“Lenin en la época más feroz del imperialismo”, por Néstor Kohan

El 22 de abril de 1870, en Simbirsk, nació Vladimir Ilich Ulianov, al que el mundo entero conoce como Lenin. Sobre él, a cien años de su natalicio, Fidel afirmó: “Si se dijera o si se preguntara si hubo algún hombre más incomprendido que Lenin, habría que decir que no. Pero, en cambio, sí habría que decir que no hubo hombre más comprendido por el trabajador humilde, más comprendido por el obrero, más comprendido por las masas, que Lenin”.
A propósito de cumplirse hoy su aniversario natal 156 –y, sobre todo, por la trascendencia de su legado–, Cubadebate publica en forma de diálogo las ideas del intelectual argentino Néstor Kohan sobre el líder bolchevique que fundó el primer Estado del proletariado en el mundo.
¿Hay un solo Lenin?
–Creemos que no. Existen muchos Lenin. No solo porque su obra fue variando al calor y al ritmo de la lucha de clases, sino porque las apropiaciones posteriores priorizaron un aspecto de su obra por sobre otro, según el ángulo político de sus interlocutores o seguidores. No es el mismo Lenin el joven que comenzó a estudiar El Capital a los 18 años (su hermano Alexander le acerca la principal obra de Marx en 1886, pero él recién comienza a estudiarla en 1888, un año después de que el zarismo asesinara a su hermano mayor), el que a comienzos del siglo XX se convierte en teórico de la organización revolucionaria con su inolvidable ¿Qué hacer?, el que reflexiona sobre la insurrección de 1905, el que rompe con sus maestros Plejanov y Kautsky (tanto en la teoría como en la práctica) mientras recopila y reconstruye la correspondencia incendiaria de Marx con Kugelmann, el que discute con su admirada camarada Rosa Luxemburg sobre cinco problemáticas distintas, el que durante la primera guerra mundial estudia en las bibliotecas de Zurich la Ciencia de la Lógica de Hegel, el que lee y anota en ese tiempo De la guerra de Clausewitz, El capital financiero de Hilferding, El estudio del imperialismo de Hobson (construyendo mientras tanto su propia teoría del imperialismo que verá la luz en 1916), el que regresa en el famoso tren blindado y plantea las rupturistas e iconoclastas tesis sobre el doble poder en las Tesis de abril, de 1917, el que sistematiza la teoría marxista del Estado y el poder recorriendo en detalle toda la obra de Marx y Engels, al calor de la Comuna de París, el que prepara la insurrección de octubre de 1917, el que comanda la guerra civil y vence con el comunismo de guerra a varios ejércitos invasores, el fundador de la Internacional Comunista, el que no le queda más remedio que retroceder económicamente con la NEP y cambiar la estrategia internacional adoptando el frente único, el que profundamente enfermo deja —ya sin poder escribir con sus propias manos— un testamento con sus secretarias donde alerta sobre las enormes dificultades de los demás miembros del Comité Central para dirigir el partido bolchevique y el Estado Soviético.
Lenin es invariablemente el mismo revolucionario indomesticable, radical, irreductible, inclaudicable. Desde jovencito hasta su muerte en enero de 1924, tiene las mismas aspiraciones que jamás abandonará: cambiar el mundo, demoliendo las instituciones capitalistas y emancipando, mediante la revolución y el socialismo, a todos los oprimidos y todas las explotadas de la historia. Pero su obra va cambiando, se va enriqueciendo y complejizando, va enfatizando uno u otro aspecto de la realidad y de la teoría según el análisis concreto de la situación concreta y según los variados niveles de la relación de fuerzas en el enfrentamiento de las clases sociales, a nivel internacional y a escala nacional. Por eso, congelar a Lenin en un solo libro, en un solo folleto, en una sola frase de algún modo “traiciona” o por lo menos deforma y petrifica el espíritu de su pensamiento en permanente ebullición.
¿Desde dónde leer a Lenin?
–Si aceptamos entonces, al menos como hipótesis, que no existe un único Lenin: ¿desde dónde leer a este gran maestro y guía de revolucionarios? Cada quien lo hará desde sus propios intereses y posiciones políticas. Y no está mal, es inevitable.
