Imprimir
Inicio »Especiales, Medio Ambiente  »

Cuba, el cambio climático y un plan de adaptación para los nuevos escenarios del clima (+ Video)

| 3 |

Cuba en una foto tomada desde la Estación Espacial Internacional, en 2019. Foto: NASA.

El cambio climático es una realidad en la que ya vivimos y con cuyos efectos, que se aceleran, deberemos, cada vez más, adaptarnos a vivir. Cuba integra un grupo de casi 60 naciones, los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID),1 con una situación especial en escenarios de clima cambiante.

Son los que menos han contribuido al cambio climático y, a la vez, los más vulnerables ante efectos como la elevación del nivel del mar, con consecuencias diversas y cada vez más palpables.

Afrontan, además, retos como la brecha de financiación (sigue siendo más que insuficiente la asistencia tanto para el desarrollo como para la adaptación climática) y la crisis de la deuda pública: muchos pagan más por el servicio de su propia deuda de lo que invierten en sanidad y educación.

Para descarga: Pequeños Estados insulares, entre los efectos del cambio climático y la deuda (ONU, junio de 2024) (PDF, 459 kB)

“Cualquier Estado insular, en desarrollo o no, afronta todas las amenazas que provienen de esa insularidad y de los efectos que está generando hoy el cambio del clima en el ascenso del nivel medio del mar”, comenta el Dr. Orlando Rey, asesor del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) sobre cambio climático.

Cuba es un archipiélago en la zona tropical, lo cual añade todas las características de esa zona: lluvias intensas tanto como periodos prolongados de sequía, fenómenos extremos como los huracanes.

“Tenemos una vulnerabilidad que nace de nuestra condición física insular en medio del trópico. Luego, están las condiciones económicas y sociales y, también, el entorno político, porque la política de presiones que incluye el bloqueo incide en la capacidad de responder a estos desafíos”, dice el experto.

Imagen: PNUD Cuba.

AdaptHabana, un proyecto para la adaptación

En ese contexto se inserta AdaptHabana, un proyecto que arrancó en diciembre de 2022 y debe concluir en septiembre de 2026.

Su objetivo es contar con datos precisos sobre estos fenómenos y formular un plan de adaptación para la zona costera de La Habana (desde los bajos de Santa Ana, en Santa Fe, por el oeste, hasta las playas del este), que considere riesgos climáticos y vulnerabilidades específicas e integre medidas de adaptación y de inversión a mediano (2030) y largo (2050) plazos en las estrategias de desarrollo territorial.

Cuba cuenta desde 2017 con la Tarea Vida, la política de Estado para el enfrentamiento al cambio climático. Se han desarrollado estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo, se han elaborado mapas de alerta sobre el ascenso del nivel medio del mar y de tipos de costa, entre otros proyectos. Pero un proyecto como AdaptHabana, de formulación de un plan de adaptación, es nuevo en el país.

Dr. Orlando Rey, asesor del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) sobre cambio climático. Foto: Cortesía PNUD.

Orlando Rey explica que hoy el país no tiene un plan de adaptación. “Tiene la Tarea Vida, las bases políticas de la estrategia climática, pero eso hay que llevarlo a un nivel más ejecutivo, de planificación.

“Cada provincia cuenta con su adecuación de la Tarea Vida, la tienen los sectores, pero todo eso hay que montarlo en una visión de plan mucho más particular y estricta para cada territorio en específico: punto de origen, año de destino, acción que se quiere acometer, evaluación financiera.

“Y el laboratorio que Cuba tiene hoy para ese objetivo es el proyecto AdaptHabana. Es hoy el esfuerzo mayor de planificación de la adaptación que está haciendo el país, con la confianza de que nos va a llevar a una estrategia para escalarlo en otras regiones cubanas.

“En AdaptHabana no se está trabajando solamente para esos cinco municipios. Se espera que cree un modelo que, con las diferencias lógicas, sea replicable. Parte de lo que se pide para estos proyectos es que sean replicables y escalables, que se puedan diseminar horizontalmente y, verticalmente, subir hacia modelos nacionales de planeamiento de la adaptación. Es lo que esperamos de AdaptHabana en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente”.

