Javier Couso en Candás: Contra la guerra, contra el olvido, contra la obediencia

Foto: Carlos González Penalva.
La brisa del mar y el rumor del Cantábrico contrastaban con la densidad del discurso que se desplegó en el salón cultural de Candás la tarde del martes 9 de julio. En una sala llena y atenta, el analista y ex eurodiputado Javier Couso ofreció una ponencia de más de hora y media que no dejó resquicio para la ambigüedad ni refugio posible en el pensamiento cómodo. Titulada “El imperio en armas: OTAN, guerras por delegación y el eje atlántico-israelí”, la charla formó parte del programa de las Jornadas Moncada 2025, organizadas por la Asociación Republicana Lázaro Cárdenas de Gijón. Esta edición ha apostado por descentralizar su actividad, trasladando parte de sus actos fuera de Gijón y llevando el debate político y cultural a otras localidades asturianas como Avilés, Oviedo, Langreo o, en este caso, Candás.
La presentación corrió a cargo del alcalde de Carreño, Ángel García, quien no ocultó su entusiasmo por acoger un acto de este calibre. “Para mí es un verdadero placer acoger estas charlas. No nos gustaría tener que hablar de la OTAN, pero su presencia es cada día más aterradora”, señaló con sobriedad. García agradeció a los organizadores que llevaran las jornadas fuera de los grandes centros urbanos, defendiendo que debates de este tipo deben acercarse a los pueblos. Pero fue en su referencia personal a Couso donde el tono se tornó más íntimo: “No hubiese soñado hace años que estaría sentado a tu lado. Gracias por venir a mi pueblo”.
Una advertencia temprana: El peligro es estructural
Desde el arranque, Javier Couso marcó el tono de lo que sería una intervención extensa, articulada y sin concesiones. Habló de un “peligro existencial para la humanidad”, no como metáfora catastrofista, sino como diagnóstico político. “Estamos en un momento en que hay conflictos activos que involucran a potencias nucleares. Y esas potencias, en sus doctrinas de defensa, contemplan el uso de esas armas”, explicó. No era una hipótesis teórica, sino un escenario para el que, según denunció, se están preparando.
La descripción que hizo del actual orden internacional fue la de un sistema en descomposición que, para sostener su hegemonía, recurre cada vez más a la violencia. Un sistema que ya no tiene legitimidad ni capacidad para construir paz, sino solo fuerza bruta y propaganda. Y en el centro de ese sistema situó, sin rodeos, a Estados Unidos y a la OTAN.
“La OTAN no nos defiende. La OTAN genera guerras”, afirmó con rotundidad. Recordó cómo la alianza atlántica fue presentada tras la Guerra Fría como un escudo común frente a amenazas externas. Sin embargo, lo que ha protagonizado desde entonces —denunció— es una serie de intervenciones militares que han devastado países enteros. Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia. “La intervención de Estados Unidos y de la OTAN en Irak, en la que participó España, causó casi un millón de muertos. Y cuando perdieron el control de la información, marcaron físicamente a los periodistas. Mi hermano fue uno de ellos”, recordó, en alusión al asesinato de José Couso por el ejército estadounidense en abril de 2003.
Se detuvo especialmente en el caso de Ucrania, un país que —según dijo— fue utilizado como peón de una estrategia de cerco a Rusia. “Yo estuve allí como eurodiputado y vi cómo se ejecutaba un golpe de Estado con participación de grupos neonazis, cómo se ilegalizaba al Partido Comunista, cómo se bombardeaba a la población rusohablante. Más de 14 000 muertos antes de que Rusia interviniera militarmente. Y eso se ha borrado del relato oficial”.
La expansión de la OTAN hacia el Este —recordó— contradice los compromisos asumidos con la Rusia de Gorbachov. Desde 1999 hasta hoy, 16 países han sido incorporados a la alianza militar, rodeando progresivamente las fronteras rusas. “Pongan un mapa encima de otro y verán que esto es un cerco deliberado. No se trata de defensa, se trata de provocación. Y cuando se habló de instalar misiles hipersónicos en Ucrania, eso rompía la paridad estratégica que había evitado la guerra nuclear desde los años 60”.
Una parte especialmente emotiva de la intervención fue la dedicada al genocidio palestino. Couso no empleó eufemismos. “Estamos asistiendo a un genocidio en directo, retransmitido todos los días. Y nadie podrá decir que no lo sabía”. Citó estudios de The Lancet y de Johns Hopkins University que estiman en más de 300.000 las muertes por sobremortalidad en Gaza desde el inicio de la ofensiva israelí. “Más de 120 muertos diarios, con una voluntad clara de limpieza étnica, sin que pase absolutamente nada por parte de Estados Unidos, de Alemania, o de la Unión Europea”.
Calificó a Israel como “un proyecto colonial”, “un Estado sin fronteras definidas, que legaliza la tortura, encarcela y asesina a menores, bombardea países vecinos y viola todas las resoluciones de Naciones Unidas”. Denunció que la UE mantiene con Israel un acuerdo preferencial que, según su artículo 2, debería suspenderse ante cualquier sospecha de violación de derechos humanos. “No solo hay sospechas. Hay pruebas. Hay masacres en tiempo real. Y el acuerdo sigue vigente”.
