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Eduardo Galeano: “Messi es el mejor del mundo porque sigue jugando como un chiquilín en su barrio”

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Eduardo GaleanoTanto el astro argentino como Diego Maradona, la selección de Uruguay o sus candidatos al título surcaron esta extensa entrevista con el escritor uruguayo, confeso amante del fútbol que, según reconoce, durante la Copa del Mundo se muda “al Planeta Pelota, igual de redondo, pero más chico”.

Por Julio Boccalatte y Marcos González Cezer

A partir del sábado que viene y hasta la finalización misma del Mundial Sudáfrica 2010, como viene sucediendo desde hace muchísimo tiempo y cada cuatro años exactos, Eduardo Galeano exhibirá un cartel en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”. El gesto, más divertido y diplomático que el “no molestar” de los hoteles (y al que podría acompañar con un “estoy trabajando para ustedes”, ya se verá), de todas maneras parece innecesario: “Durante los mundiales directamente me voy del Planeta Tierra. Me mudo al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos a intentarlo, porque siempre pasa que alguno me pierdo. Pero lo que quiero decir es que me siento con una cervecita bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina. Así de sencillo”.

Pero el Mundial todavía no empezó. Y el escritor uruguayo, antes de perderse en el laberinto de fixtures y horarios, esas coordenadas particulares del Planeta Pelota cuando la escena ocurre lejos, habló de todo (en el programa De Puntín, de Ediciones Al Arco, AM 970, radio Génesis, sábados de 13 a 14). Habló de Lionel Messi: “Es el mejor del mundo porque sigue jugando como un chiquilín en el barrio”. Habló de Diego Maradona: “Ha sido injustamente atacado, y aunque una cosa es ser jugador y otra técnico, todavía hay que darle tiempo y espacio”. En definitiva, habló de fútbol.

-¿Sigue teniendo con el fútbol la misma relación de siempre?

-Absolutamente. No podría estar alejado del fútbol. Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota, porque mi padre me llevaba al estadio cuando yo todavía era un bebé. Y luego, claro, toda mi vida jugué al fútbol.

-¿Jugaba bien?

-No. Mal, muy mal. Era entreala derecho, lo que hoy sería un volante ofensivo, pero siempre fui un chambón, un pata de palo. Así que al final me resigné, acepté mi destino y terminé intentando escribir para ver si podía hacer con la mano lo que con los pies no pude hacer nunca.

-Pero esos intentos fueron apenas eventuales hasta la aparición de El fútbol a sol y sombra.

-Es verdad. Hasta ese libro yo había escrito muy poco de fútbol, pero después me tomé el tema más a pecho. Por fin hice lo que quería: jugar al fútbol con las palabras y a mi manera. A este libro lo voy actualizando luego de cada Mundial, y eso también tiene que ver con aquello de “Cerrado por fútbol”.

-El ejercicio de unir literatura y fútbol, por cierto, parece cada vez más aceptado, o al menos es más practicado.

-Celebro que haya gente que escribe muy bien y que no oculte su pasión futbolera. Cuando tenía 20 años, dirigí en Uruguay un diario independiente de izquierda. Se llamaba Epoca y tenía buena resonancia, con 35 mil ejemplares. Eramos todos muy jóvenes y capaces de esa locura, una experiencia maravillosa en la que nadie cobraba y de la que todos los militantes, unos 5 mil, éramos accionistas. Así que recuerdo muy bien lo que eran las asambleas, con 200 o 300 personas hasta las siete de la mañana, en las que yo tenía que dar la cara y defender las páginas dedicadas al fútbol. Era la pelea más feroz de todas, porque para los militantes de izquierda aquello era dilapidar cinco o seis páginas de un vocero de la clase trabajadora, de un diario antioligárquico, para consagrar al fútbol, el “opio de los pueblos”. Recién ahora la izquierda se está curando de esa enfermedad en la que acusa al fútbol de que la gente no piense. Ahora los intelectuales no tienen vergüenza.

-¿Y qué espera de este Mundial, como hincha y como intelectual?

-Que me ofrezcan una fiesta para los ojos. Ese prodigio de hermosura que el fútbol es. Obviamente que quiero que gane Uruguay, y si no es Uruguay que sean la Argentina o Brasil, los países que siento más próximos. Pero antes que nada soy un fanático del buen fútbol.