AdaptHabana consta de dos fases. La primera, actualmente en curso, se centra en crear y fortalecer capacidades de los actores claves; mejorar los sistemas de vigilancia hidrometeorológica y de ascenso del nivel del mar, y generar estudios para actualizar la evaluación de riesgos y vulnerabilidades en la zona costera de La Habana.

Actualmente, se desarrolla una decena de estudios en áreas como la caracterización climática (actual y ante escenarios de cambio climático para la zona costera de La Habana) y la actualización del estado de los manglares (los existentes hoy y una modelación, en distintos escenarios climáticos, de dónde está la mayor probabilidad de fomentarlos, pues son una barrera natural de protección de la zona costera).

Además, acidificación del mar, barrera coralina, modelación de inundaciones costeras por penetración marina y erosión costera. En todos los casos, igualmente, incluyendo la situación actual y las proyecciones según posibles escenarios climáticos.

Como parte de AdaptHabana, se está actualizando el catastro de la zona costera, la base para definir los daños ante los peligros climáticos. Paralelamente, se impulsa un servicio de asesoría para generar modelos de ordenamiento ambiental que tributen al ordenamiento territorial.

Según los expertos, el fin es que en el ordenamiento territorial de los municipios costeros haya un reforzamiento en términos de ordenamiento ambiental, estableciendo limitaciones de usos posibles según las condiciones climáticas, incluidas las generadas por el cambio climático, y la evaluación de riesgos y adaptación.

En 2024, se espera que esté disponible una primera evaluación de los riesgos climáticos y una primera gran lista de medidas de adaptación por sectores y territorios.

La segunda fase de AdaptHabana, durante 2025 y hasta septiembre de 2026, estará centrada en elaborar el plan de adaptación, hacer las conciliaciones y generar mecanismos de implementación, monitoreo y seguimiento.

Quedaría conformado un portafolio de ideas o proyectos y, al menos, cinco o seis de estos, en dependencia de los fondos, deben quedar a nivel de estudios de prefactibilidad.

Con un enfoque integral de adaptación al cambio climático y reducción de riesgos de desastres, AdaptHabana incorpora perspectivas de género y grupos vulnerables.

Centra sus acciones en los seis municipios costeros (Playa, Plaza de la Revolución, Centro Habana, Habana Vieja, Regla y Habana del Este) y en seis sectores prioritarios (salud pública, recursos hidráulicos, agricultura, turismo, biodiversidad marino costera y ordenamiento territorial).

Se aspira a que sea modelo replicable para el plan de adaptación climática de Cuba.

Imagen: PNUD Cuba.

AdaptHabana fue aprobado como proyecto de apoyo preparatorio o alistamiento (readiness), según las prácticas del Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés).

El proyecto no llega a implementar medidas, sino que genera un plan. El objetivo es formular el plan de adaptación de la zona costera de La Habana, que integre medidas de adaptación a mediano y largo plazos ante los escenarios de cambio climático, y que esas medidas se integren en la planificación del desarrollo territorial.

Si tiene éxito y es validado, AdaptHabana, que sigue las directrices de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático para elaborar los planes nacionales de adaptación, sería un proyecto piloto para el plan de país, que ya cuenta con un adelanto, la Tarea Vida.

En el proyecto intervienen el Citma, la Agencia de Medio Ambiente (AMA), el PNUD como encargado de la implementación, el Instituto de Geofísica y Astronomía (IGA), responsable de la coordinación y ejecución técnicas; los Gobiernos de los municipios costeros y el Gobierno de La Habana. El financiamiento proviene del Fondo Verde para el Clima.

Participan otras empresas e instituciones como Gamma, del Citma; Geocuba (divisiones de Investigación y Consultoría y de Estudios Marinos); CETA SA, de la Cujae (modelación de la erosión e inundaciones costeras); Delegación Provincial de Ordenamiento Territorial y Urbanismo de La Habana (catastro); Instituto de Ciencias del Mar (estudios marinos) e Instituto de Geografía Tropical (ordenamiento ambiental).

El Grupo de Evaluación de Riesgos en Cuba, coordinado por el IGA, valida e integra los resultados y actualizará la evaluación de riesgo.

