Imprimir
Inicio »Especiales, Historia  »

Cuba: Importancia histórica de las tres rebeliones de los vegueros canarios en el siglo XVIII

Por: Lohania Josefina Aruca Alonso
| 3

A fines del siglo XVII, el rey español Carlos II se interesó en la compra exclusiva del tabaco que se cultivaba en la Isla de Cuba, por su reconocida calidad y preferencia comercial. Desde 1620 se había fundado en Sevilla la Real Fábrica de Tabacos, donde se elaboraban con exclusividad los productos de la hoja de tabaco vendido al mercado interno e internacional (polvo, rapé, rollo). El abastecimiento de la fábrica provenía principalmente de las colonias americanas. Y, el monopolio comercial controlaba en España la adquisición de las hojas mediante el Real Estanco del Tabaco.

El primer rey de linaje borbón, francés, Felipe V decretó el 11 de abril de 1717 el Real Estanco del Tabaco en Cuba. A través de la Real Factoría de Tabaco —almacenes y oficinas administrativas, radicadas en La Habana y próximas a su Puerto— se fundó la nueva institución mercantil monopólica colonial, presidida por el gobernador, entonces Vicente Raja. La Factoría tuvo sucursales en Trinidad, Bayamo y Santiago de Cuba. La exportación a España se hizo a través del Puerto de La Habana. Por tal motivo, se nombró al producto “habano”, “puro habano”, o simplemente “puro”.

El pago a los vegueros se organizó y realizó anualmente, a cargo de las arcas del Virreinato de Nueva España (México); este fue conocido como el situado del tabaco. Así quedó constituida una empresa imperial, de carácter transatlántico. Con anterioridad, desde 1708, el gobernador Laureano Torres había sido encargado de comprar anualmente 3 millones de libras de tabaco cubano.

La Factoría se propuso terminar con la libertad del comercio de tabaco y monopolizar su cultivo en La Habana, Matanzas, Trinidad, Remedios, Holguín, Bayamo y Santiago de Cuba. Las consecuencias de este cambio en la estructura económica habanera conmocionaron, tanto a los vegueros como a sus intermediarios comerciales, la Iglesia Católica y los hacendados, que les arrendaban tierras. Los últimos también eran propietarios de los molinos hidráulicos de tabaco.

Fue por ello, que se originó la rebeldía de cientos de vegueros habaneros en respuesta al estanco del tabaco y su primer alzamiento armado contra las autoridades ocurrió el 21 agosto de 1717. Marcharon desde Jesús del Monte hacia casas oficiales y cuarteles de La Habana. De esa forma, lograron detener el proceso del estanco, provisionalmente, e incluso sucedió el 24 de agosto la renuncia y expulsión hacia España de los funcionarios de la Factoría y del gobernador Vicente Raja.

La Real Hacienda española, recibió un golpe duro que les obligó a prometer ciertos beneficios para los vegueros, aunque el rey confirmó el estanco en la Isla de Cuba. Se envió un nuevo gobernador, Gregorio Guazo Calderón y tropas de refuerzo a su autoridad. Las labores de la Factoría fueron totalmente restauradas. Poco tiempo después, se presentaron nuevos problemas en las compras de las cosechas y el pago demorado, o por debajo del precio acordado previamente por ellas. Los campesinos se quejaron de la corrupción de los funcionarios de la Factoría y el gobierno habaneros.

Por segunda vez, en 1720, cientos de vegueros se reunieron en Jesús del Monte para iniciar una protesta armada que fue sofocada pacíficamente con promesas importantes para los vegueros, gracias a la intervención de algunas personalidades habaneras, entre ellas el marqués de Santiago y San Felipe de Bejucal, con gran influencia en el cabildo habanero. Fue concedida la venta libre del tabaco sobrante después de cubrir la compra anual de la Factoría.

