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La agresión radioelectrónica de Estados Unidos contra Cuba

En este artículo: Cultura, Literatura
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Capítulo 6 del libro "Cuba y los derechos humanos": La agresión radioelectrónica de Estados Unidos contra Cuba.

Antecedentes de una guerra silenciosa

Desde los primeros años del siglo XX, el entonces emergente imperialismo estadounidense recurrió a los principales adelantos tecnológicos en materia de medios de difusión, como instrumentos de su labor de propaganda, injerencia  e intervención. La radio alcanzó en esta primera etapa de penetración y dominación imperial un papel de primer orden. Bastaría remontarse al comienzo de las transmisiones norte­americanas hacia América Latina, el 25 de mayo de 1924, bajo la cobertura de la Unión Panamericana.

Las interferencias incompatibles en la radiodifu­sión por ondas medias entre Cuba y Estados Unidos tienen sus antecedentes mucho antes de enero de 1959. En la década de los años 30 del siglo pasado, las emisoras cubanas -con sistemas de ante­nas de poca eficiencia y de reducida potencia -, eran afectadas por la interferencia en sus áreas de servicio de emisoras radiales de Estados Unidos, que contaban con transmisores de mayor potencia y sistemas de antenas muy eficientes.

En 1937 se celebra en La Habana la Conferen­cia Regional de Radiodifusión, donde los 16 Estados americanos allí representados crearon la Oficina Interamericana de Radio y distribuyeron frecuencias en tres distintas zonas de América.  Dicha Conferencia fue convocada por el interés de Estados Unidos, que negoció desde posiciones de fuerza para imponer a los participantes las bases técnicas concebidas para garantizar la continuidad de los privilegios que ya disfrutaban las estaciones norteamericanas, tanto dentro de su terri­torio, como hacia el exterior.

Los instrumentos firmados en La Habana, el 13 de diciembre de 1937, comprendían la Convención Interamericana sobre Radiocomunicaciones, el Arreglo Interamericano sobre Radiocomunicaciones y el Con­venio Regional Norteamericano de Radiodifusión (NARBA).

El último de los instrumentos antes mencionados regulaba las cuestiones de la radiodifusión por ondas medias en la región definida como norteamericana, que comprendía a los siguientes territorios: Canadá, Cuba, Estados Unidos, Haití, México, Terranova y República Dominicana.

El Convenio definió 105 canales de radiodifusión que clasificó en canales despeja­dos, canales regionales y canales locales. Fueron distribuidos de la forma siguiente: Canadá 14; Cuba 9; Estados Unidos 63; Haití 1; México 15; Terranova 2 y República Dominicana 1.

Al tener más desarrollados sus medios de radiodifusión, Estados Unidos obtuvo en virtud del Convenio más del 50% de toda la banda, casi siempre con estaciones en "canales des­pejados", lo que permite ofrecer un servicio libre de interferencias a grandes zonas, tanto del país emisor, como de vecinos más cercanos.

La distribución antes detallada obligó a los demás países firmantes a proporcionar protección a las extensas zonas de servicios delimitadas por los técnicos de la Secretaría de Comercio de Estados Unidos.

Para Cuba en particular, el ulterior desarrollo de su radiodifusión nacional quedaría lastrado por la carga económica que impone la necesidad de instalar complejas y costosas redes de antenas direccionales, para asegurar la disminución de las señales ra­diadas hacia Estados Unidos, y así proporcionar la protección estipulada en el Acuerdo Regional. Sólo muy pequeñas emisoras locales de baja potencia y por lo tanto de muy reducida área de servicio pudieron ser instaladas, con antenas simples de bajo costo.

Luego de varios aplazamientos, el 13 de septiembre de 1949 se reunió en Montreal, Canadá, la III Conferencia Regional Norteamericana de Radiodifusión. La Conferencia sesionó ininterrumpidamente hasta el 8 de diciembre del propio año, fecha en que fue de­clarada en receso ante la imposibilidad de lograrse un acuerdo entre Cuba y Estados Unidos.