Nuestro Lenin es: (a) el del Che Guevara y sus Apuntes críticos a la economía política; (b) el de Roque Dalton y su entrañable Un libro rojo para Lenin; (c) el de Ruy Mauro Marini, tal como éste se vale de sus categorías, hipótesis y teorías en sus obras Dialéctica de la dependencia y Subdesarrollo y revolución y en su artículo polémico “Crítica del eurocomunismo”; (d) el de Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel, principalmente el de los Cuadernos 11 (donde Lenin se convierte a nivel mundial “en el máximo y principal filósofo de la praxis” y el Cuaderno 13 donde Lenin es el gran teórico del poder y la política entendidos como relaciones —tesis que se adelanta cuarenta años a las del famoso Michel Foucault aunque la Academia se niegue a reconocerlo—, pero no relaciones “en general” como las de Foucault, sino relaciones de poder y de fuerza entre las clases sociales y al mismo tiempo el pensador más original —continuador desde el ángulo proletario de las pioneras reflexiones burguesas de Nicolás Maquiavelo— sobre las “situaciones revolucionarias”, (e) el de György Lukács, tal como el pensador húngaro lo sintetiza y condensa en su obra Lenin: la coherencia de su pensamiento, (f) el de John Smith, quien prolonga y actualiza la teoría leninista del imperialismo en su reciente obra El imperialismo del siglo XXI, publicada por la Monthly Review en 2016. A esta extensa lista de clásicos europeos y latinoamericanos, quisiéramos agregar un texto más doméstico, local y muchas veces desconocido u “olvidado”, pero no de menor importancia, el documento del PRT (IV Congreso): “El marxismo y la cuestión del poder”, en el cual la obra y el pensamiento de Lenin se insertan en una larga secuencia de pensadores del poder y en la figura que logra resolver, al menos para el Tercer Mundo, una parte significativa de los enigmas irresueltos que deja abiertos el último Engels en su “testamento político” de 1895 (“Prólogo a La lucha de clases en Francia”).
¿Qué lugar ocupa El imperialismo, fase superior del capitalismo?
–El imperialismo, fase superior del capitalismo constituye en el pensamiento de Lenin un punto de llegada, tanto a nivel teórico como político. En el plano de la investigación teórica, Lenin se internó largo tiempo, exiliado, en la Biblioteca de Zúrich (Suiza) para poder comprender, en primer lugar, las transformaciones propias del capitalismo que derivaron en la Primera Guerra Mundial y, en segundo lugar, las razones íntimas que imposibilitaron comprender a la Internacional Socialista (donde él militaba en su ala izquierda junto con Rosa Luxemburg) la naturaleza de la guerra imperialista y adoptar una posición digna e internacionalista ante la misma.
En dicha obra, Lenin funde y fusiona en una misma teoría diversos paradigmas y constelaciones, excediendo de lejos la literatura económica consultada en la biblioteca de Zúrich. Su texto, que tiene una prosa simple ya que fue escrito con fines militantes, contiene tesis de fondo que aún hoy merecen ser discutidas (demostrando, una vez más, que la profundidad y agudeza de pensamiento no necesariamente deben ir acompañadas de una prosa barroca, críptica e inaccesible al común de los mortales).
En él nos encontramos, junto a su teoría del capitalismo entendido, no como sumatoria mecánica de formaciones sociales nacionales, inconexas y yuxtapuestas, sino comprendido como un “sistema mundial”, polarizante y jerárquico de la dominación entre sociedades y naciones, que conforma un cuadro general de la economía capitalista mundial (unidad de análisis que corresponde a la categoría dialéctica más concreta según los diversos planes de investigación de Karl Marx en sus Grundrisse), con la plasmación de una teoría de la guerra mundial entendida como continuación violenta de la política bajo otros medios de ejercicio de fuerza material.
El sistema capitalista mundial y la guerra mundial (entre países imperialistas, dependientes, semicoloniales y coloniales) solo pueden ser comprendidos a partir de su teoría del “desarrollo desigual y a saltos”. Para comprender estos saltos cualitativos del sistema mundial capitalista que marcaron a fuego el cambio de siglo, Lenin elige en esos años estudiar a fondo la Ciencia de la Lógica de Hegel, que Marx había empleado a fondo en toda la redacción de El Capital, como clave para desplegar la noción de identidad contradictoria de la mercancía.
El imperialismo, fase superior del capitalismo condensa, enhebra y amalgama toda la literatura económica del momento (desde la socialista y marxista hasta las estadísticas burguesas de los propios ideólogos de los bancos capitalistas), conjugándolos con la teoría de la guerra de Clausewitz y la lógica dialéctica de Hegel.
