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Un médico en La Higuera

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Foto: Eddy de la Pera.

Foto: Eddy de la Pera.

Por Taylín Aguilera Velázquez

Con la misión, sin saberlo, de enlazar el pasado revolucionario y el presente solidario llegó a Bolivia en febrero del 2006 el doctor Miguel Ángel de la Torre Rojas, en un contingente de 200 colaboradores cubanos.

Intensas lluvias afectaban zonas del país y la presencia médica no dudó en responder a la solicitud del gobierno boliviano.

Desde su arribo la imagen del Che estaba en cada uno de ellos, especialmente por el poblado de La Higuera, lugar simbólico que abraza su muerte física.

Hasta allí, donde las inundaciones no dañaron, pero si era necesario llegar, fue este cirujano en Ortopedia y Traumatología cuando no existían nuestros servicios; y a partir de entonces se cumplieron las palabras del guerrillero contadas en leyenda por los higuereños de que regresarían médicos, maestros, tractores para ayudarlos.

En el hospital pediátrico de Holguín Octavio de la Concepción y de la Pedraja trabaja este especialista con el reconocimiento de pacientes y colegas que tal vez desconocen su episodio. Sereno, con voz segura y sin pretexto a equivocarse cuenta la experiencia y brotan memorias trascendentes de la labor internacionalista, pues señala también las misiones en Nicaragua y la República Árabe de Yemen.

Varias fotografías evidencian los momentos, “para que veas todo lo que hicimos”, porque fue tarea de equipo. Un café hogareño, otras historias y comienza el recuento.

Cuénteme de esa primera vez en Bolivia…

-Recuerdo que llegamos al aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz, capital del departamento del mismo nombre. Pero antes fuimos despedidos personalmente por el Comandante en Jefe en el Palacio de la Revolución, y los demás contingentes también. Fidel estuvo con nosotros hasta altas horas de la noche, incluso el vuelo se retrasaba porque conversábamos, y dijo que debía esperar un poco para terminar, de forma muy coloquial nos explicaba las características del país, consejos para que estuviéramos bien.

“Tuve la dicha de caer en Vallegrande, provincia del departamento de Santa Cruz. Inicialmente estuve en Masicurì, un poblado pequeño de unos 800 habitantes cerca de Vado del Yeso, sitio histórico relacionado con la muerte de Tania la guerrillera. Este es un lugar muy interesante, incluso el Che lo menciona en su diario.

“Después paso al pueblo de Vallegrande como coordinador de la brigada con 14 compañeros, y todos muy jóvenes, incluso más que yo”.

¿Y cómo llega a La Higuera, qué sucedió al llegar?

-El poblado de la Higuera está a 60 kilómetros del pueblo de Vallegrande. La coordinación de la misión del departamento de Santa Cruz me da la tarea de visitar y explorar el poblado para ver qué posibilidades de cooperación médica había, las condiciones materiales y sociales. Fui en taxi alquilado de un boliviano que simpatizaba con nosotros tras un camino muy tórpido, lleno de montañas, precipicios, lugares de difícil acceso.

“La única asistencia médica en esa zona era mínima. Había un local donde está ahora el consultorio que ayudamos a construir llamado Botica Comunal. Existían limitados medicamentos, y eventualmente una enfermera empírica se encargaba de administrarlos a la población. Cuando vimos ese local, que era  un complejo asociado a una escuelita con escasos pupitres, pensé en la posibilidad y luego mis compañeros, de crear un consultorio con todas las condiciones para la atención médica.

“La coordinación de nuestro departamento pidió que hiciéramos un levantamiento con los recursos necesarios para la construcción civil y de equipamiento. Entonces se autorizó que nuestra brigada era la encargada de hacer el consultorio”.

Sin dudas un compromiso simbólico…

-Sí, compramos los ladrillos, el cemento, las cabillas, los herrajes hidrosanitarios e íbamos en taxi. Eran días muy lluviosos, con fango, gran dificultad para el transporte y hasta mis compañeras empujaban el taxi atascado para tratar de salir adelante. Contratamos un albañil y éramos sus ayudantes. Nos mantuvimos ahí casi  un mes.

“Eso quedó bello. En los retoques finales de pintura estuvieron compañeros de otros países. La Higuera siempre fue un sitio de peregrinaje del mundo entero, y recuerdo la presencia de un muchacho japonés y también jóvenes españoles. Tuvimos la colaboración de los pobladores de allí, el corregidor era una persona muy humilde y nos ayudó en todo. Incluso fue quien buscó el caballo que compró la misión médica cubana a instancias del Comandante en Jefe, que estuvo siempre al tanto del consultorio para que el doctor Lázaro de La Habana, primero en ocupar la consulta, se transportara no solo allí, sino en la zona periférica de difícil acceso donde jamás habían visto un médico llevándoles medicinas y atendiéndolos.

“Al final colocamos una tarja que recuerda nuestra participación, y dos astas con las banderas cubana y boliviana. Ese fue nuestro mensaje final y el 23 de abril se hizo el acto de inauguración preliminar, porque oficialmente se inauguró el 14 de junio, aniversario del nacimiento del Che, con la participación de Evo Morales”.

