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PATRICIA, ¡NI UNO SOLO!

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En estos días, la prestidigitación informativa hace alarde en los grandes teatros mediáticos de las sociedades postmodernas y en sus filiales de la periferia. "Nada por aquí y nada por aquí", un toque de varita mágica y ¡ahhh!: ¡la mentira, como un conejo sacado del bombín, puesta a saltar por entre el público!

La descomposición moral de un modelo social agotado multiplica la mentira. Es uno de los rasgos de su decadencia, que, en la desesperación y el sálvese quien pueda, se aferra a ella como a una tabla flotando.

El desprecio a la verdad en Estados Unidos, que no es otra cosa que el desprecio del poder a los seres humanos y sus instituciones, preocupa cada vez más a la opinión pública mundial. Las mentiras del Gobierno de Bush sobre Iraq, las estafas empresariales a los accionistas y las escandalosas tomaduras de pelo en la prensa hacen de ese país un acaparador de récords Guiness en el campo de los más grandes embustes.

En el caso de Cuba, los más importantes medios norteamericanos suelen virarse de espaldas ante la ética profesional para ocultar la caída de la hojita de parra con la cual cubren la impudicia de una objetividad manipulada en exceso.

Como cada año, el Gran Director golpea la batuta en el atril y llama a ejecutar la partitura correspondiente a la reunión de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Eso es así, se sabe en todas partes. Pero resulta curioso ver cómo la agenda informativa de las grandes empresas periodísticas reseña el ambiente del concierto. Es digno de un detenimiento que en unas líneas no es posible; pero para muestra, un botón:

El pasado primero de abril, a las 20:00 (hora de Atlanta) el programa estelar Panorama Mundial de CNN en español, conducido por la experimentada Patricia Janiot, se dedicó al tema de los derechos humanos en Cuba. Pan caliente. Entrevistó a dos "analistas", para "tomar distancia" como es lema de este espacio.

Un tal José Vivanco, que suele ser consultado a cada rato y tiene una extraordinaria puntería para dar siempre en el blanco contrario de la imparcialidad, y Santiago Cantón, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tuvieron cámara y micrófonos. Otra opinión diferente no tuvo cabida.

El discurso anticubano de ambos "expertos", que se erigen en jueces que nadie eligió, es el mismo, aburrido y estereotipado, que cada año se mueve con particular desvergüenza paralelamente a las presiones y chantajes en Ginebra del Gobierno de Estados Unidos sobre países débiles.

Como ahora la moda es mentir, el Secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el señor Cantón, no quiso quedarse atrás y con una tranquilidad pasmosa, hablando sobre las supuestas violaciones de los derechos humanos en Cuba, declaró que en el último año "ha habido una avanzada hacia activistas políticos, hacia activistas de derechos humanos, hacia periodistas, con más de 70 periodistas muertos…"

Increíble. El último periodista asesinado en Cuba fue el colega ecuatoriano Carlos Bastidas, ¡en mayo de 1958!, cuando la policía del tirano Fulgencio Batista le disparó mortalmente en La Habana, por haber reportado desde la Sierra Maestra los acontecimientos de la guerra comandada por Fidel Castro.

En los últimos 45 años no se ha asesinado, ni desaparecido, ni torturado, ni siquiera vejado un solo comunicador en la Isla, una verdadera marca planetaria, sobre todo en un continente donde la cacería de periodistas por dar alguna opinión es un hecho casi cotidiano. La Federación Latinoamericana de Periodistas ha denunciado que en los últimos 25 años han sido asesinados 635 compañeros en la región. Ninguno es cubano.

Emplazar a este tipo de calumniador a que pruebe una sola de esas 70 muertes de periodistas en Cuba en el último año o en casi medio siglo es mucho pedir en este mundo de farsantes encumbrados, que como los señores Cantón y Vivanco se mueven con facilidad, al parecer con patente de corzo, en la marea mediática.

En La Habana están acreditados 162 periodistas de 126 publicaciones de 42 países. Muchos no coinciden con el modelo político de los cubanos y lo reflejan en sus reportes de prensa, pero todos pueden dar fe del respeto a la integridad física y moral de los que hacen su trabajo en Cuba.

Ataques de este tipo son parte del castigo a un país que ha cometido el pecado de la independencia, en un mundo caracterizado por la intolerancia ante las opciones diferentes. Si bien aseveraciones de este carácter, fuera de toda lógica, indignan al pueblo cubano en general y a sus periodistas en particular, sobre todo porque no son impugnadas ni aclaradas, la mejor respuesta es el saldo de ridículo y descrédito que producen.

Pero son peligrosas e irresponsables, cuando, como ahora, llevan agua al molino de la política agresiva e irracional del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba. Y CNN lo sabe bien.

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Tubal Páez

Tubal Páez

Periodista cubano. Presidente de Honor de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).