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Afganistán podría ser el Vietnam de Obama, asegura New York Times

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obama-vietnamEn un artículo publicado hoy enThe New York Times, titulado ¿Podría Afganistán convertirse en la Vietnam de Obama?, Peter Baker asegura que la incursión bélica del Presidente podría terminar en un fracaso tan traumático para los Estados Unidos como lo fue la invasión a Vietnam.

A continuación un resumen del artículo, preparado por Cubadebate:

El presidente Obama aún no había tomado posesión, y ya sus seguidores estaban esculpiendo su imagen en el Monte Rushmore como si fuese otro Abraham Lincoln u otra encarnación de Franklin D. Roosevelt.

¿Pero si sus seguidores se han equivocado de precedente histórico? ¿Y si el destino de Obama, en vez, es convertirse en otro Lyndon B. Johnson?

Las analogías históricas son siempre demasiado simplistas y fatalmente fallidas, ya que cada Presidente es singular. Pero el modelo de Johnson – un presidente que aspiraba a crear un nuevo Estados Unidos internamente, mientras luchaba una guerra perdida en el exterior- es el que persigue a la Casa Blanca de Obama, mientras tratar de salvar a Afganistán en el medio de un programa doméstico expansivo.

Al igual que el Presidente Johnson creía que no le quedaba más remedio que luchar en Vietnam para contener el comunismo, el Presidente Obama declaró a Afganistán, la semana pasada, como un baluarte contra el terrorismo internacional. “Esto no es una guerra que preferimos”, le dijo a los Veteranos de Guerras Extranjeras en su convención en Phoenix. “Esta es una guerra de necesidad. Los que atacaron a Estados Unidos el 9 / 11 están conspirando para hacerlo nuevamente. Si no se controla, la insurgencia talibán, gozarán un refugio más grande que el que disfrutaban cuando aquel complot de Al Qaeda”.

Sin embargo, después de casi ocho años de guerra, el apoyo del pueblo estadounidense para la guerra en Afganistán ha decaído dramáticamente. La semana pasada, el New York Times y CBS News publicaron una encuesta que muestra que el apoyo popular está ahora por debajo del 50 por ciento.

Este desencanto se ve reflejado en Washington, donde los liberales del Congreso están se quejan con más énfasis de la guerra de Afganistán y los periódicos publican muchas columnas que cuestionan la participación de Estados Unidos. La portada del último ejemplar de The Economist, por ejemplo, está titulado “Afganistán: la creciente amenaza del fracaso”.

El teniente coronel Douglas A. Ollivant, un oficial retirado del ejército, quien trabajó en Iraq para el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, durante la presidencia de George W. Bush y después para el Presidente Obama, dijo que Afganistán puede ser “en varios órdenes de magnitud” más duro. No tiene nada de la infraestructura, la educación y los recursos naturales de Iraq, señaló, y tampoco tiene un liderazgo político con objetivos tan afines con los del liderazgo de Estados Unidos.

“Estamos en un lugar donde no tenemos buenas opciones y contra eso todos luchamos”, dijo el coronel Ollivant. “Aguantar parece ser un proyecto de 10 años y no estoy seguro de que tenemos el capital político o financiero para hacer eso. Sin embargo, el costoa de una retirada parece terriblemente alto también. Así que tenemos al lobo por la oreja.”

Y como Lyndon B. Johnson descubrió, el lobo tiene los colmillos afilados.

Se han publicado 1 comentarios



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  • horacio dijo:

    Desde que el imperio descubrió en carne propia y tras las imágenes de la niña desnuda corriendo tras ser rociada con Napalm y un par de otras que colocó al propio pueblo yanqui en contra de la invasion a Vietnam, que el arma más poderosa era el control de la opinion publica, las nuevas guerras se hicieron como juegos de video a los cuales el mundo desarrollado estaba más familiarizado. En esa inteligencia, habida cuenta que si bien la población yanqui caía a niveles de embrutecimiento inimaginables (del cual la “sociedad de la tierra plana”, en Lancaster, es apenas una muestra) sectores más esclarecidos del mundo advertían, para beneplácito del conocimiento mundial, que el único país que invadía era EEUU (y su aliado Israel)lo cual restaba credibilidad al pretexto de la “guerra preventiva”, era necesario desactivar los efectos de esa cruda realidad. Nació así el proyecto del “atentado” a las Torres Gemelas, concretado con cierto éxito. De allí en adelante quedaría claro que también “el enemigo ataca otros países”. A esta altura, en medios diplomáticos, libros, documentales y razonamiento elemental mediante, nadie duda que se trató de un autoatentado producido por la Cia y el Mossad (para resumir).
    El problema es que en mi país, Argentina, el lobby sionista está profundizando su ofensiva contra Irán, vinculando a ses pais -con elementos realmente inverosímiles- con el atentado a un local de la comunidad que causó cerca de 100 muertos. Para ello secuestró, como de costumbre, la voluntad de casi todos los judíos e influyendo en muchos otros, y tiene, lamentablemente, eco gubernamental (por motivos que, de momento, no conozco ni me atrevo a especular públicamente). El repudio al nombramiento de un funcionario requerido por la justicia argentina (a petición de un nuevo fiscal que reactivó “la pista iraní” de apellido Nissman) en el gabinete del presidente Ahmadineyad es elocuente, sumado a declaraciones dentro del país).
    La noticia transcripta e vuestro medio quizás también tenga que ver con algún descrédito de la versión oficial sobre el derrumbe de las torres gemelas, nada improbable, desde que no es necesario ser ingeniero para sospechar que un incendio de alfombras dificilmente pueda derretir columnas de acero, con lo cual el incremento de la presión mediática respecto de Irán bien podría suplir los efectos del depreciado atentado de sempiterno Bin Laden.

    En el último acto de la comunidad judía, conmemorando un nuevo aniversario de la explosión, que contó con la presencia de la presidenta Cristina Fernández y de funcionarios del estado de Israel, la presión hacia el gobierno fue inadmisible. No sólo se inslutó a un militante popular como Luis D’elía llamándolo “sicario” sino que además se recordó la intervención de Nestor Kirchner en 2007 ante Naciones Unidas “denunciando” a Irán, la de su esposa al año siguiente y dando por sentado que este año “deberá suceder algo similar”. Es decir, como el imperio necesita un nuevo pretexto para otro criminal bombardeo, en tiempos de tanta presión propatandística sobre los persas, sería muy triste que fuera nuestro gobierno, representante legitimo de nuestro pueblo, el que se lo diera. Algo debiéramos hacer al respecto, antes que sea tarde.
    Un abrazo revolucionario.

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