La teoría leninista del imperialismo tiene como correlato necesario e ineludible la reivindicación de las guerras antimperialistas de liberación nacional y el derecho de las naciones oprimidas a su autodeterminación. De este modo, la teoría leninista del imperialismo inicia una apertura mental en el marxismo internacional hacia el mundo periférico, colonial y dependiente, alivianando, por fin, los hombros civilizados de “la pesada carga del hombre blanco” y su “deber de llevar la civilización” a los pueblos sometidos del Tercer Mundo. A partir de allí, el marxismo se universaliza de verdad y el campo de batalla contra la dominación del capitalismo abarca todo el mundo, pero todo el mundo en serio, no simplemente Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.
¿Cuáles son sus tesis centrales?
–Lenin, estudioso obsesivo, pensador riguroso y revolucionario radical, escribía para la militancia popular. Por eso solía sintetizar y resumir sus conclusiones de modo que fueran comprensibles para todos y todas. De esta forma, sintetiza —incluso enumerándolas, hasta allí llegaba su pedagogía popular— en cinco conclusiones el corolario de sus extensos, detallados y agudos estudios sobre la teoría del imperialismo.
Según su propia pluma, sus cinco rasgos centrales serían los siguientes: 1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo, que ha creado los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial, y la creación sobre la base de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera, 3) la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías adquiere una importancia particularmente grande, 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y finalmente 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. A estas tesis centrales, Lenin agrega muchas otras de menor rango explicativo pero no menor importancia política, como la cooptación de la aristocracia obrera en los países imperialistas, fracciones de la clase trabajadora a las cuales se les inocula el oportunismo político y la falta de internacionalismo a cambio de migajas coloniales y fracciones insignificantes de plusvalor extraído del Tercer Mundo.
Lenin detalla una serie muy larga de secuencias explicativas asociadas a aquellas tesis centrales. Se pregunta: ¿De dónde emerge la economía mundial y el imperialismo? Su respuesta, basada en abrumadoras pruebas empíricas y en los capítulos XXII y XXIII de El Capital de Karl Marx, sostiene que dicha transformación del sistema capitalista constituye un producto de la tendencia a la acumulación, concentración y centralización de capitales, de donde se generan trust, cárteles y monopolios bajo predominio y hegemonía del capital financiero. Los monopolios son definidos como la fusión o ensambladura de bancos, industria y Estados (por lo tanto, no son única ni exclusivamente entidades “económicas” sino que también incluyen elementos propios de orden político e incluso político-militar). La exportación de capitales (no sólo de mercancías, aunque contribuyen a la extorsión de los países dependientes para que éstos compren mercancías de los países imperialistas) se realiza y vuelca en ramas industriales socializadas y reguladas según un plan. Aunque el sistema capitalista mundial continúa regido por la racionalidad de la parte que se impone sobre la irracionalidad del conjunto, existen ramas y sectores específicos de lo que hoy se denomina “la cadena de valor” donde la planificación corre pareja con la anarquía y el despilfarro generalizados de trabajo social global. Dentro de ese horizonte imperialista, el reinado de los monopolios multinacionales perpetúa la conquista de materias primas y recursos naturales principalmente en la periferia dependiente. Políticamente, eso presupone la corrupción de la aristocracia obrera y el oportunismo como ideología legitimadora dentro de las clases explotadas en las metrópolis imperiales (¿Cómo entender sino el apoyo entusiasta de grandes segmentos de la clase obrera europea y estadounidense a los bombardeos genocidas de poblaciones indefensas en el Tercer Mundo, todavía hoy, en pleno siglo XXI?).
¿Por qué volver a Lenin hoy?
–A diferencia de otros integrantes de la familia marxista (que abarca en su pluralidad hermanos y primos, padres, madres, tías, abuelos, etc. con un inmenso parentesco en común y a veces con rencillas y disputas internas, como sucede en toda familia), Lenin constituye el elemento de la discordia. Es el verdadero parteaguas en las ciencias sociales y en la política contemporáneas. La cultura de las clases dominantes, entrenada en el ejercicio cotidiano de ejercer su hegemonía, intentó dulcificar, neutralizar e incluso fagocitar o incorporar a Walter Benjamin, a Antonio Gramsci, a Rosa Luxemburg, llegando al límite de manipular al mismo abuelo fundador de la familia, Karl Marx. Con Lenin jamás pudieron. Les sigue generando pánico, desesperación y horror.
