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La derrota cultural del “socialismo real”: una mirada desde el chiste político

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El humor de Misha. La crisis del “socialismo real” en el chiste político fue presentado en Pinar del Río, en la 34 Feria Internacional del Libro, el 22 de agosto de 2026. Foto: Marelys Corvea Barreto.

Hay libros que se leen y libros que se viven. Hay análisis que explican y otros que desnudan. El humor de Misha. La crisis del “socialismo real” en el chiste político, del destacado intelectual cubano Abel Prieto Jiménez, pertenece a esta segunda categoría. Nos invita a un viaje fascinante y a la vez desgarrador por las entrañas de un sistema político a través de uno de los testimonios más elocuentes y subversivos: la risa popular.

Muchas son las obras que abordan las causas del derrumbe del campo socialista; sin embargo, pocas se adentran, como lo hace este lúcido ensayo, en la perspectiva cultural como un elemento fundamental de aquel “desmerengamiento”, como llamara Fidel Castro al colapso del socialismo europeo.

Publicado por la editorial argentina Colihue en 1997, este libro mantiene una vigencia absoluta. Como destaca su autor desde las páginas iniciales, estos chistes “nos muestran un proceso de reversión cultural, que es también ideológica y política; cómo la nueva cultura, los nuevos valores que debían acompañar al resto de las transformaciones, fueron perdiendo legitimidad a escala del individuo, y terminaron siendo exteriores y ajenos”.

Con una prosa tan lúcida como comprometida, el autor nos guía por el laberinto de contradicciones que fue el “socialismo real” en la Unión Soviética y Europa del Este, usando como hilo conductor el chiste político. Lejos de ser un mero compendio de anécdotas, este ensayo erudito y profundamente humano se sumerge en la función sociológica, cultural y psicológica del humor como termómetro del consenso fracturado. El osito Misha, la mascota de las Olimpiadas de Moscú 1980, se erige aquí como símbolo inicial de una modernidad fallida, un intento artificial y tardío que encarnaba la desconexión entre el poder y el pueblo, entre la utopía prometida y la gris realidad cotidiana.

Abel Prieto, con la aguda mirada del intelectual revolucionario, no se limita a catalogar chistes. Los analiza, los contextualiza y los desmenuza para revelar las grandes fracturas del sistema. A través de estas viñetas de humor negro y sátira mordaz, asistimos a la deconstrucción de los pilares fundamentales del “socialismo real”. Un error estructural, como muy bien analiza el autor, fue buscar la modernidad, no en las fuentes originales y auténticas del socialismo, sino en los códigos, estéticas y símbolos frívolos del capitalismo, cayendo en una trampa sin salida al pretender competir en estándares de vida con las sociedades de consumo. Este camino, como demuestra Abel, no podía sino generar nuevos consumidores, nunca el “hombre nuevo”, protagonista de los cambios revolucionarios, soñado por el ideal socialista.

La claridad meridiana sobre este peligro siempre estuvo presente en el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz. El 12 de marzo de 1988, en plena efervescencia de la Perestroika soviética, advertía en un intercambio con jóvenes escritores y artistas de la Asociación Hermanos Saiz:

“¿Qué, nos vamos a poner a competir con la sociedad de consumo yanki? ¿Vamos a entrar en competencia para que la gente se quede aquí a base de darles más zapatos, más lujo, más cosas? (…) Eso para mí siempre fue una cosa muy clara desde el principio, que nosotros no podíamos competir con la sociedad de consumo en cosas materiales”. Y en el IV Congreso de la Uneac, a inicios de ese mismo año, había precisado: “Nivel de vida no es solamente toneladas de cosas materiales, hacen falta muchas toneladas de cosas espirituales. (…) sobre todo, las actividades artísticas y culturales se pueden convertir en una de las más altas expresiones del nivel de vida”.

Para diseccionar esta crisis de hegemonía, Abel recurre a Antonio Gramsci y a Peter Berger. Su análisis revela, a través de la sátira popular, el fracaso en la creación de una nueva moral y un nuevo consenso. Los chistes exponen, uno a uno, los males del sistema: el atraso tecnológico y la burocracia irracional; la traición a los ideales fundadores de Marx y Lenin; la subordinación autoritaria de las nacionalidades a Moscú; la censura y la autocensura que estrangulaban el pensamiento; y, de manera crucial, la ausencia de fórmulas auténticamente participativas para el pueblo en la construcción socialista. Como sentencia el autor: “El socialismo requiere de ‘las armas ideológicas más refinadas y decisivas’ que pedía Gramsci; pero, por su propia esencia, el universo simbólico y significativo socialista tiene que construirse en un espacio radicalmente democrático y a través de un incesante compromiso participativo”.

La originalidad de este libro no termina en su penetrante análisis del “socialismo real”. Dedica un capítulo final, “Para un epílogo cubano”, a contrastar ese humor con el chiste político nacido de la Revolución cubana. Aquí argumenta una diferencia esencial: mientras en Europa del Este el humor reflejaba pasividad y un fatalismo que atacaba las bases del sistema, en Cuba el chiste –incluso el más crítico– suele operar desde una lógica diferente. Aparece la figura del “pícaro”, que con ingenio busca sobrevivir o “escapar” individualmente, pero sin cuestionar, en la mayoría de los casos, la soberanía nacional. Prieto identifica una resistencia singular en lo que podríamos llamar la “antimodernidad” cubana, que no es vista solo como un estigma, sino también como un espacio de creatividad y resistencia indomable frente al imperialismo.