En agosto de 1950 se reanudó la Conferencia para analizar las asignaciones de frecuencias, potencias y ubicación de las estaciones, con la participación en ella de Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, Haití, Jamaica, Bahamas y República Dominicana. El resultado final de la reunión fue la adopción del  Acuerdo NARBA, con la asig­nación de un total de 3 085 estaciones.

Estados Unidos recibió 2 402 asignaciones, para un 80% del total. A Cuba, con 116 estaciones, le correspondió sólo el 3%. Las asignaciones de Estados Unidos se distribuyeron entre los 106 canales disponibles. Cuba tuvo acceso a 81 canales.

El aspecto más significativo de este nuevo acuer­do fue la muy desigual distribución de las prioridades, es decir, los derechos de protección a las áreas de servicios de las emisoras.

Mediante el acuerdo NARBA de 1950, Estados Unidos se aseguró el virtual dominio de las ondas medias en el área y el derecho a agredir con sus on­das de radio a Cuba y otros países de la región.

El caso de la Voz de América y Radio Swan

Como ha denunciado el gobierno cubano en los más diversos foros internacionales, desde el mismo triunfo de la Revolución Cubana el 1º de enero de 1959, las sucesivas administraciones nor­teamericanas han recurrido a todo su poderío económico y tecnológico en apoyo a la agresión radioelectrónica contra Cuba. Mediante ilegales transmisiones radiales primero, y luego también televisivas, se ha venido agrediendo de modo permanente el espacio radioeléctrico cubano, difundiendo programaciones especialmente diseñadas para la incitación al derrocamiento del orden constitucional establecido por el pueblo cubano. Hacia ningún otro pueblo del mundo ha sido transmitida por una potencia extranjera, durante tanto tiempo, tanta mentira y estímulo a la destrucción y al odio.

Concebida, instrumentada y financiada por los grupos de poder norteamericanos  que no renuncian a la pretensión de reimponer su control neocolonial sobre la Isla, en contubernio y complicidad con la mafia terrorista de origen cubano radicada en el territorio de la superpotencia, la agresión radioelectrónica constituye una pieza clave en la política de hostilidad, bloqueo y agresiones de Estados Unidos contra el pueblo cubano.

Estas transmisiones ilegales de radio y televisión buscan, mediante falsas alegaciones, la tergiversación y la propaganda dolosa, promover el desencanto y el cuestionamiento del pueblo cubano a su Revolución, el desacato al orden constitucional del país y el enfrentamiento a sus autoridades, y la emigración ilegal de cubanos poniendo en riesgo sus vidas. En resumen, fomentar el desencadenamiento de una crisis artificial que sirva de pretexto a una eventual intervención mili­tar y una guerra de conquista contra Cuba.

El uso de la radio como instrumento de guerra y subversión se convirtió en norma del Departamento de Es­tado norteamericano desde fines de la década del 50, en particular, al ser colocada la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA), bajo la dirección de Leonard Marks y Frank Shakespeare, connotados ideólogos anticomunistas.

EI 21 de marzo de 1960 se inicia oficialmente la agresión radial contra la Revolución Cubana, al salir al aire una nueva emisión de La Voz de América (VOA) en idioma español. La VOA es uno de los órganos centrales de manipulación propagandística y guerra psicológica e ideológica de la USIA.

La nueva programación estaba dirigida contra Cuba, aunque cínicamente se alegaba la supuesta transmisión "a todo el Continente". Sus contenidos reflejaban la creciente agresividad de las administraciones estadounidenses de turno frente al proceso de transformaciones revolucionarias que avanzaba en Cuba.

Como emisora oficial del gobierno de los Estados Unidos, La Voz de América tenía determinadas limitaciones para cumplir todas las expectativas y necesidades de propaganda en la aplicación de la política de guerra no declarada decidida contra la Revolución Cubana. No resultaba recomendable - en tanto brindaría pruebas de cargos contra las autoridades norteamericanas -, que la VOA transmitiera determinado tipo de conteni­dos hacia Cuba, tales como la incitación directa a la rebelión o las instrucciones para ejecutar actividades terroristas.

Es por ello que el 17 de mayo de 1960, se puso en el aire una estación de radio subversiva con cobertura comer­cial, nombrada Radio Swan, para realizar transmisio­nes que sirvieran para alentar y orientar a los terroristas que operaban en territorio cubano.