Nuevos incumplimientos, ahora relacionados con la violación del pago anual de la compra, reglamentada a un precio fijo y con moneda corriente financiada por México, provocaron que en febrero de 1723 se produjera la tercera y última insurrección de los vegueros. Había vegueros que por ignorancia o necesidad económica vendieron su cosecha a la Factoría a precios bajos e injustas condiciones, no obstante estar advertidos de sus plantaciones serían quemadas por los vegueros alzados reunidos en Santiago de las Vegas.

Esta vez la insurrección armada, calculada en alrededor de 900 campesinos, fue confrontada por la tropa enviada por el gobernador Guazo Calderón. El 20 de febrero tuvo lugar el enfrentamiento en Jesús del Monte, y sus resultaron causaron a los vegueros una baja y 11 (algunos autores optan por 12) prisioneros. El capitán Ignacio Barrutia, jefe de la expedición represiva, ordenó el 21 de febrero, con la aprobación de Guazo Calderón, el fusilamiento y posterior ahorcamiento de los vegueros capturados.

Los cuerpos fueron colgados en árboles que bordeaban el camino de Jesús del Monte, para cruel escarmiento de la población habanera. Solamente se pudieron recuperar y reconocer la identidad de ocho de los vegueros ahorcados y posteriormente enterrados el 24 de febrero, en la iglesia de Jesús del Monte: Mateo Ravelo, Eusebio Pérez, José Canino, Blas Martín, Melchor Martín (padre), Juan Quesada, Pedro González y Melchor Martín (hijo).

El tabaco constituye un elemento esencial en la Historia de Cuba debido a sus repercusiones económicas, políticas, sociales y culturales. Es uno de los cultivos más antiguos del país, un legado de la cultura aruaca, muy anterior a la conquista y colonización española de la isla. Su estudio nos revela los cambios radicales introducidos por la estructura colonial, y ocurridos en los primeros siglos de aquella época. Fue el “oro verde” de la Real Hacienda en el siglo XVIII, la segunda renta de España después del oro y la plata americanos.

El valor comercial de la hoja de tabaco surgió con la colonización española de las islas antillanas, la primera de ellas conquistada y colonizada fue la que renombraron en lengua castellana La Española (Hispaniola). En ella se produjo la nueva mercancía exótica y cara, tabaco, dirigida al mercado internacional de aquel tiempo.

Con la conquista de Cuba en 1511, se amplió el radio de explotación comercial del tabaco, aunque esta fue ilegal en gran parte del siglo XVI, prohibida por su uso ritual religioso entre nuestros aborígenes. La autorización de su cultivo, cosecha, elaboración y uso legal fueron restauradas a partir de 1656 por orden del gobernador Juan de Salamanca a solicitud de los vegueros de Arimao, Trinidad.

Muy rápidamente, el cultivo se extendió desde la región oriental por toda la Isla de Cuba, como un cultivo comercial, ofreciendo grandes beneficios económicos, sobre todo a los hacendados, comerciantes y hasta a la propia Iglesia Católica de dónde había surgido la prohibición inicial. Claro está, en esos momentos la población aruaca ya había disminuido drásticamente y la mano de obra principal fueron las familias canarias llegadas a Cuba, como pago del “impuesto de sangre” existente en las Islas Canarias. Generalmente, se dedicaron al cultivo del tabaco en pequeños terrenos marginales arrendados a las haciendas y fundaron nuevos pueblos cercanos al único puerto legal que existía, el de La Habana.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Uno_ahi... dijo:

    Lo cierto es que los canarios tienen muy mala leche jajaja. Que interesante es nuestra historia y cuantos "secretos" tiene.

  • Ricardom dijo:

    Excelente artículo. Gracias por el trabajo. Debe divulgarse Es una muestra de rebeldía del pueblo cubano hace un poco más 300 años

  • luiscarlosdelcueto dijo:

    estimada Lohania Josefina Aruca Alonso, no nos conquistaron; nos invadieron!!!

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Vea también