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Eduardo Alonso: Piernas y corazón

Por: Ortelio González Martínez
En este artículo: Ciclismo, Cuba, Deportes, Entrevista
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Alonso da algunos consejos al ciclista avileño Randolp Izquierdo, en la Vuelta al Centro de Cuba, el pasado año. Foto: Osvaldo Gutiérrez Gómez.

Muchas veces, Alonso, nos colmaste de alegría, nos pusiste el corazón a 200, y en pocas ocasiones nos hiciste llorar por el sufrimiento de la derrota. Casi siempre entrabas de primero o sabías resguardar la ventaja que te habían dados tus gregarios o la habías conquistado a piernas y corazón. Tantas veces te vi ganar que no te recuerdo en la derrota.

Desde que conocí a Eduardo Alonso González, vicepresidente de la Federación Cubana de Ciclismo, lo tengo en mi altar como el mejor ciclista cubano de todos los tiempos; vencedor en seis vueltas a Cuba (1984, 1986, 1987, 1988, 1989 y 1990). Ningún otro ha podido ganar tanto sobre una bicicleta.

Uno de estos días, Alonso bajó el zíper de su maillot amarillo y abrió el corazón.

—Recuerda a Alberto “Tati” Martínez.

—¡Oh! Mi primer entrenador. A él le debo parte de lo que fui. Esté donde esté le agradezco que me haya entrenado durante mis primeros años. Fue la luz que alumbró parte del camino. También entrenó a mis tres hermanos ciclistas.

—Único cubano y segundo extranjero en coronarse en la vuelta al Táchira, mejor lugar (21) alcanzado por un ciclista de la Mayor de las Antillas en la carrera de La Paz; subcampeón en el Giro de las Regiones, en Italia; medallista en juegos Panamericanos y Centroamericanos. Hubo un momento en que eras casi invencible. ¿Algo especial te animaba?

—Yo trabajaba muy duro, muy duro y eso permitió que me desarrollara.

Con 14 años llegué a la Escuela de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) y dos años después ya formaba parte del equipo nacional, en el que permanecí varios años. En mi primera vuelta a Cuba fui líder novato.

—¿Algunas carreras que recuerde con beneplácito?

—En 1981 obtuve el cuarto lugar en un mundial juvenil; en el 83, en el Giro de la Regiones, en Italia, estuve cinco días de líder y al final fui subcampeón, detrás del austriaco Helmut Wechselberger. La vuelta al Táchira y las seis vueltas a Cuba que gané. Cuando aquello venían equipos europeos muy fuertes; algunos fueron campeones olímpicos como Serguéi Sujorochenkov.

—¿La Carrera de La Paz?

—Difícil, extremadamente difícil. A decir verdad, nunca sentí mucha motivación por ella: vías construidas con adoquines que te hacían saltar sobre la bicicleta, temperatura de dos, tres o cuatro grados centígrados, no aptas para humanos. Se sufre más de lo que te diviertes.

—¿Y la vuelta al Táchira, en Venezuela?

—En una de las Vueltas al Táchira tuve una amarga experiencia: Me había preparado muy bien. Estaba en segundo lugar y no pude terminar por problemas estomacales. Todavía hoy tengo dudas si aquello fue provocado por alguien, por algún alimento que no debí ingerir en una de las metas.

“Me propuse volver a guerrear y cuando regresé, cuatro años después, había corrido en muchos lugares del mundo, incluida Europa, y me dije: si con 18 años llegué a estar en el segundo lugar, estoy seguro de que podré alcanzar el primero. Y en 1986 gané esa vuelta, la regularidad, la combinada y quedé segundo en la montaña.

—¿Qué recuerdos le trae el giro a Cuba, en 1985?

—Malos recuerdos. Mi segunda gran victoria en vueltas a Cuba podría haber ocurrido en 1985. Andaba muy bien y me sentía fuerte. Tenía confianza en que podía ganarla. Han pasado casi cuarenta años y recuerdo la escena como si la estuviera viviendo, cuando la perdimos aquí, en la etapa, Camagüey-Ciego de Ávila.

“Ese día hacía un viento muy fuerte del norte y en ese segmento batía por el costado derecho. Cuando cogimos la carretera central los rusos y otros equipos europeos se pusieron de acuerdo. Me acorralaron. No me dejaron salir. El pelotón se partió en mil pedazos y yo sin poder salir. Me pasé kilómetros y kilómetros detrás de ellos para ver si encontraba un hueco por donde escapar. Sufrí. No pude.