Radio Swan comenzó a operar en una frecuencia cuidadosamente escogida para penetrar en toda Cuba y causar la menor interferencia nociva posible a las emisoras de los Estados Unidos. Era una operación clandestina, y como tal, jamás fue inscrita en el Registro Internacional de Frecuencias de la Unión Internacional de Telecomu­nicaciones (UIT)[1].

Según do­cumentos hechos públicos en 1980, la emisora Radio Swan imponía a la CIA una erogación mensual de entre 400 a 500 mil dólares, sosteniendo una programación que llegó a contar con tres horarios: matutino, vespertino y nocturno, con una duración promedio de entre 8 a 12 horas diarias.

Poco antes de la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, Radio Swan fue dotada de un transmisor adi­cional en la banda internacional de onda corta de 49 metros, el cual funcionaba en la frecuencia de 6 000 khz y también estaba dirigido hacia Cuba.

Los contenidos de las emisiones de Radio Swan se hicieron cada vez más abiertamente agresivos, incitando a diversas formas de terrorismo, entre ellas el sabotaje económico, la destrucción de instalaciones administrativas y de servicios, el asesinato de los principales dirigentes revolucionarios. etc.

EI 17 de abril de 1961, al iniciarse la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos organizada, financiada y dirigida por el gobierno de Estados Unidos, Radio Swan pasó a brindar un apoyo y orientación directa en sus transmisiones a la contrarrevolución y los agresores.

Tras la rotunda derrota propinada a los invasores mercenarios de Bahía de Cochinos por el pueblo cubano, la CIA decidió cambiar el nombre de Radio Swan - a partir de su total des­crédito -, rebautizándola  como Radio América, "La Voz de la Verdad para todo el Continente", la cual continuó su propaganda contra Cuba hasta que los recortes en el abultado presupuesto para operaciones anti-cubanas de la Agencia, la hicieron desaparecer a mediados de los años 60.

Durante la Crisis de Octubre (Crisis de los Mísiles), los Estados Unidos intensificaron la utilización de la radio como instrumento de guerra psicológica contra Cuba, mediante la ejecución del llamado "Plan Jacobs". Este plan contemplaba la instalación emergente de dos nuevos transmisores de ondas medias en cayos al sur de la Florida, en las frecuen­cias de 1180 khz y 1040 khz, respectivamente.

Estas instalaciones iniciaron una nueva fase de la guerra radial contra Cuba, al llevar el ataque directo de Estados Unidos a la banda de ondas medias, esperando aumentar considerablemente su audiencia en nuestro país.

La mal llamada Radio Martí

Con el ascenso de la administración de Reagan y el incremento de las acciones de hostilidad y agresividad contra el pueblo cubano, se reinician las emisiones oficiales de radio expresamente dirigidas hacia Cuba.

En grave afrenta a la dignidad y al legado histórico y patriótico de la nación cubana, el servicio de transmisiones de radio diseñadas y dirigidas a fomentar el cumplimiento de la sempiterna pretensión de anexarse la Isla, fue bautizado por los representantes del gobierno imperialista nada menos que con el nombre del Héroe Nacional cubano, José Martí.

Las transmisiones del Servicio Especial de Programas de la Voz de América: Radio Martí, se han mantenido, a partir de su salida al aire, como un eslabón esencial de la política de guerra propagandística, psicológica e ideológica de sucesivas administraciones norteamericanas contra el pueblo cubano.

La victoria de la superpotencia hegemónica en la llamada Guerra Fría - que algunos han calificado como la Tercera Guerra Mundial -y en particular, el derrumbe del llamado "socialismo real" en Europa Oriental y el desmoronamiento de la Unión Soviética, condujeron a los estrategas del Imperio triunfante a la conclusión errónea de que los métodos de guerra ideológica utilizados contra el socialismo en aquella región del mundo, serían también eficaces en la destrucción de la Revolución Cubana.

