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Fidel

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Fidel en la Clausura del VI Congreso del Partido. Foto: Ismael Francisco

Fidel en la Clausura del VI Congreso del Partido. Foto: Ismael Francisco

Por José Dos Santos

Como los verdaderos sabios, Fidel se ha retirado de la vida pública con su aureola intacta de gran campeón.

Y no puntualizo sobre quien me refiero porque a él, como no le hacen falta cargos para medir su autoridad ni significación, tampoco requiere de apellidos para identificarlo.

Claro que para la gran mayoría de los cubanos fue, es y seguirá siendo el Líder de la Revolución , el invicto Comandante en Jefe, el Héroe de la Sierra y otras muchas formas de nombrarlo, ganadas en seis décadas de constante batallar por su pueblo.

Lo ví, como todos los que seguimos la sesión de clausura del VI Congreso de su Partido Comunista, dirigirse con cuidado hacia su habitual silla de la presidencia, y desde allí estar atento al desarrollo de la sencilla y gran ceremonia con la que se despedía de la actividad pública masiva.

Entonces comprendí lo acertado de su decisión de ceñir su entrega en estos tiempos al campo de las ideas, evaluando, rememorando, develando, advirtiendo, sentenciando, esclareciendo y llamando a la cordura en el loco mundo que nos ha tocado vivir en este siglo XXI.

Y el sentimiento que me nació con verlo ahora me obliga a escribir estas líneas porque, como todos los cubanos que en algún momento estuvimos cerca de su accionar, constaté que la leyenda que hemos admirado ha adquirido otra dimensión física, no menos importante hoy por lo necesaria, vital.

Estuve en su entorno en muchas ocasiones, a veces de forma distante reportando acontecimientos en los que él era centro, y otras más cerca, como en Congresos y Plenos de la Unión de Periodistas o coberturas de visitas suyas a otros países. Y siempre su vitalidad nos dejaba asombrados -y exhaustos, a pesar de ser 20 años mayor de muchos de los que le rodeabamos.

Esa imagen se mantiene cuando vemos los pasajes en los que estuvo involucrado, como ahora en su 50 aniversario, en la que le hemos disfrutado verlo dirigir sin fatiga hacia la victoria sobre la invasión mercenaria por Playa Girón.

O cuando cortaba caña, jugaba pelota, hacía discursos con duración record,  presidía de pie desfiles casi interminables o... tantas otras escenas que marcaron a generaciones de sus compatriotas con su segura presencia.

Ahora, luego de su despedida pública, deberemos pensarlo sobre todo en otro plano, que no es nuevo, el del pensador. Porque él combinó  magistralmente y desde siempre las facetas de hombre de acción y de pensamiento; capaz de decir qué hacer y acometer él mismo cómo hacerlo.

El se ha ganado en su vida de empeños y sacrificios, de realizaciones y sueños compartidos, de amarguras y alegrías, que le prestemos aún más oídos, corazón y voluntad a lo que ha dicho y aún tiene que decir en esta nueva fase de su vida, cuando como los grandes campeones se ha hecho a un lado de los cargos con los laureles de gran campeón de los cubanos sobre la frente.

(Tomado de Prensa Latina)

Se han publicado 31 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Gilberto Arias dijo:

    Nací en el seno de una familia humilde cuando Fidel, todavía no era el Comandante en Jefe, y los futuros expedicionarios del Granma se preparaban en México para cumplir su compromiso con la Patria, "¡en el 56 seremos libres o seremos mártires!", mi primer recuerdo consciente es el rugido de los aviones de bombardeo de la tiranía y el estruendo horrible de sus bombas cuando el Ché y sus compañeros batallaban por la toma de Santa Clara, a partir de ese momento todos los sucesos de la Revolución pasaron a engrosar mi conciencia, Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra los bandidos en el Escambray, la caida del Ché en Bolivia, la Zafra de los 10 Millones, las escuelas al campo, las ESBEC, el Destacamento Pedagógico, el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas (¿a dónde hubiéramos llegado si los "bolos" no se hubieran "desmerengado"?), las misiones internacionalistas, las palizas que les dábamos a los yanquis en la pelota, los piñazos de Stevenson, ¡Juantorena con el corazón!,...,¡el Período Especial!, y una larga lista de etcéteras, que como diría Raymond Chandler, es "más larga que la esperanza de un pobre", y en todos los casos, sin excepción, teniamos la seguridad de que íbamos a salir adelante y triunfar en el empeño porque a nuestro frente se encontraba Fidel, porque sabiéndolo a él ahí nos daba la certeza de que las decisiones que la Revolución tomara iban a ser las correctas, y que, de ser erróneas se nos explicaría el por qué, porque nos educó con su ejemplo personal, con su modestia, con su amor por la gente más humilde, con su intransigencia ante las cosas mal hechas, con su desinterés, con su altruismo, ¿cuántos compatriotas compartimos este sentimiento?, es lo que muchos nunca podrán entender y lo que explica el amor inmenso de un pueblo por su lider, lo que explica la enorme zozobra que se extendió sobre este país cuando el Comandante se cayó en Santa Clara en el 2004 y luego cuando enfermó en el 2006, y es lo que explica que no sólo lloraran los compañeros en el plenario del Congreso cuando el Comandante hizo su aparición, sino que lo hicieran también cientos de miles de compatriotas (¡ cuidado no fueran millones!) que seguíamos las incidencias por la televisión, es algo endiabladamente dificil de describir con palabras, es un sentimiento de amor muy profundo que alguna gente por ahí no entenderá jamás, el Comandante va a seguir siendo nuestro JEFE aunque no disponga de ningún cargo formal, y no le hacen falta condecoraciones, ¿para qué?, con el AMOR ETERNO de su pueblo le basta, y nos quedará siempre a sus hijos la misión imperecedera de transmitir este sentimiento a las presentes y futuras generaciones de revolucionarios cubanos para que prevalezca por siempre la PATRIA que él concibió y construyó.
    ¡PARA LO QUE SEA, COMO SEA Y DONDE SEA,
    COMANDANTE EN JEFE, ORDENE!

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