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El azúcar de las estrellas

Por: Frei Betto
En este artículo: Astronomía, Estrellas, Sociedad, Universo
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Imagen referencial. Foto: NASA/ESA.

Cuando era niño, mi abuela me decía que el cielo era de azúcar. A los seis años, yo tenía una fe inconmovible en todo lo que ella decía, así que imaginaba que, al morir, encontraría una casa como la de la bruja de Hansel y Gretel, hecha de bizcocho y cubierta de chocolate y pirulís. Más tarde descubrí que, en realidad, mi abuela era diabética y vivía en un conflicto hamletiano con los dulces.

Ahora la ciencia ha demostrado que mi abuela tenía razón. Un equipo internacional de astrónomos detectóeritrulosa, un azúcar complejo, en una enorme nube de gas y polvo situada cerca del centro de la Vía Láctea. Eso refuerza la hipótesis de que algunos de los ingredientes químicos que dieron origen a la vida ya existían antes de la formación del Sistema Solar.

Si la eritrulosa es una pieza clave en la química prebiótica y, por tanto, uno de los ingredientes de la sopa primordial que dio origen a la vida, queda demostrado que, en lo esencial, estamos hechos de azúcar espacial. Usted, yo, su gato, el árbol de la calzada, el pan de queso que se comió en el desayuno –todo, en algún nivel molecular— llevamos en nosotros un poquito de dulce de las estrellas.

Confieso que ese descubrimiento me resultó reconfortante. Al final, el Universo no solo es un inmenso vacío helado salpicado de explosiones, agujeros negros y planetas despoblados, como supongo en mi libro A obra do Artista: uma visao holitica do Universo. También tiene un puñadito de dulzura. Añado que, en esa obra, hago una advertencia: los ingredientes de la receta para hacer un Universo son sencillos: 76,5 % de hidrógeno, 21,5% de helio y 2% de otros elementos químicos. Preferiblemente, el cocinero debe tener manos divinas.

Eso me hizo pensar en cuántas cosas dulces existen en el Universo que aún no hemos descubierto. Tal vez haya una constelación en forma de rosquita. Tal vez Júpiter sea, en realidad, un gigantesco pudín de caramelo disfrazado. Tal vez los anillos de Saturno estén hechos de chantilly cósmico, y nosotros, míseros humanos, nos pasamos siglos pensando que no eran más que piedras.

El hecho es que el azúcar espacial vino para recordarnos algo en que la ciencia insiste desde hace tiempo: el Universo no solo es vacío, silencio y oscuridad. Está lleno de sabor. Sabor a carbono, oxígeno, hidrógeno. Sabor a posibilidades. Sabor a vida.

Cuando miro al cielo y veo la luna llena que, convengamos, parece un queso de Minas, se me ocurre que mi abuela, con su sabiduría sencilla, tenía más razón que todos los astrónomos juntos. El cielo es dulce. Solo que no disponemos de suficientes cucharones.

Tal vez el cosmos sea una cocina gigantesca. Mientras aquí en la Tierra discutimos cuál es la mejor receta de torta, el Universo mezcla hidrógeno, carbono, oxígeno y alguaos otras sazones químicas en cazuelasinvisibles del tamaño de galaxias. Ahora alguien mira por el telescopio y descubre que el postre estaba en el horno mucho antes de los dinosaurios.

Además, el nombre de nuestra galaxia, Vía Láctea, suena a propaganda de confitería. Y descubrimos que, además de leche imaginaria, hay azúcar de verdad paseando por el espacio. Solo faltan el café y un panadero interplanetario.

Imagino la reacción de los extraterrestres. Deben reírse de nuestra sorpresa y comentar: “¿Demoraron tanto tiempo en darse cuenta de que el Universo es dulce?”

Descubrir azúcar entre las estrellas es como encontrar una joya perdida en el bolsillo de un abrigo antiguo. No prueba que exista una dulcería esperando por nosotros en otra galaxia. Pero revela que la despensa cósmica está mejor abastecida de lo que suponíamos.

En el fondo, tal vez la ciencia sea una sucesión de descubrimientos capaces de endulzar la imaginación. Cada nueva molécula encontrada en el espacio nos recuerda que el Universo no es solo un catálogo de distancias imposibles. Es también un contador de historias químicas, paciente, creativo y sorprendente.

La próxima vez que alguien diga que la vida es amarga, vale recordar que en algún lugar, mucho más allá de la cuenta de la luz, las tarjetas de crédito y el tránsito infernal, hay una nube interestelar cargada de azúcar. Y eso significa que, desde mucho antes de que existiéramos, el Universo ya venía preparando algo especial.

Mi abuela tenía razón: el infinito también tiene un lado dulce.

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Frei Betto

Frei Betto

Carlos Alberto Libânio Christo. Conocido como Frei Betto. Fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso. En dos acasiones- en 1985 y en el 2005- fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años. Es el autor del libro "Fidel y la Religión".

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