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Conmovedora historia en Puerta Prieta (+ Fotos)

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Los pequeños Leandro y Yeide ganan destreza en la multiplicación, en casa de Margarita. Foto: Joel Mayor

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Lo dijo Galeano, y así lo hicieron sin siquiera darse cuenta de lo hermoso de su gesto. Era necesario enmendar lo que hizo el huracán Ian a la escuela primaria rural Miguel Alonso Chirino, en Bahía Honda, Artemisa; por eso ¡ofrecieron sus casas para que los niños no se queden sin aprender!

Ellos abrieron las puertas de sus hogares a alumnos y maestros. Convirtieron terrazas y comedores en aulas sui géneris, donde quizás sea más difícil colocar pizarras o sentir ambiente escolar, pero estarán en ambientes mejor iluminados, más frescos e igual rodeados de cariño.

Y el curso no se detuvo

Midiela Márquez enseña a sus alumnos en la terraza de Armando y María. Foto: Joel Mayor

Mientras en la gran ciudad algunos tienen todo y hasta protestaron sin pensar en quienes están peor, a cierta distancia del casco urbano de Bahía, en la comunidad Puerta Prieta, escriben una bella historia de solidaridad que puede parecer muy simple, pero resulta conmovedora.

Ania Margarita Castillo es la vecina que vive más cerca del plantel. “Siempre conversamos mucho con las maestras, también durante la covid. La directora me propuso la idea y le dije ‘¡no hay problema!’ Mi niño estudia en ese colegio. Necesitamos que el curso no se detenga.

“Utilizamos la propia mesa del comedor, agregamos otra mesita y ubicamos la pizarra. Si fuera preciso también usamos el portal; espacio sobra. Afortunadamente, no fuimos de los más afectados; entonces, podemos ayudar a los demás. En momentos difíciles es cuando hay que echar pa’lante”.

Los pequeños Leandro y Yeide, de tercer grado, ganan destreza en la multiplicación, con su maestra María Marín. “¡Una buena idea! La escuela sufrió daños. Y los vecinos han sido muy solidarios, al ofrecernos sus viviendas para poder continuar y terminar el curso”.

Si hace falta, la casa entera

Un aula sui géneris: la más fresca de todas y con un alumbrado natural formidable. Foto: Joel Mayor

El huracán Ian descargó su furia contra 163 instituciones educativas en la provincia de Artemisa, pero a ningún municipio le causó tantos estragos como a Bahía Honda, con 43 centros docentes dañados.

A la Miguel Alonso Chirino le ocasionó severos perjuicios en la cubierta: tres de las cuatro aulas quedaron sin techo. El caballete, una ventana, el local de la dirección… probaron la fuerza de los vientos de este fenómeno meteorológico de gran intensidad. Sin embargo, el proceso docente educativo echó a andar una vez más, gracias al categórico respaldo de la propia comunidad.

Armando Cabana, su esposa María Santana y su hija Leidys también acogieron alumnos y maestros: en la sala, la maestra Gisela Barrios trabaja con Malena y José Iván, niños de prescolar; entretanto, Midiela Márquez enseña a pupilos más grandes en la terraza, donde dispusieron cuatro mesitas con sus sillas.

“Tan pronto como nos lo propusieron, decidimos apoyar”, declara Leidys, por si no bastara la teacher de inglés del plantel. “Yo doy la casa entera si hace falta, para que no pierdan clases”, sostiene María.

A los pequeñines de Gisela parece no importarles el traslado. Se les ve felices y entretenidos mientras relacionan figuritas o encajan piezas.

La profe Midiela alude a la máxima de que los alumnos no sean afectados por nada, celebra la alternativa y elogia la actitud de los vecinos, al prestarles su espacio ante la catástrofe que dejó Ian. Aquella peculiar aulita en la terraza es la más fresca de todas y con un alumbrado natural formidable.