No podemos desconocer ni hacernos los distraídos frente a diversas impugnaciones, descalificaciones, demonizaciones y supuestas “superaciones” de Lenin que circulan, principalmente a nivel académico, pero también en algunos segmentos de la izquierda bien pensante que va comprando modas y cambiando de discurso según “el último grito” (sin jamás preguntarse ¿quién emite ese grito y con qué intenciones?) que circula en el mercado de las ideas
No solo su pensamiento resulta impenetrable para la burguesía y el imperialismo a escala mundial. Además, Lenin se convirtió en el principal antídoto contra toda tentación eurocéntrica, enfermedad senil de la teoría marxista. A partir de su actuación, el socialismo, el comunismo y la revolución dejaron de ser propiedad de la población blanca y “civilizada”. Con Lenin el comunismo pasa a ser de los amarillos, los indígenas y las indígenas, los negros, las clases subalternas, las trabajadoras sojuzgadas y los pueblos sometidos del Tercer mundo. Lenin representa, por eso, el nexo indisoluble entre El Capital de Marx (la teoría del poder, la dominación y la explotación en su máximo nivel de abstracción teórica) y la especificidad de las formaciones económico sociales de Nuestra América.
Su teoría del capitalismo como sistema mundial, hoy globalizado a niveles inimaginables, está condensada en su obra Imperialismo, fase superior del capitalismo. Dicha obra, con un siglo de existencia, no obstante, resulta más que sugerente para comprender los problemas centrales del mundo contemporáneo, repleto de guerras de conquista por los recursos naturales, el reparto del mundo, el reinado de los monopolios multinacionales y la dictadura feroz de la aristocracia financiera.
Por eso continuamos estudiándola y discutiéndola. En muchas de sus tesis encontramos nexos articuladores entre la teoría de la crisis general y estructural del capitalismo, la abultada agenda de la revolución internacional y los problemas específicos de la dependencia latinoamericana y la revolución tercermundista.
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Nunca se debió eliminar del plan de estudio el Marxismo Leninismo ya que adquiría valores el pueblo cubano como el patriotismo, el cual unía al pueblo con un sólo ideal evitando los antivalores existentes en la actualidad. Cómo es posible que en el hospital de Bayamo Carlos Manuel de Céspedes en estos momento le iban a pagar a los trabajadores de servicio un dinero para compensar el salario tan bajo que perciben dinero de plazas aprobadas y que no están ocupadas por el abandono de las mismas en busca de mejoras salariales, ahora dicen que ese dinero no existe y que les van a pagar horas extra , lo cual no alcanza para nada. Donde va ese dinero que no va a ser pagado a los trabajadores.
Dalia, adquirir valores como el patriotismo no es exclusivo del estudio del Marxismo Leninismo. Hay muchas maneras de enseñar valores éticos, morales y patrióticos en una sociedad. La corrupción y falta de valores en la nuestra existen a pesar de los estudios de marxismo-leninismo durante décadas.
Comprendo lo que quiere decir y estoy completamente de acuerdo con usted. El Marxismo-Leninismo es hoy más necesario que nunca antes. El patriotismo cuando existe sin una concepción filosófica del mundo, científica, se convierte en una triste quimera o en un sentimiento pueril. El patriotismo fundado sobre las bases del Marxismo, es la brújula de la reflexión dialéctico-materialista, mostrando qué leyes no se deben violar, ni qué principios no se deben obviar cuando se lucha por una causa justa, so pena de terminar en un punto de no retorno hacia el fracaso.
Norge, error de concepto. Nuestros gloriosos mambises no necesitaron del marxismo y más patriotas no pudieron ser y ya sabemos al respecto lo que opinó Martí.
Excelente profe, muy de acuerdo con usted.
Q bueno tener un foro en donde todos
escriben lo q piensan mi modesta opinion es q para la preparacion patriotica de los cubanos es tan necesario saber. De Varela Saco Marti Gomez Maceo Fidel , Lenin y tambien saber de Marx Engels para mi todos han jugado un papel en la liberacion de nuestro pueblo y en sus luchas y voy mas alla , llenarse de tres libros fundamentales qtodo revolucionario debe leer y cito al compñero Carlos Rafael Rodriguez en su libro "Letras con filo" para ser revolucionario hay q leer La biblia , El Capital y Don Quijote de la mancha
Excelente artículo. ¿Cómo enviarlo a alguien?
Quizá una de las mayores pruebas de la vigencia de Lenin es que sus categorías permiten analizar realidades muy distintas a las de su tiempo.
No deja de ser sugerente que, al aplicar su marco teórico, algunos encuentren ecos de continuidad en la Rusia contemporánea de Vladimir Putin, aunque bajo formas y discursos diferentes a los de Vladimir Lenin.