Oleaje malecón La Habana

Malecón de La Habana. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Cuba y el cambio climático. El agua

En la COP28, a finales de 2023 en Dubái, luego de insistir una vez más en la aceleración del cambio climático, la gravedad de la crisis y el incumplimiento de los compromisos para mitigarlo y afrontarlo, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, insistió en la importancia del ámbito local.

“Nuestro éxito no se medirá en salas de conferencias como esta. Se medirá en pueblos, ciudades, regiones y estados de todo el mundo”, dijo Guterres y añadió: “El éxito de los nuevos planes climáticos nacionales se materializará a nivel local”. Es en lo local donde la gente hace su vida y donde sufre los efectos del clima cambiante; donde se van a aplicar, y donde tendrán éxito o no, las medidas específicas de mitigación y adaptación.

Al abordar los retos de Cuba frente al cambio climático, Orlando Rey recuerda que, a escala planetaria, el clima siempre ha estado cambiando en una u otra dirección, “pero en periodos mucho más extendidos y como consecuencia de una serie de factores naturales.

“Lo que sucede hoy es que, por las consecuencias de la actividad humana a partir de la Revolución Industrial y el aumento de la concentración en la atmósfera de gases que retienen parte del calor solar, en una proporción mayor que la natural, el clima está cambiando. Y más rápidamente, en un plazo menor”.

En Cuba esa tendencia incide en un ascenso del nivel medio del mar y de la temperatura media respecto a los niveles preindustriales (1850-1900), que ya ha superado 1 °C en el territorio nacional; en la extensión de las zonas de seca de la región oriental hacia el occidente y en cambios en el régimen de lluvias (hoy estamos teniendo menos lluvia en el periodo lluvioso y a veces más en el seco, pero esta última no compensa el balance).

La lluvia es, en Cuba, la principal fuente de agua. “Entonces, tenemos menos agua disponible. Como buena parte del agua en Cuba está en acuíferos subterráneos, por el carácter cársico del relieve, el ascenso del nivel medio del mar también contribuye a su salinización.

“Como las actividades humanas están en esa zona costera, se produce salinización del agua para consumo humano, del agua para agricultura (lo cual incide en los cultivos), hay efectos en la salud…

“Tenemos toda una cadena de consecuencias que parten del clima hoy alterado por la actividad humana y que se suman a la vulnerabilidad del territorio nacional por sus propias condiciones geográficas y físicas. Vamos a tener menos agua disponible en el transcurso de este siglo”.

Escenarios

En cuanto a escenarios futuros o probables, las previsiones se pueden encontrar en informes del IPCC, la OMM, ONU Medio Ambiente, artículos científicos y de prensa, las intervenciones de António Guterres y otros responsables de Naciones Unidas.

Para descarga:

Guterres en el Día Mundial del Medio Ambiente 2024: datos, actualidad y urgencia del cambio climático (PDF, 459 kB)

Resumen del Informe sobre el estado del Océano (Unesco, 4 de junio de 2024) (PDF, 354 kB)

Detalles del Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (2023) (PDF, 412 kB)

Son previsiones, dado que dependen de escenarios de calentamiento que van de 1.5 °C a 2, 2.7, 3 °C o más por encima de los niveles preindustriales (1850-1900) e, incluso, de puntos de inflexión y factores diversos, entre ellos la amenaza latente del permafrost, que contiene altas concentraciones de metano, un gas de efecto invernadero con menor tasa de duración en atmósfera, pero mucho más potente que el CO2.

Sobre este punto, el experto cubano comenta que, “dado que los escenarios globales de aumento de la temperatura continúan una tendencia negativa, los del ascenso del nivel del mar para Cuba, y para el mundo en general, continúan también siendo preocupantes y con posible tendencia al alza.

“De momento, el pronóstico general para el país ‒estamos absolutizando, porque eso es mucho más variable, en dependencia de las características de la costa en el sur, el norte, el este, el oeste‒, es de unos 29 cm para mediados de siglo y poco menos de 1 m hacia finales de siglo.

