El marxismo que necesitamos

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Los encuentros internacionales suelen depararnos sorpresas. En uno de ellos encontré, hace algún tiempo, a un antiguo compañero de estudios de la Universidad de Kíev. Sí, yo estudié filosofía y viví en la Ucrania soviética durante cinco años. Mi compañero era un alumno aplicado, inteligente, y aprendió con facilidad el español de los cubanos. No militaba en el PCUS, pero la desintegración de la Unión Soviética y el rumbo capitalista que tomaron sus antiguas repúblicas, lo llevó a militar en uno de los partidos comunistas que surgieron con posterioridad. Ha sido desde entonces un activo defensor de la Revolución cubana. Nos hemos encontrado luego más de una vez, en La Habana y en Caracas, los dos centros de la revolución latinoamericana. Pero cuando hablamos, las categorías filosóficas bien plantadas por Lenin, parecen flotar sin raíces nutricias en la conversación: no todas las afirmaciones o las posiciones escuchadas al vuelo pueden definirse como idealistas o materialistas sin más (a veces, ni siquiera es lo que importa), ni todos los que defienden posiciones conservadores, son acomodados burgueses o protoburgueses aferrados a intereses materiales.
La guerra cultural secuestra a los incautos, a los desprevenidos; a veces incluso ahoga a los que mejor saben nadar. El mundo de hoy es tan complejo como el de ayer, quizás como el de siempre, pero cambia con más rapidez. Y la filosofía marxista corre detrás de los acontecimientos, sin que apenas logre alcanzarlos. No lo hará desde el viejo gabinete; tampoco, por muy moderno que parezca (la palabra moderno, ya me parece demodé), desde el infinito mundo de Internet y sus redes. El problema filosófico más importante sigue siendo cómo transformar el mundo, y contrario a lo que parece inevitable, cómo burlar la forma, para hacer prevalecer el contenido. Las nuevas tecnologías, que ya no son las que prevalecían hace apenas cinco años, nos sepultan en la inacción. Y atiborran nuestras mentes de datos innecesarios o falsos y de hipótesis deslumbrantes como luces de neón. Es decir, atractivas y fáciles de consumir, pero efímeras y equívocas. La verdad, antes, ahora y después, está en la calle, con la gente, es la que instruye, prepara y defiende a la gente.
El marxismo “positivista” —inútil y esencialmente reformista— no es solo el manualístico y simplificador de la era soviética; es también aquel paralizante que, amparado en los datos de la realidad, y en la seguridad del “dos más dos son cuatro”, se conforma con “lo posible”, aparenta ir lejos y se queda cerca, promete cambios profundos y permanece en la orillita. Ser marxista, insisto en ello, no es conocer cada palabra, cada texto de Marx o de Lenin, o de cualquier otro pensador posterior; es saber utilizar ese instrumental teórico y práctico para transformar el mundo a favor de los humildes. Es ser revolucionario. José Martí, que fue un lector voraz, y un conocedor insaciable de todas las teorías de vanguardia en su tiempo, escribió: “Es el tormento humano que para ver bien se necesita ser sabio, y olvidar que se lo es”. La solución para la guerra entre la OTAN y Rusia no será, —como quisiera mi amigo, como entendió posible Lenin en otras circunstancias históricas para la Rusia zarista involucrada en la Primera Guerra Mundial— la revolución socialista en los países contendientes. No conformarse con lo posible, no significa ignorarlo; se trata de no perder jamás de vista el horizonte, contemplar el escenario desde lo alto, porque la mirada a ras de suelo no permite identificar los caminos ni saber quiénes son los amigos y los enemigos.
Hace más de cuarenta años que no piso suelo ucraniano, que no contemplo el majestuoso edificio rojo donde radicaba la Facultad de Filosofía de la Universidad de Kíev, ni arrastro mis pies entre las hojas secas, amarillas y rojas, que tapizan en otoño el parque Taras Shevchenko. En sus aulas estudiaban jóvenes provenientes de todas las repúblicas soviéticas, de Europa del Este, pero también de España, Portugal, Grecia, Chipre, de América Latina y de África. La hermandad de los pueblos ruso y ucraniano, parecía consagrada en el monumento a Bogdán Jmelnitski, el cosaco ucraniano que selló un pacto de unidad con el zar Alejo I de Rusia en 1654. Mi amigo, nacido en Kíev, no se considera ucraniano, ni ruso. Cuando le pregunto responde: “soy soviético”.
Pero quiero recordar este breve poema irónico de Roque Dalton:
Cartita
Queridos filósofos,
queridos sociólogos progresistas,
queridos sicólogos sociales:
no jodan tanto con la enajenación
aquí donde lo más jodido
es la nación ajena.
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Mas bien cubanismo, es lo más imprescindible.
Estimado Ubieta, yo no he estudiado su obra, pero el solo hecho de decir Ubieta es grande, uno de nuestro bien buenos pensadores cubanos contemporáneos.
Solo le pido, a los efectos de este artículo, quiero decir, del momento crucial de la actualidad cubana: Y, cuál es el marxismo-leninismo que necesitamos? Qué debemos priorizar en el manual que ahora mismo necesitamos los cubanos? Pablo
Lo primero que necesitan los pueblos es satisfascer sus necesidades materiales fundamentales, antes de dedicarse a la religión, la política, etc; ese precisamente es el gran descubrimiento real de Marx, pero cada día sale otro artículo promoviendo el idealismo por encima de todo y los resultados son evidentes, siempre han sido evidentes.
El aporte más genial del marxismo es la dialéctica , es decir el cambio permanente y que ninguna verdad es absoluta! A veces decimos ser marxistas y nos olvidamos de estos dos aportes transcendentes !!