Hay que estudiar a Lenin para entender el mundo en que vivimos,
Con todo respeto, su catalejo no tiene buena visión
Dado que usted es tan pero tan inteligente que niega el Marxismo debo preguntarle, para saber cuál es su naturaleza tasmánica: ¿Cree usted que somos descendientes de Adán y Eva? ¿Qué es lo primario para usted, el ser o el pensar? Porque si usted cree que lo primero es el ser y que la esencia fundamental de todo es la materia, entonces usted es un marxista inconsciente. Pero si cree lo contrario, entonces los marxistas siguen siendo más inteligentes que usted. Usted no es un científico que opina sobre Marx, sino un mítico que teme que Marx le tumbe sus fantasías.
Lenin, libro al mundo de las ordas facistas.
Gloria eterna al lider Socialista.
Ordas facistas?
Amigo fue Stalin el que derroto a los nazis, es bueno estudiar un poco.
Primerose alió, y después los combatió
El marxismo, en esencia, es eso: Un acto de arrogancia teórica.
I. La naturaleza humana como obstáculo negado
El marxismo no fracasa porque los hombres sean imperfectos; fracasa porque exige que dejen de serlo.
Hay algo tan elemental y es que los primeros valores lo adquiere una persona en el seno familiar.
Bueno, no ha descubierto usted el agua tibia. Esa es una de las ideas esenciales defendidas por Vigotsky, Rubeintein, Davidov, Leontiev y muchos otros pedagogos y psicólogos socialistas. Todos, por cierto, aplicadores del materialismo dialéctico en sus estudios y por lo tanto, todos muy pero que muy, marxistas. Pero claro, para usted el marxismo es un Documental de History Channel. Así no se puede saber.
Patriotismo me inspira: Saco, Luz Caballero, Varela, Martí, Agramonte, Maceo, M. Gómez eso sí es patriotismo.
Norge debería embriagarse de estás personalidades.
Siento Delivet que no sólo este, hay que incluir a unos cuantos por acá haber si el cerebro se les ilustra.
¿Salomón? Qué poco sabe usted!!! ¿Dijo usted Saco y Varela? ¿Cómo es eso que usted lo valora más que a Lenin? Le voy a pedir algo a ver si lo logra. Extraiga la esencia de la concepción leninista del mundo y luego compárela con la concepción Saco-Valereana (por demás algo contradictorias) a ver cuál le ayuda mejor en su patriotismo. Saco y Varela creen en el Dios católico, Lenin no. Saco cree en la esclavitud y es racista, Varela cree en la esencia del sacerdocio y Lenin cree en la educación científica del hombre. Saco y Varela creen en la vida después de la muerte y Lenin cree que lo primario es la materia y que sin materia no hay psiquis. Lenin identifica, analiza y denuncia el imperialismo, Varela y Saco se quedan muy por debajo: uno es independentista y el otro reformista, pero pro español. Lenin elabora una teoría del conocimiento afectiva, mientras que la teoría del conocimiento de Saco y Varela están con dos siglos de atraso. Y eso es para no entrar a analizar a los demás mencionados. Señor Salmón, usted no sabe de qué opina.
Excelente, con estás personalidades no necesito leer a nadie más, así evito caer en mediocridades.
Excelsos cubanos los que detalla, la patria os contempla orgullosa.
Me limito a citarle: "No necesito leer a nadie más', "Así evito caer en mediocridades". Eso lo escribió usted. Mire, no sé qué significa para usted la mediocridad, pero le puedo asegurar que para evitarla todo lo que debe hacer es justamente lo contrario.
Zulema muy de acuerdo con usted.
Ilustrisimos patriotas.
Y todavía me preguntó cómo a alguien se le ocurre hacer semejante pregunta: ¿Cómo hacerles entender a estos compañeros que ser marxista es la mejor calidad de patriota?
Si, es una pregunta inteligente de tercer nivel. Está dirigida para alumnos de vanguardia, aventajados. No cualquiera puede responderla, se necesita mucho entrenamiento cognitivo. Por cierto, compañero Sin dokan, no me parece Saco tan patriota como para ponerlo al mismo nivel de Martí y Varela. ¿Esos nombres los mencionó usted por decir algo o realmente usted conoce quiénes eran y qué aportaron? Lo digo porque parecería que usted no los conoce sino de nombre.
Tremendo artículo de una gran intelectual latinoamericano.
Tenemos a Lenin en nuestra historia universal
felicitaciones
Lenin fue y siempre será el indiscutible líder del proletariado mundial, tal y como se dice en este artículo, es una traición encasillarlo en una frase o una decisión tomada en el momento que vivió, que no es el de ahora. Pero sus ideas y sus acciones siguen siendo una guía de acción revolucionaria, pero si bien hay muchos Lenin como aquí se dice yo prefiero el Lenin de Fidel.