-Más allá de los colores…

-Más allá de los colores. De chiquilín era hincha rabioso de Nacional. Iba al talud (la popular), detrás del arco, es decir la tribuna más pobretona y más violenta, porque en aquel tiempo yo también me fajaba como cualquier hijo de vecino. Era bastante peleón. Tenía 11, 12, 13 años. Pero con el paso del tiempo fui descubriendo que lo mío es el fútbol, sobre todo cuando alguien me ofrece esa fiesta, la del fútbol bien jugado. Cuando ocurre ese milagro, lo agradezco sin importarme el equipo o la selección. Y más todavía: incluso en partidos de Nacional, confieso que muchas veces quiero, secretamente, que gane el menos poderoso, el más pequeño. Como me dijo una vez un amigo español: “Estás condenado, porque vas a estar siempre de parte del toro”. Nunca del torero. Por eso me hizo feliz el título de Argentinos Juniors, la posibilidad de que se rompa el monopolio, más allá de que tengo amigos que son hinchas.

-¿Sigue yendo a la cancha?

-Sí, sigo yendo. Es curioso, hasta masoquista diría, porque el fútbol rara vez me devuelve en el estadio algo que se parezca a la expectativa que me lleva. Espero ver un espectáculo bello y muy rara vez ocurre.

-¿Y a qué le atribuye la insistencia?

-Primero, a la diferencia que existe, por ejemplo, entre el cine y el teatro. Una cosa es ver el partido en el estadio, donde se escucha la respiración de los protagonistas, y otra cosa diferente es verlo por televisión. Pero también creo que tiene que ver con algún residuo de mi formación católica.

-¿Cómo es eso?

-Tuve una infancia muy católica. Creía en Dios y creía que Dios creía en mí. Ahora no creo más en el cielo, ni en el dolor, ni en ese elogio del dolor que la Iglesia Católica me metió adentro, pero me debe haber quedado algún efecto residual de aquel aprendizaje: que todo lo que sufras en la Tierra será recompensado en el cielo. ¡Debe ser eso lo que me lleva a la cancha! Pero también me lleva el espectáculo del público, el fervor, esas oleadas de entusiasmo que sentís cuando la gente está a tu lado y no cuando lo ves por televisión o te lo cuentan. ¡Y las ocurrencias de la gente! Recuerdo que había un jugador de Nacional, Escalada, que de 90 veces que pateaba al arco, apenas una era gol. En las restantes le gritaban: “¡Con la herradura no, con la herradura no!”. Eso también es parte de la fiesta del fútbol y es algo que yo, que siempre fui un escuchador, disfruto de manera especial.

-De aquella infancia católica y futbolera, ¿qué cosa recuerda con cariño particular?

-La pared de mi pieza, en la que tenía un crucifijo rodeado de figuritas. Ahí estaban Rinaldo Martino, aquel de San Lorenzo, y tantos otros que jugaron en Nacional. Era toda la pared pegada de figuritas alrededor del crucifijo. Y abajo, como para que no se vieran mucho porque eran “enemigos” de Peñarol, también había pegado a (Juan) Schiaffino o a (Julio) Abbadie. ¡Me gustó tanto verlos jugar! Abbadie era capaz de hacer que la pelota fuera rodando por la línea lateral y con puros amagues, sin tocarla, iba eludiendo a sus rivales. Me gustaría escribir como Abbadie jugaba. Me gusta ese fútbol, el de las orillas, el del wing, que en inglés significa ala. Abbadie era un hombre con alas.

-Como Garrincha.

-Exacto. Tuve la suerte de verlo jugar dos veces en Río. Era como ver a Chaplin en la cancha. Garrincha disfrutaba tanto que terminaba una jugada y se sentaba arriba de la pelota, después de dejar a todos sus rivales en el camino, provocando, como diciendo “a ver si me la sacan”. Después algunos lo querían degollar porque a veces ni siquiera hacía el gol.

-¿Messi tiene ese perfil de jugador “orillero”?