¿Qué sintió en ese primer contacto con La Higuera? 

-Conocía la Higuera por la historia, pero nada que ver con las referencias que tenía. Sentí de verdad un estremecimiento por la soledad de aquel lugar. Me dolió mucho que el comandante Che Guevara hubiese fallecido en un lugar tan inhóspito, una vegetación tan pobre, con unos cerros tan carentes de cualquier protección, y habitantes escasos. Las personas se nos acercaban y cuando sabían que éramos cubanos contaban historias sobre la presencia del Che. Cada uno la contaba a su forma, y se ponían como protagonistas de esa historia.

“Sentí que esa soledad tenía que ser transformada, que teníamos que hacer algo para cambiarla y llevarles a esas personas que tenían una pobreza extrema  las condiciones de salud que antes no podían porque el acceso era limitado. Y entonces manejamos la idea de crear la consulta del médico con el cuarto para que habitara, con la farmacia y equipos de electrocardiograma, oxigenación, incluso posibilidades de laboratorio clínico.

“Estaba el marco histórico para que nuestra presencia fuera garantizada allí. Decidimos que sería el pago nuestro al sacrificio que hizo el Che en aquella época, y más adelante se dispuso que en pareja los colaboradores destacados pasaran un tiempo en La Higuera como premio a su trabajo”.

De vuelta a Vallegrande…

-En Vallegrande está el hospital Señor de Malta,  muy antiguo, con paredes de adobe, estructuras en mal estado, sin que tuviesen que ver con la organización hospitalaria.

“Hicimos allí una reparación capital organizada para instalar equipos médicos de última tecnología donados por la colaboración cubana. Éramos 30 médicos cubanos y enfermeras. Fui el responsable de esa tarea junto a un electromèdico santiaguero, el ingeniero Julio Azares que tenía la experiencia en la construcción de  Centros de Diagnóstico Integral (CDI) en Venezuela. También me ayudó la experiencia que tenía de organización y dirección hospitalaria en Cuba y el asesoramiento de arquitectos del lugar.

“Este centro se inauguró también el 14 de junio con la presencia de Evo, del cual nos asombró su gran modestia y capacidad. Nos indicaron ponernos batas largas con cuello y corbata, y el presidente llegó en camisa mangas cortas y tenis. Inmediatamente nuestras corbatas parecieron pequeñas y las batas más pequeñas todavía, y él normal compartió con nosotros, comió con las manos al igual que nosotros, esa fue una experiencia inolvidable. Fue también a la lavandería donde estuvo expuesto el cadáver del Che, y la morgue donde se dice fueron amputadas sus manos. Es la gran importancia histórica que tiene el hospital Señor de Malta”.

¿Entonces pudieron llegar a varios sitios históricos?

-Si, la alcaldía municipal había construido una nave encima de la fosa donde se hallaron los restos del Che y otros compañeros. Nuestra brigada va a visitar la zona y encuentra que estaba enyerbada, con escritos en las paredes y chapeamos, limpiamos, recogimos los objetos extraños y dimos un carácter más solemne a la fosa donde se encontró con seis compañeros más. Cerca de allí atravesando la calle estaba el Club Rotari de la alta sociedad de Vallegrande, y en la parte posterior de ahí se enterraron los restos de Tania y otros guerrilleros. El lugar estaba marcado y señalizamos y limpiamos la zona adecuadamente.

“La lavandería del hospital Señor de Malta estaba en malas condiciones: había una cerca perimetral destruida y la reconstruimos, pintamos, plantamos rosas y limpiamos la zona sin quitarle el significado de que las personas escriban lo que les inspira Che. O sea, nuestra labor no sólo fue médica, sino que tuvimos la posibilidad de reconstruir esos sitios históricos”.

La oportunidad también para repasar el diario del Che…

-Fue muy interesante volver a leerlo. Lo había hecho antes de una manera indirecta, sin estar en contacto con la geografía. Cuando revisé nuevamente su historia vi, y mis compañeros también, que estábamos en los mismos lugares por donde pasó. Recuerdo Masicurì, posteriormente Loma Larga, en el camino hacia Pucará Alto Seco, a 1900 metros de altura que es donde el Che da su primera consulta y donde ubicamos dos compañeras para que trabajaran como médicos  y sabían de ello. Nos impresionó conocer Camiri, por donde entró, leía todo y me era ya familiar. Hay un pueblo que se llama Samaipata, allí fue su primera victoria, en el camino de Vallegrande hacia Santa Cruz. Eran cosas abstractas, que habíamos revisado en nuestra juventud y tuvimos la oportunidad de verlo realmente.

¿Qué aprendió de los lugareños?

-La humildad y el deseo de trabajar. Las personas que viven en esos lugares son muy humildes, han estado oprimidas toda su vida, por lo tanto los lleva al recelo. Cuesta trabajo convencerlos que le estamos brindando algo útil, salud sin interés ninguno, y muchas veces nadie sabe el valor que tiene ver la sonrisa de un niño boliviano atendido.