“Y eso es para un escenario de aumento de la temperatura media en el entorno de los 2 °C respecto a los niveles preindustriales. Hoy, con el nivel de emisiones y la falta de compromiso de los grandes emisores, sobre todo los grandes países industrializados, que lograron su desarrollo a cuenta de esas emisiones, podemos estar aproximándonos a escenarios de aumento de la temperatura aún mayores”.

Esos efectos, y los fenómenos que desencadenan, tienen repercusiones en la vida económica y social de comunidades y países. Se requiere una transformación radical de la dirección en que el mundo va en las emisiones para entonces, lentamente, ir reasumiendo un escenario en que sean moderados esos efectos.

“Lentamente” porque ‒explica Orlando Rey‒ los gases en la atmósfera que producen el calentamiento global tienen un efecto inercial, sobreviven décadas, en algunos casos cerca de un siglo.

“Por eso, incluso si mañana hubiera un decrecimiento drástico de las emisiones, la tendencia al calentamiento no necesariamente se detendría. Hay que recordar que durante la pandemia de covid-19, la actividad económica a nivel global cayó bruscamente y disminuyeron notablemente las emisiones inmediatas, pero prosiguieron las tendencias en la atmósfera”.

Imagen: PNUD Cuba.

Las costas

En Cuba, las zonas más proclives a sufrir los efectos del ascenso del nivel medio del mar están en el sur.

“La costa sur es más baja. Cuando hoy uno trata de ver los efectos de cambios climáticos pasados, o como parte de la actividad humana en la actualidad, encuentra las huellas mayores en zonas como el sur de la antigua La Habana, lo que hoy son las provincias de Artemisa y Mayabeque.

“En general, las características de la costa sur, que es baja, la hacen más propensa a efectos del ascenso del nivel medio del mar. En el norte hay más zonas acantiladas, arrecifales, rocosas, que actúan como protección. Sin omitir que la costa norte, en contraste, tiene más propensión al embate de fenómenos como los huracanes.

“Muchos proyectos en Cuba, por ejemplo, Mi Costa, el principal proyecto climático para soluciones en zonas costeras, buscan actuar sobre zonas que sabemos son muy vulnerables en el sur de Pinar del Río, Artemisa y Mayabeque, al menos hasta Camagüey. Hay zonas muy sensibles, porque son bajas, que han sufrido por décadas los efectos del ascenso del nivel medio del mar”.

Temperaturas más altas, cambio y adaptación

“Lo que escucho de los científicos climáticos es que, en un tiempo corto para el clima, como pueden ser 10 años, los cambios pueden no ser tan notables. Puede ser que sigamos teniendo estos pesados veranos, algunas tendencias van a continuar, pero pudieran ser como prolongaciones de las condiciones actuales. En periodos de tiempo mayores, puede haber alteraciones más bruscas del clima”, explica el asesor del Citma en cuestiones de cambio climático.

“Quiere decir que cultivos que hoy tenemos en la agricultura puedan seguir produciéndose durante años con determinadas previsiones en cuanto a disponibilidad de agua, modos de cultivo, variedades que se cultivan, pero llegará un punto, y eso es lo que se llama adaptación transformacional, en que haya que pensar en cultivos diferentes.

“En una variación del clima que seguirá transcurriendo, podemos prolongar nuestros modos de vida y de producción durante un tiempo, pero puede llegar el momento en que se requiera un cambio más brusco.

“Pasamos la vida adaptándonos: a la escuela, a un nuevo entorno laboral, una nueva ciudad, una nueva relación humana, la edad… Para el ser humano, adaptarse y asumir determinados cambios es un proceso natural. Creo que, de alguna forma, tenemos que tomar así la adaptación al cambio climático.

“¿Qué implica tener temperaturas más altas, como está ocurriendo ahora? Que debo tener siempre a mano una reserva de agua al salir a la calle; que debo evitar ciertos horarios; que si tengo ciertos padecimientos de salud o estoy en la tercera edad, debo tomar algunas previsiones con medicamentos, rutinas… Esas cosas hay que incorporarlas a la vida cotidiana de la manera más normal posible.

“Es que la información climática llega de una manera catastrófica: el mar va a ascender, el clima se va a seguir calentando, las lluvias pueden ser más escasas, vamos a tener menos agua… Pero hay que vivir en esas condiciones. En esas condiciones vamos a vivir nosotros y las generaciones futuras, nuestros hijos, nuestros nietos.

