüe (11-21 de julio) y Las Mercedes (31 de julio-6 de agosto), hicieron evidente que el desplome de la dictadura no estaba lejano.

En aquellos momentos aún no estaba disponible una “tercera fuerza” (esto es, que adversara tanto al tirano Batista como a Fidel Castro), capaz de cumplir el doble rol de sustituir al batistato y recibir apoyo militar externo para derrotar al Ejército Rebelde. La operación subversiva que se inició intentaría crear las condiciones para lograrlo.

Primer acto, protagonizado por el Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatric

Convencionalmente consideramos, como el momento de inicio de la operación, la entrevista del Inspector General de la Agencia, Lyman Kirkpatrick con el representante del M-26-7 en el exterior, radicado en Venezuela, Luis M. Buch, solicitada al mismo desde la embajada de Estados Unidos en Venezuela. Se identificaba a Kirkpatric como un integrante del Consejo de Seguridad Nacional de viaje por la región.

Evidentemente, el objetivo fue realizar un muy amplio abastecimiento informativo de inteligencia, que les posibilitase diseñar las tareas para impedir el triunfo rebelde.

Los numerosos intereses informativos allí solicitados mostraron los aspectos sobre los que la CIA y el Departamento de Estado comenzaron a planificar acciones: precisiones con respecto al mando en el Ejército Rebelde; el papel de los comunistas; las posiciones ideológicas de los principales jefes rebeldes; las relaciones de los líderes entre ellos, al interior del movimiento revolucionario y con otras organizaciones opositoras. En extremo relevante, para lo que sucedió después -como veremos más adelante, lo que hasta ahora no se ha destacado con la fuerza requerida- fue el interés en conocer la opinión del mando rebelde, sobre una mediación latinoamericana en la situación que se encaraba. No fue una “mediación” lo que se pretendió a través de la OEA, sino algo de mucha más gravedad.

Los funcionarios a cargo en el terreno: la estación de la CIA en la embajada de Estados Unidos en La Habana

En septiembre la estación de la CIA, en La Habana fue fortalecida, con la designación como jefe de la misma del oficial de larga data James Noel. Existen evidencias de, inusuales, encuentros suyos con David Atlee Phillips, oficial de fachada profunda de la CIA establecido en La Habana: lo que se gestaba obligaba a pasar por encima de las normas para aquella categoría de oficial, que no debían evidenciar nexos con la embajada, y mucho menos con el órgano de la CIA que allí funcionaba.

También en septiembre el Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatric visitó Cuba, lo que posibilita versionar sesiones de trabajo con la estación local en la planificación, organización y control de las tareas de la operación en marcha. Fue mes también de una exhaustiva búsqueda de información de inteligencia, en Cuba y en países con fuertes núcleos de emigración cubana, sobre la presencia comunista en el movimiento revolucionario.

Desencadenamiento de la Operación

Las medidas comenzaron a desencadenarse a partir de la segunda mitad de noviembre. Para cumplir las recomendaciones del INR del 1ro. de abril, citadas antes –que en su esencia eran lograr que fuese una “tercera fuerza” en capacidad de contener las fuerzas de Fidel Castro- fue seleccionado el antiguo funcionario del Departamento de Estado William Pawley. En entrevistas con él realizadas por parte del jefe de la división del Hemisferio Occidental de la CIA J. C. King y los subsecretarios de Estado William P. Snow y Henry F. Holland, a mediados-finales de noviembre de 1958, se le indicó que amparándose en su vieja relación con Batista desde los años 30, en que había estado establecido como empresario en la isla, debía influir sobre el mismo en aras de que abandonara el país, antes de lo cual debía trasladar el poder a una Junta Cívico-Militar.

Esa información fue ofrecida por Pawley en testimonio ante el Sub Comité de Seguridad Interna del Senado, en septiembre de 1960, que lo hizo público en sus reportes sobre las audiencias sobre la amenaza comunista hacia Estados Unidos a través del Caribe iniciadas en julio de 1959, audiencias que se iniciaron en julio de 1959 –como veremos más adelante- como parte de la misma operación subversiva contra Cuba.