Tasmania, síguele haciendo caso a las Redes sociales que nos odian, recuerda que las bombas no vienen ni con nombres ni apellidos, Lenin al igual que muchos otros nos dejaron su legado. La vanidad ciega, la lucha por un mundo mejor nos hace libres y soberanos!
Sepa usted estimado, que no le hago caso a las redes sociales, porque a diferencia tengo raciocinio propio y mente desidiologizada como para entender de que hay maravillosas personas en la historia de la humanidad que sí son ejemplos a seguir.
Mis más sentidas condolencias a su mente sin idiología. Qué cosa tan triste, le aseguro que lo lamentamos mucho y le deseamos todo lo mejor: que algún día le florezca alguna. No puedo siquiera imaginar el dolor que de seguro le provoca a usted el estar desamparado de una concepción del mundo. Aunque, bueno, la verdad es que la frase se las trae, porque confirma la existencia de lo que niega y niega indirectamente lo que confirma. Cuando dice que está desideologizada, en realidad está diciendo que su idiología es creer que se puede vivir sin tener una, lo cual es más bien una concepción ideológica propia, un mito personal que encubre la apropiación de presupuestos ideológicos no concordantes al Marxismo-Leninismo. Ah, pero no se preocupe, hay esperanza, todo lo que tiene que hacer es leer a Marx y a Lenin.
Norge gracias por su comentario, pero no tenía que ser tan extenso, si al final la lógica y la vida indica que no tomaré su propuesta aberrante de las últimas estrofas al final del párrafo: "lo que tiene que hacer es leer a Marx y a Lenin". Gracias por su esfuerzo.
¿Leer a Marx y a Lenin es para usted una propuesta aberrante? Con razón su brújula conceptual apunta hacia la degeneración histórica.
Nadiezda, el español es una lengua muy rica, si usted desea puedo emplear sinónimos a lo expresado.
Para Norge. En carta de José Julián Martí Pérez:
"Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: -el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas: - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados."
Saludos cordiales, acaba usted de repetir el archiconocido error de todos los que gustan de usar a José Martí como instrumento contra el socialismo. No entienden a Martí ni a Herbert Spencer. Por el bien de su cultura y de su lucidez intelectual, le invito, a fin de que logre entender ese artículo algún día, que lea a Martí de forma holística, en palabra y acción y tendremos entonces la esperanza de que de ese modo, usted comprenda el artículo martiano. Quizás se dé cuenta así, de que no existe una palabra más parecida al socialismo, que la palabra antimperialismo. Pero si ese momento de iluminación no llega, no se preocupe, todavía hay esperanza, un buen hábito de lectura analítica, obra milagros hasta en la mente más colonizada. Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas. Mucha suerte en su crecimiento y hasta pronto señor Romualdo José Julián Martí Pérez.
“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan los Estados Unidos por las Antillas…”
Eso es antiimperialismo.
Pero antiimperialismo no es sinónimo de marxismo.
Martí no cabe en un bando porque su lealtad no era ideológica:
era moral.
Era republicana.
Era cubana.
Les propongo leer al Apóstol, ese excelso y gran hombre que tenemos la dicha de que fue cubano. Se lo sugiero a Norge.
Leer, como lo concebía Martí, es un acto profundo de responsabilidad. Implica detenerse, cuestionar, contrastar y pensar con criterio propio. No es un ejercicio pasivo ni decorativo; es una herramienta viva que exige compromiso con la verdad, con la realidad y con uno mismo. En tiempos donde la información es abundante pero el pensamiento escasea, esta diferencia se vuelve esencial.
Coincido con usted, hay que leer al Apóstol con grandeza como lo fue él y no a conveniencias.
El error de nuestro tiempo es intentar encerrar a los hombres del siglo XIX dentro de las etiquetas ideológicas del XX y XXI. Martí estudió corrientes, analizó sistemas, criticó injusticias y denunció imperialismos. Pero jamás subordinó su pensamiento a una doctrina cerrada ni a un catecismo político importado.
Ahí empiezan todos sus errores: usted no dabe qué es el marxismo.
Por la forma de emitir criterios este Dr. es palpable que no es de su interés saber del marxismo, su visión es más amplia con más luz.
Gracias Dr. por traer un poco de sapiensa acá.
Gracias al Señor Dr Romualdo, muy útil e interésantes sus comentarios.
Excelentes respuestas del académico Norge, un poco provocadoras pero está claro. Muy de acuerdo con sus juicios.
Pues yo no creo que la visión martiana y la leninista sean contradictorias. Por lo demás, mis felicitaciones a Norge.