“Muy humildes pero inteligentes a la vez, y el ejemplo es el presidente Evo Morales, de origen indígena, admirable. Compartimos con él en múltiples ocasiones, y es una persona natural, sencilla, que muchas veces descuidaba su salud y hasta su seguridad personal.

“Creo que la sencillez, algo de lo cual carecemos en estos tiempos debe ser un valor que debemos tomar y fue algo que me marcó para siempre”.

De las misiones cumplidas ¿cuál le aportó más como hombre, como médico?

-Cada una tuvo su significación. La misión de Nicaragua fue la juventud, la inexperiencia, conocer personas diferentes. Yo era residente en 1985 hasta 1987 durante la agresión contrarrevolucionaria al pueblo nicaragüense, y recuerdo la crueldad de la guerra, encarar cosas que solo vi en libros de medicina, que eran mis compañeros.

“La segunda en Yemen fue más académica del año 2003 al 2005, fui profesor de estudiantes de quinto año de la carrera de medicina en la prestigiosa Universidad de Saná y al mismo tiempo trabajaba como especialista en el hospital universitario. Es una cultura muy diferente a la nuestra. Recuerdo cuando la agresión estadounidense a Irak nos confundían con los americanos. Ellos pensaban que el cubano era moreno y muchos éramos rubios y nos decían americanos en la calle con intenciones de agredirnos. La embajada nos dio identificaciones con la foto de Fidel  y decía Cuba en árabe. Entonces fue lo contrario: nos querían abrazar, besar y tuvimos que quitarnos el solapin.

“Pero Bolivia fue la misión confirmatoria, pues ya tenía la experiencia de dirigir el hospital pediátrico de Santa Clara y me sirvió para las actividades allí. Cada una fue significativa, aunque destaco que en esta última conocí a mi esposa Leysi, enfermera intensivista y es por eso que vivo en Holguín”.

Antes vivió en Villa Clara donde reposan los restos del Che, estuvo en La Higuera y Vallegrande, y hoy trabaja en el hospital que lleva el nombre de uno de sus guerrilleros ¿Qué cree de eso?

-Me he dado cuenta de ello, e inmediatamente revisé la biografía de Octavio de la Concepción y la Pedraja, quien fue médico de la guerrilla y me impactó. Incluso me viene a la memoria que cuando estuve en Nicaragua unos de sus hijos fue mi compañero, le decían Tavito, o sea la historia vuelve a sus inicios.

“Son cosas que la vida presenta y uno a veces se siente incapaz de corresponder a toda la grandeza de esos acontecimientos. A veces parecen sueños y no queda otra que seguir trabajando y cumplir modestamente con nuestro deber, eso es lo más importante para un médico en estos momentos de limitaciones. Creo que la función, lejos de buscar tierras extrañas, es trabajar en la nuestra, que es lo principal”.

Se han publicado 6 comentarios



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  • Maria del Carmen dijo:

    Que alegria senti al ver a este gran medico amigo de muchos años de mi esposo medico de nuestro niño que ya hoy tiene 18 años, cuanto nos alegra saber de el aunque ya no esta en nuestra provincia, gracias al periodista por brindarnos la oportunidad d saber de el y conocer todas las cosas hermosas que ha realizado, le deseamos siga con exitos en su carrera y su vida personal, saludos de Rogelio (Poligom).

  • Manuel dijo:

    Que alegria senti ver a mi hermano en esta entrevista, desconocia tanto detalle de esta labor humanitaria de el en ese hermano pueblo, que orgulloso estaria nuestro padre leyendo esas notas y mas contribuyendo a la noble causa por la que el guerrillero heroico dio su vida y nos lego su ejemplo del hombre del futuro.

  • @lin@ dijo:

    Ganas inmensas de visitar el lugar desde hace años; estuve de Misión en Venezuela y vi reportajes del sitio que no había visto antes acá. Siempre la figura del Che me resulto impresionante; verdaderamente único, su ejemplo quedo definitivamente en el corazón de no pocos en todo el mundo.

    • Estrella Rodriguez Valdes dijo:

      Dr Miguel carinosamente conocido por nosotros como Miguelito cuanta satisfacción me dio leer ese articulo y haber sido parte de esa historia que aún hoy estando en Brasil la llevo en mi memoria, fueron dias difíciles pero nos crecimos como hombres y mujeres y dimos muestra de trabajo en equipo ,unidad ,solidaridad y firmes convicciones revolucionarias ..un abrazo para usted

  • Marvin Prado dijo:

    Este doctor también estuvo en Nicaragua, y acá dejó muy buenas amistades, que incluso quiesieran verlo por estos lares nuevamente.

  • Magali dijo:

    Felicidades a este hombre por su modestia y su sentido patriotico y por haber podido tener la oportunidad de estar alli donde el Che dio su vida por la humanidad.
    Medicos como estos, son los que forma la Revolucion, y por eso estamos orgullosos

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