Según Pawley la Junta era opuesta tanto a Batista como a Fidel Castro, “pero satisfactoria para nosotros, que debíamos inmediatamente reconocer y brindarle la asistencia militar que permitiera que Fidel Castro no accediera al poder”. Los integrantes de aquella “tercera fuerza” eran “el coronel Barquín, el coronel Borbonet, el General Díaz Tamayo, Bosch de la familia Bacardí y un nombre que he olvidado. Eran cinco hombres, todos adversarios de Batista”.

El encuentro entre Pawley y Batista se realizó el 11 de diciembre.

Batista negó el ofrecimiento, dada la equivocada creencia de que podría mantenerse en el poder hasta el 24 de febrero, en que debía entregar el cargo al presidente electo en las espurias elecciones de noviembre. Existen informaciones que muestran que en el fondo lo que existían eran intereses económicos de Batista en aras de incrementar su fortuna.

El error de la CIA y el Departamento de Estado fue, en el más puro estilo mafioso del que eran maestros, no haber garantizado que la única opción que hubiera tenido Batista fuese trasladar el poder a la Junta que se le informaba y abandonar la presidencia.

Aquella negativa echó por tierra la operación elaborada por la CIA y el Departamento de Estado, que impidió se desplegaran otras importantes tareas, como veremos a continuación.

Papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) en las acciones para impedir el triunfo del Ejército Rebelde

La información existente muestra que la CIA y el Departamento de Estado habían creado condiciones para el más elevado aval jurídico hemisférico a las acciones que se derivaran de la conversación Pawley-Batista dado que, paralelamente, se daban los pasos para que en aquellos momentos se encontrase en Cuba una delegación de alto nivel de la OEA.

Además de avalar el despojo del triunfo al Ejército Rebelde, que ya lo tenía en sus manos, la OEA estaba en capacidad de influir decisivamente en la eliminación del peligro que representaba la presencia comunista en el movimiento revolucionario, dada su paternidad de los documentos rectores del anticomunismo en el sistema interamericano, emanados de la novena y décima conferencias panamericanas (Bogotá, 1948; Caracas, 1954), así como de la IV Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de países miembros de la OEA (Washington, 1952, en ocasión de la guera en Corea). La proyectada presencia en Cuba de una delegación de alto nivel de la OEA, en momentos en que asumía el poder presidencial la Junta Cívico-Militar, posibilitaba su reverdecimiento y aplicación.

Aquella presencia le posibilitaría a la Comisión, incluso, asumir funciones “de Consulta”, de acuerdo con lo establecido en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que invocaba “la solidaridad continental” para enfrentar una agresión armada comunista, que hubiese podido ser canalizado expeditamente por la Comisión.

La sistemática y abarcadora búsqueda de información sobre el signo ideológico de los dirigentes revolucionarios parece tributar en esa dirección, y en sus textos se expresan dudas con respecto a Fidel Castro, pero no con Ernesto Che Guevara y Raúl Castro. Documentos desclasificados muestran que sobre la filiación ideológica de Fidel se realizó una amplia búsqueda en enero de 1958; en febrero sobre el comandante Ernesto Che Guevara; en julio, directamente por el Secretario de Estado, que evidentemente perseguía una finalidad más abarcador, para que se realizase un estudio especial acerca del incremento de la influencia comunista en líderes potenciales del movimiento revolucionario, partidos políticos, círculos estudiantiles e intelectuales, movimiento obrero y medios de comunicación. En agosto, fue uno de los intereses informativos del Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick en su entrevista en Caracas con Luis Buch. El último de los documentos, de finales de septiembre, impresiona como un intento de consolidación de toda la información. La “política de contención” de la posguerra se ponía a prueba en el caso cubano.