-Yo creo que Messi es el mejor del mundo porque no perdió la alegría de jugar por el hecho simple de jugar. En ese sentido no se profesionalizó. Están los que escriben por placer y están los que escriben por cumplir con el contrato o ganar dinero. Messi juega como un chiquilín en su barrio, no por la plata. Cómo se mete, cómo engaña, esa picardía que es tan linda de ver en los potreros. Cuando el fútbol profesional me desengaña demasiado, me voy por la rambla de Montevideo a ver a los chiquilines jugando en los campitos.

-¿Y a Diego? ¿Cómo lo ve en su función de director técnico?

-Creo que ha sido injustamente atacado. Una cosa es ser jugador y otra director técnico, pero hay que darle tiempo y espacio, ver qué pasa. Lo que ocurre es que Maradona tiene que cargar con una cruz muy pesada en la espalda: llamarse Maradona. Es muy difícil ser Dios en este mundo, y más difícil comprobar que a los dioses no se les permite jubilarse, que deben seguir siendo dioses a toda costa. Y el de Maradona es un caso único, el deportista más famoso del mundo, a pesar de que hace años que ya no juega, esa necesidad de protagonismo derivada de la popularidad mundial que tiene.

-En su último libro, Espejos, habla de Diego como un “dios sucio”.

-Pero no en un sentido insultante. Quiero decir que es el más humano de los dioses, porque es como cualquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil… ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano, así que la gente se reconoce en él por eso mismo. No es un dios que desde lo alto del cielo nos muestra su pureza y nos castiga. Entonces, lo menos que se parece a un dios virtuoso es la divinidad pagana que es Maradona. Eso explica su prestigio. Nos reconocemos en él por sus virtudes, pero también por sus defectos.

-¿Usted lo considera capaz de llevar a la Argentina hasta la Copa del Mundo en Sudáfrica?

-La Argentina es uno de los favoritos a ganar la Copa por la riqueza de su plantel, con esto no estoy descubriendo la pólvora. Pero hablar de Maradona en esos términos me parece una desproporción, porque hoy se les da a los técnicos una importancia que para mí no tienen y que termina perjudicándolos: de hecho se los hace casi únicos responsables de una derrota. Es otra de las deformaciones del fútbol: se le da al técnico un aura científica, como si fueran colegas de Einstein. Antes ni se sabía quiénes eran los entrenadores. El mejor que conocí fue un señor que se llamaba Cóppola, que dirigía al equipo de un pueblito muy chiquito de Uruguay, Nico Pérez. Era peluquero, un día se sacó la grande y puso un cartelito en su local: “Cerrado por exceso de capital”. La cosa es que toda la táctica y toda la estrategia de Cóppola se reducía a lo siguiente: acompañaba a sus jugadores a la cancha, los palmeaba en la espalda a medida que iban saliendo y les decía, sencillo: “Muchachos, ¡buena suerte!”.

-Por afuera de lo estrictamente deportivo, ¿podría perjudicar el camino de la Argentina en el Mundial esta presencia tan mediatizada de algunos barras en Sudáfrica?

-Sería una pena, teniendo la Argentina tanta calidad de jugadores, que se embarrara la cancha por un tema así. En principio, el hecho de que viajaran junto con el plantel me generó preocupación. Pero espero que no ocurra ningún desastre, que no empañen lo que creo será un alto lucimiento, que no haya episodios de violencia por estos fanáticos que no aman al fútbol del mismo modo que los borrachos no aman el vino. Entre muchas otras cosas, Da Vinci escribió un libro en el que recogió fábulas de la región toscana de Italia, y ahí hablaba de eso: de la ofensa de una botella de vino por la mala manera en que la tomaba el borracho. Siempre pensé que era una fábula muy justa y es la misma relación entre el fútbol y los fanáticos de la violencia, ese desahogo que hacen de lo peor que el alma humana tiene.

-¿Y a Uruguay? ¿Cómo lo ve?

-Creo que mejoró mucho con relación a tiempos no tan pasados. Lo que ocurre es que Uruguay sigue siendo un país exportador de “pie de obra”. Vendemos mano de obra y, en el caso de los futbolistas, pie de obra. Hay más de doscientos jugadores uruguayos en el exterior. Tener esa cantidad afuera, en un país cuya población entraría en Avellaneda, habla de que estamos muy desangrados. Al período de esplendor de nuestros futbolistas lo vemos por la TV. De todas maneras, en función de esa calidad de jugadores, porque por algo son convocados de las ligas más importantes del mundo, yo tengo la ilusión de que Uruguay juegue lindo, juegue bien. Aunque ya no somos los que éramos.

