Bye, bye, sargent Cason
El jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, James Cason, se despide del cargo. La primicia, ofrecida por el presidente Fidel Castro, se perdió entre las tantas verdades presentadas cuando clausuró el Encuentro mundial contra el terrorismo, por la verdad y la justicia, recién finalizado en La Habana.
Fue una cita de pueblos, en la que el mandatario personalizó la idea de conformar un tribunal antiterrorista de los pueblos que, más allá de su incidencia legal, tendrá un efecto movilizador al que podrá sumarse el pueblo norteamericano, una de las víctimas del terrorismo de Estado aplicado por la Casa Blanca.
Y aunque la referencia al "diplomático" estadounidense resultó colateral, entre tantos testimonios sobre los crímenes ejecutados por el imperialismo en todo el mundo, la cita sirvió también para revelar las implicaciones de Cason en el caso Luis Posada Carriles.
Creo que no hay que abundar mucho en los detalles del prontuario criminal del sujeto, prófugo de la justicia venezolana por el derribo de una aeronave de Cubana de Aviación, atentado en el que perecieron las 73 personas que viajaban en el vuelo CU-455.
Carriles fue detenido en Venezuela por ese crimen y, en medio del proceso judicial, escapó de una cárcel del país sudamericano con la anuencia de autoridades venezolanas del momento y de la Agencia Central de Inteligencia.
De Venezuela viajó a Aruba, y de allí a El Salvador, donde se integró a la operación luego conocida como Irán-contra, que a simple vista parecía sólo que se trataba del aprovisionamiento de armas de las bandas armadas antisandinistas.
Sólo por ese delito bastaría para que la administración de Ronald Reagan encontrara igual destino que la de Richard Nixon con el escándalo Watergate, pues el Congreso estadounidense se pronunció por cortar el suministro de armas y fondos a la contra nica.
Pero lo peor nunca fue sancionado. La operación se solventaba con el envió de drogas a territorio norteamericano, las que eran distribuidas sobre todo entre la población negra y latina de ese país.
Quizás el lector se pregunta a estas alturas la relación del "diplomático Cason" con tales operaciones.
Ahora que se despide de La Habana se conoce que estuvo a cargo de los asuntos centroamericanos en el Departamento de Estado en aquella época, entre otros cargos en los que contribuyó a la operación presidida por Oliver North, en la que Posada Carriles, el terrorista del crimen de Barbados, estuvo en la plantilla pagada por Washington.
Quizás la partida de Cason de La Habana esté relacionada con la repulsa popular conseguida con unos cortos animados de la televisión cubana, en la que se le asocia, con razón, con la irracional política anticubana de la administración republicana.
Pero también pudiera ser que el presidente George W. Bush, heredero de su padre, jefe de la CIA cuando el crimen de Barbados, se sienta más que vulnerable con su "diplomático" en La Habana, cuando aquí se anuncia la conformación de un tribunal antiterrorista de los pueblos.


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