No es ilógico pensar que la inclusión, en la Junta Cívico-Militar, del coronel Ramón Barquín López, se encaminaba a facilitar medidas relacionadas con el TIAR, dado el relevante papel que había desempeñado Barquín en el seno de la Junta Interamericana de Defensa cuando, después de haber sido agregado militar en la embajada cubana en Estados Unidos, desde 1949 fue vicejefe del Estado Mayor de aquella Junta. En 1955 Estados Unidos lo había galardonado con la Medalla Legión de Mérito. Cuando más atrás nos referíamos a aspectos sobre los que resulta necesario profundizar, teníamos en mente el papel de Barquín en su relación con la comunidad de inteligencia de Estados Unidos en aquel período, y el papel de liderazgo, a él solicitado por los militares honestos de la denominada “conspiración de los puros” de 1956.[3] Está probada la relación con la estación de la CIA en La Habana, en aquellos momentos, por Justo Carrillo, que se caracterizaba entonces como la cara civil de aquella conspiración.

Los fracasados intentos de atracción de la OEA

El 8 de diciembre de 1958, en comunicación del Departamento de Estado enviado a todos sus embajadores en los países latinoamericanos, se indicaba que en rápido contactos personales con los presidentes de los mismos se invocara “algún sentimiento de responsabilidad hemisférica en ocuparse de la deteriorada situación cubana, que ha creado problemas humanitarios y complicaciones internacionales”.

Creemos que la imposibilidad de llevar a vías de hecho los resultados que se esperaban de la entrevista Pawley-Batista, fue lo que trajo consigo los magros resultados obtenidos de aquella comunicación, y explica la poca documentación existente tras sus primeros momentos: la OEA no podría avalar traslado de poder alguno por parte del tirano Batista; y mucho menos avalar solicitud de ayuda militar externa alguna, para eliminar al Ejército Rebede, dado que no hubo Junta Cívico-Militar que lo hiciera.

Los resultados, conocidos, fueron:

  • La cancillería ecuatoriana se mostró en disposición de indagar, a través de la embajada cubana en Quito, si el tirano Batista aceptaría que viajase a La Habana una delegación de la OEA para mediar en la problemática política existente.
  • La indagación ecuatoriana tuvo tardía respuesta positiva por Batista, a fines de diciembre. El fracaso de la misión de William Pawlwy ya no lo hacía necesario.
  • Al menos en una oportunidad, se expresa que el expresidente ecuatoriano Galo Plaza podía formar parte de la Comisión que se crease.
  • De otros países participantes, al único que se menciona es a Panamá, y se menciona al expresidente y embajador en la OEA Arnulfo Arias no solo como integrante de aquella Comisión de la OEA, sino como su presidente. Esto aparece así en documento de la dirección de Panamá y asuntos centroamericanos del Departamento de Estado, no como un interés panameño. Tengámoslo como antecedente, a la hora de valorar la ofensiva medida de la CIA, contra la Revolución, a través de cercanos familiares de Arnulfo Arias, apenas cuatro meses más tarde.
  • Aquella solicitud provocó la decisión del tirano dominicano Rafael L. Trujillo Molina de ofrecer, a su par Batista, una ayuda militar de diez mil efectivos. Una comisión dominicana de alto nivel, para precisar tal ayuda, se encontraba en Cuba el 31 de diciembre, pendiente de reunirse con el tirano, lo que no llegó a realizarse.

En reunión del 26 de diciembre del Consejo de Seguridad Nacional, el presidente Eisenhower expresó que no deseaba que las operaciones encubiertas contra Cuba se valorasen en reunión del Consejo de Seguridad Nacional. Que sepamos, dado el fracaso de la operación subversiva descrita, en aquellos momentos estaban en curso solamente dos importantes acciones de ese tipo. Una de ellas, el lanzamiento, por vía aérea, por parte de la división paramilitar de la CIA, de potentes medios de guerra al II Frente Nacional del Escambray, para que estuviera en condiciones de competir con el Ejército Rebelde, como “tercera opción” de carácter militar, que no llegó a realizarse porque se planificó para el 2 de enero, y ya la Revolución había triunfado.

Otra acción encubierta que se estaba realizando en aquel momento, cuando ya habían fracaso todos los intentos, era el plan magnicida en marcha, contra Fidel Castro, a través del estadounidense, agente del FBI, Robert Allen Nye, del que apareció como organizador en Cuba el jefe de la Fuerza Aérea del batistato, Carlos Tabernilla Palmero, hijo del jefe de las fuerzas armadas batistianas Francisco Tabernilla Dolz, que resulta imposible se hiciera sin el conocimiento —e incluso respaldo— de la CIA, del FBI y de la misión militar estadounidense en Cuba.