-¿En qué sentido?

-Hay una parte de la historia que parece inexplicable: cómo un país despoblado y pequeñísimo pudo ganar la medalla de oro en fútbol de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, el Mundial de Uruguay de 1930 y pudo vencer en el Maracaná, en el Mundial de Brasil de 1950, contra todo pronóstico. Pero eso tiene explicación: el papel fecundo que tuvo el Estado uruguayo en los albores del siglo XX. Uruguay estuvo en la vanguardia del mundo en educación libre, laica, gratuita y obligatoria, con un papel creativo, y allí estuvo integrada la educación física. Sembró campos de deportes en todo el país. Por no hablar de muchas otras cosas: las ocho horas laborales antes que en los Estados Unidos, el voto femenino antes que en Francia, la ley de divorcio 60 años antes que en España… cosas así. Eso explica cómo un país minúsculo pudo llegar tan alto. Pero el Estado perdió esa energía de cambio, se fue desinflando, y esa falta de continuidad en la vocación creadora del poder público se reflejó en el fútbol. Por eso digo que ya no somos los que éramos.

-El futbolista tampoco es lo que era.

-Eso es verdad. La gente deposita en ellos una carga enorme. Esto engorda el ego de quienes reciben el elogio multitudinario, pero a la vez representa una carga muy pesada. Hay una cosa muy perversa ahí.

-¿Cuál es, puntualmente?

-Fabricar ídolos para después voltearlos. Es un cuchillo de doble filo, en definitiva. La gente se reconoce en la alegría de un jugador, cuando gana o juega bien. Pero también los hace responsables de la desdicha colectiva cuando pierde. Porque allí el alma de mucha gente se de-sinfla.

(Tomado de Página 12)

Se han publicado 8 comentarios



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  • Eddy Nápoles dijo:

    Magistral como siempre Galeano, disertando de lo lindo ahora sobre fútbol, es un gran conocedor y amante de este deporte, fiel hincha de su Uruguay querido y de Argentina…….

  • OLIMPIO RODRIGUEZ SANTOS dijo:

    Cuando pasaba hoy frente a la biblioteca de la Universidad de Ciencias Médicas me encontré “las venas abiertas” en una edición del 2009 y sin pensarlo compré el libro, ahora me encuentro esta novedad en CubaDebate de Eduardo Galeano.
    Vaya que el maestro nos enseña todos los días algo diferente.

  • Oliver dijo:

    Galeano; para mí El Favorito, simpre con su lenguaje sencillo para que todos puedan disfrutar de sus ideas, que persona genial capaz de escribir “paradojas” y tocarnos el alma con estos temas futboleros, grande, de veras

  • Juan Gatica Amengual dijo:

    Eduardo !!

    Te admiro más aún…
    Tus brillantes elucubraciones sociológico-políticas, ciertas como nada, agregadas ahora a lo del fútbol, me convierten a partir de ahora en tu HINCHA FURIBUNDO…!!

    Desde el “paraíso” del neoliberalismo salvaje a ultranza, para ti admirado amigo, cordialmente,

    Juan Gatica Amengual

    ¡ Patria Socialista o Muerte!
    ¡ Venceremos !

    Santiago de Chile

  • FEDE dijo:

