En tiempos duros, no podemos perder la sensibilidad

En una terapia intensiva puede morir un niño inocente, no porque no exista profesionalidad para salvarlo, sino porque alguien, a miles de kilómetros de distancia, no tiene en cuenta el sufrimiento y la desesperación de una madre cuando una máquina puede apagarse por falta de energía eléctrica. Foto: Rafael Fernández Rosell/ Granma.
Hace algunos días, mientras trabajábamos en la edición impresa del periódico Granma, no podíamos evitar conmovernos cuando el reportero que estuvo presente en el momento de la entrega de un masivo donativo a un hospital nos describía algunas de las palabras de la directora de esa institución. Ella decía, más o menos, algo así:
“Hemos tenido que llegar a utilizar incluso los backups de nuestras computadoras cuando tenemos apagones en el hospital, para evitar que se apaguen las máquinas de los respiradores artificiales de los niños que tenemos hoy en las terapias intensivas”.
Y cuando uno escucha cosas como estas, uno se pregunta si quienes hacen esto, quienes acusan en algún momento, se sacaron el corazón del pecho y renunciaron a ser seres humanos para convertirse en algo que, como decía un compañero anteriormente, ya ni siquiera tiene nombre.
Porque no hay un ser humano en este planeta que escuche algo como esto y no tenga la sensibilidad suficiente para sentir que se le aprieta el alma al pensar que en una terapia intensiva puede morir un niño inocente, no porque no exista profesionalidad para salvarlo, no porque no haya suficiente capacidad de los profesionales que están ahí luchando por sus vidas, sino porque alguien, a miles de kilómetros de distancia, no tiene en cuenta el sufrimiento y la desesperación de una madre cuando esa máquina puede apagarse.
Estas son cosas que el pueblo cubano, que los cubanos, llevamos cada día en el pecho. Son heridas que llevamos y que no se cierran, y que no vamos a perdonar nunca.
Nuestro Presidente lo llamaba muestras del heroísmo cotidiano. ¿Cuántas muestras del heroísmo cotidiano hay? No nos alcanzarían días y días en esta Asamblea para citar los ejemplos.
Ejemplos que salen de las paredes de un hospital, de una escuela, de un hogar. Cuando muchas madres y familias tienen que renunciar al sueño y al descanso para aprovechar las escasas horas de electricidad en una madrugada y cocinar los alimentos de sus hijos. Cuando trabajadores se levantan temprano a encender el carbón antes de ir al trabajo para preparar la comida de la familia.
Y los científicos que pasan horas haciendo una vacuna en un laboratorio y después tienen que salir a la calle a lidiar con la falta de transporte, con los apagones, con las dificultades cotidianas.
Yo creo, sinceramente, que hemos dicho muchas veces la palabra genocidio y la seguiremos diciendo tantas veces como sea necesario, porque no existe otra manera de definir lo que está pasando hoy con el pueblo cubano.
Y creo que hay algo importante que nosotros tenemos que tener en cuenta y que no podemos olvidar nunca:
Se está tratando de hacer también una guerra contra los sentidos, contra los principios de este pueblo.
Se está poniendo muchísimo dinero en las redes sociales, en las plataformas digitales, en todos los espacios, no solo para subvertir la ideología, sino para que estemos cubanos contra cubanos; para que no nos miremos con solidaridad, para que no nos miremos con afecto; para que veamos a nuestros líderes como enemigos; para que sigamos pensando que este Gobierno es ineficiente y que lo que estamos pasando hoy no tiene nada que ver con una mano externa que nos asfixia, que nos aplasta, sino únicamente con la ineficiencia de los dirigentes cubanos.
No podemos perder la madurez en este momento, no podemos perder la sensibilidad. ¿Qué podemos hacer? Lo que estamos haciendo: seguir buscando hasta la última alternativa para salvar la patria, para salvar nuestra economía.
Pero creo que, sobre todo y por encima de todo, hay que salvar esos principios de humanismo, de solidaridad, de colaboración que han sido siempre una herencia para este pueblo cubano.
Y cuando yo tenga un plato de comida y no lo tenga mi vecino, hay que compartirlo; hay que tocar la puerta de esa madre que tiene tres niños y vive sola hoy; hay que saber cómo está la vecina que está cuidando a un paciente encamado en la situación que estamos viviendo; hay que acompañar a la madre que tiene un niño conectado a un respirador artificial, incluso en los hogares cubanos.
Creo que hoy el pueblo cubano está escribiendo páginas muy dignas, páginas que tienen que servir también para que aquellos en el mundo que aún no han despertado reflexionen y se den cuenta de lo que está pasando.
Porque ellos dicen que nosotros somos terrorismo de extrema izquierda. Lo que pasa es que los seres humanos se han cansado de tanta injusticia y están buscando, y hay que seguir buscando, los ejemplos heroicos como los del pueblo cubano, que demuestran que la injusticia sí se puede enfrentar y que sí hay mucho que podemos hacer.
No va a haber un señor todopoderoso en este mundo que le diga a un pueblo que tiene que rendirse, que tiene que abandonar su patria, que tiene que abandonar sus ideales. Eso no va a pasar.
Y como hizo ahorita nuestro canciller y como hizo la vicepresidenta de nuestra Asamblea, también me permito citar a Martí, y quisiera hacerlo de la siguiente manera:
Los cubanos no vamos a aceptar el yugo. Y si lo aceptamos será únicamente para ponernos sobre él de pie y lucir orgullosos en nuestra frente la estrella que ilumina y mata.
Intervención de la diputada por el municipio de Puerto Padre, en Las Tunas, Leidys María Labrador Herrera, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, miércoles 29 de julio de 2026.
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Sin embargo nos están haciendo perder la sensibilidad.
Según lo que estamos viviendo y ahora las nuevas medidas y transformaciones económicas y sociales a donde nos llevan?
El desespero no lleva a nada bueno.
Pero, ¿quiénes son los que noz llevan al desespero, el gobierno o la guerra económica, comercial y financiera que nos hace el enemigo? Tenemos que poner bien los pies sobre la tierra para denunciar al principal culpable: al imperialismo neofascista de Washington.