Hay una realidad para adquirir valores no hay que estudiar marxismo leninismo.
Es algo que es muy lógico.
Solo basta tener dos dedos de frente y un tin de sustancia gris en el cerebro, para saber que es así.
¿Así que para ser patriota no hace falta el marxismo? ¿Cómo hacerles entender a estos compañeros que ser marxista es la mejor calidad de patriota? No por gusto, uno de los más excelsos patriotas de todos los tiempos, heredero más extraordinario de las ideas de Martí, abrazó las ideas del marxismo: Fidel Castro. En mi opinión, quien discute eso no sabe o no entiende el marxismo y lo que es peor, no entiende a Martí.
De verdad habla Ud. en serio en cuanto a esto?:
¿Cómo hacerles entender a estos compañeros que ser marxista es la mejor calidad de patriota?
Increíble.
Totalmente y orgulloso de decirlo. Las ideas de Marx, Engels y Lenin, entre otros grandes revolucionarios de todos los tiempos, como lo son también Gramsci, Rosa Luxemburgo, Mariátegui, Mella, son las ideas de lo mejor que ha aportado la historia en interés del desarrollo de la humanidad. Lo que sucede es que para saberlo hay que leer lo que escribieron todos ellos.
Solo quisiera me permitieran de decirle a Rembe, Dr. Romualdo, Verónica, Salomón, Tasmania Gracias, gracias gracias por traernos luz sobre este tema.
Martí no cabe en las cárceles del dogma. Su ideario no marchaba en batallones de obediencia ciega ni gritaba consignas vacías. Martí fue verbo libre, pensamiento sin mordaza, llama que no pacta con la oscuridad.
Martí no fue un ideólogo de laboratorio ni un entusiasta del colectivismo. Fue un hombre profundamente humano que conoció las grandezas y miserias del alma, y advirtió con agudeza que todo proyecto social que desconozca la dignidad individual está condenado al fracaso. Esta es una invitación a redescubrirlo sin las cadenas de la propaganda.
Claro, cómo lo iba a ser, si murió en 1895. Vaya, sin palabras.
El Martí íntegro se distanció explícitamente de Karl Marx y de la lucha de clases. Martí no creía en el enfrentamiento social como motor de la historia, sino en la armonía posible entre los hombres libres. Su proyecto era ético antes que económico; humano antes que ideológico.
Martí no puede ser sometido a un proceso de selección ideológica. Hay que estudiarlo como pensador integral, de su obra no puede extraer fragmentos, aislar conceptos o eliminar contextos.
Sí, exacto, todo eso que usted suele hacer. Me conmueve el cómo ha evolucionado usted desde el primer intercambio hasta este comentario. Mis felicitaciones por tan amplio ejercicio de autocrítica.
Conozcamos al Martí universal, al Martí que rechazó la lucha de clases. Al Martí que desconfiaba del poder concentrado. Al Martí que advirtió sobre los peligros del caudillismo y del despotismo ilustrado. Al Martí que entendía la política como un ejercicio moral y no como una ingeniería del odio.
Parece mentira que usted diga ser Doctor en Ciencias, creo que necesita un poco de suelo más fuerte debajo de sus pies. Noto una ausencia sistemática del método científico. Es obvio que le falta el materialismo-dialéctico. Señor, dedícase a escribir poemas, le irá bien. Cómo puede usted negar algo tan obvio como la lucha de clases, cuando aquí mismo en esta polémica sobre Lenin y Martí, se ve clarísima. Usted representando los ideales de "clase media" capitalista y los demás, los fundamentos del proletariado en general. Pero su clase media no aportó tanto a la Revolución de Martí como lo hicieron los campesinos y los obreros. No sé si lo nota, pero no es posible hablar de una revolución anticolonial sin tener en cuenta la lucha de clases. Señor poeta, no trate de tapar el sol con un grano de arena.
Norge no es conmigo pero me tomaré la atribución de expresar mi criterio: prefiero la educación cristiana, la del hogar, esa tan bellamente transmitida por nuestros abuelos a la de estos ideólogos
Saludos, lamento decir que no es una cuestión de preferencia sino de supervivencia. Pero si usted quiere ir a la iglesia, adelante, es su derecho. El problema es que la religión alimentará, si acaso, su esperanza, pero no dejará por eso de ser una bonita fantasía.
Norge el marxismo no pertenece al terreno de las hipótesis. Ha sido probado, aplicado, defendido y, finalmente, sostenido por la fuerza.