    YA Q ES UN ESCRITOR DEBERIA CONOCER LA FRASE “ZAPATERO A TUS ZAPATOS”, Q SE DEDIQUE A HABLAR D OTRA COSA PORQ D FUTBOL SE VE Q NO CONOCE MUCHO…EN LA SELECCION (DONDE NO COBRA MUCHO)NO JUEGA MUY BIEN Q DIGAMOS MESSI,ES CIERTO Q NO LO AYUDAN MUCHO SUS COMPAÑEROS PERO TMP COMO PARA DAR LASTIMA COMO LO VIENE HACIENDO HASTA AHORA. Y LOS TECNICOS SON SUMAMENTE IMPORTANTES,MAS Q LOS JUGADORES,SINO COMO SE EXPLICA Q EN CIERTOS EQUIPOS CON EXACTAMENTE LOS MISMOS JUGADORES UNA VEZ Q CAMBIA EL TECNICO SE LOGRAN COSAS Q ANTES NO(POR EJ,MOURINHO EN INTER,VAN GAAL EN BAYER,BIANCHI EN BOCA,ETC ETC ETC…)HAGANOS UN FAVOR,DEDIQUESE A LA LITERATURA Q ES SU FUERTE,DEL FUTBOL Q SE ENCARGUEN LOS ENTENDIDOS

  • Pablo Mora dijo:

    Cuarenta mil millardos de millas de hombres luz

    1

    Serás de esta tierra, de este mundo,
    aunque las pardas lomas no lo crean.

    Se abrazan con el sol y vuelan —gacelas al viento—
    hasta abrazar en un solo carrerón a Dios.

    Esclavos ayer, iluminan con su sueño
    la estupidez del hombre.

    Águilas. Ángeles. Pies.
    Pájaros malucos, muy veloces.
    Más veloces que cualquier pájaro.
    Pies de viento. Pura danza. Viento puro.

    Ángeles de piernas torcidas derecho al cielo.
    Entre canto, amor y angustia pavorosa.
    En noble pugna, haciendo guerra.
    Guerreros entre guerreros, en guerrera maestría.
    Arte al arte, a contragolpe limpio.
    Golpe tras golpe. Gracia en explanada.
    Vigor de brazo, agilidad de pies.
    De un campo a otro, sulfurados.
    En hermosas, fieras y atinadas fintas.
    Fingen llegar a Dios en furia alada.
    Uno corre, el otro se repliega
    en esquivo y fulgurante vuelo.

    Cam, hijo de Noé, más allá de maldición de Libro.
    Camerunés al pie de volcánico macizo,
    con su Camerún al hombro,
    de cara al Atlántico Océano,
    vive, corre, juega, sueña, vuela, danza del bosque,
    manglar, sabana arbolada cobijando sueño.

    Ébano, camarón, siervo alguna vez,
    con cuarenta años,
    con cuarenta mil millardos de millas de hombres luz,
    su negritud extiende por el mundo
    a punta de coraje y soledad.

    De sol a sol, de lluvia en lluvia,
    templa su esperanza,
    el poder de su palabra, pisada y vuelo.

    Saben, por supuesto,
    que la vaca no es de uno solo,
    el campo no es de uno solo
    y el gol, de todos.

    De trashumancia saben.
    De empeño y estación madura.
    La evasión no les permite nunca resignarse.
    Perfectamente saben que el campo es el rey.
    Que el tigre no tiene que hacer alarde de su negritud.
    Que triunfo o metáfora se esconden,
    se apañan en los montes, las veredas, los caminos,
    convencidos de que no hay absolutamente nada
    como la confianza en uno mismo.
    Juegan de noche con la luna,
    con ella practican su mejor jugada, es decir,
    practican con la luna sus jugadas.

    Reconocen que lo importante no es sólo saber atacar,
    sino seguir con atención el más pequeño movimiento
    del adversario o enemigo, frustrar sus hazañas
    y adivinar sus intenciones.

    Cadenciosos, danzan sus pasos,
    juegan a lo eterno, nacen con el juego y en el juego.
    Juego sagrado. Fuego eterno.
    Cada día un nuevo tiempo.
    Nuevo tiempo, nuevo juego.
    Párpados de hormiga, hojas contra el viento,
    invitados del polvo eternamente,
    con la pena final en otros pies.

    2

    Su Credo no más que uno solo.

    Descubrir el secreto de los vinos mojados por el tiempo
    o el vientre de las flores anunciando el suspiro de los dioses.
    Darle rienda suelta al niño que se esconde en nuestros sueños.
    Sentir que el viento nos acerca a los difuntos
    o nos hace volver a las espigas
    o al fondo más lejano de los vasos.
    Destejerle al herbaje sus clinejas,
    No olvidarse de darle de beber
    al agua, los rastrojos y botellas.