“Hay que ir preparándonos y preparándolos constructivamente para asumir esa realidad y esa forma de vida, de manera que no solo sobrevivan a esas condiciones, sino que puedan prosperar y tener vidas plenas en ese entorno.

“Entonces, hay que trabajar sobre muchísimos factores en los que hoy podeos incidir, sin quedarnos solo en la lamentación por todo lo que se va a degradar”, dice el experto.

Rey menciona ejemplos como el verde urbano, los modos de construcción, la agricultura y la gestión del agua.

“Es sabida la importantísima transformación que el arbolado genera en la temperatura y el clima de un entorno particular. El aumento de las áreas verdes para recreación, para paseo… Son soluciones de ganar-ganar: siembras árboles y aumenta el secuestro de carbono del aire, se regula el clima, mejora la calidad de vida de las personas en muchos sentidos, porque disminuye la temperatura, pero también espiritualmente. Está probado que esas áreas verdes sí tienen ese efecto en la percepción de las personas.

“El modo en que se construye: hoy no tenemos todos los recursos para construir las viviendas que necesitamos, en los lugares donde es necesario, pero, ¿qué podemos mejorar en la construcción de viviendas? ¿Cómo podemos, por ejemplo, reintroducir la práctica de la cosecha de agua en las viviendas, que antes se usaba en el país, para determinados usos? Muchas veces, lo nuevo no es más que lo viejo olvidado… Claro, tienes que resolver varias cuestiones: de salud, de calidad del agua, pero el agua capturada sí es útil para determinados usos.

“Todo indica que, en el transcurso del siglo vamos a tener, tal vez, un tercio menos del agua disponible actualmente. Pero, a veces no es tanto la disponibilidad de agua como la gestión del recurso.

“Habrá que repensar el suministro y gestión del agua, los modos de vida, la alimentación, la salud, la agricultura. Es algo que debemos ir haciendo desde ahora e incorporarlo a la vida cotidiana de la manera más sencilla y orgánica posible.

“Hay muchas decisiones que son complejas, que requieren grandes recursos, pero hay otras muchas que son organizativas. Por ejemplo, en los cultivos, conozco buenas experiencias ajustando la época de siembra y la de cosecha.

En la agricultura, ¿qué tengo que hacer?: lo necesario para que la agricultura se prolongue sosteniblemente en el tiempo y produzca más, no para que produzca menos. Pero si desconoces que el clima tiene estas condiciones actuales e ignoras las tendencias vas a tener problemas en la agricultura, producir menos, o no vas a poder producir determinada variedad, porque un suelo se está tornando más árido o más salino o hay menos agua.

“¿Cómo lo resuelves?: con la ciencia, buscando variedades más resistentes, buscando nuevas formas, cómo se hace en otras partes del mundo en otras condiciones climáticas. Tienes que hacer cosas así, pero tienes que hacerlas ya, porque no hay una pausa”.

“A veces abordamos estas cuestiones, como lo que pasa actualmente, que un día no y un día sí se baten récords de temperatura, pensando que es una anomalía. Pero ese es el nuevo normal.

“No quiere decir que el año próximo no pueda ser más fresco que este, porque son tendencias e intervienen también fenómenos regionales, El Niño, La Niña…, pero la tendencia general es que el aumento de la temperatura va a ser consistente y cada vez vamos a tener más días con estas características. El que pesca, el que siembra, el que cosecha, el que construye, el que vive, tiene que saber que va a ocurrir así y prepararse en consecuencia”.

Sesión de educación ambiental con niños en la comunidad costera de Júcaro, Ciego de Ávila, como parte del proyecto Mi Costa, para fortalecer la resiliencia costera ante el cambio climático. Foto: Tomada de la página de PNUD Cuba en Facebook.

La comunicación y la educación para la vida

En opinión del Dr. Orlando Rey, hay que cambiar la narrativa y empezar a actuar en consecuencia con estas tendencias en curso para incorporarlas de forma normal a nuestra vida.

Incluso –señala–, hay que explicar cómo las soluciones que se pueden adoptar tienen el potencial de ser no solo positivas medioambientalmente, sino también económica y socialmente.