Estimado Enrique Ubieta Gómez, empecé a leer el articulo para encontrar el marxismo que necesitamos y terminé sin encontrarlo. Me dejó la sensación que todos los marxismos anteriores no servían (ni el de Marx ni el de Lenin). Creo que el marxismo, por lo menos eso entiendo de las lecturas de Marx y Engels, son las leyes que rigen los procesos sociales. O sea, es una ciencia que tiene sus categorías, su método y sus leyes. Dudo mucho que el "marxismo soviético" fuera erróneo o malo. Si algunos académicos o teóricos trataron de "manualizar" el marxismo. Seguro que Lenin los catalogaría de "intelectualoides de salón", pero en ningún caso es el soviético. Es claro que había una doctrina oficial pero eso echémosle la culpa a Stalin o al PCUS pero no a los marxistas soviéticos. Hay algunos teóricos marxistas contemporáneos como Andrés Piqueras que en dos libros "De la Decadencia de la Política en el Capitalismo Terminal" y "La sociedades de las personas sin valor" que aplica la teoría de Marx para explicar la época que vivimos sin descalificar o culpar a algún tipo de marxismo.
Revolucionariamente, Carlos M
Enrique, gracias. Ahora, es necesario que quienes tienen el deber y obligación de ponerse a la misma altura de la gente, asuman la realidad en la que vivimos, marxismo “positivista” —inútil y esencialmente reformista— no es solo el manualístico y simplificador de la era soviética; es también aquel paralizante que, amparado en los datos de la realidad, y en la seguridad del “dos más dos son cuatro”, se conforma con “lo posible”, aparenta ir lejos y se queda cerca, promete cambios profundos y permanece en la orillita.
Hubiese querido dejar mis opiniones antes, pero la situación electro-energética es compleja. Me extraña que no vea ningún comentario y ojalá sea por la misma causa que me lo impidió a mí, no quisiera pensar en otra. Le felicito Enrique, una reflexión como esta tiene un inmenso valor por su contenido y actualidad. Quizás sirva para que quienes tienen sobre sus hombros la responsabilidad ante, y lo cito: " La verdad, antes, ahora y después, está en la calle, con la gente, es la que instruye, prepara y defiende a la gente". No es momento de sacar la cuenta fácil, no es aritmética la urgencia, es algebraica, porque en la solcución del problema, no basta con prometer cambios profundos en la búsqueda de su solución, sino enfocarse en la vía más expedita con una respuesta correcta. Gracias cubadebate.
En los centros estudiantiles de nuestro país,secundaria,pre y en las universidades debemos aterrizar más a estos tiempos,debemos reforzar la ideología,la conciencia,los valores y principios revolucionarios a través de las clases de historia,cívica,cultura política,donde de estudie y reflexiones sobre el pensamiento martiano,del Che y Fidel.
Yo pensé que usted decía aterrizar más en estos tiempos.
Si aterriza más en estos tiempos, entonces lo ideal seria al menos en las Universidades potenciar materias afines a la carrera.
Sabemos claramente el interés que le prestan a esta asignatura
Cuando digo aterrizar más,me refiero a la importancia estratégica,que se debe brindar más atención ,control y seguimiento a la preparación politica de todos los niños,jóvenes y pueblo en general. Para entender mejor las complejidades de estos tiempos estamos llamado a acudir a las ideas de Marti,del Che y Fidel,sin el conocimiento y reflexiones de estos paradigma difícil se pueda entender los graves problemas del mundo actual. y no podemos dejarlo a lo espontáneo .
Otro intento. Los seres humanos tenemos esa brújula innata determinante para dirigir a las grandes mayorías, clave en la construcción de un nuevo sistema social; EL SENTIDO COMÚN. Esa brújula descansa en dos herramientas, el desarrollo de la empatía y la intuición, suficiente para guiarnos en ese proceso de construir lo nuevo, lo desconocido, lo nunca visto, de lograr la mayor justicia social posible. El socialismo es eso; la ciencia del SENTIDO COMÚN. Los “ISMOS” los inventamos los seres humano, los “ismos” por si solo no reclutan, no motivan, no suman a las masas, los LIDERAZGOS Y LOS SUEÑOS LO HACEN. Intuir y ser empático es el “abc” de ese milagro para los revolucionarios, los progresistas, esos que buscan lo nuevo o diferente. Actuar en lo social ciegamente por manuales o textos es un error, impide conceptualizar ese objetivo supremo de “justicia social”, un proceso que no puede hacerse desconociendo las aspiraciones y sueños de las grandes mayorías en cada momento. El sentido común en la dirección es la brújula, porque los tiempos y las circunstancias cambian de forma acelerada, el desarrollo social lo exige. Marti y Fidel dos modelos a estudiar de desarrollo de la empatía y la intuición en revolucionarios, innovadores 100%, sabios al leer el sentido común, dotados de una brújula natural que ellos supieron desarrollar con su actitud potenciando así sus propias herramientas naturales, esas que todos tenemos al nacer, y que junto a los conocimientos, pero sin manual, ni texto, ni “ismo” nos guían en esa búsqueda de la mayor justicia social posible.
Esas herramientas naturales que todos tenemos al nacer se llaman Razonamiento lógico y Conducta Racional, muy bien utilizadas por Martí y Fidel.
De ellas tengo una opinión y una idea, que trato de explicar en comentario que hice en un artículo de Frei Betto titulado. La amenaza del supremacismo blanco, el 31 Julio 2024.
Busco personas que lo entiendan, para que divulguen el ángulo en que yo creo que se ve con más claridad, el origen de los problemas,
Siempre escribo “sin libros”, para que me entiendan las personas que no quieren leer mucho, muy importante en estos tiempos.
Saludos, Eugenio.