    Celebrar el cumpleaños de los árboles.
    Escuchar el aplauso de los pájaros
    cuando revienta en diapasón el día
    a pesar del estruendo de las hambres.
    Desarmar como un niño la osamenta
    y dejar el juguete de nuestra estatura
    abandonado en un rincón.
    Echar una canción en la mirada
    para dar con el canto del asombro.
    Hacer caber a Dios en un dedal,
    al Sol en el ojo de una hormiga,
    al mar en los labios de una perla
    mientras la luz ensimismada duerme.

    Disfrutar de que el hombre juegue con el sol
    y más de que el sol juegue con el niño.
    Apiadarse de una pomarrosa engrifada entre la lluvia.
    Quedarse de pronto sin presente,
    sin futuro, sin fe, sin osadía.
    Crepitar en enigmas tenebrosos,
    pregunta que pregunta por el hombre.
    Querer partir al infinito
    de cara al misterio para siempre.
    Saber del hospedaje del silencio
    mientras la muerte nos espera un rato.
    Saber del viento y su camino largo,
    del sol y su trajín sagrado,
    del niño y su cocuyo insomne,
    del mar y de sus islas claras.

    Ir a contragolpe hacia la muerte
    cantando entre los pinos asombrados.
    Comprobar que la alegría —auténtico gol— existe todavía
    tal como la tristeza no otra cosa que autogol.
    Defendernos de la infinita goleada de la muerte
    —la más eterna de todas las goleadas—
    desde esta inmortalidad que somos.

    Dejar pasar la noche por encima de nosotros.
    Inventar ratos, penas, rodillas, alegrías y tardanzas.
    Oír el clamor, el griterío, al hambre en su galope.
    Sentir el sollozo de la piedra.
    Medir la larga soledad de los caminos.
    Convencerse del viaje sin regreso.
    Convencerse del viaje hacia la sombra.
    Echar un vistazo al mundo.
    Quedarse en medio de la tierra.
    Esperar el pitazo irremediable.
    Meterle goles a la Luna.
    Ponerle trampas a la muerte.

    3

    Puestas en tierra las rodillas,
    de pie, como en espera,
    cuando uno de ellos camina, lejos llega.
    De la cumbre a la planicie.
    Del ras del suelo a la cumbre.
    De la aldea al horizonte.
    Cuando al negro le da por caminar
    poca la noche para alcanzar estrella.
    Cuando el negro camina es el suelo quien camina.
    Camina con su alma, sus quebrantos, sus tejidos,
    camino de la luz que los aguarda, los cobija.
    Pugnaces, tercos, tenaces, sorpresivos, caprichudos,
    a estos negros sóbrales razón para estar vivos.

    Más que caminar, el negro trota.
    Sin ellos, el mundo no es ni sería.
    Ellos, raíz, gran memoria, terca esencia.
    En la alta madrugada, al fondo del pajonal,
    nos acusan, nos gritan, nos reclaman, nos acechan.
    Siempre un negro remonta en sueño.

    A pesar de los cruces de caminos,
    de quejidos, de triunfos y derrotas,
    los negros siempre, pugnaces, tercos, tenaces,
    contumaces, invencibles, porfiados, ariscos,
    indomables, negros sin más ni más,
    camino del sueño, del alba o de la estrella .

    Al pie de nuestra huella —inminente ébano descalzo—
    a pelo sobre el mar, urdiendo lejanías,
    en los vuelos azules de su pena
    bajo una palma que atardece.
    Llanto en azulancia, en alarido,
    mirando, agazapado, de reojo,
    escondido en la sombra
    o en el látigo inclemente blandido entre la huerta.

    Desnudo mestizaje en la pasarela del tiempo.
    Rastros, rostros, enclavados en la piel del susto,
    haciendo el amor en los rastrojos a luna descubierta,
    grabando sus tristumbres primigenias,
    desafiando restos, desaparecen y aparecen,
    aparecen y desaparecen, abrojos, ojos, reojos, despojos
    —verdaderos—.

    Máscaras, fetiches, amuletos y moriches,
    la fibra del bejuco, la piel del cunaguaro,
    las plumas de las aves nos retan
    a salirle en atropello al apellido.

