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El santo Monseñor Helder Camara

Por: Frei Betto
En este artículo: Brasil, Religión, Rio de Janeiro
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Foto: Alexandre Belem/JC Imagem Data: 1995 Assunto: (foto de arquivo) RELIGIAO - Dom Helder Camara.

Dom Helder Camara en 1995. Foto: Alexandre Belem / JC Imagem.

Roma autorizó este mes a la arquidiócesis de Olinda y Recife iniciar el proceso que podría llevar a la Iglesia Católica a reconocer y dar culto a Dom Helder Camara (1909-1999) como santo.

Le conocí cuando era obispo auxiliar de Rio de Janeiro, a comienzos de la década de 1960. Hombre de muchos talentos, se encargaba también de la Acción Católica, movimiento que agrupaba el llamado A, E, I, O, U (JAC, JEC, JIC, JOC, JUC).

Además de los años en que participé en la dirección nacional de la Acción Católica, conviví con Dom Helder durante su último período de vida; cada año yo daba una charla en Recife, en la Semana Teológica. Y nunca dejaba de visitarlo en la iglesia de las Fronteras, donde residía él.

Hombre de baja estatura y frágil, tenía curiosas características: apenas se alimentaba. Comía como un pajarito. Y tenía un extraño horario de sueño: se acostaba hacia las once, se levantaba a las dos de la madrugada, se sentaba en una silla-balancín y se entregaba a la oración. Era, según decía él mismo, su “momento de vigilia”. Rezaba hasta las cuatro, dormía otra hora y se levantaba para celebrar la misa.

En la década de 1960 Dom Helder encabezó en Rio de Janeiro la Cruzada San Sebastián, proyecto de desfavelización creado por él. No cuajó; lo cual le llevó a combatir las causas de la pobreza.

De espíritu amigable, allá donde iba juntaba a la gente en torno de él. Fue quien originó la CNBB, inventando las conferencias episcopales, y el CELAM, el consejo de los obispos de América Latina.

Esos organismos, que en cierta forma descentralizaron la Iglesia romana, salieron de la cabeza del obispo que, para desgracia de los militares golpistas, fue nombrado arzobispo exactamente en 1964. El Papa lo nombró para Sao Luis, pero días después le transfirió a la arquidiócesis de Olinda y Recife, en la que permaneció hasta su muerte.

Durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) lideró el Pacto de las Catacumbas, por el que innumerables obispos se comprometieron con la “opción por los pobres”, dando origen a esa porción de obispos que más tarde se identificarían con la Teología de la Liberación. Nominado en 1972 para el Premio Nobel de la Paz, Dom Helder no ganó el premio por dos razones: primero por presión del gobierno Médici. La dictadura se hubiera visto muy cuestionada en su imagen al exterior en caso de que hubiese ganado. Incluso dentro del Brasil Dom Helder era considerado “persona non grata”. Censurado, nada de lo que el “obispo rojo” hablaba era reproducido o señalado por los medios del país.

La otra razón: los celos de la Curia Romana. Esta consideraba una falta de delicadeza, por parte de la comisión noruega del Nobel, el conceder a un obispo del Tercer Mundo un premio que antes debiera dársele al papa…

El gobierno militar, temiendo que le pasara algo a Dom Helder y la culpa recayera sobre la dictadura, envió delegados de la Policía Federal a ofrecerle protección. Dom Helder contestó: “No necesito de ustedes, ya tengo quien cuide de mi seguridad”. “Pero usted no puede tener escoltas privados. Para tenerlos es necesario registrarse en la Policía Federal. Debemos de conocerlos nosotros y autorizar el uso de armas. ¿Quién cuida de su seguridad?” Dom Helder replicó: “Son tres personas. Pueden anotar: Padre, Hijo y Espíritu Santo”. Incomodaba al gobierno el ver desmoralizada por Dom Helder la imagen que la dictadura quería proyectar del Brasil en el exterior. Él siempre resaltaba que, si el gobierno deseara probar que él mentía, entonces que abriera las puertas del país a fin de que comisiones internacionales de derechos humanos vinieran a investigar, como hizo la dictadura de Grecia.

El golpe más cruel que la dictadura le dio a Dom Helder fue el brutal asesinato de su asesor para la juventud, el P: Antonio Henrique Pereira Neto, de 29 años, en marzo de 1969, en Recife.

Dom Helder solía repetir: “Si hablo de los hambrientos, todos me llaman cristiano; si hablo de las causas del hambre, me llaman comunista”.

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Luis Orlando dijo:

    La vida de este tipo de personas dedicada al servicio de los demas es muestra de que la Iglesia si se escarga de los desfavorecido y esto va en avance para llevar el Reino de Dios a todos no tienes que ser cristiano para hacer el bien pero con Cristo en tu vida todo es mas facil y no tengas miedo el ha dicho “Yo ya he vencido al mundo” y el mismo camina a tu lado.

  • Iskander dijo:

    Un ejemplo del cristianismo, practicado en la patria grande, gracias Betto

  • Adolfo dijo:

    Como nos tiene acostumbrados Betto, un excelente cronista. Se disfrutan mucho sus escritos y se aprenden cosas que desafortunadamente no conocemos. Hay muchas historias aun por descubrir en nuestra América. ¿Acaso los cubanos no tenemos ejemplos parecidos?

  • Juan Leonardo Alvarenga dijo:

    Esta clase de pastores han hecho posible que el clero catolico no este derrumbado. Junto a monseñor Camara, hay cientos de miles de curas y monjas que han llevado el evangelio social de Cristo a la realidad cotidiana de los pueblos sufrientes. Son fieles cumplidores del precepto de amar al prójimo y dar la vida por los demás.

  • carril dijo:

    Debemos como cristianos estar más preocupados por la pobreza espiritual del hombre, que por su pobreza física. Sufrir pena por alguien no lo salva, predicarle el Evangelio será su verdadera ganancia.

  • uno del montón dijo:

    Adolfo, La historia cubana tiene ejemplos de sacerdotes y obispos admirables y santos. Recordemos por solo citar a sacerdotes de siglos distintos al Padre Varela, a los sacerdotes cubanos que apoyaron la independencia como el P. Manuel Martínez Saltaje, que amortajó a El Mayor, junto al Beatro Olayo Valdéz, a Mons. Enrique Pérez Serantes, al P. Guillermo Sardiña y los otros 6 capellanes de la Sierra Maestra en la lucha contra el dictador Fulgencio Batista, a Mons. Adolfo Rodríguez….
    Dom Helder Camara, !SANTO AHORA! y después esperemos que la Santa Sede reconozca el martirio de los sacerdotes P. Reutilio Grande, Ignacio Eyacuría y sus compañeros jesuítas, y tantos otros mártires víctimas del odio al Pueblo de Dios, que es TODO el PUEBLO.

    • Adolfo dijo:

      Uno del montón. Te agradezco la información, pero mi pregunta era más para la prensa, como preocupación que temas como este, desde la perspectiva cristiana, son muy poco abordados para no ser absoluto.

  • clemente Nieves dijo:

    Muy bueno…………….

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Frei Betto

Frei Betto

Teólogo brasileño y uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación. Es el autor del libro “Fidel y la Religión”.

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