De las 20 emisoras que transmiten programaciones subversivas contra la Revolución Cubana, 14 lo hacen específicamente contra la Isla. Dos de ellas son propiedad del gobierno de Estados Unidos: las mal llamadas Radio y Televisión Martí, que recibieron 26.7 millones de dólares en la Ley Consolidada de Asignaciones presupuestarias para el 2005.

Varias de las emisoras son propiedad o prestan sus servicios a organizaciones promovidas o vinculadas directamente a elementos terroristas que residen, operan y actúan con total impunidad contra Cuba desde el territorio norteamericano y cuyas actividades han sido denunciadas por Cuba en diversos foros de las Naciones Unidas que abordan el tema del combate al terrorismo, y de forma oficial ante el gobierno norteamericano.

En lo que se convirtió en plataforma programática del Partido Republicano, el documento conocido como Santa Fe I, se estipulan claramente las motivaciones del establecimiento de la mal llamada Radio Martí (que fuera inicialmente concebida como radio Cuba Libre):

(…...) "La Habana debe ser responsabilizada por su política de agresión contra los estados herma­nos de América. Entre otras medidas, será creada la radio Cuba Libre, bajo abierta res­ponsabilidad de Estados Unidos, la cual emitirá información objetiva al pueblo cubano(...) Si la propaganda falla, debe ser lanzada una gue­rra de liberación contra Castro"(…...).

¿Qué observador imparcial y con un conocimiento mínimo de la historia de la última centuria, podría acreditar que Estados Unidos - el campeón de la desinformación y la mentira - destinaría un solo dólar a la transmisión de "información objetiva" al pueblo cubano? ¿Cómo podrían hacerlo los personeros políticos del Imperio que con su política de bloqueo genocida niega la posibilidad al pueblo cubano del intercambio de información e ideas que propiciaría la visita de turistas estadounidenses a la Isla? ¿Cómo es posible tanto cinismo e hipocresía, si esos mismos sectores políticos hoy encumbrados con la administración Bush, han incrementado los obstáculos y prohibiciones al intercambio educativo, cultural y científico entre cubanos y estadounidenses?

Las mal llamadas Radio y Televisión Martí no emiten información, por el contrario, la falsifican y tergiversan; no aspiran a respetar valores como la objetividad y el apego a la verdad, fabrican con premeditación y culpa la mentira e incitan al odio destructivo.

El Reglamento de Radio Comunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en su edición de 1990 y su revisión de 1994, estipula en su artí­culo 30, Sección 1, numeral 2666, que las transmisio­nes de radio en AM deben ser concebidas como "un servicio nacional de buena calidad dentro de los límites del país que se trate".  Quiere esto decir que incluso en el orden técnico y operativo, las emisiones de la mal llamada Radio Martí transgreden las normas internacionalmente aceptadas en la materia. Sus transmisiones en los 1180 khz son ilegales, al invadir de forma grosera y dolosa el espacio radioeléctrico del territorio nacional cubano.

Por su parte, las transmisiones de onda corta que realiza Radio Martí -utilizando 13 frecuencias para ello -, también son ilegales, en tanto el contenido de esas emisiones contraviene principios consagrados en la Constitución y Convenio de la UIT, entre ellos la afirmación que realiza su Preámbulo respecto a que "las transmisiones de onda corta deben facilitar las relaciones pacificas y la cooperación internacional entre los pueblos"

Mientras pretende convencer a incautos acerca de un falso fin de las ideologías - intentando "universalizar" los patrones y dogmas de una doctrina diseñada en función de los intereses de dominación hegemónica de sus círculos imperiales de poder político, económico y militar -, el gobierno estadounidense dilapida partidas millonarias del dinero de sus contribuyentes para imponer al pueblo cubano un clima de permanente hostilidad y amenaza de guerra.

A partir de la experiencia vivida por el pueblo cubano en la última década, no podría admitirse la afirmación de que la Guerra Fría ha llegado a su fin, sólo se ha "tropicalizado". Con el factor agravante del "envalentonamiento" y arrogancia de la superpotencia, la hostilidad y agresiones de la administración Bush contra Cuba han venido oscilando en rangos superiores a la "Guerra Tibia", con amenazas periódicas y cada vez más graves de alcanzar la temperatura de ebullición.