En el corazón de la charla estuvo también la batalla mediática. “Estamos ante un periodismo de propaganda. Las voces críticas con la OTAN están expulsadas del discurso público”, lamentó. Recordó cómo durante los primeros meses de la guerra en Ucrania, los grandes medios europeos reproducían informes generados directamente en los centros de excelencia de la OTAN. “Se construyó una rusofobia artificial, que es una forma de xenofobia inducida”.
Comparó el funcionamiento de los medios actuales con los once principios de propaganda elaborados por Goebbels. “Simplificación del enemigo, repetición incesante, ocultamiento de datos, creación de un consenso artificial. Todo eso está ocurriendo. Y está erosionando la capacidad de nuestras sociedades para pensar, para contrastar, para decidir libremente”.
El cambio de época y la ofensiva contra China
Couso enmarcó estos conflictos en un contexto más amplio: la transición de un mundo unipolar —dominando por EE.UU.— a otro multipolar en el que actores como China, Rusia o los BRICS emergen como potencias alternativas. “La globalización estadounidense está en crisis. Y para intentar sostener su hegemonía, Estados Unidos ha activado tres teatros de guerra: Oriente Medio, Europa del Este y Asia-Pacífico”, explicó.
La estrategia, según argumentó, se basa en proyectar el caos en regiones clave para impedir que otras potencias consoliden su influencia. Citó documentos del Pentágono y la RAND Corporation que describen abiertamente ese objetivo. “Lo que quieren es impedir que ninguna otra potencia controle recursos energéticos, rutas comerciales o posiciones estratégicas que les disputen el dominio mundial”.
Israel, en ese contexto, no es solo un aliado, sino una pieza funcional del rediseño territorial de Oriente Medio. “Los Acuerdos de Abraham buscaban crear un corredor económico alternativo a la Ruta de la Seda china. Pero eso saltó por los aires el 7 de octubre. Por eso, lo que está en juego en Gaza no es solo la dignidad del pueblo palestino, sino la configuración geoeconómica del siglo XXI”.
En la parte final de su intervención, Couso advirtió de las consecuencias económicas, sociales y políticas de esta deriva bélica. “Nos están empobreciendo para reactivar su economía. Alemania está reconvirtiendo sus fábricas en industrias militares. España ha asumido un gasto del 2% del PIB en defensa, que se elevará al 5%. Eso supone más de 80 000 millones de euros en una década. Y nos lo imponen sin debate, sin consulta, sin legitimidad”.
Denunció que ese proceso no solo supone un desvío masivo de recursos públicos hacia la industria armamentística, sino también un vaciamiento democrático. “Se están cargando el artículo 20 de la Constitución, el que garantiza la pluralidad informativa. Se han cargado el pacto social. Se están cargando el Estado social. Y lo hacen por la puerta de atrás, en nombre de una guerra que no es nuestra”.
Couso concluyó con un llamado a la memoria, a la conciencia crítica y a la movilización. Recordó la voz de Julio Anguita desde la tribuna del Congreso, advirtiendo contra las guerras, denunciando la OTAN, defendiendo la soberanía. “Aunque no esté de moda, debemos volver a decirlo: No a la guerra. No a la OTAN. No a la obediencia ciega a un imperio que nos arrastra al abismo”.
Tras su intervención, presentó su último libro, “Rusofobia. La propaganda antirrusa al servicio de la guerra”, y compartió con los asistentes una ronda final de preguntas y reflexiones. El ambiente fue de reconocimiento, de preocupación compartida, pero también de gratitud por una exposición que, lejos de ser complaciente, interpela.
En Candás, por una tarde, se habló del mundo entero. Pero no como objeto de estudio, sino como campo de batalla donde se decide también nuestro porvenir. Porque, como quedó claro, no hay neutralidad posible cuando la historia se precipita.
Moncada: La batalla de las ideas en el corazón de Asturias
La intervención de Javier Couso en Candás no fue solo una clase magistral de geopolítica crítica, sino también una demostración del valor de las Jornadas Moncada como espacio de pensamiento emancipador en el corazón de Asturias. Organizadas por la Asociación Republicana Lázaro Cárdenas, estas jornadas se han consolidado como una referencia en el ámbito del internacionalismo militante, la memoria democrática y la crítica del imperialismo. Lejos de la retórica académica o el debate institucionalizado, Moncada apuesta por una pedagogía política comprometida, abierta a los territorios y atenta a las grandes fracturas del presente.
Y el ciclo continúa: este miércoles en la carpa de la Semana Negra de Gijón, el periodista argentino Roberto Montoya presentará su análisis sobre la restauración del trumpismo como eje de confrontación global. Y el jueves, también en Gijón, Pascual Serrano y el propio Javier Couso compartirán escenario en una mesa imprescindible sobre guerra mediática, fake news, los BRICS y resistencia desde el Sur.
Moncada sigue, y con ella, la voluntad de no callar.
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