Los más fuertes cimientos

La maestra Gisela trabaja con Malena y José Iván, en la propia sala de Armando y María. Foto: Joel Mayor

Gisela está satisfecha con la opción aplicada. Sin embargo, la envuelve una tristeza singular. En esa propia instalación estudió ella, entonces hasta el quinto grado. “Duele ver todo en el piso y en malas condiciones”.

A la directora del colegio le sucede otro tanto. Como la de muchos más, esa fue la escuela de sus primeros años, la de sus hijos, y luego fue maestra de su pequeña María Isabel. ¿Cómo no va a lastimarle tanto destrozo?

Por supuesto, la amargura de Migdalia Pereira cede ante la urgencia de soluciones, así que ya planea organizar mejor los espacios, a fin de adaptarse a las necesidades del momento. Recurrirán al ranchón en la vivienda de Marlén Díaz; allí colocarán otra aulita para alumnos de segundo grado, hasta ahora en el laboratorio de computación.

Además, “de esa manera, todos recibirán clases por la mañana. Quedarán para las tardes Educación Física, los talleres con los instructores de arte y actividades complementarias, y tendrán un lapso mayor para almorzar y regresar a tiempo. También sería de esa forma cuando vayamos a reparar las aulas”.

Desde luego, ahí estarán otra vez Ania, Margarita, Armando, María, Leidys, Marlén… y, seguramente, alguien más si lo necesitan. De nuevo les abrirán las puertas de sus casas de par en par, como suelen abrirles su corazón.

¿Quién dice que tras la tempestad no hay esperanza para nuestra gente? La unidad y la solidaridad siempre serán fuertes cimientos para el futuro. Y en Bahía saben que no solo se trata de ayudar, sino también de compartir el empeño de formar a las nuevas generaciones, de luchar juntos, de no rendirse nunca.

Ian ocasionó severos daños en la cubierta a la escuela Miguel Alonso Chirino. Foto: Joel Mayor

Solo en una de las cuatro aulas el techo resistió. Para el resto, están las casas de los vecinos, gracias al categórico respaldo de la comunidad. Foto: Joel Mayor

¿Quién dice que tras la tempestad no hay esperanza para nuestra gente? La unidad y la solidaridad siempre serán fuertes cimientos para el futuro. Foto: Joel Mayor

“Utilizamos la propia mesa del comedor, agregamos otra mesita y ubicamos la pizarra. Si fuera preciso también usamos el portal; espacio sobra. Afortunadamente, no fuimos de los más afectados; entonces, podemos ayudar a los demás. En momentos difíciles es cuando hay que echar pa’lante”. Foto: Joel Mayor

Se han publicado 5 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Landy dijo:

    Grandioso. Viva Cuba.

  • ly dijo:

    ...esto es cuba...

  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Fuente Ovejuna señor, la comunidad de Puerta Prieta es la soberana, maestros, padres, madres, vecinos y niños y niñas. Un saludo con todo amor.

  • Regla dijo:

    Qué lindo ver la solidaridad en las provincias afectadas, asi es como se avanza, ayudando a los demás...

  • Azucarero de siempre dijo:

    Increible, estas historias no se dan en ningún lugar del sistema solar, ha y ningún medio de propaganda de redes lo mencionan, solo hablan de las dificultades nuestras, de los logros no se dan por enterados. Da pena el enemigo con su actuar, pienso q un dia nos recuperemos, q diran a partir de ahi. Ellos continuaran alimentando su odio, y porque no su cartera también, nosotros venciendo paso a paso, si obtenemos más victorias. GRACIAS CUBA.

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Joel Mayor Lorán

Joel Mayor Lorán

Graduado de Periodismo en la Universidad de La Habana, en 1994. Fue jefe de la Redacción Nacional de Granma. Subdirector del semanario el artemiseño. Profesor Asistente de la Universidad de Artemisa. En Twitter: @MayorArtemisa

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