La patria dicha en voz de niño

Presentación de “Sencillo" en Remedios. Foto: Maydiel Valle Lazo.
El teatro Fidel Galván Ramírez respira distinto esta tarde. No hay butacas vacías ni silencios tibios. Hay un temblor en el aire, una emoción contenida que flota antes del primer gesto, antes de la primera palabra.
Afuera, Remedios celebra sus 510 años. Adentro, algo más íntimo y poderoso está por comenzar.
El grupo Travesía Remediana presenta Sencillo y el título no engaña: lo que ocurre en escena es sencillo, sí, pero de una pureza que desarma. No hay artificios. Hay niños. Hay poesía. Hay Martí.
Algunos tocan a ritmos cubanos, pequeños, con los ojos abiertos como si sostuvieran el universo. Otros se detienen un segundo antes de hablar, como si desde la madera del escenario llamaran al Apóstol en secreto. Y luego dicen. Dicen en voz clara. Dicen con la dignidad de quien sabe que esas palabras no son solo versos, sino verdades que todavía salvan.
"El amor madre a la patria", murmura un niño, y el teatro entero se estremece. Porque esa patria, hoy, no es símbolo: es cuerpo. Es país. Es la imagen de una Cuba que se niega a olvidar lo que la funda.
Una niña –pequeña, con trenzas apretadas y una solemnidad que no le cabe en los hombros– recita ese texto gigante donde aparece Pilar. Y hay un momento, un segundo suspendido, en que aflora una lágrima. Pero no lo hace. Aprieta los labios y sigue. Y entonces lloramos nosotros.
La emoción no es espectáculo: es herida. Herida que arde y cura a la vez. En esas voces infantiles Martí deja de ser estatua, busto escolar, fecha en el almanaque. Se vuelve voz nueva, memoria viva, patria en construcción.
Nada sobra. Nada falta. La música entra como un susurro y se va. Los cuerpos en escena no interpretan: encarnan. Y el público, que a ratos contiene el aliento, sabe que asiste a algo más que una obra. Esto es un rezo laico. Una ceremonia.
Porque aquí, en este escenario modesto de Remedios, la patria se vuelve niña. Vuelve a nacer en cada palabra sencilla, en cada mirada que no sabe de cinismo, en cada gesto que no aprendió a mentir.
Y entonces uno recuerda por qué Martí escribió en verso. Porque a veces solo el poema alcanza para decir lo que arde. Lo que duele. Lo que salva.
(Tomado del perfil de Nuestro Remedios en Facebook)
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Muy emocionante su crónica de este evento maravilloso con Martí y los niños para avivar el patriotismo, y para salvar la patria.
Un aplauso para esos niños que nos transmiten esos sentimientos. Un aplauso a ellos que no tienen la merienda que merecen, que no almuerzan diverso y sano como debieran, que no juegan con juguetes que papá y mamá no pueden comprar.. un aplauso para los niños cubanos