Una televisión que no se ve

En fecha temprana tras el triunfo revolucionario en Cuba, aprovechando los avances que se habían producido en la introducción de la televisión en el país y conociendo perfectamente las características tecnológicas de los equipos instalados - todos eran de producción norteamericana -, fueron concebidos los primeros planes oficiales estadounidenses para utilizar la televisión con vis­ta al apoyo de la agresión contra la Revolución Cubana.

En 1962 la Agencia de Información de los Estados Unidos elaboró un plan de propaganda anticubana, que incluía la utilización para las transmisiones de dos aviones DC-6, volando a 18 000 pies, muy cerca del espacio aéreo cubano. Aplazado el proyecto, la idea resurgió durante la administración Carter, cuando el profesor George Chester, de la Universidad de Maryland, propuso la variante de una transmisión desde Cayo Hueso, a través de un canal cubano no utilizado.

Bajo la administración Reagan, circuló por prime­ra en el Congreso de los Estados Unidos un pro­yecto, promoviendo llevar a cabo estudios de factibilidad para iniciar las trans­misiones de televisión a Cuba con fines de agresión política, propagandística e ideológica. La mafia terrorista cubano-americana de Miami fue incorporada activamente a la labor de cabildeo y apoyo a dicha iniciativa.

En 1989, la Cámara y el Senado aprobaron sendas resoluciones autorizando la estación de televisión una vez que las pruebas de transmisión hubiesen sido llevadas a cabo de manera satisfactoria.

La variante escogida fue un globo cautivo con un transmisor a bordo, de una potencia aproximada de 10 mil watts, que se mantendría a una altura de 10 a 14 mil pies en la zona de Cudjoe Key.

La señal de televisión se generaría en Miami y sería transmitida a una estación terrena ubicada en Cudjoe Key, de ahí hacia el transmisor ubicado en la góndola del aeróstato, de donde partiría la señal para tratar de entrar a Cuba.

Con anticipación más que suficiente y por todas las vías posibles, Cuba hizo todo lo que estuvo a su alcance en el orden político y diplomático, incluyendo una carta al presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con el objetivo de convencer al gobierno de los Esta­dos Unidos de la conveniencia de abandonar su nueva escalada en la agresión en materia de telecomunicaciones. Se le expresó la disposición del gobierno cubano a negociar un en­tendimiento respecto al intercambio de programas y transmisiones de televisión.

El 27 de marzo de 1990, comenzó la agresión televisiva, que fue neutralizada a los 10 minutos de penetrar en los telerreceptores cubanos. Día tras día, desde esa fecha, el ataque ha sido repelido, dismi­nuyendo el tiempo en que se observa la señal desde 10 a un minuto.

El 27 de julio de 1990, la administración de Bush (padre) presentó al Congreso un informe evaluando el llamado período de pruebas de Tele Martí. En el mismo se reconoce que Cuba de modo eficaz y sistemático lograba interferir las señales, que la Junta In­ternacional del Registro de Frecuencias ha certifica­do la ilegalidad de esa acción y que la reacción internacional había sido desfavorable a Estados Unidos. No obstante, el presidente Bush (padre) ordenó con­tinuar las transmisiones.

Estados Unidos pretende cubrir su impúdica agresión a la soberanía y la dignidad del pueblo cubano, alegando que sus transmisiones televisivas no generan interferencias en Cuba, al transmitir en un horario en que no está en servicios la televisión cubana. Oculta cínicamente que nuestros transmisores han sido debidamente re­gistrados para ofrecer servicios las 24 horas del día.

No sólo se transmite hacia Cuba una programación televisiva repleta de mentiras, tergiversaciones de la historia y la realidad actual, profundamente ofensiva a la determinación de independencia y justicia de la nación cubana; se pretende coartar el ejercicio del derecho de libre determinación a su pueblo, impidiéndole - como hace cualquier otro país en el mundo -  administrar soberanamente sus frecuencias radioeléctricas y espacio radio-electrónicos, y decidir al interior de sus fronteras, el modo y horario de transmisiones de los servicios de radio y televisión.