Y el resultado ha sido reiterado: economías colapsadas, sociedades reprimidas, éxodos masivos y una profunda erosión de la dignidad humana.
Acaba usted de dar una magistral conferencia de historia hecha por los círculos hegemónicos capitalistas. Pero es el mismo capitalismo el que lleva cientos de años generando pobreza, dictaduras, muertes y destrucción del medio ambiente, el que da todo lo que tiene por tal de que ninguna experiencia socialista (su antítesis) pueda mmarchar hacia delante. Gracias al socialismo por la jornada laboral de ocho horas, por el establecimiento del derecho a la educación, a la salud, al trabajo, por la defensa de los derechos de la mujer y de la infancia, cuestiones de las cuales los capitalistas nunca trataron y siempre combatieron, hasta que los socialistas las pusieron en discusión y lucharon por ellas. Le recomiendo ver menos documentales sobre el Stalinismo de History Channel y dedicarse a leer más.
Señores el debate está polémico. Están los Todopoderosos del saber que proponen la propuesta fracasada de leer a Marx y Lenin y del otro lado los que no. En fin el conocimiento puede ser amplio y cada cuál escoge.
Señor, leer a Marx y Lenin no es una propuesta fracasada. Marx y Lenin son estudiados y leídos por todas las personas del mundo que aspiran a estar mínimamente instruidas o a ser algo cultas -quizás no tanto como lo fueron ellos mismos, Engels, Marx y Lenin, hombres de profundos conocimientos sobre las ciencias y que llegaron a dominar varios idiomas-, no por gusto sus obras son estudiadas en academias de ciencias sociales chinas, británicas, alemanas, entre otros países, sin importar la ideología que defienden porque son tan inteligentes esa gente que comprenden que hasta para criticar a los clásicos del marxismo hay que también leerlos y conocerlos y no hacer como hace usted, salir corriendo aterrado como drácula ante la cruz.
El materialismo dialéctico es la base del desarrollo moderno, la concepción de un mundo donde la materia determina la conciencia a sido el motor del desarrollo de la humanidad de manera empírica, hasta que el Marx y Engels lo describieron. Lo que se nombra como fracaso es solo el reflejo de la lucha de contrarios, por eso Fukushima no pudo ver, y nadie lo verá, el fin de la historia que narro en su libro, aclamado, por la burguesia, y olvidado, por todos. Los pueblos seguirán empujando el porvenir.
Señor Norge, que le hace pensar que tiene Ud. la razón?. No es obligado seguir a Lenin ni a todos los que han comulgado con esta clase de ideología.
Los conocimientos que usted no tiene.
No creo que el debate sea provocador, simplemente existe diversidad de criterios y las personas se expresan en cuestión. Hay una lógica central, no se necesita de Lenin, ni del marxismo ni de ninguna teoría de estas para ser una persona ejemplar, ni erudita, ni para ser un gran Patriota, en esto último la historia habla por sí sola.
Olvidaré su manejo de la sintaxis, que deja mucho que desear. He leído los comentarios hasta aquí y puedo asegurarle que la lógica central es como sigue: Hay un diálogo entre quienes consideran que para ser patriota no se necesita del marxismo y quienes consideran que para llegar a una cualidad superior de patriota, se necesita pertrechar el pensamiento con las ideas del Marxismo. Los primeros han repetido esa idea central de diferentes formas sin aportar argumentos y los segundos, han argumentado su posición de forma más completa y precisa. Creo que ambos tienen razón hasta cierto punto, pero que los segundos la tienen más, porque no niegan a Martí ni los valores patrios precedentes, sino que enriquecen su pensamiento con todas esas fuentes.
Presentar a José Martí como un precursor del socialismo es un fraude intelectual. Martí fue un defensor del hombre libre. Su pensamiento giraba en torno a la dignidad humana, la autonomía individual y el respeto a la diversidad social. Jamás propuso la estatización absoluta, ni la negación de la propiedad privada, ni la eliminación del pluralismo político. Martí habló de justicia social, sí, como lo haría cualquier pensador sensible, pero nunca desde los moldes dogmáticos que luego impondría el socialismo marxista-leninista.
Precisamente lo menos dogmático que existe es el marxismo, Marx y Engels, que le recomiendo leer, solo pusieron en concepto lo que la humanidad venía haciendo desde sus comienzos de manera natural y empírico, el materialismo dialéctico, esa es la base de el mundo. Dice Aristóteles que en el conocimiento está la virtud, los hombres serán dogmáticos mientras no se apropien de este conocimiento y entonces puedan percibir el bien. No sé puede conciliar un mundo donde solo algunos tienen lo que es para todos.