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Posada Carriles o la impunidad transnacional

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Diario Granma

Uno de los enigmas que rodean la torcida personalidad y la ejecutoria de Luis Posada Carriles, el terrorista internacional que durante 20 años ha realizado acciones en más de una docena de países y acumula un abultado expediente criminal, es la impunidad que acompaña a su vida enteramente dedicada a la actividad delictiva.

Es legítimo preguntarse por qué si este siniestro individuo ha sido investigado por los servicios policíacos y de seguridad de los Estados Unidos, Venezuela, Trinidad y Tobago, Barbados y Cuba y juzgado por tribunales de Venezuela y Panamá, gobiernos, más o menos competentes y celosos por la seguridad de sus países y sus ciudadanos, miran para otro lado cuando se trata de Luis Posada Carriles.

Incluso el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que impuso duras sanciones a Libia por la voladura del avión Pan American sobre Lockerbie, Escocia, en 1988, no dijo una sola palabra ante el atentado al avión de Cubana de Aviación, que en idénticas circunstancias fue saboteado por terroristas a las ordenes de Posada frente a las costas de Barbados en 1976, ocasionando la muerte de pasajeros y tripulantes.

El Gobierno italiano, que pasó por la experiencia del enfrentamiento al terrorismo que dejó profundas cicatrices en la sociedad y mantiene en Irak un contingente de tropas para participar en la supuesta guerra contra el terrorismo, ni siquiera ha pedido explicación respecto al criminal que planeó y dirigió la acción, en la que murió un joven de esa nacionalidad en un hotel de La Habana y que fue amnistiado en Panamá, acogido en Honduras y ahora se encuentra en los Estados Unidos, donde tramita el asilo político.

A lo largo de décadas, varios gobiernos de El Salvador han conocido y convivido con las actividades ilegales de Posada Carriles desde que, fugado de la cárcel de Caracas, carenó en la base de Illopango, mezclándose en el escándalo Irán-Contras, participando en el tráfico de drogas y el contrabando de armas. Más tarde reclutó ciudadanos de ese país para realizar actos terroristas en hoteles de La Habana, e incluso utilizó el territorio como base de operaciones contra varios países.

Recientemente, cuando en medio de la repulsa internacional, la denuncia de Cuba y la movilización de organizaciones de la sociedad panameña, el notorio terrorista fue amnistiado por la presidenta Mireya Mosco, se le permitió desembarcar en el aeropuerto de San Pedro Sula, en Honduras, con un pasaporte falso, tolerándose su presencia y su desplazamiento, e incluso salir del territorio nacional con identidad ficticia.

Es realmente extraño que ningún gobierno ni autoridad judicial chilenos, conocedores de que Posada Carriles estuvo vinculado a los servicios secretos chilenos durante la dictadura de Pinochet, se mezcló en la Operación Cóndor y se comprometió con el asesinato de Orlando Letelier en Washington, nunca se hayan interesado por tan repugnante personaje.

Ante un mar de denuncias y confesiones acerca de que un connotado terrorista como Posada Carriles entró ilegalmente en México y desde su territorio pasó a los Estados Unidos, las autoridades mexicanas, en lugar de investigar un hecho sumamente grave, que ha comprometido la seguridad de sus ciudadanos y puesto en tela de juicio la competencia de determinadas instancias, esperan por una solicitud oficial de Cuba.

El FBI y el Departamento de Seguridad de la Patria que saben dónde se encuentra Luis Posada Carriles, debieran detenerlo y de paso investigar las afirmaciones de Win Dankbaar, un holandés, investigador independiente del asesinato de John F. Kennedy, que cuenta con testimonios que ubican a Posada Carriles en Dallas en el momento en que el presidente Kennedy fue asesinado, sustanciando la sospecha de que este pudo ser uno de los que dispararon contra el mandatario norteamericano.

También valdría la pena indagar de dónde sale el dinero sucio para alquilar aviones que viajan de Miami a San Pedro Sula, barcos que hacen grandes periplos desde Bahamas a Isla Mujeres y de ahí a Miami, para desinformar, y quién financia al equipo de abogados que se prepara para asistir jurídicamente al terrorista y del que forman parte el ex fiscal de Miami, Kendall Coffey, y Joaquín Chafardet, un mafioso venezolano que representó antes a Posada durante el proceso en Caracas por la voladura del avión de Cubana.

Por qué no se aclaran las dudas del senador de los Estados Unidos, Norman Coleman, a quien el Departamento de Seguridad de la Patria de Estados Unidos, confirmó que se ha recibido una solicitud de asilo a nombre de Posada Carriles en la que obligatoriamente debe declararse el paradero del sujeto, lo que corrobora su entrada ilegal en los Estados Unidos.

Por qué si el mundo entero sabe que Luis Posada Carriles, el más famoso y cruel terrorista del hemisferio occidental, se encuentra en los Estados Unidos ninguna voz se levanta, ni siquiera para comentar el hecho, y gobiernos y servicios policíacos que son capaces de realizar enormes redadas para capturar a elementos de la oposición y con fría eficacia organizan grandes operaciones represivas, son tan fácilmente vulnerados por este capo del terrorismo.

Hay que rendirse a la evidencia. Cuando tantos gobiernos, autoridades judiciales y órganos de prensa se muestran indiferentes y omisos e incluso dejan de cumplir con su deber ante un sujeto de baja catadura moral, es porque perciben que detrás de ese espécimen se mueven poderosas y oscuras fuerzas.

La CIA, el FBI, el Departamento de Seguridad de la Patria e incluso la Casa Blanca, al proteger a Luis Posada Carriles, adquieren una deuda con su pueblo, desmienten su voluntad de luchar contra el terrorismo y permiten que ese flagelo se anote una victoria.

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Jorge Gómez Barata

Jorge Gómez Barata

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.