“Usted llega con este tema del cambio climático, AdaptHabana, y hay Gobiernos municipales que están trabajando en una coyuntura muy compleja, lidiando con problemas de vivienda, de seguridad alimentaria, abasto de agua, estado de las construcciones, comportamientos sociales… Usted les habla sobre los arrecifes, los manglares, el nivel medio del mar, la acidificación de los mares… ¿Cómo usted empata esas dos narrativas?

“Yo creo que ese es uno de los principales retos de AdaptHabana. Es un proyecto para el plan de adaptación en el litoral norte de La Habana, desde los bajos de Santa Ana hasta las playas del este, cuyo reto principal es actuar como laboratorio en el que tenemos que probar cómo canalizar el debate climático –que tiene tanta ciencia y tantas cuestiones complejas, nuevas y disruptivas–, dentro de las dinámicas de Gobiernos que están trabajando en condiciones muy complicadas.

“Un ejemplo, que quizá no es el más representativo para el litoral norte, pero sí lo fue en discusiones en torno al litoral sur: el mangle es muy importante, porque reduce mucho la energía del mar en caso de eventos extremos y, por tanto, protege las vidas humanas que están por detrás, bienes, viviendas, recursos…

“Pero el mangle, además, es una especie melífera, se puede desarrollar la apicultura y otras actividades en torno al mangle, crear puestos de trabajo para personas que cuiden el manglar. Estás haciendo un esfuerzo climático, ambiental, y a la vez hay repercusiones económicas, en el empleo (empleo verde, porque está centrado en la protección de un recurso natural), en la producción local y potencialidades para la diversificación económica local.

“Así se pueden promover mejor estos proyectos de adaptación o mitigación del cambio climático”.

Rey considera que ese es un enfoque crucial para AdaptHabana, que tiene, además, la característica de centrarse en la zona más densamente poblada de Cuba, pues en el área que cubre el proyecto hay más de 700 000 habitantes.

“Por supuesto, no se pueden traducir elementos mecánicamente. No es lo mismo un entorno urbanizado que otro rural, una comunidad al pie de una montaña o entre montañas y mar. No es que tomemos y extrapolemos esto mecánicamente, pero vamos a tener experiencias muy ricas, sobre todo en cómo hacer esa conjunción de la compleja narrativa climática (de efectos que son presentes pero que a veces son a futuro, de un lenguaje muy difícil) con la dinámica de trabajo de las autoridades locales…

“Si uno se centra en los efectos futuros, alguien le puede decir ‘yo estoy lidiando con efectos actuales de cosas que están sucediendo ahora mismo, no puedo ahora pensar en eso’… Pero si uno explica los efectos actuales, los que se sienten, está implicando también que a futuro van a persistir esas tendencias.

“Usted no sabe con exactitud los centímetros que va a subir el mar, o cuánto va a aumentar la temperatura, pero sabe que indefectiblemente va a suceder. No se prepara para números redondos, así no funciona la ciencia; se prepara para tendencias.

“Trata, entonces, y ese es el reto de todos los que estamos vinculados al proyecto y a las políticas climáticas, de empatizar con quienes tienen que llevarlo adelante en Gobiernos provinciales y municipales y en los sectores de la economía, para que entiendan que lo que está ahí en juego no es una teoría climática, sino la propia vida económica y social del país y sus diferentes esferas”.

En estos procesos de adaptación, el modelo de gestión difiere: cada uno de los municipios tiene sus características climáticas, naturales, ambientales, pero también urbanas, culturales, económicas y sociales. Las formas de gestionar tienen que ser diferentes.

“Si reconocemos que tenemos que adaptarnos ante el cambio climático inevitable y que esa adaptación es para vivir, para insertarla en nuestro modo de vida y nuestra cubanidad, está claro que tenemos que planificar cómo vamos a adaptarnos.

