La Parábola del Obispo y el Prisionero
Por Mons. Antulio Parrilla Bonilla y Andrés Figueroa Cordero
Testimonio de Nelson W. Canals
Redactado el 21 de enero de 2004
La llamada
El 5 de octubre de 1977 como a las 8pm recibí una llamada telefónica del Director Médico del Hospital Prisión de EUA en Springfield Missouri. Me informaba que el prisionero Andrés Figueroa Cordero se encontraba en estado de gravedad y quería comunicarse conmigo. Le pasaron el teléfono y Andrés me dijo: “¿Cómo estás, Nelson?
Yo estoy un poco malito y dicen que me voy a morir pronto. Pero lo peor es que el Guardián me ha dicho que si quiero ir a morir a Aguada con mis familiares, que lo que tengo que hacer es firmar unos papeles pidiendo perdón y ellos me dejan ir. ¿Qué te parece? Así de fácil, ¡Eh!”
Yo le pregunté: “Y tú ¿cómo te sientes y qué quieres hacer?”
Me contestó: “Yo me siento mal, pero no voy a firmar ná. ¿Qué se creen ellos, que después de tantos años, me voy a rajar a última hora? Pués no. Pero quiero que tú vengas a verme para que les expliques al Guardián y sus alicates que están perdiendo el tiempo y ¡que no me molesten más!”
Concluí la llamada, que seguro estaba siendo grabada, diciéndole que haría lo posible por ir a visitarlo pronto. Esa noche preparé mi maleta incluyendo una bandera puertorriqueña.
El encuentro
Al día siguiente, 5 de octubre de 1977 tomé un avión hacia Springfield vía Chicago. Buscando mi asiento me encontré con Monseñor Antulio Parrilla.
Nos saludamos y le dije que iba a ver a Andrés.
El me dijo: “La familia de Andresito me llamó para decirme que Andrés quiere que yo vaya a confesarlo pués está muy mal.”
Lo miré con ojos admirados y el me sonrió expresando: “Imagínate, cómo no voy a ir,”
“Pués entonces vamos juntos” sentencié.
La prisión
Llegamos a Springfield a media tarde y el “Warden” del hospital-prisión nos permitió ver al prisionero al día siguiente. Nos quedamos en un Hotel cercano a la Cárcel y las 8am del día 6 nos personamos a la oficina del Director Médico. El Dr. Cicconne, nos informó que la condición de Andrés se había agravado y que el pronóstico era muy pobre. “Tienen media hora para atenderlo espiritualmente, pués a las 9am será sometido a su terapia. Después que lo vean, por favor, pasen por mi oficina.” nos dijo con una cara de Médico bonachón.
Un guardia nos llevó a una capilla dentro de la Prisión donde se encontraba nuestro compatriota. Nos abrazamos los tres. Los ojos de Andrés refulgían alegres, los de
Don Antulio se humedecían y los míos se me querían salir de órbita. Al fin, Monseñor nos compuso y comenzó el rito de imposición de los santos óleos. Yo asistí en la ceremonia y abrazaba a Andrés para sostenerlo en pié. Estaba delgadito y frágil. Me daba
la sensación de estar sujetando a un muñeco de ventrílocuo con las coyunturas desarticuladas.
Monseñor Parrilla concluyó: “En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo te perdono todos tus pecados y que la Paz del Señor que sobrepasa todo entendimiento te acompañe siempre.”
“Amén” dijimos Andrés y yo.
La Decisión
Nos despedimos con abrazos y besos, Andrés con una sonrisa amplia, llena de dientes, Monseñor dibujaba su expresión de alegría discretamente y yo me mordía las orejas.
Regresamos a la oficina del Director y le comunicamos que aunque encontramos a Andrés débil físicamente estaba fuerte de espíritu.
El nos expresó que al prisionero le quedaba poco tiempo de vida y que ellos consideraban que lo mejor era que fuera a morir con sus familiares, pero que Cordero:
“Se rehúsa a firmar los documento para solicitar su excarcelación. Si tan solo firmara podría regresar a casa.”
Monseñor le contestó: “Andrés quiere regresar a su casa y estar con su familia pero lo quiere hacer con dignidad y no firmará un documento que se pueda interpretar como una rendición. Queda en manos de ustedes el actuar con caridad ante una situación como ésta donde un moribundo clama por su libertad física para que su espíritu alcance su libertad definitiva.”
El Dr. Cicconne, frunció el ceño y exclamó: “!No está en mis manos, no está en mis manos, está en las manos de Washington!”.
Entonces yo le señalé: ¿Porqué no llama a Washington y les indica que el prisionero no va a firmar ningún documento y que hay miles de personas en todo el mundo, en EUA y PR, que están atentos a la situación de Andrés. Dígale que no se va ver muy bien para la campaña de derechos humanos del Presidente Carter el que Andrés muera en prisión.
Monseñor añadió: “Sabemos que la situación es difícil para usted, pero también sabemos que usted hará lo que esté a su alcance para liberar a ese ser humano que lleva más de 23 años de prisión. Dios lo ayude.”
El director del hospital prisión, tragó gordo y dijo: “Haré lo que pueda. Por favor, regresen a su hotel que yo los llamaré para informarles la decisión que se halla tomado.”
Llegamos al cuarto del hotel y para disfrazar la espera, nos pusimos a ver televisión y a leer los periódicos locales. A las 11:30am entró la llamada del Dr. Cicconne.
“Me dijo: “Sr. Canals acabamos de recibir instrucciones del Buró de Prisiones Federales para excarcelar inmediatamente al Sr. Cordero. Por favor, esperen en el Hotel que nosotros lo llevaremos a ustedes.”
Contesté conteniendo la emoción: “Muy bien, muchas gracias.” Colgué el teléfono y ante la interrogante mirada de Monseñor grité: “Lo soltaron , Antulio, lo soltaron.” Nos abrazamos, bailamos y compartimos nuestras lágrimas con un emotivo: “¡Gracias a Dios!”
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Bella parábola!!! Alabado sea el Señor!!!
Que bello ejemplo y prueba de tenacidad. Realmente impresionante.
me conmovio esta parabola, cosas asi no suceden cada 1000 años, ejemplo de ellos son los 5 heroes, yo en particular pensaba que el que estaba condenado a cadena perpetua nunca saldria de prision y solo gracias a la persistencia de un pueblo apoyado practicamente por todos los habitantes del planeta, no olvido aquel dia en que dieron la noticia, fue increible......esta parabola, es incriblemente impresionante, no se, pero creo que hubiera hecho lo mismo que el prisionero.....que harian ustedes??
Me parece estar viendo a los cinco héroes en sus celdas y llenos de ánimo, porque sabían que aquí había todo un pueblo apoyándolos.
Este es otro símbolo de resistencia.
El amor a la patria debe ir por encima de la madre y el padre y de la familia es algo tan grande que solo lo supera el amor a cristo.El corazon que se entrega a la patria es un corazon lleno de amor y su lealtad es adsolutad su volumtad es el sacrificio.