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Liberados hondureños secuestrados en Danlí por la dictadura

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Información de ABN

HONDURAS/Eran aproximadamente 18 mujeres, campesinas provenientes de Copán y Comayagua, dos departamentos al noreste de Honduras, que caminaban hacia El Paraíso, al sur del país, fronterizo con Nicaragua, para ver a su presidente “Mel” Zelaya, al menos eso dijo una de ellas con lágrimas en los ojos.

“Estamos detenidas desde las 6:00 de la mañana. Íbamos a ver a Mel y nos detuvieron”, denunció Marta, una de las secuestradas. Relató que venía de Comayagua y que la habían bajado del autobús a ella y a sus compañeros del campo.

“Caminamos como 8 kilómetros, a pie, y cuando íbamos nos agarraron”, contó desde la jefatura departamental de Danlí, en El Paraíso, sentada junto a las demás mujeres en un banco dentro de la comisaría, aún no eran llevadas al retén, donde ya habían sido trasladados sus esposos e hijos.

La fragilidad de las voces de las detenidas mezcladas con llantos y desesperación jugaban con sus delicados cuerpos cansados de caminar, deshidratados y hambrientos.

Y es que desde las seis de la mañana, momento que fueron secuestradas por un piquete de la Policía Nacional del gobierno de facto de Honduras, no habían tomado agua, comido ni podido ir al baño. Ya eran tres de la tarde.

“Yo quisiera ir a orinar y no me dejan. Nos quitaron los celulares para que no nos comunicáramos. Nos quieren echar a la cárcel. Mi esposo no sabe nada de mí, vivo lejos. Yo me quiero ir a la casa, nunca he estado presa”, dijo Marta con desesperación y lágrimas en los ojos.

Hablan más secuestradas

Norma, otra de las mujeres secuestradas, relató que en el camino para El Paraíso habían sido varias veces detenidas por los retenes que estaban en el camino, pero “acá nos volvieron a arrestar, y les dijimos que confiaran en nosotros, que nos íbamos a ir, que nos llevaran en una patrulla, y nos dijeron que no podían hacer eso”.

“Nosotros nos vamos a regresar”, contó Norma que le dijo a los policías porque “qué más vamos a hacer, no podemos con las armas de ellos”.

Denunció que les quitaron los celulares y que eran las mujeres policías quienes las asediaban y humillaban.

“Estoy decepcionada de mi país, Honduras, y ya no quiero vivir aquí, repudio a mi país”, dijo Norma llena de lágrimas y tristeza en su cara. “Créanme, de corazón, tengo un hijo de tres años y me da dolor que crezca y vea todo esto, es mi mayor dolor”.

Un miembro del Centro de Prevención y Tratamiento de Víctimas de Tortura (CPTRT) y un abogado del Frente Nacional de Abogados contra el Golpe de Estado cumplieron con su labor en tiempos de dictadura y solicitaron el registro de los detenidos y las razones de su detención.

En la lista se evidenciaron por lo menos once menores de edad detenidos, niños entre 11 y 17 años, y la ausencia de nombres de personas que más tarde se confirmaría que estaban ahí, entre ellos, el dirigente de Vía Campesina, Rafael Alegría, conocido públicamente por su resistencia contra el golpe de Estado.

La prensa internacional obtuvo imágenes fotográficas y audiovisuales de Alegría, que la policía intentó arrebatar a la fuerza, amedrentando a los reporteros.

Camarógrafos, periodistas y fotógrafos salieron gritando y corriendo de donde se encontraban los detenidos a hacer la denuncia a los demás medios nacionales e internacionales que se encontraban en el lugar.

Les querían quitar los equipos porque tenían la prueba de que Alegría estaba detenido ahí, su imagen, y la crudeza del trato al pueblo hondureño.

En el forcejeo, imágenes fotográficas y audiovisuales muestran cómo los periodistas internacionales fueron golpeados por la fuerza policial.

Detenciones

¿Las razones de las detenciones de estos humildes hombres y mujeres de campo? Transitar en toque de queda hacia el departamento El Paraíso que hace frontera con Nicaragua en Las Manos, donde a pocos kilómetros está “Mel” Zelaya. En camino contrario no hay detenciones.

¿Y las de Alegría? Según el comandante de esa jefatura, había “dos cosas puntuales: el hecho de que ya se aproximaba a la frontera, y lo otro, que se hizo pasar como periodista, y esas dos cosas motivaron para que fuera detenido en ese momento”.

Pero, ¿por qué ocultar que Alegría estaba en esa jefatura? Nunca respondió.

Posteriores conversaciones entre el comisario y el presidente del Centro de Prevención y Tratamiento de Víctimas de Tortura, que más tarde se acercó al lugar para verificar el estado de los detenidos, asegurarse de su bienestar e integridad, lograron finalmente la liberación de estas mujeres, abuelas, madres, niñas, niños y hombres campesinos que cometieron el delito de querer un país para todos, de libertad y democracia.

Hablan en “libertad”

“Sólo queremos que nos dejen expresar con libertad, con democracia y movilizarnos para donde queramos ir”, dijo Teresa, contenta de haber podido salir después de doce horas de detención sin comida, agua, ni posibilidades de ir al baño y agradecida por el esfuerzo de los activistas de derechos humanos.

“Les pido que no opriman a la gente pobre, porque viven de ello”, le pidió a los golpistas.

Por otra parte, contenta de estar fuera de la jefatura pero con gestos sollozos, Norma contó que ahí “lo tratan a uno bien feo”.

“Yo no miento, iba a ver a mi Presidente porque yo lo quiero, somos pobres y la gente pobre es quien quiere a Mel. El Presidente me ha ayudado a mí con la niña, con la beca, me ha dado bono, luz gratis, yo por eso ando en esta causa justa, yo no soy empleada de Gobierno, yo no tengo nada, pero me da miedo que me hagan algo esos hombres”, contó con seguridad.

Relató que vino de Comayagua, “desde allá vengo, lejos, caminando, caminando, porque no hay paso, nos ponen obstáculos para que no pasemos. Yo quería llegar hasta donde está Mel, abrazarlo, pero no puedo, me tengo que regresar”.

“¿Y va a seguir en la lucha?”, le pregunta un periodista. “Yo sí quisiera seguir en la lucha, pero no puedo, yo quiero ir a donde el Presidente, yo lo quiero. Hay que estar en la casa, porque no lo deja la represión, no lo deja que vaya uno donde el presidente Mel”, respondió Norma, una mujer de más de sesenta años de edad.

“Libertad”

Los policías prometieron que liberarían a los 45 hombres que se encontraban secuestrados en la misma celda de Alegría, pero después que éste saliera del lugar, eso sería después de las 6:30 pm del sábado.

Las mujeres y menores de edad fueron liberados apenas se hicieron las 6:00 pm, como prometió el comisario.

Juan Bonilla, presidente del CPTRT, destacó que “estas no son acciones de la policía, son de un régimen militar represivo, y, pese a todo, la policía ha sido más flexible que el ejército. Los más duros han sido los cuerpos militares, los que siempre han usado las armas contra el pueblo”.

Pero el cinismo, la soberbia, burla y humillación del cuerpo policial contra el pueblo hondureño son imágenes que no pueden olvidar los testigos de esa tarde en la jefatura de Danlí.

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