    Mudos, vigilantes, miran desde el tiempo,
    desde el agua, desde el alma,
    remotos, soñolientos, sinceros, genuinos
    —verdaderos—.

    Reclaman justicia. Recuperan sus estrellas,
    las que quedan: el sol, el pan, el viento,
    que los cubre y los protege, los alienta y los defiende.

    Entre magia, guerra y gozo,
    daremos aguardiente a la esperanza
    hasta hacer bailar a las estrellas,
    cuando canten los gallos de otromodo
    al despertar la madrugada nueva,
    bordeando las barracas de la margen izquierda

    4

    Con cielo azul tan callado,
    con su sangre de palmera
    con su risa tan ligera,
    con su amor encabritado,
    lleno de azul el costado
    en reverbero de espuma
    el negro canta y se suma,
    con nudo entre la garganta
    el negro en su noche canta,
    el negro canta y se ajuma.

    Tamba, tamba, tamba, tamba,
    tamba del negro que tumba,
    tamba del negro que arrumba,
    tamba que tamba y caramba,
    tamba del negro, ¡qué tamba!
    El negro ajuma y encanta,
    sobre sus pies se levanta,
    tambor de cuero y madera,
    gris armadura guerrera,
    el negro se ajuma y canta.

    Con patria dulce por fuera
    y muy amarga por dentro,
    con patria para el encuentro,
    con su verde primavera,
    el negro se desespera,
    corre, viene, vuela y va
    y no te entiende por na.
    Si tú supiera, mulata,
    por qué anudado en garganta
    el negro canta y se va.

    ¿Por qué la noche africana,
    por qué el negro tamba y tumba,
    por qué el negro zamba y zumba,
    por qué llora la mañana,
    por qué el negro se amilana,
    por qué su mano no afloja,
    por qué su garganta roja,
    por qué su mano tendida,
    por qué su llanto y herida,
    por qué la noche africana?

    ¿Por qué la noche africana?
    Pregunta el negro y la brisa
    y el mar y Juan sin camisa.
    ¿Por qué la noche tan grana,
    por qué tanta resolana,
    por qué el impasible duelo,
    por qué el llanto en el pañuelo,
    por qué la arena tan sola,
    el barco, el alma y la ola,
    por qué tan triste su cielo?

    ¿Por qué la noche africana?
    Pregunta el negro y el blanco
    y el negrito y su potranco
    y el timonel, la sabana,
    la caña y su tierra llana.
    ¿Por qué? Lo pregunta el viento,
    el soldado, el regimiento,
    el mestizo corazón,
    la balada y la canción
    y el cocotal sentimiento.

    ¿Por qué la noche africana
    y su estrella marinera
    y su gente carpintera
    y su cuaderno y su plana
    y su gloria soberana?
    ¿Por qué no alabar su gracia,
    su coraje y su constancia,
    las ceibas y sus penachos,
    los pobres con sus muchachos
    y el arenal de su infancia?

    ¿Por qué la noche africana,
    por qué lo preguntan tanto,
    por qué lágrima y quebranto,
    por qué la pregunta afana,
    por qué, barcarola hermana,
    por qué la noche africana?
    Reclama la turba humana
    la causa del desconcierto.
    Sólo un asunto muy cierto
    para tan noble africana.

    Azulosa por la noche,
    entre aluvión, selva y tuna,
    sirena negra de luna,
    va su sombra a troche y moche
    y aunque parezca derroche
    el África en paz descansa
    y en fervorosa alabanza
    va ilumina que ilumina
    mientras el mundo se inclina
    ante su inmensa labranza.

    ¿Por qué la noche se empaña,
    por qué Yambambó no canta,
    Mamatomba se agiganta,
    Yambambé llora y se extraña
    Y Serembó casi araña?
    ¿Por qué la noche africana,
    por qué yambó sin su ruana?
    El África en paz enciende
    la noche sobre el que entiende
    que sólo ella es soberana.

    5

    Serás de este cielo, de este mundo,
    aunque la aurora te envidie.

    Del fondo de la página de la noche,
    acecho de ojos de tigre,
    suelto león emplumado,
    gallo zambo, gallo fino,
    ángel, relámpago, liebre,
    lumbre, destello de ráfaga libre.