Las medidas que en realidad se aplicaron, en la noche del 31 de diciembre en que el tirano Batista se vio obligado abandonar Cuba, fueron solo una pálida muestra de lo que a través de la operación elaborada se había planificado por la CIA y el Departamento de Estado. Aparentemente, la tozudez del tirano trajo consigo que lo realmente realizado fue una caricatura de lo que se había pretendido. La endeblez de la “tercera fuerza” encabezada por el general Eulogio Cantillo, que supuestamente asumiría la autoridad presidencial, no pudo resistir ni siquiera durante horas la pujanza revolucionaria. Ramón Barquín no fue tenido en cuenta con el nivel previsto, y estuvo ausente en todo el proceso el manto protector de la OEA.

Origen de la campaña de propaganda enfrentada después de enero de 1959 por la Operación Verdad

La voluntad demonizadora del Ejército Rebelde, presente en las comunicaciones del Departamento de Estado, cuando intentaba lograr la “responsabilidad hemisférica”, al expresar que era necesario impedir el triunfo revolucionario “para evitar el baño de sangre que hubiera implicado”, sin ampliar, se trastocó en contenido fundamental de las acciones contra la Revolución, provenientes de Estados Unidos, inmediatamente después del triunfo de enero de 1959, para enfrentar e intentar impedir la aplicación de la justicia a los torturadores y asesinos de la tiranía.

La responsabilidad gubernamental estadounidense en aquella campaña mediática –de la que siempre se ha culpado, de forma superficial y poco precisa, a “periodistas” o “agencias de prensa”-, se evidencia en las palabras del subscretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos Roy Rubbotom ante el Congreso, en la mañana del 31 de diciembre de 1958 –un día antes del triunfo- al haber sido convocado ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para explicar los pasos que se daban por el Ejecutivo para encarar la deteriorada situación política en Cuba. A la pregunta de qué hacía el Ejecutivo ante la situación existente en Cuba, Rubbotom solo se refirió a la labor mediadora de la OEA (que, en realidad, era inexistente), haciendo énfasis en que se realizaría para evitar el triunfo y con ello evitar el baño de sangre que implicaría.

Algunos de los legisladores que allí le escucharon, fueron los más importantes impulsores de la campaña de propaganda contra la Revolución de pocos días más tarde, realizada con el protagonismo de la denominada Operación Mockinbird, de la CIA, responsabilizada desde 1948, muy secretamente, con la atracción de los medios de prensa y los más renombrados periodistas a las necesidades propagandísticas del Gobierno de Estados Unidos.

Lo expresado antes es una nueva mirada a las acciones gubernamentales de Estados Unidos contra la Revolución en el período inmediatamente anterior al triunfo de enero de 1959, para evitarlo.

El hecho de que no pudieran lograrlo fue la base de una nueva etapa, superior de aquellas acciones encubiertas, que posibilita explicar muy importantes hechos acaecidos en el primer semestre de 1959, hasta ahora no valorados como parte de las acciones encubiertas del Gobierno de Estados Unidos contra Fidel Castro y la Revolución, sobre lo que fijaremos la atención en otro artículo posterior.

Notas
[1] Ver, de Juan Carlos Rodríguez: La batalla inevitable. La más colosal operación de la CIA contra Fidel Castro, Editora Política, la Habana, 1996.
[2] Se explica en extenso por Jorge Ibarra Guitart en El fracaso de los moderados en Cuba. Las alternativas reformistas de 1957 a 1958, Editora Política, La Habana, 2000.
[3] Ver José Ramón Fernández: Un hombre afortunado, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2018.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Tony22 dijo:

    Hoy Cuba muestra al mundo el logro de su trabajo

  • Jorge dijo:

    La verdad es que USgoverment siempre se ha comportado como imperio y, no es redundante decir, reaccionario. Más de 6 años después pensar que son algo diferente es ser cuando menos ingenuo o altamente inculto políticamente hablando.

    • Jorge dijo:

      Quise decir, más de 60 años después.

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Dr.C. Andrés Zaldívar Diéguez

Instituto de Historia de Cuba

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