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América Latina no necesita de ‘ayudas’

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Realmente, el presidente Fidel Castro no se equivoca cuando dice que su país no necesita de Europa ni de los Estados Unidos para su desarrollo, pero esto debe ir más allá. Todos los países latinoamericanos pueden vivir sin la supuesta asistencia tecnológica, financiera, cultural, educativa de las grandes potencias. Porque precisamente, esa "ayuda" es la que engulle las riquezas naturales para sostener la sociedad consumista y derrochadora de los "dadivosos", cuyas migajas sólo sirve a los latinoamericanos para vivir endeudados y en subdesarrollo permanente.

Desde 1980 cuando se implantó el modelo neoliberal, la deuda de Latinomérica aumentó de 157 mil millones de dólares a 860 mil millones hasta el año pasado. Solamente en el 2004 se pagó 77 mil 826 millones de dólares, y según los economistas, Latinoamérica ya saldó siete veces la deuda original pero sin embargo esta sigue creciendo, así como las odiosas tarjetas de crédito que por más que se paguen nunca se cancelan, como si fueran una bolsa hueca. Dicen que para el 2010 América Latina deberá un millón de millones de dólares a pesar de que muchos países están pagando anualmente más del 40 por ciento de lo que ganan reduciendo año tras año sus presupuestos para la educación, salud, transporte, seguro social etc.

Por eso, conforme la globalización avanzó, los países latinoamericanos comenzaron a vestir con ropa de segunda mano que le vende EE.UU., Europa y Japón, mientras la industria textil regional ha ido desapareciendo, ni qué decir en lo cultural, hasta en los centros arqueológicos se han instalado Wal-mart, McDonald, etc. El teatro, el arte, la música nacional han sido desplazados por la estridencia de la penetración cultural. El 99 por ciento de la películas que llegan a Latinoamerica son los enlatados comerciales y violentos, enviados por los globalizadores norteamericanos que inundaron inclusive a Europa, en un 85 por ciento, con su arte de categoría B y C.

Ni hablar de la educación. El neoliberalismo requiere para asegurar su existencia el conocimiento para una minoría privilegiada y la ignorancia para la mayoría de la población. Sin esta condición se derrumbaría como un castillo de naipes. Cuando los presidentes aceptaron sumisamente la receta del famoso "Consenso de Washington" de privatizar la enseñanza, sabían perfectamente debido a su previa experiencia con los "remedios" de los Chicago Boys, que con esto se aumentaba la ignorancia y se creaba a los profesionales elitistas fieles servidores de las multinacionales, entre quienes, justamente se escoge a los presidentes. Estos son los que le venden a precio de ganga todos los recursos, naturales o firman contratos lesivos a sus países. Y así logran a obtener millonarias ganancias personales y las promesas de protección cuando se retiren o huyan, tal como pasó con Carlos Andrés Pérez de Venezuela, Fujimori en Perú, González de Posada en Bolivia, etc., etc., la lista es larga.

El "protector" EE.UU, periódicamente elige un país del cual necesita sacar algo y cuyo mandatario está dispuesto a cumplir todas sus instrucciones . Entonces, Norteamérica, usando sus poderosos medios de comunicación lo eleva a la categoría del país "ejemplo del desarrollo y la democracia en América Latina", pero ¡ay! pobre de este país, al poco tiempo le llega la debacle económica.

El ejemplo más triste es México con Carlos Salinas de Gortari, alabado por el Departamento de Estado, el Fondo monetario Internacional y el Banco Mundial como un ejemplo de democracia y desarrollo económico. Igual sucedió con Argentina en tiempos de Carlos Menem cuando le hacían creer que era amigo personal de Bill Clinton y que recibía gustoso sus lecciones de tango. A el lo llamaron el "propulsor de la prosperidad en la tierra de gauchos". Qué no le dijeron y soportaron hasta lograr que vendiera, tierras, empresas, recursos etc. A Perú en los tiempos de Fujimori le decían el "Nuevo Tigre Económico" que "sería el ejemplo para todo el continente". Así, Ken Inamoto, alias Alberto Fujimori les vendió a las trasnacionales toda la riqueza que pudo, incluso la que genera Machupicchu, mientras él se llevaba en barras de oro y depositaba sus millonarias ganancias en los bancos asiáticos.