    Al paso del alto sol,
    máquina, lumbre, lucero,
    caja de azogue nocturno,
    azogue, tablado negro,
    hélice, pierna y silbido,
    jugándole al viento soles,
    cuerda asoleada en el viento,
    tajo de noche cetrina,
    ciclón de sangre encendida,
    indómito mar de sangre.

    Muy azules tus ojeras,
    humedecidas de noche,
    cuando las venas estallan
    para encender los luceros.

    Yokadouna. Yaoundé.
    Mbalmayo. Kuma. Mora. Nanga.
    Abega. Milla. Mboma. Nikono. Eto’o
    Onguene. Omam. Songo’o. Wome.

    Manga, Souleymanou, Olinga.
    Bindzi, Moussongui, Ntieche.
    Tchuem Tsona, Beaud, Tchatchoua.
    Zengue, Kibong Lam, Dikoume.
    Mokake, Zambe, Feutchine.
    Amadou, Effoula Nomo, Jama Mba.

    Satán. Luzbel. Caplán.
    Ardilla que sopla viento.
    Audaz. Zagaz. Rapaz. La Paz. Quizás.
    Marimba de tigre en celo.
    Con señas de sol en la frente.
    Marfil. Coral florecido.
    Garras de águila.
    Gacela. Cabra.

    Los Leones Indomables.

    Serpiente ondulando zafras.
    Ángel pastoreando azules.
    Brillante de la noche.
    Puro sol repujado.
    Luna redonda y limpia.
    Sueño de garza en aprieto.
    Largo fulgor de sombras.
    Lampo de llanto y de sangre.
    Estrella desnuda y alta.
    Ansia negra. Negra ansia.

    Hueles a sudor.
    A Sol hueles.
    A noche suenas.
    Gritas. Sueñas.
    Lloras. Cantas.
    Gimes. Vuelas.

    De derecha a izquierda
    De izquierda a derecha.
    ¡Pecho a pecho!
    ¡Pecho de sol empapado!
    ¡Medio campo!
    ¡Medio campista!
    ¡Centro delantero!
    ¡Portero! ¡Laterales! ¡Líbero!
    ¡Uno mandando y otro mandado!
    ¡Todo mezclado!
    ¡Sangre de Dios desplegada!
    ¡Todo sangre, un solo río!

    ¡Ritmo de semillas secas!
    ¡Negra cintura caliente!
    ¡Curva de suspiro y barro!
    ¡Eterna sal encrespada!

    ¡Sangre de la alianza nueva!
    ¡Alianza de sangre y fuego!
    ¡Alianza de fuego y sangre!
    ¡Alianza solar de fuego!

    ¡Recio color de combate!
    ¡Arcana unidad de origen!
    ¡Saeta de tarde en culto!
    ¡Fogata alumbrando estrellas!

    ¡Caribe! ¡Arena y palmera!
    ¡Lomo azul! ¡Cola verde!
    ¡Aleta de ciclón!
    ¡Cuidado: muerde!

    ¡A jugar!
    ¡A bailar!
    ¡A correr!

    ¡A volar!
    ¡A vivir!
    ¡A sonar!

    ¡A silbar!
    ¡A revivir!
    ¡Sobrevivir!

    ¡A gibraltar!
    ¡A estrechar!
    ¡A azular!

    ¡A enrazar!
    ¡A africar!
    ¡A cantar!

    ¡A ganar!
    ¡A ganar!
    ¡A ganar!

    ¡Tú, ráfaga encendida, fulge, alumbra!

    |¡Tú sólo Líbero! ¡Alienta, brilla!

    ¡Salva, tú, juego, de la muerte al hombre!

    Pablo Mora

    San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela.

    pablumbre@hotmail.com

  • Pablo Mora dijo:

    ¡A enrazar!
    ¡A africar!
    ¡A cantar!

    ¡A ganar!
    ¡A ganar!
    ¡A ganar!

    ¡Tú, ráfaga encendida, fulge, alumbra!

    |¡Tú sólo Líbero! ¡Alienta, brilla!

    ¡Salva, tú, juego, de la muerte al hombre!

  • elieser dijo:

    soy fanatico a lionel messi que puedo aser para que se comunique con migo

Se han publicado 8 comentarios



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