“Hubo bronca dentro del pelotón entre los cubanos y los europeos. Fui a parar a la tercera posición en la general. Después en la contrarreloj recorté y llegué al segundo lugar, pero me quedé a unos segundos del ruso Alexánder Sinoviev, a la postre el ganador de la vuelta. En el tercer lugar quedó el alemán Hardi Groeger. Después gané cinco ediciones seguidas, pero todavía me persigue aquel mal recuerdo”.

—¿La elevación más difícil que has escalado? ¿La Gran Piedra o Topes de Collantes? ¿Qué hacías mejor, subir o bajar? ¿Era de arriesgar mucho en las carreras?

—En el Giro de Italia hay una elevación de casi tres mil metros. Le llaman Paso Stelvio, el paso de montaña pavimentado mayor de los Alpes orientales y el segundo más alto en los Alpes. Muy, pero muy difícil; en Cuba, la Gran Piedra se me hacía más difícil que Topes de Collantes.

“Si subías tenías que bajar. En el ciclismo no hay nada fácil, si subía con los primeros tenía que bajar con ellos. Yo solía arriesgar mucho, tanto que tengo una fractura en un pómulo y otros malos recuerdos de las caídas.

—La importancia de los coequiperos o gregarios. ¿Le ayudaron mucho en su tiempo? Eliecer Valdés, con 18 años en la selección nacional me comentó en una ocasión que daba gusto trabajar para Alonso, pues casi siempre ganaba y no malograba la labor del gregario.

—Siempre tuve valiosos gregarios. Agradezco a esa generación de atletas que me acompañaron. Son mis amigos, mis hermanos. Siempre estuvieron allí para ayudarme, en los momentos más difíciles y ellos lo hacían con gusto. Sabían que yo les respondía. Mis resultados también se los debo a ellos. No son palabras falsas, son palabras salidas del corazón. Los gregarios son campeones en el anonimato.

“Imposible no recordar a Eduardo Cruz, quien siempre estaba a mi lado con su bicicleta en la misma posición de la mía por si me hacía falta, como si fuera mi guardaespaldas. Muchas veces necesité su bicicleta y él me la cedió. Todavía se me hace un nudo en la garganta.

“Tuve otros gregarios muy buenos como Antonio Quintero, Osmany Álvarez, José Antonio Hernández Arencibia, Roberto —El cocodrilo— Rodríguez, Jesús Núñez y el incansable avileño Eliécer Valdés, uno de los últimos”.

—En 1993 se retiró con 29 años, en plena facultad. ¿Por qué se alejó del pedal?

—Para mí la motivación es muy importante. En el período especial desaparecieron las vueltas a Cuba. No competíamos. Y después, cuando salíamos yo sentía que no era el mismo y decidí no montar jamás.

—Para muchos usted es el mejor ciclista de Cuba de todos los tiempos.

—Respeto ese criterio, pero Eduardo Alonso surge porque antes surgieron Reynaldo Paseiro, Sergio “Pipián” Martínez, Carlos Cardet, Aldo Arencibia, Blandino Pérez. No debemos comparar épocas.

—¿Logró escapar de las injusticias que suelen aparecer en el deporte, los golpes bajos, como dicen los atletas?

“Te hago una anécdota. Para la olimpíada de Barcelona ’92 no me incluyeron en el equipo de pista en el cual había sido campeón de Cuba durante algunos años. Tal vez no era el primer hombre, pero yo cabía en ese equipo.

“Yo venía del de ruta y en la pista no contaron conmigo siendo campeón Panamericano y Centroamericano en los cuatro kilómetros. En ese momento era el campeón nacional de los 4 000 metros. No les importó nada. Por años estuve ganando la persecución individual en los 4 000 metros de los campeonatos nacionales. Al final me usaron para que ayudara en la preparación de los atletas y no me eligieron para la olimpiada.

—Las injusticias tienen nombres…

—No vale la pena emborronar cuartillas, como dijo el Che.

—Usted pudiera haber sido el segundo hombre de la cuarteta. ¿Qué le dice hoy a quienes le troncharon el sueño olímpico?

—Que yo merecía estar en el equipo por derecho propio, no por el regalo de alguien.

“Hay una injusticia que todavía la siento y recordarla me da un dolor inmenso. Sucedió con Pedro Pablo Pérez. Yo era su entrenador y él andaba muy bien para la Olimpiada de Sidney 2000. Le dedicamos muchas horas a la preparación. Y, por capricho de alguien, no pude estar junto a él en la olimpíada. Yo estaba seguro de que hubiera hecho un buen papel.

—De acuerdo con los resultados, ¿cuáles han sido los mejores ciclistas de Cuba en uno y otro sexo?