“Y si vamos a planificar cómo adaptarnos, tenemos que tomar en cuenta que esto cambia no solo por territorios, sino sectorialmente. ¿Cuál es la adaptación en el sector de la salud?: ver cómo cambiará el cuadro epidemiológico, cómo introducir en el sistema de vigilancia nuevos elementos ante la manera diferente en que se pueden comportar determinadas plagas o enfermedades zoonóticas…

“¿En la agricultura?, el plan es distinto: buscar variedades más resistentes, estudiar cómo cambian diferentes áreas de cultivo, tomar en cuenta los cambios en los regímenes de precipitaciones, la humedad, las temperaturas… Esa planificación tiene que ir desde la concepción general, que está en la Tarea Vida, que aporta la estructura conceptual, hasta planes específicos.

“La acción estratégica 1 de Tarea Vida dice ‘disminuir la densidad demográfica en zonas altamente vulnerables’. Es un concepto ciento por ciento correcto, pero que luego hay que ejecutar en zonas y localidades distintas del país, en cada cual con base en su situación, realidades y condiciones específicas”.

De cierta forma, al asumir que el clima cambiante es una realidad que tendrá efectos en el mundo y, por supuesto, en Cuba, con las características y condiciones específicas (económicas, sociales, naturales) en cada país, comunidad o región, es válido pensar que en nuestro caso será parte de la condición o el hecho de vivir en este Estado insular.

El Dr. Rey comenta que, a veces, “convertimos la agenda ambiental y climática en algo tangencial a nuestra vida. Vamos por aquí, la vida con sus dilemas diarios, lo que enfrentamos en la cotidianidad, los problemas personales y familiares, y por el otro recibimos una información ambiental que habla de calentamiento, productos químicos, plásticos, temperaturas…

“Pero eso no está imbricado con nuestra vida, no está conectado con nuestra vida. Tenemos que enseñar un comportamiento social, modos para esas condiciones de vida que se van a dar, qué pasa en esas condiciones, qué se altera, qué cambia y cómo se responde a eso. Si no miramos la educación ambiental como un conocimiento que se adquiere, como parte de un entorno cultural, entonces no hay cambios de actitud”.

Imagen: PNUD Cuba.

Hay, también, que generar pequeños cambios (por ejemplo, una zona verde que regula la temperatura y mejora la calidad de vida en una comunidad, le aporta recursos y empleo). Esos cambios, si son exitosos y se validan, pueden replicarse. Rey opina que “modificaciones que son más modestas, pero tangibles, pueden ser más provechosas que la idea de grandes cambios conceptuales”.

Igualmente, las sinergias: “Ya hay hábitos, movimientos locales, emprendimientos y organizaciones a nivel de comunidades. El experto también puede aprender de las prácticas locales, nacidas de la realidad de la gente que vive ahí y aprende a afrontar los problemas con sus recursos y experiencias”.

“Es como una educación para la vida, y de eso hay que hacer parte a la gente sin catastrofismo, igual que uno se prepara para otros fenómenos de la vida, como la edad. Ahí hay mucho que hacer”.

Finalmente, Orlando Rey subraya una cuestión relevante: “Que los planes sean auténticamente planes. Tenemos que llegar a la planificación de la adaptación en La Habana con claridad sobre qué acción transformadora se piensa hacer, qué cambios pensamos introducir; dónde, cuándo y cómo; de qué línea base estamos partiendo; cuánto cuesta; dónde pueden estar los recursos, cómo vamos a completarlos, si buscando fuentes de financiación internacional o con proyectos de desarrollo local, o un paquete con todo eso para obtener los recursos. Hay que evitar los planes declarativos.

“Lo que estamos defendiendo es, dado que el municipio tiene una estrategia de desarrollo municipal (que va a variar de municipio a municipio, por las características, niveles de actividad económica o de articulación diversos que hay en ellos), que el plan de adaptación se monte sobre eso.

“No que haya un plan de adaptación para, digamos, Guanabacoa, sino que en el plan económico y social de Guanabacoa se introduzca una visión de la manera en que el desarrollo de ese territorio sea resiliente y adaptado a las condiciones de cambio del clima

“No son dos planificaciones, el plan de adaptación aquí y el plan de desarrollo económico y social por allá, porque entonces esto tendrá un efecto académico puramente y el plan de desarrollo municipal puede tener serios tropiezos si no considera las condiciones ambientales del cambio climático.