La agresión radio-televisiva contra Cuba evidencia no sólo la naturaleza  demencial de su política de hostilidad y agresiones contra el pueblo cubano, también el total desprecio del gobierno de Estados Unidos por las normas y principios del Derecho Internacional que rigen las relaciones entre los Estados.

La guerra radio-electrónica de los Estados Unidos contra el pueblo cubano viola directamente la letra o transgrede el espíritu de instrumentos internacionales como:

  • Los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y en numerosos instrumentos internacionales, en particular los relativos a la igual­dad soberana de todos los Estados y la no injerencia en los asuntos que son de jurisdicción interna de los mismos.
  • La Declaración de Principios de Derecho Internacional relativos a las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados, consagrada mediante la resolución 2625(XXV) adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1970.
  • El Tratado Internacional de Telecomunicaciones y el Reglamento de Radiocomunicaciones de la UIT, en particular su numeral 23. 3, que limita las transmisiones televisivas más allá de los límites nacionales.
  • El Artículo I común al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y al de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptados por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1966.
  • La Declaración sobre los principios fundamentales relativos a la contribución de los medios de comunicación de masas al fortalecimiento de la paz y la comprensión internacional, a la promoción de los derechos humanos y a la lucha contra el racismo, el apartheid y la incitación a la guerra, proclamada el 28 de noviembre de 1978 en la XX Reunión de la Conferencia General de la UNESCO.
  • La Resolución 37/92 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 10 de diciembre de 1982, que estableció los principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones internacionales directas por televisión.

El 20 de noviembre de 1997 se inició una fase cualitativamente nueva en la agresión televisiva,  al comenzar las transmisiones de la mal llamada Tele Martí en la banda de UHF. Nuevamente el pueblo cubano brindó una respuesta contundente al agresor, neutralizando en pocos minu­tos la penetración de la señal subversiva.

Los reiterados intentos de utilizar el factor sorpresa, mediante cambios en el canal o los horarios de transmisión, no han reportado resultado satisfactorio alguno al agresor.

La escalada de la agresión radio-electrónica contra Cuba decidida por el presidente Bush.

El 6 de mayo de 2004, el presidente Bush decidió dar nuevos pasos en el escalamiento de la agresión radioelectrónica y las campañas de desinformación y estímulo a la subversión en Cuba, al anunciar la asignación de 18 millones de dólares adicionales para las transmisiones de las mal llamadas TV y Radio Martí contra el pueblo cubano, desde un avión militar C-130, que sería destinado exclusivamente a ello.

Los referidos 18 millones de dólares se suman a lo asignado en la "Ley Consolidada de Asignaciones presupuestarias para el 2005" y elevan el financiamiento gubernamental de ambas emisoras a 44.7 millones de dólares.

Con todo el potencial tecnológico y la experiencia acumulada por un amplio número de especialistas altamente calificados en este tipo de guerra sucia, se recrudeció la contienda bélica anticubana en materia de transmisiones radiales y televisivas, que alcanzó en octubre del 2004 los notables índices de 2 258 horas semanales emitidas en 30 frecuencias de radio y televisión.

Con esa decisión agresiva y desafiante, los Estados Unidos no sólo agravarán sus sistemáticas violaciones a las regulaciones establecidas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, sino el contenido de las Resoluciones 110 (II) y 127(II) de la Asamblea General de la ONU, adoptadas ambas en 1947, a sólo dos años del fin de la segunda conflagración mundial.

Mediante su Resolución 110(II) la Asamblea General condenó "toda propaganda destinada a provocar o a estimular amenazas contra la paz, la ruptura de la paz o todo acto de agresión"; mientras en virtud de su Resolución 127(II), la propia Asamblea invitó a todos los Estados a adoptar medidas para luchar "contra la difusión de noticias falsas o deformadas que puedan perjudicar las buenas relaciones entre Estados".

[1] En 1865 en Paris se fundó la Unión Telegráfica Internacional. Su nombre actual, Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) fue decidido en la Conferencia Plenipotenciaria celebrada en 1932, en Madrid. La UIT es una organización internacional con sede en Ginebra, constituida para promover el buen funcionamiento de las telecomunicaciones en todo el mundo.

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