—Yoanka González, ganadora de la medalla de plata en la modalidad de puntuación en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, y campeona mundial en Melbourne (2004), Australia, en el Scratch; y Arlenis Sierra, quien milita en el Movistar Team, equipo femenino de España de categoría UCI Women's WorldTeam, máxima categoría femenina del ciclismo en ruta a nivel mundial; excelente, tanto en la ruta como en los eventos de pista; entre los varones, Pedro Pablo Pérez.

—¿Y Eduardo Alonso?

—Si quieres ponme en la lista, junto a los que estuvieron conmigo en el equipo nacional. Como te dije, no se puede comparar épocas y es difícil arriesgarse a mencionar nombres.

—El ciclismo cubano ha bajado mucho el nivel, al extremo de que los equipos extranjeros no muestran interés en venir a competir a Cuba.

—El nivel ha bajado muchísimo. Es complicado explicarlo. Se ha perdido mucho por la situación económica. Estamos haciendo propuestas para la recuperación de esos clásicos. Hoy toda cuesta dinero y nos obliga a buscar patrocinadores. Y si no te desarrollas nadie te va a patrocinar.

—Ya no se observan multitudes al lado de la carretera al cruce de la caravana, ni se oye: “Ahí viene Eduardo Alonso”. La gente no corea nombres, no conoce ciclistas. ¿Volverá la frase “Ahí viene…”?

—Uno siente nostalgia. Nada es como antes, no solo en Cuba. Te pongo un ejemplo: La Vuelta a Colombia, que antes tenía hasta 14 etapas, hoy se hace en seis. Según cálculos, una vuelta a Cuba está en el orden de los 14 000 euros. Si no tenemos patrocinadores es muy difícil realizarla.

“Además de los pagos por acoger salidas y llegadas, otras regiones abonan patrocinios por diferentes premios o espacios publicitarios. En la vuelta a España del pasado año, por ejemplo, Barcelona abonó más de un millón de euros, récord de patrocinios en los últimos años, mientras que Madrid respaldó con 300.000 euros.

—He escuchado comentarios de personas muy allegadas al ciclismo que cuando usted era entrenador del equipo Cuba, en el 2003, Eliecer Valdés, en varios momentos su coequipero y gregario, sufrió un ponche y usted ordenó al equipo que siguiera y no lo ayudara a reintegrarse en el pelotón. Quisiera escuchar en la voz del propio protagonista de la orden si realmente fue así.

—Es cierto. Eliecer sufrió un ponche. Nosotros estábamos delante con un grupo de ciclistas y dejarlos caer, o esperarlo, podría haber sido muy peligroso. Estimamos que iba a perjudicar la clasificación del equipo Cuba. Eliecer y yo siempre fuimos hermanos, amigos. Lo hice con dolor. Yo sabía de la calidad de él y que podía reponerse, como ocurrió y quedó segundo en la clasificación general individual. Hoy tomaría la misma decisión, aunque en aquel momento trajo disgustos. Por primera vez revelo detalles de lo sucedido.

“¡Qué más hubiera querido yo que Eliecer, en su última carrera, hubiera ganado la Vuelta a Cuba! Él se la merecía, por todo el sacrificio que hizo durante años; disciplinado y guerrero incansable.

—¿Las marcas en el ciclismo?

—Las del corazón, las que uno siente de verdad, duelen más que las físicas. Fueron muchas durante los 17 años de permanencia en el equipo nacional, pero uno se repone, incluso, a no haber sido incluido entre los 100 atletas del siglo en Cuba.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Papirriki dijo:

    El que vende ajos y cebollas en mi barrio a ganado más sobre su bici.

  • Esteban dijo:

    Aunque coincido con Eduardo Alonso que no se deben de comparar ciclistas de diferentes épocas, para mi él es el mejor de Cuba de todos los tiempo. Todavía recuerdo la injusticia popular de no ser seleccionado entre los cien deportistas más destacados del país en el siglo XX, y no ser seleccionado por la prensa deportiva como el deportista más destacado del mes de febrero de 1986 después de ganar la vuelta al Tachira, cuando se seleccionó a Marquetti que decidió la serie nacional con jorrón.

  • Denis Padrón dijo:

    Las injusticias siempre manchan el buen desarrollo de los deportistas cubanos y deporte en Cuba, se desalientan, por lo que toman decisiones que a muchos les molestan.

  • Rafael González Paz dijo:

    Que emocionante todas esas anécdotas que época y que generación la de todos esos grandes atletas cubanos siempre he sido un gran admirador del ciclismo cubano soy de la misma provincia de Eliecer Valdez y Rubén Companiony y del mejor entrenador de ciclismo el Casta de Cuba, Roberto Castañeda que en paz descanses mi maestro.

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