“Aunque sea modesto, aunque se planifiquen dos, tres pequeños resultados, que sean planes objetivos, con claridad en metas, plazos y progresión, costos y fuentes de financiamiento, de manera que tengan consistencia, porque muchas veces planificamos como líneas de deseo.

“Son procesos muy complejos, vivimos en un mundo muy injusto y desigual, con déficit de asistencia y financiación para el desarrollo y la adaptación climática. Si haces el plan pensando en lo que quieres, fracasas; debes hacerlo equilibrando lo que quieres con lo que puedes, en una dosis razonable.

“Para esto, entre otras cosas, queremos aprovechar como laboratorio el proyecto AdaptHabana”.

Notas:
1 Los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) fueron reconocidos como un grupo distinto de países en desarrollo que enfrentan vulnerabilidades sociales, económicas y ambientales específicas en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), también conocida como la Cumbre para la Tierra, celebrada del 3 al 14 de junio de 1992 en Río de Janeiro, Brasil.
El grupo integra 38 Estados miembros de la ONU y 20 no miembros, asociados de comisiones regionales:
Antigua y Barbuda, Bahamas, Bahréin, Barbados, Belice, Cabo Verde, Comoras, Cuba, Dominica, República Dominicana, Fiji, Granada, Guinea-Bissau, Guyana, Haití, Jamaica, Kiribati, Maldivas, Islas Marshall, Mauricio, Micronesia (Federación Estados de), Nauru, Palau, Papua Nueva Guinea, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Santo Tomé y Príncipe, Samoa, Seychelles, Singapur, Islas Salomón, Surinam, Timor-Leste, Tonga, Trinidad y Tobago, Tuvalu, Vanuatu.
Samoa Americana, Anguila, Aruba, Bermudas, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán, Mancomunidad de las Marianas del Norte, Islas Cook, Curazao, Polinesia Francesa, Guadalupe, Guam, Martinica, Montserrat, Nueva Caledonia, Niue, Puerto Rico, Sint Maarten, Turcos e Islas Caicos, Islas Vírgenes de Estados Unidos.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Raul G. dijo:

    Trabajo muy completo ante un tema más que complejo que ya lo tenemos encima. Cómo siempre me preguntó : En las actuales condiciones de donde va a salir la plata para acometer estás tareas y estás obras que de por si son altamente costosas ?? Veremos si en las próximas reuniones del Parlamento se se proponen cifras concretas .

  • Manuel dijo:

    Es importante que en La Habana, dada la temporada ciclónica en que estamos, empiecen de una vez a limpiar el alcantarillado que está todo tupido,
    no lo limpian hace más de 1 año [5ta Avenida, Miramar, Playa].

    Si con estas lluvias que no han sido provocadas por ciclones se está inundado qué pasará cuando pase cerca un Cicloncito?

  • jorge gonzalez dijo:

    La guerra esta llevando al mundo a la destrucción total por la propia guerra o por no invertir; en algo tan vital para toda la humanidad como detener y revertir el cambio climático. Si se pudiera usar un % pequeño de las sumas millonarias gastada en anacrónicas guerras: existiría una esperanza de poder detener semejante destrucción donde ya cada día aumentan las perdidas materiales, humanas y, de todo el medio ambiente que nos rodea.
    Si el mundo sigue por el camino de la guerra no podrá detenerse el cambio climático y, "todos" por una guerra que sera atómica o por ser irreversible el cambio climático; seremos convertidos en "polvo cósmico".
    "En ideas para preservar la vida humana y salvar al planeta, toda exageración es conveniente".
    Mientras en el mundo exista un conflicto o una guerra, no apare sera el financiamiento para detener, revertir, adaptarnos y desarrollar nuestras economías insulares para enfrentar el cambio climático, en nuestra área y en cualquier parte del mundo.
    Los científicos, políticos, religiosos, y toda la humanidad menos algún incrédulo si existiera: "afirmamos" que cada día sera peor, entonce ¿que esperamos?.
    Muchas Gracias.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Deny Extremera San Martín

Deny Extremera San Martín

Periodista de Cubadebate. Ha trabajado en Radio Reloj, Casa de las Américas y otras instituciones y proyectos periodísticos.

Vea también