Otro valor añadido de esta edición es el extraordinario epílogo que, a modo de reflexión paralela, escribiera el intelectual y revolucionario Armando Hart Dávalos. Sus valoraciones sobre la centralidad de la cultura en el socialismo son vitales en la actualidad, no solo para el proyecto cubano sino para todas las batallas emancipadoras que se libran en la contemporaneidad. Hart nos recuerda:

“No se apreció que si es cierto —como afirmó Engels— que el hombre primero necesita comer, vestir, tener un techo…, también lo es —y no está en antagonismo con las esencias del pensamiento de Marx— lo que afirmó el cristianismo, en el sentido de que no sólo de pan vive el hombre. Porque sin hacer filosofía, arte, religión, vida espiritual, NO HAY HOMBRE”. Y sentencia: “Por estas razones, no es científico tratar de forma divorciada las luchas por el pan, de un lado, y por la vida cultural y espiritual, del otro”.

El humor de Misha es, en última instancia, un libro necesario. Es una lectura indispensable para entender la textura humana del colapso del socialismo europeo, un proceso que no puede explicarse únicamente con datos económicos o análisis geopolíticos. Es un estudio que duele, que provoca la sonrisa amarga y la reflexión profunda, y que, desde la izquierda es fiel a sus ideales emancipadores pero crítica con sus deformaciones, ofrece lecciones vitales para todos los que defendemos un socialismo auténtico, próspero, democrático y participativo, desde la trinchera siempre anticolonial y antiimperialista.

Abel Prieto, con la aguda mirada del intelectual revolucionario, no se limita a catalogar chistes. Los analiza, los contextualiza y los desmenuza para revelar las grandes fracturas del sistema. A través de estas viñetas de humor negro y sátira mordaz, asistimos a la deconstrucción de los pilares fundamentales del “socialismo real”.

(Tomado de La Jiribilla)

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  • Ernesto Díaz dijo:

    Se convierte en esencial la lectura de este libro en tiempos como el que vivimos, hay que saber "qué ha pasado" para intentar predecir "qué pasará". Y si es a través del humor, tan fiel a la realidad como agradable su lectura, se agradece y mucho.

  • Barto dijo:

    La derrota cultural del socialismo real fue el resultado de olvidar que la superestructura de cualquier sociedad es el resultado de lo que se cocina en la infraestructura y en la estructura, por lo que estaba claro que intentar competir con el capitalismo en ser más papistas que el papa e imitando su estilo de vida implicaba necesariamente la adopción de cambios profundos en la infraestructura. Aquí, según el marxismo clásico lo que hay son relaciones de producción caracterizadas por la explotación, la alienación y codificación a la que una minoría privilegiada somete a las mayorías. Añadamos a ello que el capitalismo corporativo amplió la explotación a las relaciones de consumo cuando los avances en las técnicas de control de la conducta individual y colectiva provocó que fuera la maximización de la tasa de beneficios de las empresas quien asumiera la iniciativa y liderazgo en la determinación de tres cuestiones claves de cualquier sociedad: qué producir, cómo y para quién .

    En el capitalismo clásico, los productores se ajustaban al principio de máxima utilidad marginal de los consumidores en función de sus necesidades sentidas, pero todo cambió cuando la publicidad comercial y la propaganda política lograron que determinados intereses corporativos lograran ampliar las relaciones de explotación al área privada del consumo y del estilo de vida. Así fue como el consumo de masas se convirtió en otra forma de explotación de clase. En algunos sectores ( los más rentable y exitosos) recurrir a la manipulación publicitaría estaba reservado a la inculcación de un estilo de vida y opinión favorables a los intereses corporativos y gravemente perjudiciales para la utilidad marginal de los consumidores, como todo lo relacionado con la salud y la seguridad. Aquí el capitalismo corporativo no duda en sacrificar la salud convirtiéndola en morbilidad o la seguridad convirtiéndola en vulnerabilidad ( por imaginarios o fantásticos que puedan ser los enemigos) con tal de incrementar la demanda y maximizar beneficios.

    Por increíble que pueda parecer, cuando el socialismo real se miró en el escaparate del capitalismo corporativo y quiso adoptarlo, su opción de compra incluía las aberraciones que estaban ocurriendo en la infraestructura, tanto en el área de la producción como del consumo, no quedando prácticamente nada para el desarrollo de la espiritualidad, la creatividad, el humanismo, el ocio alternativo , el ecologismo, la solidaridad o el
    pacifismo. Fue un error muy grave que dió alas al capitalismo corporativo, resultando ahora más difícil combatirlo, dispuesto a todo con tal de no colapsar. Por ello, cuando Sanders dice que los norteamericanos desearían escapar de la jaula del modelo corporativo sanitario, educativo, defensivo o pensional privado existente en Estados Unidos para adoptar el público existente en otras naciones del entorno capitalista pareciera ignorar que aquí los partidos franquiciados de la superpotencia están librando una dura batalla contra los pueblos por su privatización ( incluida la socialdemocracia), por lo que todos corremos el peligro de caer en las garras de tan infernal capitalismo corporativo. Ellos saben que es su única salvación.Me encantaría leer el libro del genial e imprescindible Abel Prieto.

  • Juan Fuentes dijo:

    Un libro muy importante por las ensenhazas que se pueden derivar del mismo. Pienso que las editoriales cubanas podrían poner a la venta digital, claro mediante un pago, de este libro. Esto sería de gran impacto para nuestro pueblo.

  • Efrein dijo:

    Por favor si se vendió en la última feria en qué librería de la Habana se puede comprar? o algún sitio para averiguar.

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Elier Ramírez Cañedo

Elier Ramírez Cañedo

Académico cubano. Doctor en Ciencias Históricas. Coautor del libro "De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba". En Twitter: @islainsumisa

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