Iraq: trampa para el ocupante
La Casa Blanca asegura que la situación en Iraq está bajo control, pero en el terreno las tropas norteamericanas libran una guerra de guerrillas en las que tanques y aviones cobran más vidas civiles que enemigos.
Luego de 18 meses de ocupación, Estados Unidos mantiene en el país árabe alrededor de 138 mil efectivos, buena parte de ellos entrenados para un conflicto armado convencional y ahora entrampados en una guerra urbana.
El enemigo no está a la vista, pero puede tener preparada la emboscada en la próxima esquina. Para el mando estadounidense es difícil definir el objetivo de ataque, pues la resistencia no es una sola ni está estructurada como un ejército.
El presidente George W. Bush gusta repetir que con Saddam Hussein en la cárcel hoy Estados Unidos e Iraq son más seguros. Pero en la práctica resulta una incógnita para los servicios de inteligencia definir quiénes son los líderes de la insurgencia.
En Iraq la insurrección es expresión del propio conglomerado étnico-cultural de la nación y no responde a un ala política o sector predominante. Por tanto no hay un mando único al que pueda dar caza las unidades especiales del Pentágono.
Los tanques Abrams, que cuestan unos cuatro millones 300 mil dólares, resultaron eficaces para llegar hasta Bagdad, pero ahora vuelan por los aires producto de las minas artesanales o de los disparos de lanzacohetes RPG.
El tema iraquí se ha venido colocando en el eje de la campaña electoral norteamericana y es centro de las críticas demócratas y de otros sectores del país a la Casa Blanca.
Acorde con la imagen que se ha dado de presidente de la guerra, Bush ordenó las recientes operaciones en ciudades iraquíes en manos de la insurgencia, a fin de dar la imagen de que sus fuerzas están en el control de la situación iraquí.
Así se explican las acciones punitivas en Samarra y Falujah, donde miles de soldados norteamericanos irrumpieron seguidos de efectivos del ejército iraquí, entrenado y armado por el Pentágono.
La propia prensa estadounidense reflejó el alto número de bajas civiles en esas operaciones, durante las los bombardeos indiscriminados de la aviación norteamericana provocaron los ya conocidos daños colaterales.
Según el diario The Washington Post, en Samarra se vive un caos humanitario en el que imperan la muerte, el hambre y la sed tras la reocupación de la ciudad por las tropas norteamericanas.
Fuentes del hospital general de esa localidad reportaron que de los 70 fallecidos por los combates 23 eran niños y 18 mujeres.
El propio presidente interino iraquí, Ghazi Yawar, cuyo cargo es más bien protocolar, calificó de inaceptables los bombardeos a las poblaciones civiles y los consideró un castigo colectivo.
Para Bruce Hoffman, experto en contrainsurgencia y ex asesor de la administración de Paul Bremer, "la de Iraq es la más compleja que cualquier otra insurrección de las que Estados Unidos ha combatido".
Los guerrilleros no están luchando por hacer una revolución o por un movimiento político en particular, pero tienen en común la decisión de hacer pagar un alto costo a Estados Unidos y sus aliados locales.
Estimados del alto mando en Bagdad sitúan en unos 20 mil los miembros de la resistencia, que dividen en cuatro grupos, los cuales eventualmente hacen alianzas para enfrentar al enemigo.
La propia división pregonada por el Pentágono expresa sus planes de divide y vencerás. Según esa clasificación, existen tres grupos musulmanes sunitas, de los cuales el más numeroso está integrado por partidarios del gobierno del ex presidente Hussein.
Una cuarta agrupación resulta la milicia del Mahdi, que apoya al clérigo chiíta Moqtada al Sadr y enfrentó frontalmente a las tropas norteamericanas en Nayaf. Los chiítas son mayoría en Iraq y una extensión de la insurrección podría ser fatal para Estados Unidos.
El propio Hoffman coincide con otros expertos en que las tácticas combativas de la resistencia son exitosas y mantienen en jaque a las unidades estadounidenses, cuyas bajas fatales superan las mil 60 y los cuatro mil heridos.
La reconstrucción de Iraq, anunciada a bombo y platillo por Washington ha devenido caos e inseguridad, mientras los contraataques de la aviación diezman a la población civil e incrementan el repudio en la opinión pública iraquí.
Abu Thar, ex coronel del ejército y miembro de la resistencia en Falujah, declaró a periodistas estadounidenses: "Los voluntarios vienen a nosotros cada vez más en respuesta a la humillación y las fechorías de las tropas de Estados Unidos".
La retaguardia de la resistencia iraquí es la propia población y eso la convierte en objetivo de guerra de los ataques estadounidenses.
Año y medio después de iniciada la agresión, Estados Unidos afronta una guerra de ocupación compleja y sin visos de acabar, mientras la resistencia crece y se alimenta de los desmanes del agresor.


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