Cuando los olivos lloran
Una vez más corresponde a la ONU y a la comunidad internacional, levantar la voz y el voto, la condena y el rechazo, y obligar a Israel a poner fin a su política represiva contra la población palestina, misión pendiente de cumplir y sin muchas perspectivas de éxito, al menos en el mundo actual.
Lograr algún cambio en la situación palestina parecería una quimera si se tiene en cuenta que detrás de Ariel Sharon están las armas, el dinero y el total contubernio del gobierno unipolar de Estados Unidos.
A la ONU, en todo caso, le viene encima otra nueva carga, sobre la cual al menos tendrá que pronunciarse, luego que la Corte Internacional de Justicia, de La Haya, determinara que el muro que levanta Israel en los territorios palestinos de Cisjordania -y que ya tiene casi 200 kilómetros- viola el derecho internacional y particularmente la Convención de Ginebra de 1949.
Aunque el dictamen no tiene carácter vinculante sino que es una recomendación a la Asamblea General de la ONU, no cabe duda que tiene un significado moral muy grande y un reconocimiento implícito de las violaciones que comete el gobierno israelí de Ariel Sharon que trata ahora de cercar a la población palestina de Cisjordania como mismo extermina a los habitantes de la Franja de Gaza.
La decisión, que fue aceptada por todos los jueces de la Corte con excepción del estadounidense Thomas Buergenthal, advirtió que la construcción viola entre otros, los derechos a la educación, sanidad, trabajo, y autodeterminación de los palestinos.
El muro, es una especie de apartheid que convierte las poblaciones palestinas en ghetos.
Bastaría con saber que decenas de miles de plantas de olivos se están derribando, y que las que quedan, ahora los campesinos palestinos tendrán que verlas desde el otro lado del muro, para que universalmente tenga un rechazo y una sanción este cerco que el Gobierno de Ariel Sharon está levantando en Cisjordania.
En muchos lugares la inmensa construcción de hormigón, que llegará a tener 700 kilómetros y costará en su primera parte unos 1 500 millones de dólares, destruye el paisaje, y aprieta como en una extensa prisión a pueblos palestinos enteros.
El documento emitido por la Corte estima que Israel tiene la obligación de acabar con sus violaciones del derecho internacional, paralizando la construcción del muro construido en territorio palestino ocupado, incluido el tramo en torno a Jerusalén Este.
Pero las reacciones sobre esta recomendación no se hicieron esperar. En Tel Aviv, el Gobierno de Ariel Sharon aseguró de antemano que no acataría tal disposición y que continuará adelante con su obra.
En Washington, el Gobierno del presidente George W. Bush estimó "inapropiado" el dictamen realizado por la Corte Internacional de Justicia, y hasta el propio Jonh Kerry, aspirante a la presidencia por el Partido Demócrata, dijo "estar profundamente decepcionado por la opinión de la Corte".
La reacción, tanto del Gobierno de Bush como del aspirante demócrata, tienen la lógica que ha caracterizado a las distintas administraciones estadounidenses, por la influencia, tanto en el Congreso como en los aparatos del Ejecutivo, del poder económico-financiero del llamado lobby judío, que se ha convertido en determinante a la hora de trazar política por los inquilinos de la Casa Blanca.
Aunque hay optimismo, tanto dentro de la dirección palestina como en componentes de la política regional e internacional, ahora la recomendación de la Corte Internacional de Justicia irá a la Asamblea General de la ONU, que de seguro la adoptará por abrumadora mayoría.
Lo triste del caso es que por no tener las resoluciones de la Asamblea General carácter de cumplimiento obligatorio- como ocurre con el Consejo de Seguridad, donde Estados unidos la vetaría-, todo este ejercicio legal y jurídico bien que Israel lo echará al cesto de la basura.
Mientras, el muro continuará su silueta segregacionista, abonado con la sangre de los miles y miles de palestinos que mueren y parece continuarán murieron por los ataques israelíes y el apoyo militar, económico y político del Gobierno de los Estados Unidos.
Los olivos que no sean arrancados por las excavadoras israelíes, derramarán lágrimas en un paisaje mutilado, como lo ha sido la vida misma de la población palestina.
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