No hace poco a República Dominicana la alababan y le decían que era el país del mejor crecimiento económico y hasta demostraban que superaba a China, hasta que vendió sus paradisiacas playas y otros recursos. Ya vemos lo que pasó después.

El turno le toca hoy a Chile donde la supuesta inversión norteamericana es grande, "por ser excelente colaborador" del Gran Patrón en detrimento de los intereses latinoamericanos. Chile también es ahora mimado por los medios de comunicación al servicio de multinacionales que presentan a este país como un ejemplo para el resto de América Latina para seguir. Lo que mencionan poco o nada es que allí, en la tierra bendita de Pablo Neruda, existe la brecha más grande del mundo entre ricos y los pobres, todo gracias al modelo neoliberal que abrazaron sus dirigentes desde el dictador Pinochet hasta el presente líder socialista.

A nadie se le ocurre pensar que este país ya entró en el sendero de desindustrialización a nivel de pequeña y mediana empresa. Es cuestión de poco tiempo cuando comience su proceso de declive. Si se revisa, resulta que del cobre, la riqueza mayor del país, dos tercios del dinero obtenido por la extracción y venta se queda en los paraísos financieros de las trasnacionales. Mientras, el mimado de turno ya debe por su riqueza natural: 2 mil 600 millones de dólares por créditos y retenciones. Lo graciosos es que las trasnacionales no pagan impuestos a la renta porque declaran pérdidas. En total, durante la última década las empresas extranjeras embolsaron 43 mil millones de dólares por el cobre chileno retornando solo a Chile 1,700 millones de dólares.

Con todas la riquezas que tiene América Latina, donde viven 520 millones de habitantes, 270 millones ya están en la pobreza y de estos 110 millones, en extrema pobreza. El mismo Fondo Monetario Internacional reconoce en su último informe que "a pesar del esfuerzo de estabilización económica en la región, los gobiernos no han logrado mejorías en la reducción de la pobreza o la distribución del ingreso lo que estimula el descontento".

A pesar de esta cínica conclusión, el Fondo no ofrece ninguna solución porque su rol es preservar el orden establecido. Cualquier cambio requiere como mínimo la redistribución de la riqueza lo que significaría el final del Banco Mundial y del mismo Fondo Monetario Internacional. A primera vista todo este escenario parece un callejón sin salida. Sin embargo, no lo es. Por de pronto Venezuela lo demuestra sin tomar medidas drásticas. Todo es cuestión de la decisión del pueblo de no aceptar lo que es inaceptable y la voluntad de los líderes de atreverse a tomar un camino diferente.

Para comenzar, es necesario rechazar el negativo Consenso de Washington, remodelar el estado para que pueda asumir su verdadero rol de defensor de los intereses nacionales e impulsor del bienestar de su pueblo, sustituir la importación, aumentar los gastos para la salud, educación e infraestructura productiva y desconocer la deuda externa entre muchas otras medidas. En fin, las posibilidades de cada país latinoamericano igual como de toda la región son infinitas, de acuerdo a los especialistas, y están al alcance de la mano. El problema reside en las limitaciones del espíritu humano que fue moldeado hábilmente por siglos de sumisión que formaron finalmente un prototipo de latinoamericano acomplejado y agachado bajo el peso de un sentimiento de inferioridad, sin darse cuenta de sus habilidaes sublimes y su dormida fuerza interna capaz de mover montañas.

vpelaez@eldiariolaprensa.com

 

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Vicky Peláez

Vicky Peláez

Escritora y periodista peruana. Publica sus artículos en Ria Novosti y en otros medios.